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Autor: Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net Iglesia y fecundación artificial
Muchos matrimonios sufren por el drama de la esterilidad y algunos esposos se preguntan si sería correcto recurrir a técnicas de reproducción artificial
Muchos matrimonios sufren por el drama de la esterilidad. Desean
desde lo más profundo de sus corazones la llegada del
hijo, pero el maravilloso don de una nueva vida no
aparece en el horizonte del hogar.
Frente a este drama, algunos
esposos se preguntan si sería correcto recurrir a técnicas de
reproducción artificial. Sobre el tema, la Iglesia preparó un documento,
publicado con fecha 22 de febrero de 1987, que lleva
la firma del entonces Cardenal Joseph Ratzinger (hoy Papa Benedicto
XVI) y cuenta con la aprobación de quien era entonces
el Papa, Juan Pablo II. Este documento lleva como título
“Instrucción sobre el respeto de la vida
humana naciente y de la dignidad de la procreación”. El
título breve en latín es Donum vitae.
Vamos a presentarlo brevemente
y a responder a algunas objeciones que suelen formularse contra
la doctrina expresada en este documento.
1. Estructura del documento
El documento
inicia con una premisa. A ella sigue una introducción general,
dividida en 5 puntos, con los criterios básicos a tener
en cuenta en estos temas y los motivos por los
cuales la Iglesia puede dar un juicio ético sobre las
nuevas técnicas de fecundación o reproducción artificial.
Siguen luego tres apartados.
El primer apartado, “El respeto de los embriones humanos”, se
estructura en forma de 6 preguntas y respuestas sobre algunas
de las técnicas que experimentan o manipulan embriones humanos. Se
tocan, entre otros, el tema del diagnóstico prenatal y de
la investigación y experimentación sobre embriones.
El segundo apartado, organizado en
forma de 7 preguntas y respuestas y un punto conclusivo,
analiza las nuevas técnicas de procreación humana para dar un
juicio sobre las mismas. El análisis se fija sobre todo
en la inseminación artificial, la fecundación in vitro y la
maternidad sustitutiva (o de alquiler).
El tercer apartado, que no sigue
el esquema de preguntas y respuestas, ofrece una reflexión sobre
la relación que existe entre la moral (la ética) y
la ley civil.
2. Algunos datos técnicos
Vamos a presentar ahora, desde
la Donum vitae, cuáles son las principales técnicas de reproducción
artificial.
a. Inseminación artificial (IA, en inglés AI)
Es un método de
fecundación que extrae y capacita la dotación espermática para luego
introducirla artificialmente en el útero femenino.
b. Fecundación “in vitro” (FIV,
en inglés IVF)
Método de fecundación que busca la unión entre
uno o varios óvulos y los espermatozoides fuera del organismo
femenino, para después introducir en el útero materno uno o
varios embriones obtenidos en el laboratorio (“in vitro”).
c. Tipos de
inseminaciones y de fecundaciones artificiales
-Homóloga: se realiza a partir de
los óvulos y los espermatozoides de la misma pareja que
quiere tener hijos. En este caso, los padres son verdaderos
padres biológicos de los hijos así concebidos.
-Heteróloga: usa óvulos o
espermatozoides que proceden de una persona (un donante) ajena al
matrimonio que desea tener hijos. En general, se busca que
los donadores permanezcan en el anonimato, pero no por eso
dejan de ser los verdaderos padres biológicos de los hijos
concebidos gracias a sus gametos.
3. Resumen de la doctrina católica
sobre estas técnicas
Según la Donum vitae, son lícitas aquellas ayudas
médicas que permitan a los esposos, desde el acto conyugal
realizado como fruto del amor y abierto a la vida,
superar algunos obstáculos que impiden la procreación y puedan así
concebir un hijo.
En este sentido, cualquier técnica que persiga la
procreación fuera del contexto matrimonial, o que no respete la
naturaleza propia del acto conyugal, es intrínsecamente mala.
Por lo mismo,
la Iglesia declara la inmoralidad de cualquier técnica heteróloga, pues
implica recurrir a alguien ajeno a los esposos, realizando así
una especie de “adulterio” en el que el hijo no
lo es plenamente de uno (o de los dos) de
los padres, que no es padre biológico del mismo.
Igualmente el
documento hace ver cómo toda forma de fecundación artificial (“in
vitro”) es contraria al respeto del modo correcto de unir
procreación y amor conyugal, pues los embriones así concebidos son
más producto de la técnica que resultado del amor expresado
a través de la relación sexual entre los esposos.
En cuanto
a la inseminación artificial, ésta es inmoral si se realiza
a través de la obtención del esperma masculino fuera del
acto conyugal entre los esposos (con el recurso a la
masturbación). A la vez, el documento explica que existe un
posible uso correcto de la inseminación artificial, cuando “el medio
técnico no sustituya al acto conyugal, sino que sea una
facilitación y una ayuda para que aquél alcance su finalidad
natural”; es decir, cuando se toma el esperma masculino no
a través de la masturbación, sino inmediatamente después de un
acto sexual que respete la estrecha relación que existe entre
los significados unitivo y procreativo del mismo.
La Donum vitae explica
la inmoralidad propia de cualquier técnica que implique poner en
peligro o dañar la vida de los embriones, experimentar arbitrariamente
con ellos, congelarlos o producirlos simplemente como material biológico disponible
para la investigación o para nuevos intentos de lograr el
embarazo.
4. Algunas objeciones que han sido puestas al documento y
algunas posibles respuestas a las mismas
* Objeción 1ª: El documento
defiende una moral abstracta, de principios, que va contra la
mentalidad moral actual. En la moralidad “moderna”, según la objeción,
el individuo es el que decide qué esta bien y
qué está mal, sin depender de reglas o de las
indicaciones que reciba de otros.
Respuesta: La moral católica no es
abstracta, aunque se basa en principios generales que sirven para
iluminar los casos y las situaciones concretas que se dan
en las vidas de las personas.
La misma objeción parte de
un principio abstracto (“el individuo es quien decide lo bueno
y lo malo”) que es erróneo. En realidad, la ética
no consiste simplemente en seguir lo que uno desea, ni
en usar cualquier medio (incluso malo) para alcanzar un fin
bueno. Más bien la ética verdadera consiste en respetar un
orden moral que nos dice cuál es el camino correcto
para realizar el bien en la propia vida.
* Objeción 2ª:
El documento supone una concepción metafísica de la persona humana,
pero en el mundo actual la metafísica ya no tiene
ningún valor.
Respuesta: El concepto de persona que defienden muchas corrientes
modernas (sociologismo, existencialismo, materialismo, individualismo...) no se sostiene por sí
mismo, pues carece de fundamento. Muchas de estas doctrinas arrancan
de una postura crítica que va contra cualquier fundamentación metafísica.
Sin embargo, sin esta fundamentación (tal como la defiende la
verdadera filosofía) es muy difícil defender la dignidad de la
persona. Y si no conseguimos una buena fundamentación de la
dignidad humana, el hombre queda a merced de cualquier manipulación
de las ideologías, según criterios arbitrarios que han llevado y
pueden volver a llevar a las más disparatadas consecuencias y
a injusticias como el racismo, el aborto, el infanticidio, etc.
*
Objeción 3ª: El documento se opone a la fecundación “in
vitro” porque se basa en una visión “anticuada” de lo
que es el acto conyugal, y olvida el legítimo deseo
de los esposos de tener hijos gracias a los progresos
de la técnica.
Respuesta: Este documento tiene presente las dos dimensiones
del acto conyugal, unitivo y procreativo. Si ambas dimensiones quedan
separadas por recurrir a técnicas de reproducción artificial, la procreación
humana es vista más como producción que como consecuencia de
un acto de amor visto en su marco correcto: el
que permite la donación mutua de los esposos en el
acto conyugal abierto a la vida. Hay que defender siempre
la institución del matrimonio en su dinamismo natural como el
único modo correcto de colaborar en la transmisión de la
vida.
