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Autor: Conferencia Episcopal Española Sobre la nueva reforma de la Ley de Reproducción Asistida
Pronunciamiento de la Conferencia Episcopal Española
Sobre la nueva reforma de la Ley de Reproducción Asistida
La ciencia y la técnica son siempre bienvenidas cuando
se ponen realmente al servicio de la vida. La Iglesia
saluda los avances médicos que han hecho posible el diagnóstico
y la curación de enfermedades desconocidas o incurables. Este progreso
merecerá realmente tal nombre y no se volverá contra el
ser humano, sólo si se respeta plenamente la dignidad inviolable
de todos los seres humanos en cualquier momento de su
desarrollo y de su vida.
1. En las tres últimas décadas
han sido muy notables los adelantos realizados en el conocimiento
de la biología de la reproducción y en sus aplicaciones.
También en el campo de la genética se han abierto
nuevos e insospechados horizontes para la prevención y la curación.
Pero, sin desconocer los esfuerzos loables de muchos profesionales de
la medicina y del derecho, hemos de decir asimismo que
algunas técnicas y leyes permiten que se trate a los
seres humanos como si fueran cosas o animales que se
pueden producir, manipular o incluso comercializar. Ciertas novedades llamativas, más
espectaculares que realmente curativas, pueden hacer olvidar algo de vital
importancia: que las personas no deben ser producidas o reproducidas
en los laboratorios, sino procreadas en la unión interpersonal de
los esposos. Puesto que todas las personas tenemos básicamente la
misma dignidad y los mismos derechos, nadie puede abusar de
su prepotencia para producir a sus semejantes, traídos a la
existencia y, a veces, incluso diseñados y seleccionados entre otros
para ser utilizados según determinados intereses. Como personas que son,
los hijos tienen derecho a venir al mundo como fruto
de la relación fecunda de sus padres, sin que ésta
sea suplantada por ninguna técnica productiva e impersonal. Sólo así
se salvaguarda adecuadamente el carácter personal de relaciones humanas tan
fundamentales como son las vinculaciones familiares de paternidad / maternidad,
filiación y fraternidad. Si éstas se deterioran o suprimen, la
sociedad no podrá ser verdaderamente humana y solidaria.
Cuando se permite
y comete la injusticia fundamental de tratar a los seres
humanos incipientes como si fueran objetos o animales, la lógica
de la eficacia productiva prima fácilmente sobre el respeto a
la dignidad humana y entonces el campo queda abierto para
toda una serie de otras graves injusticias. Se producen miles
de embriones llamados "sobrantes" que o bien se desechan directamente
en prácticas eugenésicas y abortivas, o bien son congelados y
entregados a un destino incierto; se alteran las relaciones familiares
acudiendo a donantes de gametos ajenos al matrimonio; se condena
a algunos niños a nacer sin familia, ya que puede
ser una persona sola la que los encargue al laboratorio;
y a muchos hijos se les impide conocer a sus
padres, pues se establece el anonimato de los donantes de
gametos. Todo esto está permitido y regulado por la vigente
Ley de Reproducción (35/1988), que, por tanto, ha de ser
calificada como injusta.
Un ejemplo de ciencia puesta al servicio de
la vida humana es el de los nuevos tratamientos que
ya se están aplicando en España, gracias a la investigación
con células madre procedentes de tejidos de adultos. Ésas son
auténticas terapias: las que curan sin dañar ni eliminar la
vida de nadie.
2. La acumulación de miles de embriones humanos
congelados en los centros de reproducción ha llegado a constituir
un verdadero problema práctico, además de una gravísima cuestión ética.
La Ley 45/2003, al introducir un límite en
el número de fecundaciones y transferencias por ciclo, pretende salir
al paso tanto de los embarazos múltiples como de la
acumulación de embriones sobrantes en el futuro. Establece, además, que
los embriones que se produzcan no podrán ser utilizados más
que para la reproducción. Estas disposiciones - aun tratándose de
una reforma muy insuficiente que no subsana la injusticia fundamental
de la Ley de Reproducción - ponen de manifiesto una
voluntad de proteger al embrión humano, pues se limitan los
atentados contra su vida que se venían produciendo; se trata
de evitar que la congelación de embriones sea un procedimiento
habitual conducente a su acumulación, y se excluye su utilización
como objeto experimental. En este contexto, la Ley 45/2003 abre
la posibilidad de proceder a la descongelación de los embriones
acumulados hasta ahora y a su eventual utilización para la
investigación con determinadas condiciones, entre la cuales es muy importante
la que prohíbe la reanimación de los embriones descongelados. De
este modo parece que se pretende posibilitar la obtención de
células madre a partir de embriones actualmente congelados a los
que previamente se habría dejado morir en la descongelación. En
la mencionada Nota del 25 de julio de 2003 hemos
recordado los elementos fundamentales del juicio ético acerca de este
procedimiento. Uno de esos elementos será comprobar que no existe
complicidad entre quienes descongelan los embriones y quienes los han
producido y congelado.
