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| La cara oculta de la ONU |
Ya Fiore, en Il Mattino, denuncia, como se había
hecho en el "Congreso sobre la Globalización, la Economía y
la Familia" la peligrosa y dañina pretensión que de la
globalización tiene la ONU. Schooyans tiene ampliamente analizado el fenómeno
en su reciente libro, "La cara oculta de la ONU",
demostrando como esta concepción tiende a minusvalorar la persona y
rebajar su dignidad.
¿Cuál es la cuestión? ¿Cuál es su
preocupación? Globalización, Mundialización: dos términos que se incorporaron al lenguaje de
todos los días; dos conceptos que son objeto de debates
y de discusiones que comprometen el futuro de la sociedad
mundial. Estos términos significan ante todo que las sociedades humanas
se hicieron interdependientes: por ejemplo, una devaluación del yen japonés
repercute sobre toda la economía mundial. Esto significa también que
las sociedades están integradas: los viajes y los medios de
comunicación permiten que los hombres se conozcan mejor; la información
científica es ampliamente divulgada y discutida en foros virtuales abiertos
las 24 horas del día. Es evidente que hay que
alegrarse de esta evolución y es claro que convoca a
rediseñar los instrumentos que regulan las relaciones internacionales.
Tradicionalmente, dichas relaciones
internacionales se organizan en torno a dos grandes modelos.
Por
un lado, un modelo encarnado hoy por los Estados Unidos.
La globalización se concibe en este caso a partir del
proyecto hegemónico de la nación dominante, cuyo objetivo es imponer
una organización del mundo de inspiración neoliberal. Este proyecto posee
ante todo una fuerte connotación económica: tiene por objetivo la
globalización del mercado; pero comporta también una voluntad de gobernar
políticamente el mundo. Este proyecto hegemónico no puede ser realizado
sin una connivencia de otras naciones ricas.
El otro modelo
es heredero del internacionalismo socialista y, si bien insiste sobre
la necesidad de reformas económicas, coloca en primer lugar un
objetivo político: limitar la soberanía de los Estados y colocar
estos bajo control de un poder político mundial. El método
para alcanzar este objetivo no es más revolucionario; sino reformista,
dentro del espíritu de Gramsci.
Cuando habla de globalización, la ONU
incorpora los significados de este término que acabamos de señalar.
Pero aprovecha la posibilidad ofrecida por esta palabra para imprimirle
una nueva significación. Se interpreta la globalización a la luz
de una nueva visión del mundo y del lugar que
ocupa el hombre en el mundo. Esta visión "holística" considera
que el mundo constituye un todo que posee más realidad
y valor que las partes que lo constituyen. Dentro de
este todo, la aparición del hombre sólo significa un avatar
de la evolución de la materia.
La relación entre la New
Age y la Carta de la Tierra, documento de la
ONU en preparación y próximo a ser publicado
Se trata de
un proyecto de documento, del cual uno de los autores
no es otro que el mismo Mikhail Gorbatchev.
¿Qué destaca este
documento?
El hombre, siendo sólo el producto de una evolución material,
debe someterse a los imperativos del mundo que lo rodea,
de la Naturaleza, de la Ecología. Aquí es evidente la
influencia del filósofo Thomas S. Kuhn, uno de los grandes
inspiradores de la New Age, y se confirma en los
libros de Marilyn Ferguson en la misma corriente. El hombre
debe aceptar no ser más el centro del mundo. Según
esta interpretación de la naturaleza y del hombre, la "ley
natural" ya no es más aquella que está escrita en
el corazón y en la inteligencia del hombre, sino que
es la ley implacable y violenta que la naturaleza impone
al hombre. Los ecologistas de la New Age presentan incluso
al hombre como un predador. Y como toda población de
predadores, aseguran, debe ser contenida e imperativamente restringida dentro de
los límites del desarrollo sustentable. caracara
La relación entre esta Carta de
la Tierra y la Declaración Universal de los Derechos Humanos
de 1948
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, de
1948, se inclina delante de una verdad que se impone
a todos. Ella reconoce que todos los hombres tienen derecho
a la vida; que nacen libres e iguales en dignidad;
que son libres de asociarse, de elegir el régimen político
que los gobierne, de organizarse en sindicatos, de fundar una
familia, de adherir a una religión, etc. Todos los hombres
tienen el derecho de participar en la vida política y
en la vida económica porque todos tienen algo único para
aportar a los otros hombres. Todos los totalitarismos del siglo
XX surgieron del desprecio a estos derechos inalienables. La promoción
de estos derechos en el mundo es el medio para
enfrentar a los sistemas que reducen al hombre a ser
simplemente un consumidor en el mercado, un engranaje del Estado,
un instrumento del Partido, un espécimen de tal Raza. La
gran originalidad de esta Declaración es que pretende fundar las
nuevas relaciones internacionales sobre la base del reconocimiento, por todas
las Naciones, de los derechos fundamentales de todos los hombres.
La Carta de la Tierra abandona e incluso ataca el
antropocentrismo judeocristiano y romano, reforzado por el Renacimiento, y llevado
a su punto de incandescencia en la Declaración de 1948.
El documento proyectado no sólo intentaría enmascarar la Declaración Universal,
sino también, según algunos, debería suplantar incluso el Decálogo!
Proyecto
de la ONU de instaurar progresivamente un "supergobierno mundial" que
estaría en una jerarquía superior a los cuerpos intermediarios, las
naciones, e impondría un pensamiento único gracias al control de
la información, de la salud, del comercio, de la política
y del derecho.
La argumentación "ecológica" desarrollada en la Carta de
la Tierra es en realidad un artificio ideológico para camuflar
algo más grave: entramos en una nueva revolución cultural. En
efecto, la ONU está instaurando una nueva concepción del derecho.
Esta concepción es más anglosajona que latina. Las verdades fundadoras
de la ONU referidas a la centralidad del hombre en
el mundo son desactivadas poco a poco. Según esta concepción,
ninguna verdad sobre el hombre se impone a todos los
hombres: a cada uno su opinión. Los derechos humanos no
son más reconocidos como verdades; son objeto de procedimientos, de
decisiones consensuales. Se negocía, y al término de un procedimiento
pragmático, se decide, por ejemplo, que el respeto a la
vida se impone en ciertos casos pero no en otros,
que cierta manipulación genética justifica el sacrificio de embriones, que
la eutanasia debe ser liberada, que las uniones homosexuales tienen
los mismos derechos que la familia, etc. De aquí surgen
los llamados "nuevos derechos del hombre", siempre renegociables en beneficio
de los intereses de aquellos que pueden hacer prevalecer su
voluntad.
Para instaurar dichos "nuevos derechos" y principalmente la concepción del
derecho que le es subyacente, se deben privilegiar dos mecanismos
de acción. En primer lugar, se debe debilitar a las
naciones soberanas, pues ellas son generalmente las primeras a proteger
los derechos inalienables de sus ciudadanos. Luego, en las asambleas
internacionales, se debe obtener el mayor consenso posible, recurriendo, si
es necesario, a la corrupción, al chantaje o a la
amenaza. Una vez adquirido, el consenso puede ser invocado para
hacer adoptar convenciones internacionales, que adquieren fuerza de ley en
los Estados que las han ratificado. Este tipo de globalización,
sostenida por una concepción puramente positivista del derecho, justifica las
más vivas inquietudes.
¿Cuál es "La Cara Oculta de la ONU",
y quién se esconde detrás?
En documentos tan complejos como los
de la ONU que se refieren a distintas facetas de
la globalización, la falta de transparencia hace evidentemente difícil la
prueba directa y la demostración matemática. La experiencia reciente, en
Francia, de "chanchullos" confirma que ninguna organización está dispuesta a
reconocer que está infiltrada por la acción de cofradías secretas,
por la presencia en su seno de "mafias" y de
"redes de influencia". Sin embargo, no hay duda de que
este tipo de sociedades existen. Se las conoce no sólo
por su accionar, sino también por lo que dicen públicamente
algunos de sus miembros, por ejemplo en la televisión. Claro
está que hay siempre personas dispuestas a negar fervorosamente las
evidencias, incluso cuando ni siquiera saben dónde buscar los documentos.
Pero, ¿es necesario que los miembros de la DGSE (Dirección
General de la Seguridad Exterior) desfilen con un brazalete para
saber que la DGSE existe?
En realidad, la ideología onusiana
de la globalización está impregnada de referencias agnósticas, utilitaristas y
hedonistas. Si analizamos pacientemente las recientes reuniones de la ONU,
referentes a temas tan diversos como salud, población, medio ambiente,
habitat, economía mundial, información, educación -por citar sólo estos ejemplos,
aparece una remarcable comunidad de inspiración y así como también
una remarcable convergencia de objetivos. Está claro que, a instigación
de los Estados soberanos miembros, la ONU deberá proceder a
una auditoría interna, sin lo cual dará cada vez más
la impresión de estar bajo la influencia de una mafia
tecnocrática. Después de varios años de investigación, llegué a esta
conclusión con alguna anticipación en relación a otros investigadores. Sin
embargo, si usted me pregunta si yo he visto la
"mano invisible", debo responderle que sólo vi su sombra. Pero,
en este caso, es suficiente. |
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