La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. | Fuente: www.yoinfluyo.com La Humanae Vitae de Pablo VI. Esencia de un documento profético
Significado y consecuencias de la encíclica Humanae Vitae en su 40 aniversario
La Humanae Vitae de Pablo VI. Esencia de un documento profético
“La mañana del 25 de julio de 1968–recordaría años más
tarde el Cardenal Casaroli, entonces Secretario de Estado–, Pablo VI
celebró la Misa del Espíritu Santo, pidió luz de lo
Alto... y firmó: firmó su firma más difícil, una de
sus firmas más gloriosas. Firmó su propia pasión”.(1)
Se trataba
de la Carta Encíclica Humanae Vitae, sobre la regulación de
la natalidad; terminaba de esa manera un largo trabajo comenzado
en 1963 por Juan XXIII, al constituir una “Comisión para
el estudio de problemas de población, familia y natalidad”.
Pablo
VI, al sucederle en el Pontificado, asumió el reto lanzado
por su predecesor, sabiendo desde el principio que ésta sería
una de las cruces más pesadas que le tocaría llevar.
En efecto, ya en tiempos de Juan XXIII, al tiempo
de constituir la comisión de estudio, un grupo de moralistas
había comenzado una intensa campaña a favor de la contracepción
(2), que se agudizó con la indiscreta publicación del informe
“secreto” escrito para uso del Papa por la referida comisión.
Este informe recogía la posición de los diversos especialistas
sobre el tema y se dividía en tres elocuentes partes:
el informe de la “mayoría” que se inclinaba notoriamente por
una mitigación de la doctrina de la anticoncepción, el de
la “minoría” que sostenía la doctrina tradicional, y finalmente la
“respuesta” de la mayoría a la minoría.
El mismo esquema
revelaba la tendenciosa influencia que se intentaba ejercer sobre el
Papa en orden a la permisión moral de los anticonceptivos;
su publicación intentó –probablemente– aumentar la presión (3).
Con la
publicación de la encíclica llegó la parte más dura para
Pablo VI: no sólo la incomprensión de muchos laicos católicos,
sino la violenta oposición de influyentes grupos de teólogos y
la ambigua posición de algunas Conferencias Episcopales (como los episcopados
austriaco, belga, canadiense, francés, etcétera) que, por una parte, daban
la razón al Pontífice y, por otra, intentaban mitigar su
enseñanza (4).
Entre las reacciones de los teólogos (5), la
primera fue la Declaración firmada por 87 de ellos de
la zona de Washington, sólo dos días más tarde de
la publicación de la encíclica. En ella se dirige al
Papa la gravísima acusación de haberse opuesto al Concilio Vaticano
II, identificando a la Iglesia con la Jerarquía, contra el
ecumenismo, ignorando el testimonio de los hermanos separados, contra la
actitud de apertura al mundo contemporáneo, y llega así a
afirmar que los católicos pueden tranquilamente ignorar la encíclica.
Más grave todavía, por la autoridad de sus firmantes, por
el contenido y por el posterior desarrollo, fue la Declaración
de 20 teólogos europeos al término de dos días de
estudio y discusión en Amsterdam del 18 al 19 de
septiembre de 1968.
Sus firmantes fueron J.M. Aubert, A. Auer,
T. Beemer, F. Böckle, W. Bulst, R. Callewaert, M. De
Wachter, S.J., E. Mc Donagh, O. Franssen, S.J., J. Groot,
L. Janssens, W. Klijn, S.J., F. Klosternann, O. Madr, F.
Malmberg, S.J., S. Pfürtner, O.P., C. Robert, P. Schoonenberg, S.J.,
C. Sporken, R. Van Kessel.
También tuvo particular repercusión e
influencia el artículo de K. Rahner, S.J., publicado en Die
Welt el 26 de agosto de 1968 y traducido en
Il Regno (6) , que comienza con algunas profecías sobre
la eficacia y la suerte de la encíclica que, como
todas las profecías del progresismo, se cumplieron exactamente al revés.
Afirma, por ejemplo, que “la mayoría de los católicos considerará
la norma de la encíclica no sólo como doctrina reformabilis
(doctrina reformable), sino incluso como doctrina reformanda (doctrina que debe
ser reformada)”, es decir, como doctrina errónea.
A los cónyuges
católicos, Rahner no sólo reconoce la amplia posibilidad de seguir
en buena fe una norma que el Magisterio condena (lo
cual nadie discute cuando se trata de conciencia invenciblemente errónea),
sino que establece para cada persona el derecho-deber de seguir
los dictámenes de la propia conciencia en oposición a las
enseñanzas del Papa. Esto cuando “después de un maduro examen
de conciencia, cree llegar, con toda cautela y espíritu autocrítico,
a una opinión que derogue la norma establecida por el
Papa”.
Rahner –por su prestigio e influencia en aquel momento–
abrió las puertas a un craso subjetivismo moral de gravísimas
consecuencias para la vida de los fieles.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR