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Autor: Auxiliadora García Bellorín ¿Es ético dar hijos en adopción a homosexuales?
No se trata de coaccionar la libertad de adopción, sino de buscar el bien común de una sociedad en libertad.
¿Es ético dar hijos en adopción a homosexuales?
No se trata de coaccionar la libertad de adopción,
sino de buscar el bien común de una sociedad en
libertad.
Escuchaba a una de las diputadas de la Ciudad
de México, decir: “es una inmoralidad no permitir que las
parejas de homosexuales puedan adoptar hijos, la legalidad tiene que
estar acorde con la actualidad”. Ante esto, me preguntaba, ¿ésta
señora, será de las que piensan que “la MORAL es
un arbusto de moras”?, como decía un periodista en otra
estación de radio.
¿Debe acaso, la ley legalizar las ideas liberales
de un pequeño grupo de la sociedad? No voy a
hablar aquí de estadísticas, que si son muchos o son
pocos, porque las estadísticas en muchos casos se acomodan según
los intereses de la defensa.
Pero si usted se toma la
molestia de preguntar a unas diez personas -de distintos sectores
económicos, sociales, políticos y religiosos- si darían a un niño
en adopción a una pareja de homosexuales, lo más seguro
es que ninguna, o a lo más una, le digan
que sí. Esto porque en general, la mayoría reconocemos que
el matrimonio y la familia son las instituciones más eficaces
para la educación de los niños y el crecimiento humano
de la sociedad. Es cierto que no todos los matrimonios
funcionan de maravilla, pero también lo es el que no
debemos dejarnos llevar por las ideas de una minoría, que
pretende hacernos creer que una pareja de homosexuales sea el
más adecuado núcleo familiar.
Respetamos las opiniones de las minorías,
pero la familia es la cuna de la vida, educadora
del ser humano, sostenedora de los valores de la
humanidad. La familia es el fundamento de la sociedad civil,
donde se prepara el porvenir de las naciones.
Decía el
Cardenal Goma: “La familia es el yunque donde se forja
el espíritu de la raza, donde se templa el alma
de los pueblos”. La experiencia familiar es, en gran medida,
la que configura nuestra identidad como personas. En el seno
de la familia es donde deben sembrarse la educación y
los valores en los niños. No se trata de coaccionar
la libertad de adopción, sino de buscar el bien común
de una sociedad en libertad.
Algunos medios de comunicación
y algunas minorías nos quieren hacer ver que eso de
la felicidad matrimonial no existe, que es un contrato que
dura poco, que el aborto y la anticoncepción son derechos
que deben exigir las mujeres, que las “tomas artísticas” de
jóvenes semidesnudas no son pornografía, que la homosexualidad es una
opción de vida, que incluso deberían formar familias para adoptar
niños.
Quieren arrasar con nuestras familias, porque como estructura social,
no les permite destruir los valores, las creencias, los hábitos
de vida y de consumo, que por años hemos vivido.
Y nos tratan como retrógrados por defender la vida, la
familia y los valores humanos y cristianos. Hoy por
hoy me atrevo a decir que la familia es una
institución querida por Dios, donde el hombre y la mujer
asumen su valor como ser humano, por tanto defendamos la
moral que debe prevalecer en ella.
Finalmente, me gustaría, compartir
el concepto de moral, para aclarar aquello del arbusto de
moras: La moral trata sobre los deberes y derechos del
hombre que se pueden descubrir en la ley natural.
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