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Autor: John Flynn Las promesas incumplidas de la píldora del día después
Una revisión de 23 estudios publicada en enero en la revista Obstetrics and Gynecology, no encontró evidencia de que el uso de la píldora haga bajar los índices de embarazos y abortos
Las promesas incumplidas de la píldora del día después
Continúa el debate en muchos países sobre el uso de
la así llamada píldora del día después. En Chile, tras
muchos meses de conflicto sobre el tema, el gobierno ha
dado el visto bueno a la distribución de la píldora
el pasado septiembre. El 12 de enero, sin embargo, el
Tribunal Constitucional de Chile votó 6 contra 4 para parar
la píldora.
Según un reportaje de Associated Press del mismo
días, los jueces invalidaron el programa bajo el que se
distribuye la píldora porque fue autorizado por un decreto administrativo,
en vez de un por decreto presidencial o una ley
parlamentaria.
El alto a la distribución de la píldora puede
que dure poco. El gobierno respondió a la sentencia anunciando
que la presidenta chilena Michelle Bachelet emitiría un decreto para
superar el error técnico que encontró el tribunal.
La Iglesia
católica en Chile se ha opuesto firmemente al programa puesto
en práctica por el gobierno. En una declaración el 7
de septiembre, la Conferencia Episcopal apuntaba los posibles efectos abortivos
de la píldora si tiene lugar la concepción.
Los obispos
también criticaron el programa para minar el papel de los
padres. El programa del gobierno prevé la distribución de la
píldora del día después a chicas de 14 años, sin
la necesidad de la aprobación de los padres. Esto priva
a los padres de su legítima autoridad en la educación
y guía de sus hijos, indicaban los obispos.
El debate
en Chile tiene lugar precisamente cuando se levantan dudas sobre
la efectividad de los programas que implican la distribución masiva
de la píldora del día después. Proclamada desde siempre por
sus promotores como algo necesario para ayudar a reducir los
abortos, en la práctica no hay evidencia alguna de que
tenga tal efecto.
Una revisión de 23 estudios sobre diversos
tipos de «anticonceptivos de emergencia», publicada en la entrega de
enero de la revista Obstetrics and Gynecology, no encontró evidencia
de que el uso de la píldora haga bajar los
índices de embarazos y abortos.
En su reportaje del 8
de enero sobre el artículo de la revista, el Washington
Times comentaba que en el 2005, los investigadores del Guttmacher
Institute, un organismo de investigación conectado con la abortista Planned
Parenthood, publicaba un informe sosteniendo que el uso de la
píldora y otros «anticonceptivos de emergencia» ha prevenido 51.000 abortos
en el 2000.
Tales argumentos siguen repitiéndose. «No es un
sin sentido el hecho de que aumentemos el acceso a
los anticonceptivos y, en especial, que la píldora del día
después esté disponible sin receta», sostenía el editorialista del New
York Times, Nicholas Kristof, en un artículo el 2 de
mayo.
Más píldoras, más abortos
Otro informe, publicado el 8
de enero, confirmaba el fracaso de la píldora del día
después en la reducción de los abortos. El portal informativo
español Forum Libertas analizaba lo que ha ocurrido en el
país desde que se introdujo la píldora. En el 2000,
el año anterior a su introducción, había 60.000 abortos, un
índice de 7,5 abortos por cada 1.000 mujeres menores de
20 años.
En el 2005, se distribuyeron no menos de
506.000 píldoras del día después. Al mismo tiempo, sin embargo,
el número de abortos dicho año subió hasta los 91.000
y el índice de abortos por mujer menor de 20
años subió hasta los 11,5 abortos por cada 1.000 mujeres.
El año pasado se informó de resultados similares en Gran
Bretaña. El 15 de septiembre el British Medical Journal publicaba
un editorial con la firma de Anna Glasier, directora de
una unidad del Servicio Nacional de Salud en Edimburgo, Escocia.
Glasier escribía: «Los anticonceptivos de emergencia se han anunciado como
la solución a la subida del índice de abortos». «Algunos
autores han sugerido que en Estados Unidos casi un millón
de abortos podrían prevenirse al año si cada mujer utilizar
los anticonceptivos de emergencia cada vez que los necesitase».
