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Autor: Ana Martín Ancel | Fuente: Mujer Nueva Hijos de homosexuales
La decisión de privar a un niño del modelo de un padre y una madre, varón y mujer, debe ser cuidadosamente sopesada
Hijos de homosexuales
Ana Martín Ancel es especialista en Pediatría, miembro de
la Asociación Española de Pediatría y de la European Society
for Pediatric Research, y miembro de la junta directiva de
la Sociedad Española de Neonatología. Ha estudiado en profundidad los
datos científicos actualmente disponibles sobre el efecto que puede tener
en los niños la convivencia con parejas homosexuales. La Academia
Americana de Pediatría ha señalado que las aportaciones de la
doctora Martín Ancel, que fueron publicadas el año pasado en
la prestigiosa revista científica Pediatrics, amplían la comprensión que tenemos
sobre la situación que viven los niños de parejas homosexuales.
El Comité para los Aspectos Psicosociales de la Salud Infantil
y Familiar, de la Academia Americana de Pediatría, indicó además
que el conocimiento neutral de estos datos es esencial para
ofrecer una atención adecuada a los niños y sus padres.
El debate sobre la adopción de niños por parte de
parejas homosexuales está en la calle. En la calle y
en los centros legislativos. Las parejas homosexuales, con un poder
cultural, social y político cada vez mayor, reclaman el derecho
a tener hijos. Como cualquier hombre o mujer, también estas
personas sienten el deseo de formar una familia, de transmitir
la vida... Un deseo legítimo, enraizado en lo más profundo
de cada ser humano, pero que la naturaleza les niega.
Queda el recurso de la adopción o el acogimiento, que
no están legalmente reconocidos de forma conjunta para las parejas
del mismo sexo.
Sin embargo, hablando de adopción, sería un grave
error focalizar la mirada en quien adopta. La adopción existe
para acompañar a un niño que ha sido privado de
su familia y pretende darle un ámbito lo más adecuado
posible para su desarrollo. Un niño que es un regalo,
no un derecho para la utilidad de nadie. Por tanto,
en primer lugar, se trata de buscar el mayor bien
para el niño.
Pero, ¿cuál es el mayor bien? En el
debate social, se afirma con frecuencia que no existe ninguna
diferencia entre los niños educados por padres heterosexuales y aquellos
que han crecido con parejas homosexuales. Sobre esta base, las
parejas homosexuales reclaman su derecho a adoptar niños, como cualquier
otra pareja. ¿Existen datos fiables que nos ayuden a sopesar
de manera algo objetiva esta delicada cuestión? ¿Se han realizado
estudios de investigación sobre este tema? Hoy por hoy, los
estudios científicos disponibles son escasos. Además, en general, presentan serios
problemas metodológicos. En este sentido no debemos perder de vista
que, cuando el planteamiento metodológico de un estudio no es
sólido, sus resultados no son del todo fiables. En la
práctica, esto quiere decir que los resultados obtenidos no se
pueden extrapolar desde el estudio a la población general.
Problemas metodológicos
Son
muchos y variados los problemas metodológicos que plantean estos estudios.
El más trascendente, que afecta a la mayoría de ellos,
es la forma en la que se ha realizado la
selección de la muestra que se va a estudiar. Para
que los resultados de una investigación no estén sesgados (es
decir, no tengan un error sistemático que inhabilite los resultados),
es necesario que la muestra elegida para estudiar sea representativa
de la población a la que luego se quieren aplicar
los resultados. En el caso de los estudios sobre hijos
de homosexuales, las parejas evaluadas provienen en gran medida de
pequeños grupos de voluntarios que han sido reclutados mediante anuncios
en revistas o a través de asociaciones. En absoluto se
puede considerar a estos voluntarios, que deciden presentarse al estudio
por lícitos intereses personales, como una muestra representativa de las
parejas homosexuales en su conjunto. Relacionado con este problema, y
probablemente debido a esta forma de selección, la mayoría de
las investigaciones se han realizado en lesbianas de ámbito urbano,
de raza blanca, con un elevado nivel de educación, que
no representan al conjunto de las parejas homosexuales, un universo
muy variado y complejo.