* Objeción 4ª: La esterilidad es una enfermedad, y la
ciencia debe tratarla así, ofreciendo todas las posibilidades que existan
para conseguir un hijo. No se puede obligar a una
pareja, por unas pretendidas normas morales, a vivir con resignación
su enfermedad y a renunciar a sus aspiraciones legítimas. Además,
la fecundación “in vitro” está dando excelentes resultados: muchos hijos
nacen sanos gracias a las técnicas de reproducción artificial.
Respuesta: El
hecho de que haya buenos resultados no significa que el
camino que se está siguiendo sea moralmente correcto. También ha
habido hospitales y laboratorios que buscaron alcanzar descubrimientos importantes para
la medicina a través de experimentos inmorales sobre enfermos u
otros tipos de personas.
La esterilidad puede ser tratada en sus
causas según el progreso de la ciencia médica. Pero la
medicina está llamada a respetar la dignidad de la persona
humana, sea la de los esposos, sea la de los
posibles hijos. Nunca será correcto un acto técnico que atente
contra los principios éticos y contra la dignidad de alguna
de las personas implicadas en el proceso procreativo (padres e
hijos).
* Objeción 5ª: En virtud de sus principios morales la
Iglesia pretende imponer límites a la ciencia, cuando la investigación
científica es, de por sí, amoral: la ciencia no debe
someterse a cánones ajenos a la misma ciencia.
Respuesta: La investigación
científica es realizada por seres humanos que están llamados a
respetar las normas éticas como los demás hombres. No es
nunca correcto el progreso de la ciencia cuando se logra
a base de experimentos que no respetan la dignidad de
otros seres humanos (aunque sean pequeños como los embriones). Una
ciencia sin ética puede convertirse en un monstruo que termine
por destruir a miles de seres humanos inocentes, como ya
se hace en los laboratorios que usan y destruyen embriones
humanos.
* Objeción 6ª: No está claro que desde el momento
de la formación del zigoto (desde el instante de la
fecundación) exista ya un embrión humano. Han de transcurrir algunos
días para que se pueda hablar de embrión humano. Los
días anteriores tenemos “pre-embriones”, sobre los cuales la ciencia tendría
el derecho de experimentar libremente.
Respuesta: Más bien la ciencia está
de acuerdo en que desde la concepción el zigoto es
una unidad que se autoregula y autoconstituye según las características
propias de la vida animal; tiene, además, la dotación cromosómica
y los elementos citoplasmáticos que regirán su desarrollo biológico futuro.
Es cierto que la ciencia no puede determinar en qué
momento llegaría el alma espiritual a los nuevos embriones humanos,
pero sí puede decir cuándo nos encontramos ante una nueva
realidad biológica: a partir de la fecundación. Si hubiera casos
de duda sobre la presencia del alma en esos embriones,
sigue en pie la obligación de tratarlos con el respeto
debido a todo ser humano.
* Objeción 7ª: No existe entre
los católicos una plena aceptación sobre la doctrina que defiende
el documento. Incluso es posible encontrar a sacerdotes que explican
a los esposos que sí es correcto recurrir a la
reproducción artificial.
Respuesta: no es imposible que entre los católicos haya
personas, incluso sacerdotes, que no acepten la doctrina y la
moral de la Iglesia. Pero ello no es motivo para
apartarnos de lo que enseña el Papa y los obispos
que se mantienen unidos entre sí y al Papa. Un
católico, incluso un sacerdote, habla como católico sólo cuando lo
hace de acuerdo con los principios que debe profesar si
quiere estar en comunión de fe y de amor con
la Iglesia instituida por Jesucristo. Por lo mismo, puede haber
católicos que profesen abiertamente ideas contrarias a su fe, pero
ello no es motivo para poner en duda enseñanzas como
las contenidas en la Donum vitae o en otros documentos
del Magisterio.
