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Autor: Malén Oriol Muñoz La fecundación in vitro y su licitud moral
La intención de curar la esterilidad no justifica el recurrir a cualquier medio para lograr la concepción
La fecundación in vitro y su licitud moral
La fecundación in vitro con transferencia de embriones, conocida técnicamente
como FIVET, es un tema que en la actualidad
está de moda entre muchas parejas jóvenes que buscan una
solución a su problema de infertilidad. Los medios de
comunicación son los primeros que han dado a conocer
los avances de la ciencia en este campo y
las personas se maravillan de que pueda llegar a "lograrse"
una persona en un tubo de probeta.
Sin embargo,
como sucede con toda noticia, sólo se comenta el hecho
sorprendente, pero no se habla de su valoración
moral y ética y de las consecuencias que consigo lleva
la aplicación de esta técnica; por poner un
ejemplo, muy poco se escucha hablar sobre la
fecundación in vitro en relación al hecho de que
reduce la vida como material humano de experimentación.
MÉTODO
FIVET (FECUNDACIÓN INVITRO)
Por método FIVET se entiende el logro
de la fecundación humana extrayendo el óvulo para fecundarlo
fuera del ambiente corporal y luego volverlo a introducir en
el útero. En esta técnica de fecundación se
pueden distinguir diversos tipos:
a) Homóloga: son las técnicas dirigidas
a lograr la concepción humana a partir de
los gametos de dos esposos unidos en matrimonio.
b) Heteróloga: son
las técnicas encaminadas a lograr una concepción a partir de
los gametos provenientes de al menos un donador
diverso de los dos esposos unidos en matrimonio.
El presente
artículo pretende exponer la valoración moral y ética de
la aplicación de la FIVET Homóloga, y
está dirigido, principalmente, a todos los matrimonios que
recurren a esta técnica como una posible
alternativa a su problema de infertilidad, con el fin
de proporcionarles la información adecuada que les haga ver
el porqué no es un método lícito aunque el
fin de concebir sea algo bueno, deseable y querido
para su matrimonio y familia.
Los primeros experimentos de fecundación in
vitro en animales, ratones y conejos, comenzaron en el año
de 1937. M.C. Chang logró provocar el nacimiento de conejos
en 1959. Pero fue R.G. Edwards quien
inició los estudios con óvulos humanos en el año de
1963 y, a partir de esa fecha, continuaron los estudios
de fecundación de embriones humanos. En el año
1978, se lograron los primeros embriones implantados en el
útero y se cree que desde entonces han nacido varias
decenas de miles de niños.
Quienes promueven la técnica FIVET
afirman que no hay otra solución al problema de infertilidad
en las parejas aunque saben que es un método muy
complejo por todas las implicaciones que supone la
obtención de los gametos para la fecundación, y en
el cual los principios morales y éticos quedan al margen
en la aplicación del procedimiento.
Por tanto, se
puede afirmar que con la técnica FIVET, la ciencia y
la ética han llegado a contraponerse. Este punto de
confrontación entre ciencia y ética radica, por una parte,
en el hecho de ver si se respeta o
no a la naturaleza del embrión humano y, por
otra parte, en ver si se cumple o no
la finalidad de la procreación dentro del matrimonio.
Respeto
y salvaguarda de la vida del embrión humano
En el
empleo de la técnica FIVET se suele
proceder a la fecundación no solo de un embrión
sino de varios embriones, ya que el porcentaje
de fecundación es bajo y un primer intento puede llegar
a fracasar y, es por ello, que se necesita
tener varios embriones disponibles. Sin embargo, ¿quién se cuestiona lo
que pasa con todos esos embriones "en almacen"? ¿Se tiran?
¿Se usan como cosméticos? ¿Se reimplantan en otra mujer? ¿Se
usan para experimentación?
Desde el punto de vista
de la moral, no sólo católica, el uso que
se le da a los embriones humanos equivale al hecho
de una supresión voluntaria de un ser humano, dicho
en otras palabras, equivale a realizar un aborto voluntario.
Algunos científicos argumentan a favor de la técnica
FIVET que todo el proceso busca hacer de manera artificial
lo que la naturaleza hace de forma natural; que así
como hay mini-abortos naturales, en el caso de la fecundación
in vitro, también se dan por esa razón y así
justifican su empleo. Sin embargo, aquí hay que distinguir
entre lo que sería una muerte natural y lo
que sería una muerte provocada por el mismo hombre.
Es decir, el médico o el científico sólo está imitando
lo que hace la naturaleza humana para justificar este proceder.
La contradicción se da por el hecho de que
los científicos y los médicos están invocando
a la naturaleza para justificar la pérdida de embriones,
pero cuando se trata de justificar el conjunto de la
fecundación artificial, afirman que no se debe tener
una concepción "biologista" de la naturaleza, lo cual no
es aceptable desde el punto de vista moral y ético.
Finalidad de la procreación en el matrimonio
El acto sexual une
a los esposos física y afectivamente en cuanto personas,
y los abre a la posibilidad de procrear. Por tanto,
separar el momento unitivo del procreativo equivale a romper la
unidad de amor y vida en el acto conyugal.
