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Autor: Julian Porteous Unión entre anticoncepción y aborto
El aborto se vuelve la única respuesta decisiva posible a los fallos de la anticoncepción
Unión entre anticoncepción y aborto
El padre Julian Porteous, rector del Seminario del Buen
Pastor de la archidiócesis de Sydney, dio una conferencia sobre
anticoncepción y aborto, durante una videoconferencia teológica organizada por la
Congregación del Clero el 28 de febrero. A continuación el
texto adaptado.
El matrimonio no es una institución que pueda
estar sujeta a la manipulación arbitraria por parte de los
individuos o de la sociedad.
Las leyes morales sobre el matrimonio
son las mismas para todas las personas en todos los
lugares y en todas las épocas. Estos principios morales surgen
directamente de la Sabiduría de Dios Creador y, simultáneamente, expresan
y protegen la dignidad de la persona humana. La «Humanae
Vitae» advertía que el rechazo de estas normas podría abrir
una gran herida en el corazón de la sociedad. La
historia posterior ha probado qué verdadero profeta era en realidad
el papa Pablo VI.
Anticoncepción
Al reafirmar en la «Humanae
Vitae», la enseñanza permanente de la Iglesia con respecto a
las leyes morales relativas a la transmisión de la vida,
el papa Pablo VI intentaba clarificar un punto del primer
artículo del credo sobre Dios, el Creador de la vida.
Al hacerlo, el papa Pablo VI recordaba la enseñanza del
papa Juan XXIII que decía: «Todos debemos considerar la vida
del hombre como sagrada, puesto que desde su inicio requiere
la acción de Dios Creador».
La persona humana es una
unión de cuerpo y alma. Sólo Dios puede traer a
la existencia el alma inmortal y espiritual de la persona
humana. En referencia a esta verdad de fe, el catecismo
católico dice: «La Iglesia enseña que cada alma espiritual es
creada inmediatamente por Dios – no es producida por los
padres».
Dando más luz sobre la misma verdad, el papa
Juan Pablo II afirmaba: «Dios mismo está presente en la
paternidad y la maternidad humanas... De hecho, sólo Dios es
la fuente de aquel ‘a imagen y semejanza’ que es
propio del ser humano, como fue recibido en la creación.
El engendrar es la continuación de la Creación».
En el
cumplimiento del acto conyugal, cuya estructura pertenece al orden natural,
que tiene a Dios como su Creador, es Dios mismo
y no la pareja casada quien es el árbitro final
de que el ser humano venga o no a la
existencia a través de la concepción. En consecuencia, los actos
anticonceptivos son una negación del honor debido al Creador, puesto
que recurriendo a ellos una pareja casada busca impedir cualquier
posible intervención creativa de Dios.
Hablando sobre esto, el papa
Juan Pablo II decía: «Por lo tanto, cuando, a través
de la anticoncepción, las parejas casadas quitan del ejercicio de
su sexualidad conyugal su capacidad procreativa potencial, están reclamando un
poder que pertenece únicamente a Dios; el poder de decidir
en última instancia la venida a la existencia de una
persona humana. Asumen el papel no de ser cooperadores en
el poder creativo de Dios, sino depositarios últimos de la
fuente de la vida humana. En esta perspectiva, la anticoncepción
se juzga tan profundamente inmoral como para no ser justificada
por ningún motivo. Decir o pensar lo contrario es igual
a mantener que en ciertas situaciones de la vida humana
puede darse como moral no reconocer a Dios como Dios».
Con la anticoncepción, una pareja casada busca usurpar el papel
de Dios como Creador. Al proclamar la doctrina de la
«Humanae Vitae», el papa Pablo VI se preocupó en advertir
a las familias casadas contra la tentación de adoptar esta
actitud despectiva hacia el Creador que es inherente a la
forma anticonceptiva de la vida.
Afirmaba: «Como el hombre no
tiene dominio ilimitado sobre su cuerpo en general, de igual
modo, con particular razón, no tiene tal dominio sobre sus
facultades generativas como tales, debido a su ordenación intrínseca a
la creación de la vida, de la que Dios es
el principio».
Hablando sobre la anticoncepción como un rechazo objetivo
a reconocer a Dios como creador, el Dr. Siegfried Ernst,
M. D., afirmaba: «La esencia de la anticoncepción es la
exclusión de la cualidad creativa de la sexualidad humana a
favor de la mera producción de placer y éxtasis. Ninguna
teoría psicológica ni ninguna excusa, por ingeniosa que sea, puede
encubrir el hecho de que la exclusión de la creación
en la relación humana más cercana e íntima –la unión
física y espiritual total en la creación de una nueva
vida humana- significa la exclusión del Creador mismo».
La unión
entre anticoncepción y aborto
Hablando sobre las consecuencias de no
dar al Creador el honor que le es debido, el
padre Joseph M. de Torre dice: «Cuando la vida humana
se considera sin la referencia a un Dios trascendente como
fuente y fin de la misma, pierde todo su valor
intrínseco, aunque se haga en nombre del liberalismo o del
socialismo».
La exactitud de la observación del padre de Torre
se demostraba en un editorial que aparecía en el Economist
de Londres el 21 de junio de 1997. Apoyando la
legalización del «suicidio asistido», este editorial de Economist indicaba: «Las
religiones occidentales tienen una respuesta, y es inflexible: es erróneo
para los individuos poner fin a las vidas que Dios
les ha dado. La posición liberal clásica, que es la
de Economist, parte de una premisa diferente. Los individuos tienen
un derecho a su auto determinación, y esto incluye –
más bien culmina naturalmente en él- el derecho de acortar
la propia vida».
La expresión de un rechazo objetivo a
reconocer a Dios como el árbitro final del venir a
la existencia un nuevo ser humano, la indiferencia hacia el
Autor de la Vida que caracteriza la actitud anticonceptiva, fomentan
la indiferencia hacia la santidad de la vida en general.
A este respecto, es significativo cómo el papa Juan Pablo
II ha llamado con frecuencia la atención hacia la unión
entre anticoncepción y aborto. En una ocasión, mientras hablaba a
un grupo de obispos austriacos sobre la doctrina de la
«Humanae Vitae», el Santo Padre decía: «No puede permitirse duda
alguna sobre la validez de las doctrinas morales expresadas en
ella (Humanae Vitae)... La invitación a la anticoncepción como una
supuesta forma ‘inofensiva’ de relación entre los sexos no es
sólo una negación insidiosa de la libertad moral del hombre.
Fomenta una comprensión despersonalizada de la sexualidad que se reduce
al momento y promueve, en último análisis, esa mentalidad de
la que el aborto nace y de la que se
nutre continuamente».
En «Evangelium Vitae», el papa Juan Pablo II
indicaba que la cultura pro aborto es especialmente fuerte dondequiera
que se rechace la enseñanza de la Iglesia sobre la
anticoncepción. Aun reconociendo la diferencia en naturaleza y en gravedad
moral entre la anticoncepción y el aborto, el Santo Padre
indicaba, sin embargo, que «anticoncepción y aborto están con frecuencia
íntimamente conectados, como frutos de un mismo árbol».
Hablando de
una «mentalidad hedonista» que es «poco proclive a aceptar responsabilidad
en temas de sexualidad» y «que contempla la procreación como
un obstáculo para la plenitud personal», el papa Juan Pablo
II añadía: «La vida que podría resultar de un encuentro
sexual se vuelve así un enemigo a evitar a toda
costa, y el aborto se vuelve la única respuesta decisiva
posible a los fallos de la anticoncepción».
Durante muchos se
ha sabido que ciertos «anticonceptivos», así llamados, realmente actúan como
abortivos.
Desafortunadamente, teólogos y otros que disienten de la doctrina de
la «Humanae Vitae» y que animan a las parejas casadas
a actuar de igual manera, con frecuencia rechazan fijar su
atención sobre la naturaleza abortiva de varias formas de «anticonceptivos».
La conexión entre anticoncepción y aborto es evidente en el
hecho de que tanto a los DIUs como a las
píldoras anticonceptivas se les reconoce capacidades abortivas. Escribiendo en el
Medical Journal of Australia en 1987, el Dr. Alan Trounson
y el profesor Karl Wood pedían una mayor libertad para
llevar a cabo experimentos destructivos sobre embriones humanos sobre la
base de que la comunidad ya había aceptado el uso
de «dispositivos intrauterinos que matan a los embriones recientes».
El
hecho de que la píldora pueda actuar como abortivo fue
plenamente documentado por John Wilks en su libro de 1996
«A Consumers Guide to the Pill and Other Drugs». La
píldora actúa como un anticonceptivo cuando suprime la ovulación o
cuando previene que el esperma alcance el óvulo al alterar
las secreciones femeninas. Sin embargo, si estas formas de actuación
fallan, la píldora puede actuar todavía previniendo la implantación del
óvulo fertilizado, induciendo en este caso el aborto.
