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Autor: Fernando Pascual | Fuente: Catholic net ¿Maternidad a la carta? No, gracias
La voluntad de los adultos trata al hijo, a veces sin darse cuenta de ello, como si fuese “algo”, un “material biológico” disponible según los deseos de sus padres
En el pasado había hombres o mujeres que buscaban tener
un hijo a cualquier precio. Si “hacía falta”, recurrían a
graves injusticias: a la violencia sexual dentro del matrimonio, al
adulterio, al divorcio para “probar” con otra pareja. Pero la
ética y el derecho nos dicen, con firmeza, que nunca
algo bueno (el nacimiento de un hijo) puede permitir el
uso de medios injustos.
Hoy existen nuevos procedimientos para que un
hijo nazca según los deseos de los adultos. De esos
procedimientos, muchos son inmorales, por no respetar la dignidad de
los embriones, por poner en grave peligro su existencia.
Un método
relativamente nuevo consiste en congelar óvulos para cuando sean deseados
por la mujer, casada o soltera, según lo permitan las
leyes de los distintos países.
Las mujeres que recurren a estas
técnicas saben que a partir de cierta edad es más
difícil iniciar un embarazo. Por lo mismo, y con leyes
como la vigente en España y otros países, recurren a
centros de reproducción asistida para congelar sus óvulos y así
tenerlos “como reserva” para el futuro.
A través de la congelación
de óvulos, preparados para su “uso” en técnicas de fecundación
artificial que “producen” hijos, supuestamente de calidad, se cae en
un tipo de imposición sobre esos futuros hijos, que no
serán respetados en su dignidad.
Otras mujeres van más allá: no
congelan óvulos, sino embriones. De este modo, consiguen tener “guardados”
hijos muy pequeños, sometidos a una congelación arbitraria y sumamente
peligrosa.
En estos casos, la voluntad de los adultos trata al
hijo, a veces sin darse cuenta de ello, como si
fuese “algo”, un “material biológico” disponible según los deseos de
sus padres. Buscan así una maternidad, una paternidad, “a la
carta”.
Someter la llegada del hijo a los deseos de sus
padres a través de técnicas tan peligrosas como las de
fecundación artificial implica una falta de amor pleno, un modo
incorrecto de ver la maternidad y la paternidad.
En cambio, es
sumamente hermoso vivir la maternidad en el mejor contexto para
el hijo: desde una vida matrimonial madura y llena de
cariño, desde la apertura al hijo: alguien que vale sin
condiciones de espacio, de tiempo, de cualidades; alguien que empezará
a existir no en cuanto sometido a los proyectos de
sus padres, sino a partir de una apertura generosa y
responsable a su llegada en el seno de una familia
que lo ama.
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