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Autor: Salvador I. Reding Vidaña | Fuente: Yo influyo.com Los transexuales no existen
Son personas mutiladas, con implantes, pero esencialmente con el mismo sexo natal
Para las personas que no están a gusto con su
sexo, para aquellas que dicen que están en el cuerpo
equivocado, se ofrece la cirugía. Una vez intervenidos quirúrgica y
plásticamente, los hombres se vuelven mujeres y viceversa. Pero este
cambio es solamente relativo: su real sexo no ha cambiado.
¿Por
qué no han cambiado de sexo, si tienen ahora apariencia
del otro sexo, y hasta senos y vaginas o penes
artificiales? Porque los cambios son estéticos, y en parte hormonales,
pero su sexo sigue siendo el mismo. Son personas mutiladas,
con implantes, pero esencialmente con el mismo sexo natal.
La esencia
de la sexualidad está en los genitales, pero en ellos
fundamentalmente en los órganos que producen uno de dos elementos:
espermatozoides u óvulos. Mientras un individuo tenga testículos y una
próstata que produzcan semen y testosterona, ese individuo seguirá siendo
varón. Si le son extirpados los testículos, entonces quedaría relativamente
asexuado, pero eso no lo convierte en mujer. ¿Conserva la
próstata y/o no tiene ovarios? Es varón, mutilado, pero varón.
Al
revés, una mujer a quien le desaparezcan los senos, la
vagina y la vulva en particular, aunque le injerten prótesis
que simulen dos testículos y un pene, seguirá siendo mujer,
en tanto tenga ovarios que producen óvulos y estrógeno. Si
éstos le son extirpados, sería también relativamente un ser asexuado,
pero eso no la convierte en varón: no tiene testículos,
es mujer con apariencia masculina.
Los tratamientos hormonales que reciben los
varones que desean ser mujeres, junto con los implantes para
hacer crecer los senos y las caderas, redondear las piernas
y eliminar vello masculino, no convierten a nadie en mujer.
Se trata de un varón con elementos femeninos artificiales. Si
le retiran los testículos y el pene, y le hacen
un hueco simulando vagina y vulva, seguirá siendo varón con
apariencia de mujer: sólo parece mujer.
En resumen de lo anterior:
la sexualidad física esencialmente está determinada por la presencia de
órganos que producen uno de los dos gametos: espermatozoides u
óvulos. La producción de hormonas sexuales puede inhibirse.
Hay otros elementos
físicos diferenciales que no se cambian y que difieren entre
los sexos, como es la estructura ósea, distinta para hombres
y mujeres; un esqueleto puede ser identificado como el de
un hombre o de una mujer. No hay cirugía que
cambie o modifique esto. Las cuerdas vocales son distintas y
cambiarlas de sexo está más que en chino. Esa “manzana
de Adán”… delata.
Pero hay algo esencial en la diferencia de
sexos, que nadie, ningún cirujano plástico, puede cambiar, y que
hace permanente la esencia de ser varón o mujer: el
ADN. Veamos una cita del texto “ADN Y MEDICINA FORENSE,
Diez años de Experiencia”, escrito por Rosario Alicia Sotelo Lago,
Graciela Eleta y Carlos Gatti, de Argentina:
“El ADN es el
componente fundamental de los cromosomas y contiene la información hereditaria
requerida para transmitir, de padres a hijos, similitudes y diferencias.
“El
número de cromosomas de la especie humana es de 46,
los cuales se agrupan en 23 pares: 22 de ellos
llamados ‘pares autosómicos’ no presentan diferencias de acuerdo al sexo;
el restante, el par 23, ‘par sexual’, tiene características diferentes
determinadas por cada uno de los sexos. Los 23 pares
de cromosomas están contenidos en el interior del núcleo celular”.
Todos
sabemos que el ADN, la “huella digital genética” de la
persona, se determina en el momento de la concepción y
permanece invariable a través de la vida, conservándose en los
restos humanos también permanentemente. Por eso, la medicina forense tiene
en el método del ADN un aliado excelente.
Supongamos que un
cirujano logra implantar funcionalmente a un supuesto transexual los necesarios
ovarios o testículos, los del nuevo sexo (que serían ajenos).
El testarudo ADN se mantiene en el sexo original. La
psique es también muy necia: no cambia, sólo se adapta
parcialmente. De hecho, el cerebro tiene algunas características sexuales. Así,
el cambio sigue siendo relativo, aunque sea satisfactorio para el
paciente y su médico (y su cuenta de cheques).
Bajo estos
argumentos, la transexualidad verdadera no existe. Quienes dicen haber cambiado,
transmutado su sexo al contrario, de varón a mujer o
viceversa, lo han hecho solamente en algunos elementos corporales, pero
la esencia de su sexo no ha cambiado; su ADN
así lo confirma y su incapacidad de producir los gametos
contrarios, espermatozoides u óvulos, les impide cambiar de sexo.
Con un
sexo se nace y se muere, aunque se modifiquen las
anatomías en buena parte y se produzcan cambios a base
de hormonas; las propias, por cierto, seguirán produciéndose en el
cuerpo modificado, en tanto permanezcan ovarios o testículos y no
sea inhibida su función. La nueva sexualidad relativa solamente puede
mantenerse en lo que fue logrado por cirugía, con tratamientos
hormonales de por vida (las hormonas naturales son muy tercas).
Quienes
se han sometido a las intervenciones plásticas para “cambiar” artificialmente
de sexo, pueden estar muy satisfechos(as) con su nueva anatomía,
y hasta obtener legalmente su cambio de nombre y sexo,
y ser socialmente aceptados(as) en su nueva personalidad, pero no
han dejado, esencialmente, de ser lo que nacieron: varones o
mujeres.
Todo esto es importante para nuestra sociedad, pues la promoción
del argumentado “derecho” a cambiar de sexo, es solamente el
apoyo al cambio de partes de la anatomía, sin poder
modificar la esencia sexual, con el ADN a la cabeza
de todo ello. Hace más o menos felices (¿felices?) a
algunos, pero también frustrados de por vida a otros, los
tardíamente arrepentidos.
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