A parte
de los lazos directos entre aborto y anticoncepción arriba subrayados,
es necesario tener en cuenta las actitudes cuando se analiza
el comportamiento anticonceptivo. Describiendo la naturaleza anti vida de la
anticoncepción, un grupo de distinguidos moralistas afirmaba:
Normalmente, cuando la
gente utiliza anticonceptivos, están interesados en la unión sexual que
consideran puede llevar a la concepción. Si no pensaran eso,
no tendrían razón alguna para la anticoncepción. Se anticipan y
piensan sobre el bebé cuya vida podría comenzar. Quizás por
alguna otra buena razón, quizá no, encuentran la perspectiva repugnante:
«No queremos que el posible bebé comience a vivir». Queda
clara la verdadera definición de la anticoncepción, cuya voluntad es
ir contra la vida; es un odio práctico (aunque no
necesariamente emocional) hacia el posible bebé que proyectan y rechazan,
al igual que la voluntad de aceptar la venida a
la existencia de un bebé es un amor práctico hacia
esa posible persona.
Hablando de la unión entre anticoncepción y
aborto, el Dr. Siegfried Ernst, M. D., decía: «La píldora
anti bebé ha hecho posible separar, fundamental y radicalmente, la
producción de placer del acto de la procreación. Ha comenzado
así automáticamente la ‘revolución sexual’… Convirtiéndose en ‘seguros’, se han
multiplicado los actos sexuales como un resultado de la propaganda
contemporánea que pregonaba ‘el derecho a una vida sexual feliz’.
A pesar de ello los ‘accidentes’ han aumentado proporcionalmente -
¿o han sido su consecuencia?- la píldora anti bebé. Y
aquellos ‘niños no queridos’ deben, lógicamente, ser eliminados por el
aborto».
La profesora Janet Smith también llamaba la atención sobre
la unión entre anticoncepción y aborto cuando afirmaba: «La anticoncepción
convierte en un elemento extraño a la unión sexual el
hacer un bebé. Hace que el embarazo parezca como un
accidente de la unión sexual más que la consecuencia natural
a la que deben prepararse individuos responsables. El aborto, por
tanto, se convierte en razonable como una solución a un
embarazo no querido. La anticoncepción permite a quienes no están
preparados para cuidar un bebé mantener relaciones sexuales, cuando quedan
embarazados, se resienten de que un niño no nacido se
introduzca en sus vidas y se vuelven hacia la solución
del aborto. No debería sorprender que los países que están
impregnados por el sexo anticonceptivo, luchen con más fuerza por
acceder al aborto que por asegurar que todos los bebés
puedan sobrevivir tanto dentro como fuera del vientre materno. Es
absurdo que los pro vida puedan evitar temas como la
anticoncepción y la irresponsabilidad sexual y tener éxito en la
lucha contra el aborto».
Esta unión entre mentalidad anticonceptiva y
aborto quedó bien ilustrada en la decisión de la Corte
Suprema de Estados Unidos en el caso de Planned Parenthood
contra Casey que confirmó la sentencia de Roe contra Wade.
Esta decisión establecía que «en algunos aspectos críticos, el aborto
es del mismo carácter que la decisión de utilizar la
anticoncepción... Durante dos décadas de desarrollo económico y social, la
gente ha organizado sus relaciones íntimas y ha tomado decisiones
que definen su visión de sí mismos y de su
lugar en la sociedad, en la confianza de la disponibilidad
del aborto en caso de que falle la anticoncepción».
Comentando
esta decisión del Tribunal Supremo, la profesora Janet Smith decía:
«La decisión del Tribunal Supremo ha hecho completamente innecesario cualquier
esfuerzo de ‘exponer’ lo que está realmente detrás del nexo
de la edad moderna con el aborto. Como indica el
Tribunal Supremo cándidamente, necesitamos el aborto para poder continuar con
nuestros estilos de vida anticonceptivos. No es porque los anticonceptivos
sean inefectivos por lo que un millón y medio de
mujeres al año buscan el aborto como reserva ante los
fallos de la anticoncepción.
Las ‘relaciones íntimas’ facilitadas por los
anticonceptivos son las que hacen el aborto ‘necesario’...
Aquí la palabra
‘íntimas’ significa ‘sexuales’; no significa ‘amorosas y cercanas’. El aborto
es con mucha frecuencia el resultado de relaciones sexuales en
las que hay poco de verdadera intimidad y amor, en
las que no hay lugar para un bebé, la consecuencia
natural de una unión sexual.
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