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De “pro-choice” a “pro salud”
Hace unos años, la Federación
Internacional de Planificación de la Familia (IPPF, por sus siglas
en inglés) organizó una nueva campaña y una nueva estrategia
de relaciones públicas para intentar mejorar la imagen extremista que
se tenía de ella y que estaba relacionada con su
lenguaje “a favor de la libre elección” (en inglés: “pro-choice”),
que significa estar a favor del aborto. Para lograr que
su imagen fuese más aceptable, la IPPF comenzó a comercializar
sus metas en pro del control demográfico y de la
eugenesia bajo el disfraz seductor de su falsa “preocupación” por
la “salud” de las mujeres. En vez de llamarse “pro-choice”,
ahora prefiere llamarse “pro salud”.
¿Por qué la IPPF ha
dado este cambio de lenguaje, cuando su jerigonza “pro-choice” le
ha proporcionado tanto éxito en Estados Unidos? Para contestar a
esta pregunta necesitamos conocer el plan mundial que tiene la
IPPF para controlar la población, especialmente las poblaciones que esta
organización considera “menos deseables”, como las minorías, los pobres y
los que tienen menos formación académica.
La IPPF y sus asociaciones
miembros siguen el camino trazado por su fundadora, Margaret Sanger,
una mujer que estaba a favor de la eugenesia según
la ideología de Adolf Hitler. Pero a diferencia de Hitler,
Sanger se lanzó por un camino más sutil, pero no
menos siniestro, en la ruta hacia la “purificación” racial, creyendo
que la gente “inferior” podría fácilmente ser convencida para que
aceptara los anticonceptivos y el aborto bajo el disfraz de
la “libertad personal”. Uno de los objetivos principales de Sanger
fue fomentar “más niños de los aptos; menos de los
no aptos” (1). Su torcida ideología se manifestó en toda
su plenitud cuando escribió estas terribles palabras: “Lo más misericordioso
que una familia numerosa puede hacerle a uno de sus
miembros más pequeños es matarlo” (2).
La IPPF ha emulado los
planes racistas y eugenésicos de Sanger. El Obispo James P.
Lyke, O.F.M. nos informa: “Yo quisiera saber cuántos de mis
hermanos de herencia afro-americana saben....1- que por cada tres bebés
negros que nacen, dos son abortados; 2- que unos 400,000
bebés negros son abortados en Estados Unidos cada año; 3)
que el 70% de los abortuarios de Paternidad Planificada [la
filial de la IPPF en Estados Unidos] están en vecindarios
negros o hispanos” (3). Jim Sedlack, director nacional de Stop
Planned Parenthood, Inc. (Alto a la IPPF), señala que mientras
los negros constituyen el 12% de la población de Estados
Unidos, “un estudio realizado por los Centros para el Control
de las Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) demuestra
que el 32% de todos los abortos son practicados a
mujeres negras (y de otras minorías) e indica que la
práctica del aborto se ha vuelto discriminatoria” (4).
La nueva propaganda
del movimiento proaborto se dirige principalmente hacia las naciones del
tercer mundo, donde el eufemismo “pro-choice” no ha sido aceptado
tan a la ligera como en los países más ricos.
¿Y qué mejor plan que apelar a la necesidad de
la gente de poder obtener cuidados médicos adecuados? Los líderes,
los legisladores y la gente de cualquier nación quieren hacer
todo lo posible para que el cuidado de la salud
sea bueno para todos sus ciudadanos. Pero sin un cuidadoso
esfuerzo para detectar el mal, los perversos planes de la
IPPF y de sus aliados serán aceptados e implementados como
si fueran buenos.
De la ingeniería verbal a la ingeniería social
Nunca se debe subestimar el poder del lenguaje. El Dr.
Bernard Nathanson, un obstetra provida, que en el pasado fue
director del abortuario más grande de Estados Unidos, reconoce el
poder de la manipulación del lenguaje. Nathanson advierte que: “La
ingeniería del lenguaje siempre precede a la ingeniería social” (5).
Para poder comprender el gran daño que la IPPF y
sus aliados están perpetrando en todo el mundo, es esencial
examinar cuidadosamente su uso engañoso del lenguaje. Por ejemplo, ¿qué
quiere decir el término “reproductiva”? Según el diccionario Webster, “reproducción”
significa “el proceso por el cual los animales y las
plantas producen nuevos individuos” (6). Parece evidente que una reproducción
sana significa la consumación exitosa de este proceso natural. Sin
embargo, la IPPF y sus aliados han torcido el significado
de las palabras “reproducción sana” a tal grado que en
realidad significan exactamente lo opuesto. Para ellos, el término “salud
reproductiva” en realidad significa impedir el proceso natural de la
reproducción, que tiene lugar desde la concepción hasta el nacimiento.