* Objeción 8ª: La Donum vitae, en la tercera
parte, pide a los legisladores que defiendan y salvaguarden los
principios propios de la moral “católica” sobre estos temas, cuando
en la vida pública, según el principio de laicidad, habría
que respetar la pluralidad de ideas y de opciones como
norma suprema, y permitir el libre acceso a las técnicas
de reproducción artificial a todos los ciudadanos.
Respuesta: Lo propio de
la ley es salvaguardar los derechos de las personas. No
es imponer una moral particular y “opcional” el defender tales
derechos, como pide la Donum vitae al recordar que los
estados deben tutelar la vida de los embriones y no
permitir técnicas que pongan en peligro tal vida.
Explica el documento
en la tercera parte: “El respeto y la protección que
se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien
debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas
para toda deliberada violación de sus derechos. La ley no
podrá tolerar -es más, deberá prohibir explícitamente- que seres humanos,
aunque estén en estado embrional, puedan ser tratados como objetos
de experimentación, mutilados o destruidos, con el pretexto de que
han resultado superfluos o de que son incapaces de desarrollarse
normalmente”.
Es cierto que vivimos en una sociedad pluralista, pero pluralismo
no es sinónimo de tolerar acciones injustas o violentas. Por
eso es necesario asumir e “imponer” a todos un mínimo
ético para garantizar la convivencia social. Ese mínimo ético también
debe llevarnos a prohibir técnicas de reproducción artificial que no
respetan ni la dignidad del matrimonio ni la vida de
miles de embriones.
5. Después de la Donum vitae
La instrucción Donum
vitae fue un documento clarividente, que descubrió las serias amenazas
escondidas en las nuevas técnicas de reproducción artificial.
Desde 1987, miles
de embriones han sido abandonados, o congelados, o destruidos, o
usados en investigaciones científicas. Miles de parejas han invertido dinero
y energías con la esperanza de conseguir un hijo a
través de la fecundación artificial. Muchas de esas parejas han
visto frustradas sus esperanzas, mientras que otras, con mayor o
menor conciencia, permitieron la congelación, e incluso la destrucción, de
algunos de sus hijos más indefensos, embriones inocentes que se
convirtieron en “sobrantes”.
En estos años se han desarrollado nuevas variantes
de las técnicas. Una de ellas cuenta con una amplia
difusión, la ICSI, que consiste en la microinyección, en laboratorio,
de un espematozoide en un óvulo. También se ha difundido
la práctica del diagnóstico preimplantacional, orientado a seleccionar los embriones
sanos (los “mejores”) y a marginar o destruir (de modo
injusto y discriminatorio) a los considerados defectuosos o no deseados.
Algunos gobiernos han permitido que los laboratorios usen y destruyan
a cientos de embriones para fomentar nuevas investigaciones sobre las
células madre embrionarias. En algunos casos se ha permitido la
creación de nuevos embriones para “servir” a la ciencia y
luego ser destruidos.
El panorama presenta tintes de drama. Por eso
se hace necesario volver a leer un documento profético que
ofrece pautas para rescatar la dignidad del matrimonio, de los
embriones y de la vocación médica, y para poner límites
a técnicas injustas.
Vale la pena hacer presente lo que indicaba
la Donum vitae en su introducción: “Los progresos de la
técnica hacen posible en la actualidad una procreación sin unión
sexual, mediante el encuentro in vitro de células germinales extraídas
previamente del varón y de la mujer. Pero lo que
es técnicamente posible no es, por esa sola razón, moralmente
admisible”.
Es urgente, por lo tanto, profundizar en una correcta visión
ética sobre el matrimonio y la procreación, de manera que
la medicina verdadera siga ayudando y acompañando a las parejas
que no pueden tener hijos. A la vez, hay que
educar a los jóvenes para que sepan cuidar la propia
fecundidad como un tesoro que permite, tras el “sí” del
compromiso matrimonial, que un esposo y una esposa puedan convertirse
en colaboradores de Dios en la transmisión del don de
la vida.
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