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Autor: Joseph Laguna ¿La homosexualidad es una desviación?
Para comprender bien la postura de la Iglesia Católica, es importante distinguir entre la homosexualidad, la persona homosexual y los actos homosexuales.
¿La homosexualidad es una desviación?
El término homosexualidad se refiere a todos los actos
sexuales que se llevan a cabo entre dos personas del
mismo sexo. Son las relaciones entre hombres o mujeres que
experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia las personas
del mismo sexo.
En algunos casos, se ha descubierto que
la homosexualidad puede tener un origen físico, ocasionado por falta
o exceso de hormonas y puede llegar a ser curada
con tratamientos médicos.
Pero, en la mayoría de los casos,
la homosexualidad tiene un origen psicológico, causada por falta de
cariño, exceso de severidad o permisividad de los padres, malos
ejemplos, desarrollo de malas costumbres y hábitos, alguna experiencia de
abuso sexual durante la niñez o fracasos afectivos durante la
adolescencia. En estos casos, la persona debe recibir toda la
ayuda espiritual y psicológica que necesite.
Cualquiera que sea el
origen de la tendencia homosexual, que la Iglesia deja su
investigación en manos de la ciencia, los actos homosexuales son
siempre considerados una desviación, porque son contrarios a la naturaleza
misma de la sexualidad, cuyo fin es la entrega mutua
y la procreación.
La actividad homosexual no expresa una unión complementaria
capaz de transmitir la vida, y, por lo tanto, contradice
la esencia misma de la sexualidad.
Los actos homosexuales son
siempre desordenados y contrarios a la Ley Natural, pues sólo
buscan el placer por el placer mismo, sin contemplar la
procreación y la donación mutua. Eso no significa que las
personas homosexuales no sean generosas y no se donen a
sí mismas, pero cuando se empeñan en una actividad homosexual,
refuerzan dentro de ellas una inclinación sexual desordenada, en sí
misma caracterizada por la autocomplacencia.
Como sucede en cualquier otro
desorden moral, la actividad homosexual impide la propia realización y
felicidad porque es contraria a la sabiduría creadora de Dios.
Para comprender bien la postura de la Iglesia Católica, es
importante distinguir entre la homosexualidad, la persona homosexual y los
actos homosexuales.
La Iglesia acepta a las personas homosexuales
como hijos de Dios y como miembros de la Iglesia
llamados a vivir en castidad toda su vida.
De igual
manera, la Iglesia reconoce que existe la homosexualidad como tendencia,
por ser un fenómeno que acompaña a la humanidad desde
sus inicios.
Lo que nunca podrá aceptar la Iglesia,
son las prácticas o actos homosexuales, que en todo momento
son pecaminosos, por ser contrarios a la naturaleza humana y
al plan de Dios para los hombres.
Existen textos muy
claros en las Cartas de San Pablo (Nuevo Testamento) donde
condena estos actos y la doctrina de la Iglesia vertida
en el Catecismo en el número 2358 es muy clara
también al respecto.
Por tanto, aceptar a las personas
homosexuales o aceptar que existe la homosexualidad como tendencia, no
significa que la Iglesia acepte las prácticas homosexuales.
Las
personas homosexuales deben ser respetadas y acogidas por la sociedad
y la Iglesia los invita a vivir en castidad, puesto
que los actos homosexuales son contrarios a la ley moral
y por tanto, constituyen un pecado grave.
Para profundizar más en el tema, puedes consultar la Carta
de la Congregación para la doctrina de la fe (1986)
en la que se habla de La atención
pastoral a los homosexuales
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