Lo anterior se puede reafirmar con el siguiente texto de
la Instrucción Donum Vitae: "El origen del ser
humano es el resultado de la procreación ligada a la
unión no solamente biológica, sino también espiritual de los padres
unidos por el vínculo del matrimonio. Una fecundación obtenida fuera
del cuerpo de los esposos, queda privada, por esa razón,
de los significados y de los valores que se expresan
mediante el lenguaje del cuerpo, en la unión de las
personas humanas".
Por tanto, el acto de la procreación
sin la expresión corporal priva de la comunicación interpersonal que
debe existir entre los esposos y no existirá la plenitud
y la totalidad del don de las dos personas.
Se sustituye el gesto corporal por la técnica, reduciendo
el valor del acto conyugal a un valor meramente técnico;
es decir, se empobrece y degrada el acto de
la procreación.
Es importante recordar que en la comunión
y comunicación de los esposos en el acto conyugal, el
sujeto se expresa a sí mismo y a otro sujeto,
cuya igualdad respeta, y con quien le está permitida
la libre expresión.
Entre los actos expresivos o lenguajes
corporales el del acto conyugal tiene la característica de la
plenitud y de la totalidad. El texto que
a continuación se cita apoya esta postura:
"Las personas llamadas a vivir en el matrimonio, realizan su
vocación al amor en la plena donación de sí mismos,
que expresa adecuadamente el lenguaje del cuerpo. De la donación
recíproca de los esposos procede, como fruto propio,
el don de la vida a los hijos, que son
signo y coronación del amor matrimonial" (Pontificio Consejo para la
Familia).
Por otro lado, el punto de reflexión sobre el
empleo de la técnica FIVET también hace ver que
el momento fecundante lo efectúa un operador ajeno a
la pareja. En estos casos, el científico, un extraño
a los cónyuges, es quien lleva a cabo
la fase decisiva de la procreación cuando es necesario recordar
que este derecho sólo le pertence a Dios Creador y
no a los hombres de ciencia ni a los cónyuges.
Además, se puede decir que la fecundación extracorpórea
se vuelve fecundación extraconyugal, lo cual no es aceptable
moral ni éticamente, aunque se mantenga el patrimonio genético,la voluntad
de encargarlo y la gestación materna.
El siguiente texto de
la exhortación apostólica Familiaris Consortio, número 28, ayuda
a reafirmar lo que se ha venido comentando hasta el
momento: "La fecundidad es fruto y el signo del
amor conyugal, el testimonio vivo de la entrega plena y
recíproca de los esposos : el cultivo auténtico del amor
conyugal y toda la estructura de la vida familiar
que de él deriva, sin dejar de lado
los demás fines del matrimonio, tienden a capacitar a
los esposos para cooperar con fortaleza de
espíritu con el amor del Creador y del Salvador quien
por medio de ellos aumenta y enriquece diariamente su
propia familia".
Por tanto, se puede comprender por qué
el acto conyugal se considera como el único lugar
digno para la procreación humana y la técnica del FIVET
es moralmente inaceptable porque priva a la procreación humana de
la dignidad que le es propia y connatural.
CONCLUSIÓN
La fecundación
o procreación humana es un acto personal de la pareja
y da como resultado un ser humano, fruto del
amor mutuo que se tienen. Este hecho involucra
a los esposos tanto en su responsabilidad como cónyuges
como en el destino de la persona que es llamada
a la existencia.
Por tanto, no se puede permitir que
ante el problema de la infertilidad de la pareja se
utilicen métodos artificiales que van en contra de los
principios morales que afectan tanto a la persona que
nace como a la finalidad del matrimonio.
Por otro
lado, la intención de curar la esterilidad no justifica
el recurrir a cualquier medio para lograr la concepción; curar
significa eliminar obstáculos y ayudar a los procesos naturales;
no quiere decir sustituir la responsabilidad de la
pareja en lo que es propio de ella.
Como lo
afirma Abbagnano, "En este campo, como en muchos otros,
ciencia y técnica pueden y debe corregir y ayudar
a los procesos naturales, pero no sustituirlos con
artificios que anulen los efectos que sólo la naturalidad
puede garantizar. Todo el mundo de la naturaleza tiene hoy
necesidad de defensas contra las contaminaciones y
las deformaciones masivas que el abuso de la técnica
ha ido provocando. El hombre es parte integrante
de este mundo; y su vida, comenzando desde el
nacimiento, es la cosa más valiosa que hay que defender
contra cualquier manipulación que disminuya su dignidad".
¡Qué diferente
sería la postura del hombre si, ante el problema
de la infertilidad de las parejas, estas optaran por
el camino de la adopción de otros niños!
Un
camino quizá más sacrificado y que implica una mayor donación
y entrega, pero que con toda certeza llevaría a
más plenitud la vida matrimonial de la pareja.
Elio Sgreccia Manual de Bioética Editorial Diana México
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