3. Fuentes gubernamentales han anunciado que se procederá
inmediatamente a eliminar en la práctica toda limitación legal de
las fecundaciones y transferencias por la vía de la introducción
de un protocolo de excepciones generalizadas. Por otro lado, diversas
actuaciones y declaraciones gubernamentales hacen pensar que se va a
desproteger casi del todo al embrión humano con el fin
de convertirlo en material de investigación, incluso a costa de
quitarle la vida, y no se excluye con la claridad
requerida ni siquiera el recurso a la llamada clonación terapéutica.
Esta situación suscita graves preocupaciones. Por evidentes razones de humanidad,
declaramos al respecto lo siguiente:
3.1. «El embrión humano merece el
respeto debido a la persona humana. No es una cosa
ni un mero agregado de células vivas, sino el primer
estadio de la existencia de un ser humano. Todos hemos
sido también embriones. Por tanto, no es lícito quitarles la
vida ni hacer nada con ellos que no sea en
su propio beneficio. Se habla de "preembriones" para sugerir que
en los catorce días posteriores a la fecundación no existiría
más que una realidad prehumana que no merecería el respeto
debido a los seres humanos. Pero esta ficción lingüística pretende
ocultar el hecho de la continuidad fundamental que se da
en las diversas fases del desarrollo del nuevo cuerpo humano.
Donde hay un cuerpo humano vivo, aunque sea incipiente, hay
persona humana y, por tanto, dignidad humana inviolable" (Nota Una
reforma para mejor, pero muy insuficiente, 4).
3.2. La reforma introducida
por la Ley 45/2003 queda totalmente desvirtuada sólo por el
hecho de eliminar por la vía de las excepciones generalizadas
las disposiciones encaminadas a evitar la acumulación de embriones en
el futuro. Esto implica un notable paso atrás en la
protección del embrión humano. Es previsible un aumento del número
de embriones congelados y la reproducción agravada de una situación
que ya había creado una cierta alarma social. El derecho
a la vida de los seres humanos, incluso en su
etapa de embriones, debe prevalecer sobre cualquier consideración acerca de
la eficacia de las técnicas de reproducción. No se puede
permitir la acumulación de embriones humanos por motivos supuestamente clínicos
para luego dar luz verde a su utilización como material
de investigación. En estas condiciones, ningún consentimiento informado, ninguna medida
de control, ni siquiera la hipotética no reanimación de los
embriones descongelados podría hacer éticamente tolerable la utilización ulterior para
la experimentación de los embriones acumulados.
3.3. Descongelar los embriones «sobrantes"
para reanimarlos y luego quitarles la vida en la obtención
de sus células madre como material de experimentación es una
acción gravemente ilícita que no puede ser justificada por ninguna
finalidad supuestamente terapéutica. El fin no justifica los medios. No
es lícito matar a un ser humano, incluso en su
fase de embrión, aunque se haga con la intención de
curar a otro. La ciencia y la medicina que se
permiten eliminar seres humanos, aunque éstos no tengan más que
unos días de edad, se convierten en actividades inmorales y
antisociales. Ni las promesas de curación - hoy por hoy,
meras promesas muy lejanas de la realidad, pues no existe
ninguna terapia basada en células madre embrionarias - ni tampoco
los logros hipotéticos futuros pueden hacernos olvidar el respeto a
la dignidad inviolable de todo ser humano. Todo ello, sin
que entremos en la posible ilegalidad de estas prácticas, juicio
que no es de nuestra competencia específica, pero que parecería
deducirse de lo establecido por la Ley 45/2003.
3.4.La llamada clonación
terapéutica es una de las amenazantes posibilidades que se
siguen de la práctica injusta de la producción de seres
humanos en los laboratorios. La legislación española actual cierra el
paso a tal amenaza. Son inquietantes algunas declaraciones a este
respecto de personas del mundo de la ciencia y de
la responsabilidad política. Se dice que no se trata de
producir niños clónicos, sino tan sólo embriones para ser utilizados
en la supuesta curación de determinadas enfermedades. Sin embargo, es
necesario advertir que esos embriones, aunque no se les permita
desarrollarse y llegar a ser niños nacidos, son ya seres
humanos que no pueden ser sacrificados bajo ningún pretexto. Su
carácter de clónicos nada quitaría a su condición de humanos.
Una vez que se hubiera cometido la tremenda injusticia de
producirlos, nada justificaría la inmoralidad de eliminarlos en aras de
la experimentación. Palabras como "nuclóvulos" o "transferencia nuclear" son utilizadas
a veces para enmascarar esta realidad, con el propósito político
de evitar la justificada alarma y aversión que produce en
la sociedad la clonación de humanos. Por lo demás, si
se abre el camino a la mal llamada clonación terapéutica,
se habrá dado sin duda un paso decisivo y preocupante
hacia la clonación reproductiva. Si, en fin, no existe ninguna
aplicación terapéutica de las células madre embrionarias, menos aún de
las que procedan de embriones clónicos. Lo que algunos desean,
ante todo, es experimentar con seres humanos clónicos. Ésa es
la triste realidad.
Pedimos al Dios de la vida que ilumine
a las personas que tienen responsabilidad en estos delicados asuntos.
Es necesario no dejarse engañar por ilusiones ni cegar por
determinados intereses. Busquemos juntos el verdadero progreso, que no se
consigue nunca a costa del sagrado derecho a la vida
y a las condiciones familiares adecuadas de su gestación y
de su acogida.
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