Autor: Fernando Pascual | Fuente: Catholic net Para que ningún hijo se convierta en enemigo
Hay quienes declaran que ciertos embarazos son “no deseados”, porque una nueva vida es vista como “enemiga” de unos planes personales
Buscar la propia felicidad es legítimo y bueno. Pero buscar
la felicidad no otorga a nadie patentes o permisos para
dañar a seres humanos inocentes.
Porque el deseo de la felicidad
no es excusa suficiente para eliminar a un familiar pesado
que nos hace la vida imposible. Ni tampoco es excusa
para planear “atentados” contra la policía municipal a fin de
poder aparcar donde nos plazca. Ni otorga un permiso especial
para “apropiarnos” (para robar) algo que deseamos vehementemente.
Es cierto que
personas o situaciones crean graves obstáculos en el camino hacia
la propia felicidad. Pero ello no basta para que el
mal se convierta en un modo legítimo para “arreglar” las
cosas e imponer nuestra voluntad sobre inocentes.
Por desgracia, lo que
es tan claro en la mayoría de los casos, no
lo es para muchos cuando estamos ante la vida de
un hijo antes de nacer.
Hay quienes declaran que ciertos embarazos
son “no deseados”, porque una nueva vida es vista como
“enemiga” de unos planes personales (de la madre, o de
otras personas que se relacionan con ella). Es entonces cuando
resulta posible pensar en el aborto (la eliminación del propio
hijo) como “solución”, como garantía para superar un grave obstáculo
en el camino hacia la propia felicidad.
Es señal de un
profundo vacío interior ver así al propio hijo, porque implica
un modo de pensar y de actuar según el cual
un ser humano, el más indefenso de todos, queda a
merced de los deseos y proyectos de los adultos, incluso
con la ayuda de leyes y de personas que consideran
el grave delito del aborto como “solución” para todo embarazo
no deseado.
Ningún hijo antes de nacer merece ser visto como
enemigo. Porque todo hijo merece, desde su silencio y su
pequeñez, ser respetado, ser amado, ser reconocido.
Necesitamos abrir los ojos
ante esa sencilla realidad. Una sociedad está profundamente pervertida en
sus raíces cuando ha aceptado que un proyecto de felicidad
se convierte en licencia para eliminar a seres humanos inocentes
e indefensos.
En cambio, una sociedad se ennoblece cuando sabe encontrar
caminos para apoyar y sostener a cualquier mujer embarazada, de
forma que ella y su hijo puedan vivir serenamente los
meses que llevan al día del parto.
Para los corazones grandes
y generosos, ese día será celebrado como uno de los
momentos más hermosos y felices de la experiencia humana, a
pesar de las dificultades del camino. No es bella una
“felicidad” basada en la injusticia, y siempre será bella la
felicidad que se construye desde la justicia, la acogida y
el amor sincero.
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Maravilloso.
Es la primera vez que veo una defensa tan clara, tan justa y cierta, sobre la vida de nuestros niños por nacer.
Le da con un mazo en la cabeza al egoísmo, a la vanidad y a la estupidez.
Nada justifica la matanza de inocentes.
Solo el coraje y el amor debe vestir a la mujer madre.
Dios te bendiga... iluminas con tus palabras, porque muestras la estupidez extrema a la que se puede llegar, desde la estrechez de espiritu.