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2391 No pocos postulan hoy una especie de ‘unión
a prueba’ cuando existe intención de casarse. Cualquiera que sea
la firmeza del propósito de los que se comprometen en
relaciones sexuales prematuras, éstas ‘no garantizan que la sinceridad y
la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y
una mujer queden aseguradas, y sobre todo protegidas, contra los
vaivenes y las veleidades de las pasiones’ (CDF, decl. "Persona
humna", 7). La unión carnal sólo es moralmente legítima cuando
se ha instaurado una comunidad de vida definitiva entre el
hombre y la mujer. El amor humano no tolera la
‘prueba’. Exige un don total y definitivo de las personas
entre sí (cf FC 80).
2337 La castidad significa la integración
lograda de la sexualidad en la persona, y por ello
en la unidad interior del hombre en su ser corporal
y espiritual. La sexualidad, en la que se expresa la
pertenencia del hombre al mundo corporal y biológico, se hace
personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación
de persona a persona, en el don mutuo total y
temporalmente ilimitado del hombre y de la mujer.
La virtud de
la castidad, por tanto, entraña la integridad de la persona
y la totalidad del don.
La integridad de la persona
2338 La
persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida
y de amor depositadas en ella. Esta integridad asegura la
unidad de la persona; se opone a todo comportamiento que
la pueda lesionar. No tolera ni la doble vida ni
el doble lenguaje (cf Mt 5, 37).
2339 La castidad implica
un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía
de la libertad humana. La alternativa es clara: o el
hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se
deja dominar por ellas y se hace desgraciado (cf Si
1, 22). ‘La dignidad del hombre requiere, en efecto, que
actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido
e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión
de un ciego impulso interior o de la mera coacción
externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda
esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre
elección del bien y se procura con eficacia y habilidad
los medios adecuados’ (GS 17).
2340 El que quiere permanecer fiel
a las promesas de su bautismo y resistir las tentaciones
debe poner los medios para ello: el conocimiento de sí,
la práctica de una ascesis adaptada a las situaciones encontradas,
la obediencia a los mandamientos divinos, la práctica de las
virtudes morales y la fidelidad a la oración. ‘La castidad
nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido
dispersándonos’ (S. Agustín conf. 10, 29; 40).
2341 La virtud de
la castidad forma parte de la virtud cardinal de la
templanza, que tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y
los apetitos de la sensibilidad humana.
2342 El dominio de sí
es una obra que dura toda la vida. Nunca se
la considerará adquirida de una vez para siempre. Supone un
esfuerzo reiterado en todas las edades de la vida (cf
tt 2, 1-6). El esfuerzo requerido puede ser más intenso
en ciertas épocas, como cuando se forma la personalidad, durante
la infancia y la adolescencia.
2343 La castidad tiene unas leyes
de crecimiento; éste pasa por grados marcados por la imperfección
y, muy a menudo, por el pecado. ‘Pero el hombre,
llamado a vivir responsablemente el designio sabio y amoroso de
Dios, es un ser histórico que se construye día a
día con sus opciones numerosas y libres; por esto él
conoce, ama y realiza el bien moral según las diversas
etapas de crecimiento’ (FC 34).
2344 La castidad representa una tarea
eminentemente personal; implica también un esfuerzo cultural, pues ‘el desarrollo
de la persona humana y el crecimiento de la sociedad
misma están mutuamente condicionados’ (GS 25, 1). La castidad supone
el respeto de los derechos de la persona, en particular,
el de recibir una información y una educación que respeten
las dimensiones morales y espirituales de la vida humana.
2345 La
castidad es una virtud moral. Es también un don de
Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual (cf Ga
5, 22). El Espíritu Santo concede, al que ha sido
regenerado por el agua del bautismo, imitar la pureza de
Cristo (cf 1 Jn 3, 3).
2350 Los novios están llamados
a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba
han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje
de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el
uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo
del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal.
Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad.
2353 La fornicación
es la unión carnal entre un hombre y una mujer
fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de
las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al
bien de los esposos, así como a la generación y
educación de los hijos. Además, es un escándalo grave cuando
hay de por medio corrupción de menores. |