Otro problema frecuente es el pequeño número
de niños estudiados. Las herramientas metodológicas de las que disponemos,
nos obligan a contar con un número mínimo de individuos
estudiados para conseguir detectar diferencias entre los grupos de estudio.
Por ello, si nuestra n -el número de individuos estudiados-
es lo suficientemente pequeña, aunque existan diferencias reales, nuestro estudio
no tendrá poder para detectarlas. Sería erróneo inferir, en este
caso, que no existen diferencias en la población, cuando lo
que realmente ocurre es que nuestra muestra es demasiado pequeña
para identificarlas.
En el diseño de los estudios de investigación, un
aspecto de tanta relevancia como la elección del grupo de
estudio es la correcta elección del grupo control con el
que vamos a realizar las comparaciones. También aquí es necesario
que sea un grupo representativo de la población con la
que queremos establecer la comparación. Pues bien, en gran número
de estudios, el grupo control con el que se ha
comparado a los hijos de parejas homosexuales han sido hijos
de mujeres heterosexuales divorciadas: niños que han sufrido las dificultades
matrimoniales de sus padres, que probablemente hayan repercutido de una
forma u otra en su desarrollo. No constituyen, por tanto,
una muestra representativa de un ambiente familiar en el que
el padre y la madre colaboran armónicamente en el desarrollo
de sus hijos. Hay estudios en los que ni siquiera
existe este grupo control: en estos casos, se aportan datos
meramente descriptivos de algunas parejas homosexuales y sus niños, parejas
que han sido seleccionadas por métodos no aleatorizados, y de
las que no podemos extraer en absoluto ninguna conclusión generalizable
(como tampoco podríamos afirmar cómo es la familia española seleccionando
a un pequeño número de familias que se presentaran voluntarias
a participar en un estudio).
La investigación más rigurosa se ha
realizado en niños pequeños, concebidos mediante técnicas de reproducción asistida
en lesbianas y en parejas heterosexuales de un nivel socioeconómico
relativamente elevado. Sin embargo, la corta edad de los niños
estudiados hasta el momento no nos permite valorar aspectos muy
significativos de su desarrollo. Por consiguiente, la metodología científica nos
obliga a subrayar que la posibilidad de generalizar los datos
actualmente disponibles al conjunto de los niños con padres homosexuales
es muy limitada.
Más relevante es el hecho de que los
datos disponibles sí sugieren diferencias significativas con respecto a la
orientación sexual de los niños que han crecido con padres
homosexuales en comparación con los hijos de padres heterosexuales. A
pesar de que los medios de comunicación y diferentes asociaciones
afirman reiteradamente que los resultados de los estudios científicos demuestran
que no hay diferencias entre estos dos grupos, los dos
estudios publicados en prestigiosas revistas científicas que han analizado la
orientación sexual de hijos, suficientemente mayores como para que la
exploración de la sexualidad sea valorable, señalan lo contrario. La
mayor parte de los homosexuales no llegan a ser conscientes
de su homosexualidad hasta el final de la adolescencia o
la edad adulta, por lo que muy pocos investigadores esperarían
encontrar diferencias en la orientación y el comportamiento sexual entre
hijos de homosexuales y heterosexuales en la primera infancia.
Protección
de los niños
En conclusión, los estudios científicos realizados hasta el
momento tienen limitaciones significativas, y por consiguiente no permiten obtener
conclusiones firmes. Sin embargo, los escasos datos disponibles sugieren que
existen diferencias entre los hijos de padres homosexuales y heterosexuales.
Por desgracia, una gran presión ideológica y social parece estar
afectando al desarrollo de la investigación en este ámbito, a
la forma de diseñar los estudios, realizarlos e interpretarlos. De
hecho, se repite una y otra vez, tanto en los
medios de comunicación como en foros de expertos, que los
resultados de estudios realizados en diversos países son coincidentes en
no encontrar diferencias en el desarrollo de los hijos de
parejas homosexuales, sin atender a datos que han sido publicados
en prestigiosas revistas científicas de difusión internacional. Se impone, por
tanto, la necesidad de volver a centrar el debate sobre
la adopción de niños por parejas homosexuales. Por un lado,
siendo rigurosos en el análisis de los datos científicos publicados.
Por otro, reconociendo que el deseo de satisfacer el afecto
de los padres que adoptan un niño es legítimo y
natural, pero está abocado al fracaso si se presenta como
la principal razón de la adopción. El primer objetivo es
que el niño pueda desarrollarse en las mejores condiciones posibles:
con la adopción o la acogida se pretende dar padres
a un niño, no un niño a unos padres.
La naturaleza
hace nacer al ser humano particularmente inmaduro biológica y psicológicamente
en comparación con el resto del mundo animal, pero esta
aparente debilidad le posibilita su mayor riqueza: en lugar de
estar totalmente condicionado por la biología, se le abre la
puerta de la libertad. Por ello, el desarrollo del ser
humano es un largo y complejo proceso. En esta evolución,
la maduración de la identidad de género es un aspecto
nuclear, que el niño establecerá sobre la base de sus
características biológicas en relación con quien le rodea de forma
más estrecha. La decisión de privar a un niño del
modelo de un padre y una madre, varón y mujer,
debe ser cuidadosamente sopesada. Porque, por encima de cualquier otra
consideración, todos estamos de acuerdo en que lo que prima
es la protección del niño y de sus derechos.
Estudios de
los hijos ya adultos
Golombok y Tasker publicaron, en 1996 en
la revista DEVELOPMENTAL PSYCHOLOGY y en 1997 en la revista
JOURNAL OF ORTHOPSYCHIATRY, un interesante estudio longitudinal basado en una
muestra de madres e hijos que habían evaluado 16 años
antes. Cuando los niños eran pequeños, no encontraron ninguna diferencia
entre los hijos de lesbianas y los de mujeres heterosexuales
divorciadas que vivían solas; 46 de aquellos niños fueron seguidos
hasta el inicio de la edad adulta (edad media de
23,5 años) y las investigadoras encontraron entonces una incidencia significativamente
mayor de relaciones homosexuales entre los que habían crecido con
madres lesbianas (24 por ciento), comparado con los que habían
crecido con madres heterosexuales (0 por ciento) .
Bailey y colaboradores
publicaron en 1995, en la revista DEVELOPMENTAL PSYCHOLOGY, otro estudio
en el que investigaron la orientación sexual de 75 jóvenes
adultos (entre 17 y 43 años de edad), hijos de
padres homo o bisexuales. El 9 por ciento de ellos
eran homo o bisexuales y mostraban una tasa de homosexualidad
mayor de la sugerida por estudios poblacionales, que puede encontrarse
alrededor del 1 por ciento en adolescentes estadounidenses (según datos
publicados por Remafedi y colaboradores en la revista PEDIATRICS en
1992) y alrededor del 3,7 por ciento en adultos británicos
(Johnson y colaboradores, THE LANCET 2001)
El único estudio español
En España
sólo un estudio ha afrontado esta problemática. Ha corrido a
cargo del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid y de
la Facultad de Psicología de la Universidad de Sevilla, y
ha sido reiteradamente nombrado en los debates políticos y en
los medios de comunicación. Desafortunadamente presenta las mismas limitaciones metodológicas
que investigaciones previas desarrolladas en otros países, por lo que
sus conclusiones tampoco aportan nueva luz al debate en curso.
Debido
a las dificultades para conseguir una muestra aleatorizada, los investigadores
han tenido que aceptar un grupo de estudio constituido por
voluntarios, contactados a través de publicidad en la prensa, colectivos
de gays y lesbianas, etc. La composición de la muestra
estudiada, de elevado nivel socioeconómico, con un 67 por ciento
de padres universitarios, refleja en parte los efectos de este
sesgo de selección. Otra limitación metodológica viene dada por las
pérdidas de individuos incluidos en el estudio que no han
sido analizados: partiendo de 60 padres incluidos, se han analizado
en el estudio 27, lo que constituye una pérdida de
muestra mayor del 50 por ciento, lo que puede también
determinar un importante sesgo. La decisión de los investigadores de
limitar el estudio a niños por debajo de los 16
años nos impide evaluar la repercusión de la homosexualidad de
los padres en los hijos a una edad en la
que pueda explorarse válidamente su conducta e identidad sexual.
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