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Gracias a una mentira, la gaditana Carmela Bousada se ha
convertido en la mujer más madura del mundo en dar
a luz. La andaluza, de 67 años, acudió a una
clínica de reproducción asistida de Los Angeles y dijo tener
55 años, el límite que han impuesto este tipo de
centros en Estados Unidos para poder optar a uno de
sus tratamientos. Gracias a él, el pasado 29 de diciembre
Bousada parió mellizos en una clínica de Barcelona que dispone
de una unidad especializada en partos de alto riesgo. Ella
no es la primera ni la única en falsear con
éxito el dato de sus edad: se sabe que otra
´madre abuela´ californiana de 63 años dio a luz a
una niña en 1996 después de falsificar su historial médico
para hacer creer que tenía 53. Esta clase de engaños
llama la atención por la facilidad con la que, al
parecer, una mujer puede confundir a un médico sobre su
edad, y más tratándose de una diferencia tan amplia.
«Lo
primero que habría que preguntarse aquí es si son engañados
o se dejan engañar», afirma José Gurrea, ginecólogo de la
Clínica Euskalduna de Bilbao. De todos modos, el experto incide
en las diferencias que existen entre unas mujeres y otras:
«Hay chicas que representan muchos menos años de los que
tienen, así que es fácil que, si quieren, te engañen.
Aquí no se pide el DNI, excepto a las menores».
Otra cosa es saber por qué la gaditana acudió a
Estados Unidos cuando en su país también podía encontrar clínicas
dispuestas a tratarla, información ésta que se desconoce por el
momento. Lo que nadie pone en duda es que Bousada
ha reabierto el debate sobre las llamadas ´madres abuelas´.
Las barreras
reales
La ley española de reproducción asistida no establece prohibición por
edad para llevar a cabo la fecundación en vitro. De
todos modos, la Sanidad pública no la practica en mujeres
mayores de 40 simplemente porque desciende mucho el porcentaje de
éxito y los recursos son limitados. En el caso de
las clínicas privadas, llegaron a un acuerdo de cumplimiento voluntario
por el que excluyen a las que superen los 50.
Pero en este punto hay posturas muy diferentes y cada
centro tiene libertad de acción.
José Gurrea asegura que si
la gaditana Carmela Bousada hubiera acudido a su consulta confesando
su edad verdadera, no tendría ningún problema en aceptarla si,
tras un examen físico, considerara que su estado de salud
era bueno para encarar un embarazo. «No tengo nada en
contra. Además, cada persona asume riesgos sobre su cuerpo; pero
si su estado físico es el adecuado, no hay problema.
Deberíamos respetar la libertad de la persona, y la ley
no establece ninguna limitación. Es más, si una mujer acudiera
a un centro privado a solicitar una fecundación ´in vitro´
y se le denegase por la edad, podría denunciarlo por
discriminación».
Lo cierto es que a partir de los 35
años, el peligro crece, tanto para la madre como para
el bebé. Eso sí, un óvulo joven y una terapia
hormonal adecuada facilitan el proceso. Aun así, la Unión Europea
está ultimando una normativa sobre fertilidad que obligará a todos
los centros que lleven a cabo estas prácticas a tener
un servicio de Obstetricia con el que se hagan cargo
de los embarazos «de alto riesgo que ellos mismos generen».
De
opinión contraria a Gurrea es Josefina Lasheras, directora del servicio
de Infertilidad de la Policlínica San José, de Vitoria. «El
acuerdo al que llegamos las clínicas es de tipo ético
y lo respeto. Yo nunca aceptaría este caso porque no
me parece correcto. Hay que pensar en su hijo, en
que cuando tenga 20 años tendrá que cuidar a una
mujer de 87 años». La doctora reconoce que, leyendo la
noticia, pensó en empezar a pedir el DNI a las
pacientes. «Aunque éste es un caso aislado; es muy raro
encontrar a una mujer que aparente tantos años menos, pero
lo cierto es que te la pueden colar».
«Los derechos del
niño»
Como Lasheras se posicionan buena parte de las clínicas españolas.
El Instituto Universitario Dexeus de Barcelona defendió limitar estos tratamientos
a los 50 años. La plataforma científica Hay Alternativas criticó
ayer el caso de la gaditana y recordó que «siempre
deben prevalecer los derechos del niño sobre las apetencias y
los caprichos de los padres. Su portavoz, Gádor Joya, considera
que «por la propia ley de la Naturaleza, un crío
cuya madre tiene esta edad está abocado a quedarse privado
de ella en un plazo nás corto de tiempo».
Ajena a
cualquier discusión, Carmnela Bousada disfruta ahora feliz de sus pequeños
y recuerda a todos que su madre vivió hasta los
105 años: «Sí, soy vieja, pero si vivo como mi
madre podría incluso conocer a mis nietos». |