La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Marta Rodríguez | Fuente: Mujer Nueva Bush y los gays
Decir que la unión entre personas con tendencias homosexuales no puede ser matrimonio no es imponer ningún código moral a nadie, es mantener la injerencia del Estado en su justo límite
Bush y los gays
“Dejad que se casen”. La semana pasada, The Economist
publicó un artículo de los que es difícil dejar pasar
por alto sin comentarlo… no porque nos interese Bush, la
campaña electoral americana o los millones invertidos en dar o
quitar prestigio a sus protagonistas… sino porque todo aquel que
se crea con derecho a ser leído en la prensa,
debería presentar ideas un poco consistentes. El artículo de The
Economist no cumple con esta características.
Dejo a un lado
el juego sucio en la manera de referirse al presidente.
Vamos a los argumentos. El planteamiento del artículo podría resumirse
de la siguiente manera:
El matrimonio es una unión de
adultos que se quieren y se comprometen a quererse, frente
a la sociedad.
Los homosexuales cumplen estas características.
La obligación
de la Corte es definir la libertad de todos y
no obligar su propio código moral.
Por lo tanto, el
Estado debe reconocer el matrimonio de las personas homosexuales igual
que garantiza el de las heterosexuales.
Aunque parece impecable, la
argumentación tiene bastantes agujeros. Primero: una concepción errónea del matrimonio
Si lo que constituye el matrimonio es el acuerdo
entre “dos adultos amorosos” para llevar adelante una unión afectiva
y sexual, entonces, ¿debería permitirse el matrimonio entre hermano y
hermana? Si una mujer se enamora de su padre y
éste de ella, ¿pueden casarse? ¿Y si la unión afectiva
es entre tres personas en vez de dos?... Lo absurdo
de estas aplicaciones nos hace pensar que le falta algo
a esta definición del matrimonio, pues parece que no todas
las personas que se quieren pueden casarse. La atracción sexual
no comporta el derecho inmediato a la protección del Estado.
Los gays no serían los únicos afectados.
Segundo agujero: la
concepción del Estado y de su injerencia en el tema
del matrimonio La primera pregunta que nos tenemos que hacer
es de qué concepto de Estado partimos. Hay quienes piensan
que el Estado es una organización posterior a la persona
y a la familia, que no “crea” los derechos de
estos, sino que los reconoce. Aunque esta visión es la
más apropiada para entender por qué el Estado debe proteger
el matrimonio natural (sólo entre hombre y mujer se da
unión sexual verdadera), no es quizás la concepción del Estado
que entienden los lectores de The Economist. Nos resignamos entonces
a utilizar el concepto del modelo anglosajón, según la cual
las leyes se promulgan por consenso, y el Estado es
un simple regulador de equilibrios. Aún en este caso, no
estaría obligado a reconocer el matrimonio entre homosexuales. ¿Por qué?
Utilicemos términos pragmáticos: porque no le aporta nada.
¿Por qué al
Estado le interesa proteger el matrimonio natural? Por la economía.
Por estabilidad social. Porque, lo queramos o no, sólo el
matrimonio formado por hombre y mujer es una institución social
estable, que además produce naturalmente hijos: futuro y desarrollo de
la sociedad. Por eso le interesa este tipo de unión,
y no otras. El Estado protege la familia y el
matrimonio natural porque aseguran la estabilidad y continuidad de la
sociedad, porque son su base.
Una vez abolidas las leyes así
llamadas “anti-sodomitas”, las personas con tendencias homosexuales no tienen ningún
impedimento para vivir juntos y compartir sus vidas. Pero no
pueden llamarse matrimonio ni el Estado está obligado a proteger
su unión, de la misma manera que no tiene que
garantizar otras uniones entre personas: parejas de amigos, comunidades religiosas,
etc. Pensar que ser matrimonio les ayudaría a que su
compromiso sea más estable es una afirmación romántica, pero poco
creíble. El Estado ha dejado de tener el papel paternalista
y educador de la Edad Media y tampoco actúa como
defensor de la indisolubilidad.
Por otro lado, la definición del matrimonio
no se trata, como señala el artículo, de una simple
cuestión de “semántica”, aunque, precisamente si estamos hablando de términos
jurídicos, la “semántica” tiene un papel bastante importante. No se
puede hablar de compraventa si nos queremos referir a una
permuta, por ejemplo. Si matrimonio se define como unión entre
hombre y mujer, entonces no se puede aplicar a la
unión entre personas del mismo sexo. ¿Rigorismo, rigidez, fanatismo…? No:
es la simple ley del derecho.
Decir que la unión
entre personas con tendencias homosexuales no puede ser matrimonio no
es imponer ningún código moral a nadie. Es mantener la
injerencia del Estado en su justo límite: proteger las instituciones
que lo sostienen (matrimonio, familia natural) sin entrometerse en las
relaciones privadas entre otras personas.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR