|
José y María, nos unimos en matrimonio en 1981, con
un gran deseo de formar una familia. Los planes de
tener hijos los hicimos desde antes de casarnos.
Cuando pasaron 6
meses y mi esposa no salía embarazada, comenzamos a preocuparnos.
Después de un año acudimos al IMSS (Instituto Mexicano del
Seguro Social) , para iniciar una serie de estudios, dando
como resultado que no podríamos tener o engendrar a un
nuevo ser.
Aquí fue donde todo se nos fue abajo: sueños,
ilusiones. En ese momento lloramos como dos niños, yo como
hombre no quería saber nada de la vida, quería mejor
morir. Y yo como mujer, me sentí tan mal por
no poder ser madre; ya que en el Seguro Social
se nos dijo que solo un milagro podría cambiar nuestro
destino.
Después de varios días empezamos a reflexionar y a buscar
cómo vivir nosotros dos solos. Así pasaron dos años, para
ésta fecha teníamos un año dentro del MFC (Movimiento Familiar
Cristiano). Aprendimos a aceptarnos tal como somos con todo y
deficiencias, pero a los tres años de casados sentíamos una
gran soledad. Fue entonces cuando comenzamos a buscar otros medios
para engendrar un hijo. Nos pasaron a nuevos estudios en
especialidades, nos recomendaron una clínica particular y todo fue en
vano. Nos ofrecieron un solo medio: la inseminación artificial, pero
desde el momento que escuchamos esa palabra, supimos que era
algo que nosotros no podíamos aceptar.
Tomamos la decisión de buscar
un hijo para adoptar
Empezamos a sentir que había una esperanza,
dentro de nosotros había un gran vacío, una gran tristeza,
por no tener ese hijo tan deseado. Nos dimos a
la tarea de buscar un hijo para adoptar. Visitamos un
hospicio pero regresamos sin esperanzas, volviendo a la misma soledad
y tristeza. Cada vez que nos decían de un niño,
dejábamos todo y siempre encontrábamos la misma respuesta.
Por fin llegamos
a una institución, donde sí nos tomaron en cuenta. Asistimos
a una serie de entrevistas para ver si estábamos preparados
o no para adoptar a un bebé, que sería nuestro
hijo. Todo empezó a cambiar en nuestra vida, había una
pequeña esperanza. Temíamos que nos fueran a pedir mucho dinero,
pero nos sorprendió saber que no teníamos que pagar nada.
Solo teníamos que asistir a un curso de cuatro meses
de preparación, para recibir a ese hijo y estar preparados
para ser padres.
Después de 9 años de casados y de
un año de haber llegado a esta institución, un gran
día nos avisaron que había nacido una niña, y nos
preguntaron si estábamos dispuestos a recibirla, ya que había un
pequeño problema: que la niña estaba delicada. No había muchas
posibilidades de que viviera y nos preguntaron que si así
la aceptábamos. No tuvimos que pensarlo mucho y nuestra respuesta
fue: pensamos que a esta niña nosotros no podíamos estarla
eligiendo porque es una persona, es como si mi esposa
estuviera embarazada y de repente nos dijera el doctor: "su
niño no va a nacer normal, tiene cierta deficiencia". ¿Podríamos
acaso decir nosotros: no la queremos?
Nuestra respuesta fue "claro que
la queremos tal como sea ella". En ese momento nuestro
corazón no cabía en nuestro pecho de la alegría.
Al escribir
sobre este gran momento no podemos contener nuestras lágrimas de
tan solo recordar aquel gran día.
Después de avisarnos, nos fuimos
a la clínica para que nos la entregaran. En estos
momentos la niña, o sea nuestra niña, Verónica, tiene 9
meses y nuestra casa ya no es fría ni somos
personas tristes. ¡Gloria a Dios!
Fuente: Este testimonio de la vida
real fue recibido por Vida Humana Internacional. Hemos preferido mantener
a los autores en el anonimato para proteger su privacidad
y la de su hija. |