Utilizando el eufemismo “salud reproductiva”, la IPPF y sus aliados
promueven la anticoncepción y el aborto, pero ambas cosas son
anti naturales y contrarias a la salud.
Otro término engañoso que
utilizan la IPPF y sus aliados es la contradicción en
términos “aborto seguro”. El aborto nunca es seguro para el
indefenso bebé no nacido, ni tampoco lo es para la
madre --ya sea desde el punto de vista físico, mental
o espiritual.
La “salud reproductiva” en general
Para comprender la ingeniería
verbal y social que la IPPF y sus aliados están
llevando a cabo, es crucial que examinemos la definición que
la Organización Mundial de la Salud (OMS), las Naciones Unidas
(ONU) y la IPPF han dado del término “salud reproductiva”.
Dicha definición apareció en el documento final, titulado Programa de
Acción, de la Conferencia sobre Población y Desarrollo, del Fondo
de Población de la ONU (FNUAP o UNFPA, por sus
siglas en inglés), que se llevó a cabo en El
Cairo en 1994. La definición dice así:
La salud reproductiva es
un estado de completo bienestar físico, mental y social en
todo lo referente al sistema reproductor, así como a sus
funciones y procesos --y no la mera ausencia de enfermedad
o defecto. Por lo tanto, la salud reproductiva implica que
las personas son capaces de tener una vida sexual satisfactoria
y segura y que tienen la capacidad de reproducirse y
la libertad de elegir si llevar a cabo o no
dicha reproducción y cuán a menudo hacerlo. Implícito en esta
última condición está el derecho de los hombres y de
las mujeres a recibir información acerca de los métodos de
planificación familiar, para regular su fertilidad, que no sean contrarios
a la ley y que sean aceptables para ellos, así
como seguros, eficaces y al alcance de sus posibilidades económicas.
También tienen el derecho a tener acceso a dichos métodos.
Las mujeres en particular tienen el derecho a recibir servicios
apropiados de salud que las hagan capaces de llevar a
cabo el embarazo y el parto con seguridad. Estos servicios
también deben capacitar a las parejas para que tengan las
mejores posibilidades de tener un hijo saludable. En este mismo
sentido, el cuidado de la salud reproductiva se refiere a
la constelación de métodos, técnicas y servicios que contribuyen a
la salud reproductiva y al bienestar, al impedir y resolver
los problemas de la salud reproductiva. Esta definición también incluye
la salud sexual, cuyo propósito es realzar la vida y
las relaciones personales, y no solamente prestar servicios o asesorar
en lo referente a la reproducción y a las enfermedades
de transmisión sexual (7).
La “salud reproductiva” y el aborto
Ahora
bien, la OMS, que es un organismo de la ONU,
ha definido la “regulación de la fertilidad”, término claramente utilizado
en esta definición de la “salud reproductiva”, de tal forma
que incluye la “interrupción de los embarazos no deseados”, lo
cual sin duda alguna se refiere al aborto (8). Por
consiguiente, entre los métodos de “planificación familiar”, que se incluyen
en la definición de la “salud reproductiva”, parece estar implícitamente
el aborto.
Además de ello, hay que observar que los
principales métodos anticonceptivos que se utilizan hoy para la “planificación
familiar” son abortivos, por cuanto a veces hacen imposible la
implantación del óvulo ya fecundado, o sea de la nueva
vida humana, en el útero de su madre (9). Entre
estos métodos se encuentran la píldora anticonceptiva, el Norplant, la
Depo-Provera y el dispositivo intrauterino o DIU (10).
Pero ello
no es todo. Desde por lo menos el año 1989,
la IPPF y otras organizaciones proabortistas han estado preparando el
terreno para implementar la estrategia de la “salud reproductiva” para
promover el aborto. En octubre de ese año, se llevó
a cabo en el Brasil el II Simposio Internacional Christopher
Tietze titulado “La Salud de las Mujeres en el Tercer
Mundo: El Impacto del Embarazo No Deseado”. En esa reunión
participaron 200 ginecólogos, todos ellos tuvieron de anfitrión a la
organización proabortista llamada Coalición Internacional para la Salud de las
Mujeres o IWHC (International Women’s Health Coalition).
En ese simposio también
participaron el Dr. Fred Sai, quien antes de convertirse en
aquel entonces en presidente de la IPPF, fue asesor de
alto nivel sobre asuntos de población del Banco Mundial; y
Janet Nassi, quien también fue asesora del Banco Mundial. Ellos
dos planearon la estrategia que luego siguieron la IPPF y
sus aliados en las conferencias de la ONU en El
Cairo y en Pekín.
Dos de los logros más grandes que
el movimiento mundial a favor del aborto obtuvo en la
Conferencia de El Cairo fueron la ya citada definición de
la “salud reproductiva” (11) y la aceptación de la siguiente
declaración, que también se encuentra en el Programa de Acción:
“... en aquellos países donde el aborto es legal, éste
debe ser seguro” (12).
Obsérvese que la definición de la “salud
reproductiva” de El Cairo afirma que las personas tienen “derecho”
a recibir información sobre los métodos de “planificación familiar” que
“no sean contrarios a la ley”. Es cierto que el
Programa de Acción de El Cairo explícitamente prohíbe que el
aborto (quirúrgico) sea utilizado como método de “planificación familiar” (cláusula
que se logró incluir gracias a los esfuerzos de la
Iglesia Católica y del movimiento provida). Sin embargo, dada la
mentalidad a favor del aborto de la IPPF, organización que
influyó mucho en la Conferencia de El Cairo, y del
FNUAP, organismo responsable de dicha conferencia, no es aventurado sospechar
que en esta frase de la definición de la “salud
reproductiva” y en la otra declaración de que “en aquellos
países donde el aborto es legal, éste debe ser seguro”,
haya una velada promoción de la legalización del aborto mal
llamado “seguro” bajo el ropaje de la “salud reproductiva”.
De hecho,
los que promueven el aborto estimulan a los profesionales de
la medicina a que desafíen las leyes que limitan el
aborto. Para ello, utilizan expresiones como la siguiente: “Donde las
leyes sean restrictivas, los médicos podrían prestar sus servicios a
un mayor número de mujeres, si conociesen la ley y
si la interpretasen lo más ampliamente posible...” (13) Incluso, la
IPPF y sus aliados han llegado al extremo de promover
abiertamente la transgresión de las leyes como medio para eventualmente
lograr cambiarlas: “Las asociaciones de planificación familiar y otras organizaciones
no gubernamentales no deben usar la ausencia de la ley
o la existencia de una ley desfavorable como excusa para
no hacer nada; la acción fuera de la ley, y
aún la violación de la ley, es parte del proceso
para estimular el cambio” (14).
Precisamente, en febrero de 1994, se
estableció la Organización Internacional de Médicos Parlamentarios o IMPO (International
Medical Parlamentarians Organization). IMPO promueve este tipo de actividades, estrategias
y objetivos a favor del aborto. Para ello usa el
camuflaje de la “salud reproductiva” (15).
Pero la cosa no se
detiene ahí. Los que promueven vigorosamente el aborto y la
anticoncepción bajo el disfraz de la “salud reproductiva” reclutan no
sólo a médicos, a otros trabajadores de la salud, a
educadores y a legisladores para que promuevan más aún su
causa; también intentan engañar y utilizar a cualquiera --en particular,
a líderes religiosos-- para obtener credibilidad. El siguiente caso muestra
la astucia de los que promueven la “salud reproductiva”.
En 1995,
la OMS estableció un programa de “salud reproductiva” llamado “Sección
de Familia y de Salud Reproductiva” (16). Bajo la supervisión
de su directora, la Dr. Tomris Turmen, la definición de
la “salud reproductiva” de la Conferencia de El Cairo quedó
establecida. La Dra. Turmen ha confesado abiertamente que “en un
ambiente donde la religión se considera importante, lo más conveniente
es pedir ayuda a los líderes religiosos para promover la
salud reproductiva” (17). Según ella, lo que se necesita es
“abordar el asunto correctamente”, para de esa “tener a los
líderes religiosos de nuestro lado” (18). Después de visitar a
dos sociedades tradicionalmente conservadoras, Malasia y Pakistán, la Dra. Turmen
aseveró que “en esos lugares intenté formular otra definición de
la salud reproductiva, dije que la salud reproductiva se refería
a la calidad de la vida” (19). De esa forma
la Dra. Turmen intentó manipular a sus anfitriones para que
aceptaran la “salud reproductiva”.
Todo lo anterior implica que el aborto
legal y “seguro” es considerado, por la IPPF y sus
aliados, un “servicio de salud reproductiva”. La lógica consecuencia de
esta descabellada afirmación es terrible: el acceso al aborto, como
a cualquier otro “servicio de salud”, es un “derecho humano”
fundamental al cual ninguna autoridad --nacional, religiosa o de ninguna
otra índole-- puede sustraerse.
De hecho, la IPPF publicó un
documento en 1994 que se llama El derecho humano a
la planificación familiar (“The Human Right to Family Planning”) (20).
Recordemos una vez más que, según la definición de la
“salud reproductiva” de la Conferencia de El Cairo, tal parece
que los métodos de “planificación familiar” que en ella se
hacen referencia incluyen el aborto quirúrgico. Ciertamente, la mal llamada
“planificación familiar” incluye también los anticonceptivos y, como también ya
señalamos, los principales de éstos son abortivos.
La “salud reproductiva” y
la “educación” sexual hedonista El aborto no es el único
mal llamado “servicio” de la “salud reproductiva”. De hecho, aún
más fundamental que el aborto, los anticonceptivos y los otros
males que esta astuta estrategia promueve, es el método por
el cual estos “servicios” son dados a conocer y propagandizados:
la “educación” sexual hedonista. En efecto, si la “salud reproductiva”
engloba una serie de “servicios” fundamentales de “salud”, es lógico
que se tenga que “concienzar” a la gente para que
los reconozca como “necesarios”. La “educación” sexual de la IPPF
y sus aliados es el vehículo para ello. Incluso esa
misma “educación” sexual se convierte en un “derecho”.
Es evidente que
la “educación” sexual hedonista está implícita como “derecho” en la
definición de la “salud reproductiva”. Recordemos que dicha definición declara
lo siguiente: “Implícito en esta última condición está el derecho
de los hombres y de las mujeres a recibir información
acerca de los métodos de planificación familiar para regular su
fertilidad...”
Ahora bien, la IPPF, en armonía con la Conferencia de
El Cairo, define la “salud reproductiva” de tal manera que
ésta incluye la “educación para una sexualidad responsable y humana,
para la anticoncepción segura y apropiada y para los servicios
en relación con las enfermedades de transmisión sexual, el embarazo,
el parto y el aborto” (21). De manera que la
IPPF y el resto del movimiento proaborto mundial están promoviendo,
bajo el ropaje de la “salud reproductiva”, la “educación” sexual
hedonista, los preservativos, los dañinos anticonceptivos y abortivos --aún para
menores de edad (22)-- y el mal llamado aborto legal
y “seguro”.
La “salud reproductiva” y el “embarazo no deseado”
Por
medio de campañas “educativas”, la IPPF y sus aliados también
le lavan el cerebro a la gente --especialmente a las
mujeres y a los jóvenes-- para que adquieran una mentalidad
que considera la fertilidad, no como un estado saludable de
la mujer en edad de concebir hijos, sino como algo
indeseable, como si fuese una enfermedad detestable, una plaga de
la cual hay que “inmunizarse”. Actitudes como éstas, que caracterizan
a la mentalidad anti-vida, se manifiestan en afirmaciones como las
siguientes: “Se debe reconocer que los adolescentes a menudo sufren,
desde el punto de vista social y de la salud,
de problemas sexuales y de salud reproductiva, como el embarazo
no deseado...” (23). El ya fallecido Dr. Alan Guttmacher, que
fue director en cuestiones de medicina de la Federación de
Paternidad Planificada de Estados Unidos (Planned Parenthood Federation of America)
o simplemente Paternidad Planificada, filial de la IPPF en ese
país, declaró lo siguiente ante el subcomité del Senado estadounidense:
“...uno de los problemas sociomédicos más graves que existen hoy...es,
desde luego, el embarazo no deseado” (24). El Dr. Carl
Tyler, Jr., de los Centros para el Control de las
Enfermedades de Estados Unidos o CDC (Centers for Disease Control),
y el Dr. Willard Cates Jr. escribieron: “podemos considerar al
embarazo no deseado una ‘enfermedad de transmisión sexual’, y al
aborto su ‘tratamiento’...podemos calcular que el embarazo no deseado es
la segunda enfermedad de transmisión sexual de mayor frecuencia en
Estados Unidos...” (25)
Debería ser evidente que el embarazo no deseado
no es una enfermedad, por lo menos no lo es
del bebito no nacido, en todo caso es una enfermedad
de los que no lo desean, especialmente de los que
precisamente lo proponen como una enfermedad. ¿Cómo es posible que
personas con una preparación académica tan elevada, como las ya
citadas, afirmen algo tan erróneo e insolente? La respuesta a
esta pregunta es el hecho de que nuestra sociedad contemporánea
sufre del terrible mal del relativismo moral, una verdadera bancarrota
intelectual. Uno de los principales exponentes de esta catastrófica ideología
es el fundador de la ética de situación, Joseph Fletcher.
Este autor escribió estas infames palabras: “El embarazo, cuando es
deseado, es un proceso saludable; cuando no es deseado es
una enfermedad --de hecho, es una enfermedad venérea” (26).