«Sin
embargo, a pesar del claro aumento en el uso de
anticonceptivos de emergencia, el índice de abortos no ha descendido
en el Reino Unido», continuaba el artículo. De hecho, escribía
Glasier, ha subido del 11 por cada 1.000 mujeres de
entre 15 y 44 años en 1984 (136.388 abortos) hasta
17,8 por cada 1.000 en el 2004 (185.400 abortos). Añadía
que el incremento en el uso de anticonceptivos de emergencia
en Suecia tampoco se ha asociado a una reducción en
el índice de abortos.
En Escocia ya había suscitado preocupación
el uso de la píldora del día después. En un
informe publicado en noviembre de 2005 por el Consejo Escocés
de Bioética Humana, la doctora Anne Williams observaba que la
píldora del día después «es etiquetada de forma errónea y
engañosa por los organismos médicos y del gobierno como ‘anticonceptivo
de emergencia’».
«Es engañosa porque encubre el hecho de que
puede actuar, no previniendo la concepción, sino previniendo que sobreviva
y se desarrolle un embrión ya existente», explicaba el informe.
El término anticoncepción es insuficiente para describir el efecto completo
de la píldora del día después, escribía Williams. De hecho,
la píldora puede actuar para prevenir la implantación (el anidamiento
del embrión en la pared del útero), que ocurre aproximadamente
siete días después de que haya tenido lugar la concepción.
Los anticonceptivos previenen la concepción, no la implantación. «Los actos
que son post-conceptivos no pueden incluirse razonablemente en la definición
de anticoncepción», indicaba.
Preocupación por la salud
El informe también
observaba la falta de una investigación adecuada y profunda sobre
las implicaciones sobre la seguridad de la píldora del día
después a corto y largo plazo. Esto es particularmente preocupante
cuando las mujeres la usan de modo frecuente.
El informe
citaba evidencias de siete clínicas de planificación familiar que muestran
que más de la mitad de las mujeres han usado
la píldora del día después al menos una vez aquel
año, y el 25% tres veces o más. Seguir los
problemas de salud debido al uso de la frecuente de
esta píldora también es problemático dada la naturaleza de los
programas puestos en práctica por algunos gobiernos, que incluyen la
distribución libre sin necesidad de prescripción médica.
Williams también sostenía
que la disminución del miedo al embarazo debido al recurso
de la píldora del día después puede traer consigo una
postura más superficial a la hora de entablar relaciones sexuales,
con pocas excusas para rechazarlas por parte de una joven.
Una mayor actividad sexual podrá contribuir a niveles mayores de
enfermedades de transmisión sexual.
Susan Wills, directora adjunta de la
oficina pro vida de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos,
también mostraba su preocupación por los efectos para la salud
de la píldora. Plan B, una clase de píldora del
día después, y otros métodos de «anticoncepción de emergencia» son
el equivalente a tomar de 4 a 40 veces la
dosis diaria de varias píldoras anticonceptivas en un periodo de
12 horas, observaba en un artículo publicado el 15 de
agosto en la página web de Nacional Review Online.
Los
efectos negativos de la píldora del día después incluyen interrupciones
graves del ciclo menstrual, convulsiones, y un notable riesgo de
embarazos ectópicos. A pesar de estos peligros, el año pasado
la Administración para Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos suavizó
la reglamentación para Plan B, permitiendo a las mujeres comprarla
sin receta.
Los promotores de estas píldoras siguen presionando para
que usen de modo cada vez más frecuente, hasta el
punto de sostener que debería estar presente en el botiquín
del cuarto de baño de toda mujer, informaba el periódico
británico Telegraph el 14 de diciembre.
En diciembre, el Servicio
Consultivo Británico para el Embarazo afirmaba que las mujeres deberían
considerar la píldora como si fuera una aspirina. «Intentamos hacer
que la píldora del día después sea tan normal como
el Nurofen», declaraba un portavoz al periódico.
Norman Wells, director
del Family Education Trust, criticaba esta actitud como «muy irresponsable».
Wells sostenía que el uso frecuente podría tener efectos negativos
a largo plazo. También comentaba que cuando se aprobó por
primera vez en Gran Bretaña esta píldora, se propuso como
algo para usarse sólo en circunstancias excepcionales. Ahora, si embargo,
se presenta como si fuera tan insignificante como una aspirina.
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