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Autor: ZENIT Las malas sorpresas de la fecundación in vitro
El negocio de la fertilidad es ahora una industria de 1.000 millones de dólares al año.
Las malas sorpresas de la fecundación in vitro
Los disgustos legales, económicos y psicológicos la vuelven más
sucia
El aumento en la utilización de la fertilización in vitro
está dando como resultado un creciente número de niños aislados
de uno o de los dos padres biológicos. El deseo
de tener hijos a cualquier coste da como resultado tensiones
psicológicas y emocionales del más vulnerable: la prole traída al
mundo en las clínicas de fertilización in vitro.
El periódico
de Toronto The Globe and Mail revelaba el 2 de
febrero que hay mujeres que tienen hijos para venderlos a
otras parejas. Una mujer de Manitoba afirmaba que estaba usando
esperma de un hombre de Ontario para tener un hijo
destinado a una pareja británica, a cambio del pago de
unos honorarios.
Una mujer de Vancouver, que confirmó su disponibilidad
para “producir” un bebé, se ofrecía a tener un niño
con esperma desconocido para una pareja vietnamita, por 50.000 dólares.
Y una reportera del The Global and Mail que se
hizo pasar por una madre de alquiler para tener hijos
con esperma de un donante a cambio de dinero, recibió
rápidamente ocho e-mails expresando interés.
La consecuencia es que los
hijos desconocen quiénes son realmente sus padres biológicos. El 20
de enero, el periódico Observer de Londres hacía un balance
de las experiencias de algunos de estos niños. Uno de
ellos, Melissa, se enteró a los 32 años de que
había sido concebida gracias a una donación de esperma. Ahora
quiere encontrar a aquel que es realmente su padre.
Christine,
con 46, se enteró sólo hace una década de que
su padre verdadero era otro. La madre de Christine le
descubrió el secreto pero rechazó darle más detalles, hasta hace
cinco años. Una vez que Christine supo que era el
resultado de un programa de inseminación con semen anónimo, ella
y su madre no se volvieron a hablar. Su madre
murió hace seis meses.
Según el Observer, entre 1940 y
1983, 483 niños fueron concebidos a través de donantes anónimos
en una clínica privada de Exeter, en el Reino Unido.
(Las donaciones de esperma fueron las precursoras de las modernas
técnicas de inseminación in vitro). Christine, y otros, no tienen
la posibilidad de saber quiénes han sido los donantes o
sus medio hermanos. Christine no tiene acceso a los informes,
en caso de que se conserven, y no tiene derecho
a saber nada sobre el hombre que la ayudó a
venir al mundo.
Este tipo de problemas están aumentando. Casi
18.000 niños han nacido gracias a donaciones de esperma y
óvulos en el Reino Unido desde que se reguló en
1991 con la Human Fertilization and Embryology Authority.
La inseminación
de donantes “me ha robado la mitad de mi historial
genético, y a mis hijos y nietos también”, afirma Christine.
Sus argumentos, para lograr el derecho a saber quién era
su padre, son un eco de los propuestos en los
años setenta por las campañas de niños adoptados para conocer
sus informes de nacimiento.
Desde 1991, los detalles sobre los
donantes –nombre, lugar y fecha de nacimiento, historial médico, características
físicas, religión, ocupación e intereses- han sido registrados por las
autoridades británicas. Pero los hijos no tienen derecho a acceder
a ellos. Sólo pueden comprobar si tienen relación de parentesco
con la persona con la que deseen contraer matrimonio. Cuando
lleguen a la edad de 18 años, también podrán preguntar
si son producto de gametos o embriones donados.
El asunto
del anonimato de los donantes también existe en Australia, como
ponía de relieve el Sydney Morning Herald el 29 de
noviembre. Una mujer de 19 años de edad de Brisbane
ha llegado incluso a la Corte Suprema británica para tratar
de obligar a la Harley Street clinic, donde fue concebida,
a que le permita acceder al archivo de su padre
biológico. En Sydney, los hijos de donantes de esperma han
formado el Donor Conception Support Group. Afirman que quieren saber
quiénes fueron sus padres.
En Australia, los donantes de esperma
han sido padres de entre 10.000 a 15.000 niños. Estos
hombres que hicieron su donación de manera anónima afirman que
ellos no tienen responsabilidades legales o emocionales hacia ningún niño
y que su confidencialidad debe mantenerse.
“¿Se han mejorado las
vidas de las mujeres y se ha elevado su status
cuando el nacimiento de un niño, y el niño en
sí mismo, se convierten simplemente en un producto que se
puede comprar en un banco de genes?” preguntaba la feminista
Naomi Wolf en el Sunday Times de Londres el pasado
28 de octubre.
“¿Se refuerza la maternidad cuando se convierte
en parte de una economía de mercado en la que
las mujeres ricas utilizan los cuerpos de las pobres?” escribía
Wolf. “¿Son las mujeres libres definitivamente por el hecho de
que no tengan que interactuar con los hombres en el
más íntimo de los niveles para crear una familia?”.
Esta
reconocida feminista defiende que las nuevas técnicas reproductivas, algunas de
las cuales incluso prometían quitar de en medio la necesidad
de hombres en la generación de una nueva vida, son
un peligro para la vida familiar y el concepto de
maternidad. Ponía en guardia contra el hecho de que los
“atajos” de la tecnología crean libertades que son, de hecho,
“rebajas del diablo”.
Sorpresas legales
No sólo sufren los hijos
y las mujeres. Hay que tener en cuenta además los
problemas legales. En enero, un tribunal sueco confirmaba una sentencia
precedente, según la cual, un hombre de 35 años que
había donado privadamente esperma a una pareja de lesbianas es
el padre legal de tres niños y debe sostenerlos económicamente,
informaba Associated Press el 31 de enero.
La madre de
los niños, pidió al padre biológico, James, que pagase el
sostenimiento de sus hijos, después de que la relación con
su pareja terminase el pasado año. En diciembre, un tribunal
administrativo provincial sentenció a su favor y ordenó a James
que pagara una pensión de 280 dólares al mes.
James
contravino la decisión, al defender en un tribunal de distrito,
que él no era el padre legal. Pero el tribunal
afirmó que un documento firmado por James, que reconocía que
él era el padre biológico, tiene validez legal. James respondió
que había firmado el documento solamente para que los niños
pudieran saber sus orígenes, sin aceptar ninguna responsabilidad sobre ellos.
En un caso reciente en Estados Unidos, la Corte Suprema
de Massachussetts sentenció que los niños concebidos con óvulos o
esperma congelados de un padre muerto pueden ser considerados herederos
legales, informaba el 3 de enero el Boston Globe.
La
justicia dio oídos al caso de dos gemelos de 6
años que nacieron dos años después de que su padre,
Warren Woodward de Beverly, muriera de leucemia. Su esperma fue
congelado mientras era sometido al tratamiento contra el cáncer, y
su viuda fue inseminada artificialmente con su esperma tras su
muerte.
El tribunal dio un listado de tres requerimientos que
deben ser atendidos a favor de los hijos concebidos póstumamente
para que sean considerados herederos. Deben considerarse genéticamente relacionados con
el padre muerto; el padre debe dar su asentimiento para
la concepción; y el padre debe dar su asentimiento al
sostenimiento de los niños. El tribunal no especificó en qué
forma debían darse dichos asentimientos.
Aunque los problemas creados por
la fertilización in vitro continúan multiplicándose, las clínicas siguen compitiendo
en sus ofertas por atraer clientes, según un reportaje del
New York Times del 1 de enero. El negocio de
la fertilidad es ahora una industria de 1.000 millones de
dólares al año, y los médicos están más interesados en
conseguir una parte de la tarta que en proteger los
intereses de sus pacientes, sostenía el artículo del Times.
Por
ejemplo, algunas clínicas implantan demasiados embriones, aumentando el riesgo de
que una mujer acabe quedando embarazada de tres o más
fetos, algo peligroso tanto para la madres como para los
bebés.
El artículo hacía notar que desde 1995 hasta 1998,
el año más reciente del que se tienen datos, los
tratamientos de fertilización in vitro aumentaron en un 37%, de
unos 59.000 pasaron a unos 81.000, y el número de
clínicas subió un 28%, de 281 a 360.
¿Cuál ha
sido el resultado de todo esto? Muchos que están dejando
de lado las consideraciones éticas, corren el riego de perderse
en un laberinto de dilemas morales y legales.
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