La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Congregación para la Doctrina de la Fe | Fuente: Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales Comportamiento de los políticos católicos ante legislaciones favorables a las uniones homosexuales
Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo especial
IV. Comportamiento de los políticos católicos ante legislaciones favorables a
las uniones homosexuales
10. Si todos los fieles están obligados a
oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos
católicos lo están en modo especial, según la responsabilidad que
les es propia. Ante proyectos de ley a favor de
las uniones homosexuales se deben tener en cuenta las siguientes
indicaciones éticas.
En el caso de que en una Asamblea legislativa
se proponga por primera vez un proyecto de ley a
favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario
católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente
su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder
el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan
nocivo del bien común de la sociedad es un acto
gravemente inmoral.
En caso de que el parlamentario católico se encuentre
en presencia de una ley ya en vigor favorable a
las uniones homosexuales, debe oponerse a ella por los medios
que le sean posibles, dejando pública constancia de su desacuerdo;
se trata de cumplir con el deber de dar testimonio
de la verdad. Si no fuese posible abrogar completamente una
ley de este tipo, el parlamentario católico, recordando las indicaciones
dadas en la Encíclica Evangelium Vitæ, « puede lícitamente
ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños
de esa ley y disminuir así los efectos negativos en
el ámbito de la cultura y de la moralidad pública
», con la condición de que sea «
clara y notoria a todos » su «
personal absoluta oposición » a leyes semejantes y se
haya evitado el peligro de escándalo.(18) Eso no significa que
en esta materia una ley más restrictiva pueda ser considerada
como una ley justa o siquiera aceptable; se trata de
una tentativa legítima, impulsada por el deber moral, de abrogar
al menos parcialmente una ley injusta cuando la abrogación total
no es por el momento posible.
Conclusión
11. La Iglesia enseña que
el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo
alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a
la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige
que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial
como base de la familia, célula primaria de la sociedad.
Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría
no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un
modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales
que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia
no puede dejar de defender tales valores, para el bien
de los hombres y de toda la sociedad.
El Sumo Pontífice
Juan Pablo II, en la audiencia concedida al Prefecto de
la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 28
de marzo de 2003, ha aprobado las presentes Consideraciones, decididas
en la Sesión Ordinaria de la misma, y ha ordenado
su publicación.
Dado en Roma, en la sede de la Congregación
para la Doctrina de la Fe, el 3 de junio
de 2003, memoria de San Carlos Lwanga y Compañeros, mártires.
Joseph
Card. Ratzinger Prefecto
Angelo Amato, S.D.B. Arzobispo titular de Sila Secretario
(18) Juan Pablo II, Carta Encíclica
Evangelium vitæ, 25 de marzo de 1995, n. 73.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR