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Autor: Zenit Reproducción humana: Jugando a ser como Dios
El divorcio entre la ética y la tecnología en el campo de la reproducción humana parece completo
Reproducción humana: Jugando a ser como Dios
El divorcio entre la ética y la tecnología en
el campo de la reproducción humana parece completo. El encuentro
anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología,
reunida en Madrid del 29 de junio al 2 de
julio, fue testigo de nuevos anuncios que han dejado alarmados
a los observadores.
Cuando los científicos sugirieron la posibilidad de extraer
tejido ovárico de fetos abortados, los titulares de los periódicos
de todo el mundo proclamaron la era de las «madres
no nacidas». Los investigadores anunciaron que habían sido capaces de
sacar ovarios inmaduros de fetos de cuatro meses, informó el
1 de julio el diario británico Independent. Los investigadores esperan
probar que el tejido se puede estimular en tubos de
ensayo para desarrollarlo hasta el estadio en que se puedan
extraer los óvulos.
El equipo de científicos de Israel y Holanda
ha ido más allá que cualquier intento anterior de experimentación
con tejido ovárico de fetos humanos. Tal Biron-Shental, una ginecóloga
del Meir Hospital-Sapir Medical Center en Kfar Saba, afirmaba que
los investigadores habían obtenido tejido ovárico de siete fetos abortados
de entre 22 y 33 semanas y los habían tratado
para mantener los ovarios vivos durante cuatro semanas. Cuando se
le preguntó si sería capaz de producir óvulos plenamente maduros
de ovarios fetales, la doctora Biron-Shental afirmó: «Nos llevará todavía
bastante tiempo. No lo sé exactamente».
Roger Gosden, uno de los
principales especialistas en fertilidad que trabaja en el Jones Institute
en Norfolk, Virginia, observaba que uno de los problemas éticos
que implicaba este método es que el feto no puede
dar su consentimiento.
Ulteriores críticas vinieron del arzobispo de Cardiff,
Gales, monseñor Peter Smith, informaba el Guardian el 2 de
julio. «Hay algo profundamente malo en nuestra sociedad cuando se
puede incluso llegar a contemplar cómo se cosechan óvulos de
ovarios de fetos abortados», afirmaba el arzobispo. «¿Cómo es que
podemos reconocer que el feto abortado es bastante humano como
para convertirse en un padre biológico y, sin embargo, no
es lo suficientemente humano para tener derecho a vivir?».
La siguiente
provocación vino de Suecia. Los investigadores de ese país afirmaron
que, en el plazo de tres años, sería posible trasplantar
las matrices, informó el 2 de julio el London Times.
Los científicos explicaron que los trasplantes funcionarían mejor si el
útero donado provenía de la madre o de la hermana
de la receptora, para minimizar las posibilidades de rechazo. La
receptora concebiría entonces por inseminación in vitro.
Las pacientes tendrían que
tomar fármacos inmunosupresores para evitar que sus cuerpos rechazaran el
órgano. Pero una vez que la mujer hubiera dado a
luz los niños que quisiera, se podría quitar la nueva
matriz. El Times informaba que cerca del 4% de los
motivos de infertilidad femenina es causado por problemas de útero.
El
equipo sueco, liderado por el doctor Mats Brännström, de la
Universidad de Sahlgrenska en Goteborg, declaraba que el último año
había logrado con éxito transplantar una matriz en ratones, que
más tarde dieron a luz. Brännström especulaba con que la
técnica podría usarse para transplantar matrices en varones transexuales, permitiéndoles
quedarse embarazados usando óvulos donados. Sin embargo, reconocía, la forma
de la pelvis del varón crearía ciertos problemas.
Mitad hombre, mitad
mujer
Las preocupaciones sobre la carencia de restricciones éticas aumentaron más
con el anuncio de un experimento que ha creado un
embrión humano hermafrodita. La quimera se formó al colocar células
de un embrión varón recién concebido en un embrión femenino
de tres días, informó el 3 de julio el London
Telegraph. El embrión resultante era en parte hombre y en
parte mujer, y podría desarrollarse potencialmente en un feto aparentemente
sano.
El experimento fue llevado a cabo por el doctor Norbert
Gleicher, director de una clínica privada de fertilidad de Estados
Unidos. Después de tres días, las células masculinas parecían haberse
distribuido uniformemente en 12 de las quimeras, afirmaba ante la
conferencia de Madrid. Los embriones fueron destruidos poco después.
Gleicher afirmaba
que este tipo de quimeras podrían ayudar a tratar enfermedades
genéticas tales como inmunodeficiencia severa combinada. «Si tienes un embrión
defectuoso y eres capaz de introducir sólo un 15% de
células sanas, puedes ser capaz de tratar desórdenes genéticos singulares»,
afirmaba. «Normalmente podrías hacer esto con embriones del mismo sexo,
pero lo hicimos con sexos diferentes a manera de modelo.
Nuestro propósito primario era ver si resultaba factible y pienso
que tenemos evidencia convincente de que la respuesta es afirmativa».
Pero
Lynn Fraser, especialista en fertilidad en el King’s College de
Londres, cuestionaba el objetivo de los experimentos y el hecho
de que las quimeras puedan usarse para tratar desórdenes genéticos
singulares. «Esto no es viable», afirmaba. «Biológicamente es una postura
falsa».
Jugando a ser como Dios
La erupción de experimentos extremos anunciados
en Madrid levantó fuertes reacciones, especialmente en la prensa británica.
En un artículo titulado «Jugando a ser Dios», publicado el
3 de julio en el Guardian, Hilary y Steven Rose,
socióloga y biólogo respectivamente, observaban: «Todo en este mundo occidental
tecnológicamente sofisticado funciona como si los consumidores fuesen reyes y
reinas».
Las desventajas de tales técnicas, comentaban, incluyen la crisis a
que hará frente «el niño que aprende que es el
producto de un óvulo fertilizado cosechado de un feto muerto
desde hace tiempo y de esperma congelado de una fuente
no identificable». También corremos el riesgo de convertir a los
niños en mercancía, «con especificación de producto, control de calidad
y rechazo de los productos defectuosos: sexo incorrecto, genes incorrectos».
Es
verdad, observaban, que hay cada vez más problemas a la
hora de tener hijos. Pero la expansión de la fecundación
in vitro «comienza con el objetivo incorrecto». Recomendaban más prevención,
como que las mujeres tengan niños a una edad más
temprana.
El 6 de julio, la comentarista del Sunday Times, India
Knight, observaba que la raíz del problema con los experimentos
de fecundación in vitro se está escapando de las manos
con «la fijación de algunas personas con su ‘derecho’ a
tener hijos». Al mismo tiempo presentaba la cuestión de los
derechos de los embriones. «Están vivos, tanto como para ser
capaces de crear vida por ellos mismos».
En un artículo publicado
el mismo día por el Telegraph, el primado católico de
Inglaterra y Gales, el cardenal Cormac Murphy-O’Connor, criticaba al Parlamento
por gastar tanto tiempo en su reciente debate sobre la
ética de la caza del zorro, mientras ignora problemas como
la investigación con la fecundación in vitro. «¿Cuándo comenzaremos a
debatir la ética del futuro de nuestra especie con la
misma pasión y minuciosidad que debatimos el futuro de nuestros
zorros?», preguntaba.
El cardenal expresaba su preocupación de que «el desarrollo
científico está sobrepasando con mucho nuestra capacidad de entender y
salir al paso a los profundos dilemas éticos que cada
nueva forma de investigación presenta».
El cardenal Murphy-O’Connor pidió una reflexión
seria sobre la santidad de la vida y su transmisión.
«Es el momento de un debate constructivo e informado a
nivel del público en general, que no se vea conducido
por intereses torcidos o comerciales. Existe el riesgo, en caso
contrario, de un colapso intelectual y moral en temas de
enorme importancia para todos nosotros, como seres humanos».
El número 2378
del Catecismo de la Iglesia católica declara: «El hijo no
es un derecho sino un don». El «don más excelente
del matrimonio» del matrimonio, observa el Catecismo, es una persona
humana.
Y continúa: «El hijo no puede ser considerado como un
objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento de
un pretendido ‘derecho al hijo’. A este respecto, sólo el
hijo posee verdaderos derechos: el de ‘ser el fruto del
acto específico del amor conyugal de sus padres, y tiene
también el derecho a ser respetado como persona desde el
momento de su concepción’».
Las últimas noticias muestran el peligro
de olvidar los derechos de los hijos ante las fuertes
acometidas de la reproducción a cualquier coste.
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