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Autor: Suplemento Actualidad de La Ley, Buenos Aires, 2003-07-04 La clonación: Un imposible ontológico
Es imposible clonar un ente cuyo ser es la libertad. La libertad que hace que cada ser humano sea un misterio impredecible
La clonación: Un imposible ontológico
Las siguientes breves líneas no se dedican, en esta
oportunidad, al análisis de los aspectos éticos o jurídicos de
la clonación de seres humanos, sino a intentar destacar su
imposibilidad ontológica. Nos referimos concretamente a la imposibilidad de la
clonación de seres humanos en tanto éstos consisten en “una
unidad psicosomática sustentada en su ser libertad”. Es decir, no
afirmamos la existencia de tal imposibilidad tratándose de la clonación
de un simple animal mamífero, calidad natural que genéricamente detenta
el ser humano. Nuestra objeción se contrae a la clonación
de un ser que, como el hombre, además de contar
con una unidad psicosomática al igual que los demás mamíferos,
es ontológicamente diferente a ellos ya que posee “un algo
más” que no encontramos en los mamíferos no humanos. Se
trata de un extraordinario y formidable plus que es el
ser libertad.
En esta especial calidad ontológica - que hace que
cada ser humano sea tan sólo idéntico a sí mismo
- radica su dignidad. Los demás animales mamíferos carecen de
libertad y, por consiguiente, de dignidad. La libertad es, precisamente,
lo que distingue al ser humano de los otros mamíferos.
Es de advertir que, no obstante que tanto los seres
humanos como los demás mamíferos participan de una semejante unidad
psicosomática -es decir, están dotados de un cuerpo o soma
y de una psique-, existe una enorme diferencia entre la
racionalidad, la sensibilidad y la voluntad del ser humano en
relación con aquella de los otros mamíferos. Se trata, como
lo sabemos, de una diferencia abismal, pero el comprobar su
existencia no nos lleva a negar que los mamíferos no
humanos estén dotados de un cierto psiquismo.
Al respecto, la ciencia
está en camino de demostrar el hecho -que, por lo
demás, es fácil de intuir si observamos la vida de
un chimpancé o la de un perro- que los animales
mamíferos no humanos están dotados de cierta racionalidad. No perdamos
de vista, además, que entre el ser humano y el
ser chimpancé existe más del 90% de genes comunes.
Los mamíferos
no humanos no son, por lo expuesto, ontológicamente libres. Por
ello, no son capaces de valorar. Al no poder valorar
son incapaces de preferir una determinada conducta frente a otras
por lo que no deciden, por sí mismos, su proyecto
de vida. No se hallan en condiciones de vivenciar los
valores que han de presidir y que han de sensibilizar
en su existencia. Los mamíferos no humanos están condicionados por
sus instintos a los cuales obedecen. Así, comen cuando tienen
hambre, se reproducen en determinadas circunstancias. Ellos, en cuanto no
son libres, no se declaran en huelga de hambre ni
se someten a dietas para adelgazar. Los seres humanos en
cambio, en cuanto seres libres, si están en capacidad de
controlar y administrar sus instintos, propios del animal mamífero que
son.
Por poseer la calidad ontológica de ser libertad, el
ser humano es capaz de valorar las opciones u oportunidades
que le ofrece el ambiente en el cual habita a
fin de decidir, por sí mismo, sobre cuál ha de
ser su “proyecto de vida”, su destino, es decir, la
trayectoria que ha de seguir su existencia.
La posibilidad de valorar
y, consecuentemente, preferir un determinado “proyecto de vida” sobre otros,
lo convierte en un ser espiritual, es decir, en un
ente que no se reduce tan sólo a aquello que
lo vincula con la naturaleza, con lo exclusivamente material. Los
demás mamíferos carecen de esta humana dimensión. La libertad hace
que cada ser humano, sin dejar de ser igual a
los demás seres humanos, no sea idéntico a ningún otro.
De ahí que el ser humano, al ser idéntico a
sí mismo, es un ser único, irrepetible, no estandarizado, dotado
de dignidad. La calidad ontológica que él posee impide, por
ende, la clonación entre seres humanos, considerados éstos no sólo
en lo que de animal mamífero tienen sino en aquello
decisivo que es su libertad.
Es imposible clonar un ente cuyo
ser es la libertad. La libertad que hace que cada
ser humano sea un misterio impredecible. Es posible clonar a
cualquier otro mamífero -como una oveja, una vaca, tal como
ha quedado científicamente demostrado, no obstante los problemas de salud
que se han presentado, en la reciente experiencia de la
oveja “Dolly”-. El ser humano podrá también ser clonado tan
sólo en su dimensión de animal, es decir, en su
soma y en su psique. Si se presentase el caso
de la clonación de seres humanos, ellos serán tal vez
idénticos en lo que a su unidad psicosomática se refiere,
pero sin que ello signifique que estemos frente a dos
seres humanos integralmente idénticos. Si bien el ser humano producto
de la clonación podrá parecer física y psíquicamente idéntico a
otro, esta identidad no le alcanzará en su calidad integral
de ser humano desde que es imposible, como está dicho,
clonar su núcleo existencial de ser libertad. Sólo se podrá
clonar, tal vez, lo que de “animal” tiene el ser
humano mas no en cuanto a un ser que, sin
dejar de ser un animal mamífero, es un ser libertad.
Estaremos, tal vez y por lo expuesto, únicamente frente a
dos animales humanos idénticos.
En síntesis, se podrán clonar dos seres
humanos en su calidad puramente animal, pero la clonación no
será posible en la integral dimensión ontológica del ser humano.
La libertad es irrepetible. La libertad determina que cada ser
humano sea un ser único e intransferible, capaz de escribir
su propia biografía, sin que existan por ello dos biografías
idénticas. De ahí que, transgrediendo principios éticos y jurídicos fundamentales,
podrán clonarse dos animales completos (incluyendo al ser humano) o
determinados órganos de los mismos, pero nunca podrán clonarse dos
seres humanos en cuanto animales mamíferos dotados de libertad. Sólo
se clonará lo que de animal tiene el ser humano
más no el ser humano en sí mismo. ¿Somos capaces
de imaginar a dos seres humanos clonados que, en tanto
supuestamente idénticos, adoptan simultáneamente las mismas decisiones y realizan al
mismo tiempo los actos derivados de ellas?. Si no fuera
así, si no actuasen de esta manera, no serían idénticos.
Personalmente, no lo puedo imaginar. Por ello, a partir de
la concepción del ser humano que he propuesto, tengo la
convicción que la clonación de seres humanos integrales es un
imposible ontológico. Ello, si se entiende por clonación el reproducir
idénticamente dos seres humanos en lo que ellos ontológicamente son.
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