Autor: P Paulino Toral | Fuente: Catholic.net Los Tres Amores: Carta a un Chico enamorado
Tres amores perfectamente sintonizados: el amor a Dios, el amor a tu chica y el amor a ti mismo… No es tan difícil ser feliz y hacer feliz a tu chica. Inténtalo
Mis queridos jóvenes:
Escribo a aquellos que están enamorados o van
a entrar en tratos de amor con chicas dignas. El
objetivo de esta carta es decirles que sepan valorar la
oportunidad que les da Dios y la chica en quien
han puesto sus ojos. Toda imprudencia puede ser fatal, definitiva
y sin remedio. El panorama no está para juegos…
En general,
las chicas, las jóvenes de hoy han visto sufrir a
otras mujeres las terribles consecuencias de haberse fiado del hombre
que tuvieron la tontería de elegir como padre de sus
hijos y compañero de toda la vida.
Las chicas superficiales
“teniendo ojos, no ven” (Mc 4:12); pero las valiosas dicen:
“Esto que veo en la vida de mi madre, de
mi hermana, de mi tía, de mi prima o mi
amiga; esto, a mí no me va a pasar, ni
estando loca. Yo no pienso ser ingenua o tonta. Más
vale estar sola que mal acompañada. Para ser una pobre
desgraciada, mejor no me caso y opto por un camino
en el que mi felicidad con mi Dios no va
a depender de ningún hombre”.
Ante este panorama, ustedes los varones,
deben ser muy inteligentes, sensatos y sabios: no pueden jugar
con una chica digna. Ellas tienen tanto miedo a ser
desgraciadas, que con un solo fallo gordo, despiden al chico
en el que pusieron su confianza. Ellas saben que las
que hoy sufren la presencia de un mal hombre en
su vida, fueron crédulas e ingenuas y tontas y que
no supieron cortar a tiempo y no hicieron otra cosa
que terminar esclavizadas con la cadena de oportunidades que cometieron
la insensatez de dar al “amo” que hoy domina su
existencia. Hace mucho que se abolió la esclavitud de las
cadenas de hierro, pero la esclavitud de las cadenas afectivas
está plenamente vigente y tiene una horrible actualidad.
La
confianza no se impone. La confianza se inspira. E inspiras
confianza a través de tus hechos y de tu conducta.
Si tienes un mal proceder inicial, no te quejes si
tu chica “ya no” confía en ti. La confianza es
como un espejo que se rompe: una vez roto, por
más que uses el mejor pegamento del mundo… ya no
es lo mismo.
Cualquier mentira es buena para generar desconfianza;
no sólo las que tienen que ver con otra chica,
sino toda mentira: sobre dónde has estado, con quien has
estado, qué has hecho, qué dijiste, por qué no
has venido.., Vida familiar, trabajo, estudios, vida social… “En boca
del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”. Lo grave no
está en que yo te había creído y tú me
has engañado, sino que, a partir de esta mentira, ya
no me fio de ti, has hecho nacer en mi
la desconfianza en todo lo que tenga que ver con
tu persona… Ya no creo en ti, aunque me lo
jures de rodillas. Entre tú y yo, ya nada será
igual…
Cuando una chica sensata vive un engaño, o las sospechas
de una traición, sus días son terribles y su vida
corre el peligro de ser un valle de lágrimas. Las
sospechas pueden presentarse ahora y en los años venideros, son
un fantasma que viene a envenenar todo lo que hagas,
digas, dejes de decir o dejes de hacer. Ni a
ella ni a ti le conviene vivir bajo la sombra
de las sospechas. Para eso, mejor no seguir adelante: Una
retirada a tiempo es una victoria.
El varón suele abusar.
Comete errores protagonizados por la presencia de otras chicas (mensajitos,
bailes, coqueteos, flirteos o cosas peores) y, luego, exigen que
su chica siga confiando en él. Y ellas, con toda
razón, dado el panorama que han vivido en otras mujeres,
ya no quieren nada con su chico. El panorama del
trato varón -mujer es tan caótico, que si una chica
quiere escribir una historia de felicidad, debe ser exageradamente estricta
con el chico con el que está tratando. Las ingenuas
son víctimas de su propia ingenuidad.
