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Autor: Nieves García | Fuente: Mujer Nueva La clonación humana a debate
De nuevo la vieja estrategia de jugar con las palabras, para ganar credibilidad. No estamos hablando de clonación de células, sino de un ser humano
La clonación humana a debate
Esta semana, no hay un solo periódico que no haya
impreso en sus páginas la palabra clonación. Leemos declaraciones como:
“Investigadores de la Universidad de Harvard anunciaron el miércoles pasado
que están buscando permiso para utilizar la tecnología de clonación
en la creación de células madre embrionarias…” O bien “Científicos
en la Universidad de Newcastle, Inglaterra, recibieron en el curso
de este año una licencia para clonar embriones humanos para
la investigación científica. De allí que la Real Sociedad de
Gran Bretaña instara a los países a respaldar una segunda
propuesta de Bélgica que deberá ser votada el 20 y
21 de octubre de 2004 en la Asamblea General de
la ONU”.
Nos presentan dos posturas enfrentadas. La primera liderada
por Costa Rica, cuenta con el apoyo del actual presidente
americano, y pide la total prohibición de todo tipo de
clonación, sea con fines reproductivos o terapéuticos; la segunda, defendida
por otro grupo de países, con Bélgica e Inglaterra, a
la cabeza, acepta sólo la clonación terapéutica, no la reproductiva.
Aclaremos
términos para entender en dónde se encuentra la diferencia:
“Clonación”: es
una forma de reproducción asexual, sin fecundación o unión de
los gametos (ágama), teniendo como resultado un conjunto de individuos
biológicamente idénticos al primero, que proporcionó el patrimonio genético nuclear.
“Clonación reproductiva”: busca el desarrollo completo del clon mediante la
implantación en un útero, se busca llegar al nacimiento. La
finalidad es obtener descendencia humana determinada y utilizar una técnica
de procreación asistida más eficaz, con mayor o menor aplicabilidad
en ciertas parejas[1], aunque los fines pueden ser múltiples.
“Clonación terapéutica”
quiere utilizar el embrión, en su fase de pre-implantación, para
usarlo en la investigación con una finalidad terapéutica, es decir
para curar enfermedades. Su fin es obtener, mediante esta técnica,
embriones "sintéticos[2]" (así se les suele llamar), y de ellos
obtener células con alto poder de transformación. A partir de
estas células madre podrían desarrollarse células específicas, nerviosas, cardíacas, musculares,
hepáticas, etc. que permitirían curar enfermedades como el Parkinson, por
ejemplo.
¿Son, entonces, dos realidades distintas?
Salta a la vista que
lo único que diferencia “estas dos clases” de clonación, no
es la técnica que se emplea, pues el inicio es
exactamente el mismo, sino el fin que se busca. Si
se acepta que el embrión, desde el momento mismo de
la fecundación, [cuando existe la primera célula con un código
genético autónomo, distinto de los de los padres, y ya
capaz de multiplicarse] es un ser humano, resulta obvio que
no puede existir ningún fin, que justifique su destrucción. ¿Experimentar
con seres humanos se convierte en algo “bueno” sólo porque
el fin lo es: curar a otros? Una afirmación tan
seria es delicada cuando estamos jugando con la vida y
con la muerte del ser humano. Nos escandalizamos al hablar
de genocidios, pero estamos en el umbral del paso a
uno de ellos, y además etiquetado como “progreso científico” y
pagado por los contribuyentes.
Después de estas aclaraciones ¿Cómo se entiende
la siguiente afirmación del director ejecutivo del Instituto de Células
Madre de Harvard, Charles Jennings?
"Estamos solicitando permiso para realizar un
proceso llamado transferencia nuclear de célula somática, que también se
conoce como clonación terapéutica" ¿No se hace lo mismo también
para la reproductiva? De nuevo la vieja estrategia de jugar
con las palabras, para ganar credibilidad. No estamos hablando de
clonación de células, sino de un ser humano.
Algunas preguntas que
hacen pensar, para quien quiere detenerse a hacerlo sobre este
tema:
¿Si el embrión es desde su concepción un ser humano,
experimentar con él no sería entonces negarle el primer derecho
humano, que es el derecho a la vida? No podemos
discriminar a los seres humanos por la etapa de desarrollo
en que se encuentran y esta es una forma de
discriminación por la edad.
La dignidad del ser humano hace de
él un ser valioso en sí mismo; es siempre un
fin, nunca un medio. Aceptar, que se pueda experimentar con
embriones, es convertir a unos seres humanos en medios para
los fines de otro.
Decir que sí a cualquier tipo
de clonación humana ¿No es decir que sí a todos?
Si
la ciencia está al servicio del bien del ser humano
¿qué beneficio obtiene el que sufre la experimentación, es decir,
el ser humano embrión? Da la impresión de que es
una ciencia parcial, que beneficia sólo a unos.
La lista de
preguntas puede ser muy larga. ¿Quién va a detener a
quien, aprovechando la oportunidad en curso, llegue a conseguir clones
humanos? ¿No sucede que el deslumbramiento del experimento opaca la
falta de ética con que se llevó a cabo? ¿Cómo
se echa marcha atrás? Seamos sinceros: abrir la puerta a
la clonación terapéutica es abrirla a todo tipo de clonación.
Basta que pase el tiempo, surgirán nuevas razones (sofismas), nuevas
enfermedades que sólo se pueden curar cuando…, la opinión pública
acabará creyendo que es lo mejor que puede suceder.
El resultado
que se obtenga de la votación en la Asamblea General
de la ONU sólo será legítimo si prohíbe este tipo
de investigaciones, sean para fines terapéuticos o no. Y el
hecho de que quede escrito en un papel, acompañado de
cientos de firmas de muchos países, no lo justificaría nunca
ante quien en conciencia, conoce el valor de una vida
humana, se encuentre esta en la fase de desarrollo que
se encuentre. El consenso no es siempre garantía ni de
verdad, ni de bien.
Lo que se está debatiendo no
afecta sólo a un país, o a una parcela, sino
a toda la humanidad, de la cual cada uno es
en cierta forma responsable. La pregunta que queda en el
aire es ¿Tiene poder la Asamblea General de la ONU
para decidir quién vive y quién no? ¿Qué vamos a
hacer?
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