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Autor: José de Jesús Castellanos | Fuente: Yo influyo.com La Humanae Vitae: 40 años de contradicción
Paulo VI señaló que la introducción de los anticonceptivos implicaba riesgos para la fidelidad conyugal y peligros para el respeto de la mujer
Hace cuarenta años, un 25 de julio, el Papa Paulo
VI firmó la encíclica que lo haría un mártir en
vida: la Humanae Vitae. En ella rechazó, de manera clara
y contundente, la utilización de los anticonceptivos artificiales por parte
de los católicos, por ser contrarios a los fines procreativos
del matrimonio.
En aquel documento advertía, como lo ha demostrado la
experiencia, que le negación de la apertura a la vida
y la fecundidad de toda unión conyugal, traería graves consecuencias.
Paulo
VI señaló que la introducción de los anticonceptivos implicaba riesgos
para la fidelidad conyugal y la degradación general de la
moralidad, pues ellos –los anticonceptivos– eran un medio fácil para
burlar ambos. Esa práctica también establecía peligros para el respeto
de la mujer, considerándola instrumento de goce egoísta.
Este pontífice, mártir
de la vida en vida, advirtió también acerca del uso
que los gobiernos podrían hacer –como ha ocurrido– de esta
práctica como un arma peligrosa de políticas públicas, asumiendo el
control del sector personal y más reservado de la intimidad
conyugal, invadiendo ámbitos que le deberían ser infranqueables.
Paulo VI no
cedió ni a las presiones de la mayoría de la
Comisión que el Papa Juan XXIII había designado para estudiar
el tema y que querían una mayor permisividad, ni a
la rebelión de no pocos católicos –incluidas Conferencias Episcopales y
teólogos– que manifestaron resistencia y hasta disidencia respecto del contenido
doctrinal de aquella encíclica. Resistencia que, por cierto, se mantiene
en muchos casos a soto voce. Con su decisión recordó
que la verdad no está sujeta al número de quienes
la aceptan.
La introducción de los anticonceptivos artificiales marcó el inicio
de un tobogán en la moral familiar y en torno
al respeto de la dignidad de la persona humana en
el proceso de la fecundación. Esta práctica es aceptada, o
cuando menos soslayada, incluso, por muchos que se alinean en
el bando de la lucha contra el aborto, sin percatarse
de que es a partir de la introducción de la
píldora cuando se produce la pérdida de valores que hoy
no sólo desemboca en la ejecución inhumana de niños en
el vientre materno o recién expulsados del mismo.
Ahora se menosprecia
a millares de vidas de la fecundación in Vitro, no
sólo por almacenarlas como cosas u objetos desechables, sino por
la experimentación genética que viola el derecho a la identidad.
También constatamos el propósito insano de la clonación humana.
El relativismo
y el subjetivismo moral
El relativismo y el subjetivismo moral desatado
a partir del rechazo a las definiciones de la Humanae
Vitae se ha incrementado a través del tiempo, invadiendo en
la práctica todos los ámbitos de la relación conyugal y
alentando la disolución de la familia, hoy gravemente amenazada por
ideologías, acciones gubernamentales, y posiciones alentadas desde las organizaciones internacionales,
como la ONU.
En su momento, el Cardenal Jean Danielou señaló
que este documento había vuelto a recordar el carácter sacro
del amor humano y constituía una “revuelta contra la tecnocracia”.
Por ello, acertadamente el director de L’Osservatore Romano calificó esta
encíclica como un “auténtico signo de contradicción”, que no es
recordado con gusto por su enseñanza exigente y contra corriente.
Se
trata de un documento histórico que es guía formadora de
conciencias que quieren ser fieles a la verdad; instrumento exaltador
de la doble dimensión unitiva y procreativa de la unión
conyugal, sublimada a sacramento por Cristo, y defensora de la
dignidad de la persona en el momento más sublime y
maravilloso de su origen en el vientre materno, con la
cooperación mutua del hombre y la mujer. Es éste un
documento reiteradamente promovido, defendido y continuado por Juan Pablo II
en otra trascendental encíclica: Evangelium Vitae.
Y como dijo el filósofo
Jean Guitón, lejos de haber sido un documento cerrado, fue
punto de partida para nuevas investigaciones y conocimiento del proceso
generativo, que permitió descubrir y divulgar métodos de control natural
como el Billings o el Creighton, ubicar en su esencia
la paternidad responsable como actividad humana y no fruto de
acciones mecánicas, y gestar conocimientos en beneficio de la transmisión
de la vida, como la Naprotecnología.
Hoy, como hace 40 años
y en el día de su muerte, rindo homenaje a
PauloVI, campeón de la verdad.