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Autor: Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española Notas ante la Ley de técnicas de reproducción humana asistida en España
El Congreso de los Diputados votará próximamente la llamada Ley de técnicas de reproducción humana asistida, licencia legal para clonar seres humanos y la negación de protección a la vida humana incipiente
Notas ante la Ley de técnicas de reproducción humana asistida en España
Ante la licencia legal para clonar seres humanos y la
negación de protección a la vida humana incipiente
El Congreso de
los Diputados votará próximamente la llamada Ley de técnicas de
reproducción humana asistida, que suscita una honda preocupación.
El Evangelio es
una fuerza divina a favor de la vida humana; muy
en particular, de la vida de los débiles y de
aquellos que no pueden defender por sí mismos su derecho
fundamental a vivir. El Evangelio de la vida, que proclama
que todo ser humano, con independencia de su edad, de
su salud o de cualquier otra circunstancia temporal, está dotado
de una dignidad inviolable, nos obliga a llamar la atención
sobre una Ley que niega la protección jurídica que un
ordenamiento justo ha de dar a la vida humana incipiente.
Las
técnicas que suplantan la relación personal de los padres en
la procreación no son conformes con la dignidad de la
persona y arrastran consigo serios males para las personas, incluídos
graves atentados contra las vidas humanas incipientes, es decir, contra
los hijos. Lo explicaba sucintamente el Comité Ejecutivo de la
Conferencia Episcopal en su Nota del 26 de mayo de
2004, titulada Por una ciencia al servicio de la vida
humana, en la que se expresaba también la postura de
la Iglesia en favor de la ciencia que sirve realmente
para curar sin dañar ni destruir la vida de ningún
ser humano.
Algunos de los aspectos más problemáticos de la Ley
en cuestión
1. Si no es modificada todavía en las
Cortes, esta Ley pasará a la historia como una de
las primeras del mundo que da licencia para clonar seres
humanos, autorizando la llamada “clonación terapéutica”. Los adjetivos benévolos no
deben inducir a engaño. Se trata de producir seres humanos
clónicos a los que, además, no se les dejará nacer,
sino que se les quitará la vida utilizándolos como material
de ensayo científico a la búsqueda de posibles terapias futuras.
La Ley permite estas gravísimas injusticias y, además, quiéralo o
no, abre también la puerta a la futura producción de
niños clónicos, es decir, a la llamada “clonación reproductiva”.
2. Se
permite producir embriones humanos no ya para la reproducción, sino
como mero material de investigación. Y se posibilita la comercialización,
tráfico y uso industrial de los embriones humanos llamados “sobrantes”
de las prácticas de reproducción, ya que no se establece
restricción alguna para investigar con ellos, ni se pone límite
alguno eficaz a la cantidad que de tales embriones se
pueda generar.
3. Se posibilita asimismo la selección eugenésica en nuevos
campos, como el de la producción de los llamados “bebés-medicamento”,
es decir, niños que nacerán con determinados fines terapéuticos, después
de que otros hermanos suyos, inapropiados para esos fines, hayan
sido seleccionados para la muerte en los primeros días de
su existencia.
4. La Ley en trámite de aprobación legaliza igualmente
la fecundación de ovocitos animales con esperma humano, una práctica
de consecuencias imprevisibles reprobada en diversos convenios internacionales.
Los intereses económicos
y políticos en juego no están permitiendo un debate sereno
de asuntos de tanta trascendencia como éstos. Somos conscientes de
que nuestra firme denuncia de esta Ley y de las
prácticas a las que se refiere, puede ser presentada falsamente
como un prejuicio religioso de un grupo social contrario al
avance de la ciencia. Estamos, sin embargo, seguros de que
alzando nuestra voz contra la legalización de tan graves atentados
contra el ser humano, cumplimos con el deber que tenemos
de anunciar el Evangelio de la vida y prestamos un
verdadero servicio a nuestra sociedad. Animamos a los católicos a
prestar este mismo servicio en los ámbitos de sus respectivas
responsabilidades, ya sean éstas políticas, científicas, educativas o de ciudadanos
responsables. No será posible a los diputados católicos apoyar esta
ley con su voto. Tenemos que decir “no”, porque no
podemos omitir el “sí” consecuente a la dignidad humana y
a la justicia.
Madrid, 9 de febrero de 2006.
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