La verdad es la
verdad: El único modo cómo puedes ser digno de toda
la confianza de tu chica es siendo tú mismo un
“hombre de Dios”; no por ella, sino por ti mismo.
Para comenzar, tú debes tratar a tu enamorada con la
más exquisita castidad. Yo suelo preguntar a los chicos: -
“Eso que estás haciendo con tu chica, ¿te gustaría que
el enamorado de tu hija hiciera con tu hija?” La
respuesta es siempre – “¡No, Padre!” Y yo concluyo: -
“Entonces, obra en consecuencia”. La lujuria es siempre una
mentira. Porque, lógico, si ya con ella comienzas siendo lujurioso, aprovechado,
“físico” (como dicen ellas) ¿qué garantía tiene tu chica de
que tú no andas en cosas iguales o parecidas con
otras chicas? Si ya con ella te muestras un buscador
de placer, ¿cómo puedes demostrarle a ella que cuando estás
con tu computador no le traicionas con las modelos de
la red?
Si comienzas respetándola, y ella ve que tus
ojos son castos con toda mujer y en todo momento,
le estás dando una oportunidad y te estás dando a
ti mismo una oportunidad para que vea que eres todo
un caballero: “Tus ojos son la lámpara del cuerpo; si
tus ojos son buenos, todo tu cuerpo tendrá luz; pero
si son malos, tu cuerpo estará en la oscuridad” (Lc
11:34).
Los ojos de todo varón son las ventanas del
alma. Cuando él mira, no mira si su chica le
mira; pero la chica al tenerse por un instante en
los ojos de su chico, le basta para saber lo
que hay dentro de su alma. Y esto es tan
verdadero, que una chica puede conocer en muy poco tiempo
quién es el chico con el que anda.
A mí
me da mucha pena de los chicos que cometen errores
y acuden al sacerdote para que les ayude. Lamentablemente, cuando
una chica descubre los engaños de su chico, es casi
imposible convencerla de lo contrario.
Y, la verdad, el panorama
es tan terrible, que la mujer tiene toda la razón
cuando piensa: - “El enamoramiento es el tiempo del conocimiento
del que podría ser el padre de mis hijos y
compañero de toda la vida. Cuando se compra un equipo,
uno ve escaparates e, incluso, se pide al vendedor que
te haga una demostración del equipo. Si cuando estás allí,
en plena prueba, el equipo echa humo, traquetea, no funciona…
la más grande tontería que puedo hacer es llevarme ese
equipo a mi casa”.
“Amar es buscar el bien del
ser amado”. Quien ama, jamás busca el mal de la
persona que ama. Esto es verdad respecto a ti mismo;
porque Dios no quiere que tú te odies; quiere que
tú te ames. Para ti, amarte será buscar, no
tu mal, sino tu bien; y no habrá otro
bien más bueno para ti, que Dios. Dios es el
Bien sumo. De aquí que la afirmación de Dios en
tu vida es, a la vez amor a Dios y
amor a ti mismo: buscando tu bien, encuentras que no
hay otro bien más bueno que Dios. El amor a
Dios y el amor a ti mismo, en este sentido,
coinciden.
Si tú afirmas a Dios en tu vida,
Dios te hace bien, te hace bueno y te capacita
para hacer el bien a todos; tu chica incluida. De
aquí que la mayor expresión de amor a tu chica,
será afirmar a Dios en tu persona.
Tres amores perfectamente sintonizados:
el amor a Dios, el amor a tu chica y
el amor a ti mismo… No es tan difícil ser
feliz y hacer feliz a tu chica. Inténtalo.
En términos
católicos esto se logra “viviendo en gracia de Dios”, recibiendo
la Eucaristía, si puedes a diario, y manteniendo tu
alma limpia de toda contaminación mundana. Para esto ayuda mucho
la dirección espiritual y la Confesión frecuente… Los sacerdotes somos
el espantapájaros del demonio… Tú me entiendes.
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soy de mexico chis. me gusto mucho su consejo, estoy pasando por un momento dificil en mi noviasgo, y la verdad abeces nos segamos y no vemos los errores y lo mucho que nos lastiman.
Padre Paulino creo que sus palabras son hermosas y que todo lo que dice es cierto,ojala todos los chicos leyeran su carta y la entendiran.. Gracias por dirigirse a la juventud que tanto necesitamos que nos guien. Saludos!