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Autor: Miguel Ángel Fuentes ¿Es correcto el cambio de sexo?
Las indicaciones médicas para realizar una cirugía de cambio de sexo pueden ser diversas y de ellas depende si son correctas o no.
¿Es correcto el cambio de sexo?
¿Cuál es la moralidad sobre la cirugía de
cambio de sexo?
El problema planteado gira en torno al
llamado “transexualismo”. Al respecto no hay pronunciamientos explícitos del Magisterio;
sólo pueden hacerse referencias a las enseñanzas generales sobre la
sexualidad humana[1].
Elementos generales sobre sexualidad humana
Desde el punto de vista
médico hay que tener en cuenta lo que se denomina:
-Sexo
cromosómico: es el resultado objetivo de la fecundación; todo individuo
nace con un sexo determinado que sólo puede ser masculino
(por la presencia de un cromosoma “Y”) o femenino (por
la ausencia de un cromosoma “Y”). Está además objetivamente probado
que es el sexo genético el que determina las demás
componentes biológicas del sexo. Uno es hombre o mujer desde
el momento de la concepción.
-Sexo gonádico: se basa sobre las
características de las glandulas sexuales; el varón posee tejido testicular,
la mujer tejido ovárico.
-Sexo de los conductos genitales: el conducto
de Müller es propio de la mujer; el de Wolff
es propio del hombre.
-Sexo fenotípico o genital: son las características
aparentes que se dan a nivel de los genitales externos.
Es en este nivel que se hace la atribución social
del sexo de una persona: según las características que muestre
al nacer
En la sexualidad física normal hay armonía y concordancia
entre los predichos componentes. Existen anomalías que determina un cierto
estado de “intersexualidad” cuando hay discordancia entre los caracteres genéticos,
gonádicos, ductales y fenotipicos del sexo. Las principales anomalías son:
-Pseudohermafroditismo:
es la discordancia entre las caraterísticas genitales y las glandulares.
Puede ser pseudohermafroditismo femenino (genitales masculinos y glandulas femeninas, es
decir, ovarios) o masculino (genitales femeninos y glandulas masculinas, es
decir, testiculares).
-Verdadero hermafroditismo: es muy raro y se caracteriza por
la presencia contemporánea de tejidos ovaricos y testiculares. Se dan
también varias hipótesis: que presente un fenotipo prevalentemente masculino, o
bien femenino.
El “transexualismo” es algo diverso: designa el conflicto entre
el sexo físico en sus componentes arriba mencionados y la
“tendencia psicológica” que es “experimentada” en sentido opuesto. En la
casi totalidad se trata de sujetos de sexo físico masculino
que psicológicamente se siente mujeres o tienden a identificarse con
el sexo femenino. Más raros son los casos opuestos.
El transexualismo
se presenta como un síndrome en el cual existe una
pulsión psicológica, aparentemente primaria (o al menos surgida en tiempos
remotos), de pertenecer al sexo opuesto al genético, endócrino, fenotípico;
pulsión que es acompañada por un comportamiento psico-sexual de tipo
netamente opuesto al previsto por el sexo anatómico y que
se asocia al deseo obsesivo de “liberarse” de los atributos
genitales poseídos y adquirir los del sexo opuesto. Se distingue,
por tanto, de la homosexualidad y del travestismo. En la
homosexualidad no hay deseo de cambiar de sexo sino de
tener relaciones sexuales con sujetos del mismo sexo; en el
travestismo tampoco hay deseo de cambiar de sexo sino de
vestirse con ropas propias del sexo opuesto como condición para
alcanzar la exitación sexual (pero la relación sexual se busca
con sujetos del sexo opuesto).
Volviendo al transexualismo, hay que decir
que, desde el punto de vista científico la intervención medico-quirúrgica
(hecha para adecuar las apariencias físicas externas a las tendencias
psicológicas) no supera el conflicto ni recompone la armonía con
el nuevo sexo, sino que parece agravar el sentido de
frustración; la operación más perfecta no realiza jamás una verdadera
y propia mutación de sexo.
Moralidad de la cirugía
sobre el sexo
Los casos de ambigüedad sexual.
En el caso de los sujetos que presentan alguna
de las formas de anomalías en el plano físico, por
la copresencia de elementos anatómicos de ambos sexos (hermafroditismo, pseudohermafroditismo),
la intervención quirúrgica no ha suscitado nunca dudas morales. El
problema, en este orden de cosas, se plantea sobre qué
dirección debe tomar la cirugía (es decir: qué sexo hay
que hacer prevalecer y cuál hay que hacer desaparecer). Hay
que decir:
-Cuando la conformación externa es suficientemente definida y el
paciente ignora la discordancia de su sexo genital con su
sexo glandular y cromosómico (es el caso de que se
da cuenta sólo el médico o el especialista, por ejemplo,
al hacer una intervención quirúrgica de hernia): es moralmente obligatorio
mantener oculta esta discordancia al paciente, porque es difícilmente corregible
y no puede llevar a otra cosa que turbación en
el sujeto.
-Cuando la ambigüedad es relevante también en los genitales
externos y los padres (o el mismo interesado) piden una
cirugía correctiva, habrá que tener en cuenta (para ver si
se privilegian los caracteres femeninos o masculinos):
a) qué intervención
tiene, desde el punto de vista técnico, más posibilidades de
éxito;
b) cuál sexo alcanza la mayor armonía con los demás
elementos del sexo físico (gonádico, cromosómico);
c) las posibilidades futuras
de realizar el acto conyugal;
d) la posibilidad de obtener
también la fertilidad.
La adecuación del sexo genital con
la tendencia sexual psíquica (transexualismo propiamente dicho).
No es
lícito nunca, ni siquiera cuando sea verdadero (como algunos defienden)
la irreversibilidad del problema psíquico (cuando sea imposible tratar el
problema psicológico de la persona que se “siente” del otro
sexo). No se trata de ningún tipo de “rectificación” del
sexo sino simplemente de una castración, esterilización, mutilización o privación
de una verdadera función sexual que, de suyo, es totalmente
sana; el problema es de orden psicológico.
Además, no hay
un “cambio de sexo” propiamente dicho, pues no se cambia
el sexo gonádico ni cromosómico; simplemente se introduce una nueva
asintonía entre el sexo gonádico y cromosómico, por un lado,
y, por otro, el psíquico y -ahora- el genital externo.
No se puede considerar esta intervención como un acto terapéutico,
pues se interviene sobre una parte físicamente no enferma.
1]
Sgreccia, E., Manuale di Bioetica, Vita e Pensiero, Milano 1988,
373-398.
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