La “salud
reproductiva” y una falsa preocupación por la “salud” de las
mujeres
La IPPF y sus aliados dicen que defienden el
“derecho” de la mujer a “controlar su fertilidad”, sin embargo,
lo que de verdad quieren es controlar a la mujer.
Para ello, son especialmente astutos a la hora de pedir
ayuda a los médicos y a otros miembros del campo
de la salud bajo la apariencia de la “compasión” hacia
la salud y el bienestar de las mujeres. Las publicaciones
como Safe Motherhood Newsletter (“Boletín de maternidad sin riesgos”) de
la OMS, “animan” mucho a los médicos, especialmente a los
ginecólogos, a que proporcionen “servicios completos de salud reproductiva”.
Uno de
los principales diarios de la ciudad de Dallas, en el
Estado de Texas, Estados Unidos, informó que en México “el
personal médico --bajo presión para cumplir las cuotas del gobierno
para reducir el crecimiento demográfico-- están de hecho obligando a
las mujeres que vienen a dar a luz a que
acepten el DIU o la esterilización después del parto” (27).
El artículo afirma lo que la mayoría de los activistas
provida ya saben: que la salud y el bienestar de
las mujeres no constituyen la preocupación principal de muchos de
los mal llamados “proveedores de servicios de salud”. De hecho,
el artículo mismo dice que “un informe del FNUAP sobre
ocho países arrojó que son pocos los proveedores que examinaron
las necesidades de las mujeres en relación a la salud
cuando les distribuyeron los anticonceptivos” (28).
La IPPF y sus aliados
ejercen presión sobre los líderes de los países donde el
aborto es ilegal para que lo legalicen. Esta presión la
ejercen con el pretexto de estar “preocupados” por la seguridad
de, dicen ellos, los cientos de miles de mujeres que
están muriendo a causa del aborto ilegal e inseguro. La
muerte de una sola mujer a consecuencia de un aborto
clandestino es tan trágica como lo es la de su
bebito no nacido. Pero la evidencia demuestra que los proabortistas
han proporcionado datos falsos y exageradísimos sobre el número de
muertes maternas por aborto ilegal en distintos países (29). Como
este tema ya lo hemos abordado en otra publicación nuestra
(30), nos limitamos a dar un ejemplo. En Brasil, algunos
activistas a favor del aborto indicaron que el diario O
Globo reportó en 1988 que cada año morían 400.000 mujeres
por aborto clandestino en ese país (31). Sin embargo, según
la OMS, el número total de muertes maternas en ese
país en 1983 fue de 2.166, de las cuales no
más de 371 fueron por aborto (32). Se trata de
un factor de exageración de más de 1.000. Además de
ello, la IPPF y sus aliados no les prestan atención
a los estudios que muestran los devastadores efectos, incluyendo las
muertes maternas, del mal llamado aborto legal y “seguro”. Entre
los daños físicos, tanto físicos como psicológicos, que el aborto,
legal o ilegal, le puede causar a la mujer están
además de la muerte: infecciones, laceración o perforación del útero,
trauma renal, embolias, trombosis, esterilidad, culpabilidad, angustia, tendencia al suicidio,
depresión, etc. Sólo a través de la reconciliación con Dios,
del amor de personas comprensivas, y en muchos casos también,
de la ayuda profesional, logrará perdonarse a sí misma, mitigar
el dolor y lograr la paz (33). Ambas cosas, las
exageradas cifras de muertes maternas por aborto ilegal y la
falta de interés por las muertes maternas por aborto legal,
demuestran que el verdadero interés de estas organizaciones es la
legalización del aborto y no la salud de las mujeres.
Por ejemplo, Paternidad Planificada (la filial de la IPPF en
Estados Unidos) habla mucho de la “necesidad” de tener abortos
legales y “seguros”. Sin embargo, se opone a cualquier proyecto
de ley para regular la industria del aborto (34).
La IPPF
y sus aliados tampoco toman en cuenta los múltiples daños
y riesgos que los anticonceptivos les causan a las mujeres,
tales como las trombosis, los infartos, la esterilidad y aún
la muerte (35).
Si la IPPF está tan preocupada por la
salud de las mujeres, ¿entonces por qué les niega la
información correcta acerca de los métodos naturales de planificación de
la familia, los cuales protegen totalmente la salud femenina? La
IPPF y sus aliados promueven incansablemente los anticonceptivos y el
aborto en nombre de la “salud reproductiva”, cuando ambos son
dañinos para la mujer. Al mismo tiempo, les dan de
lado a los métodos naturales de planificación de la familia
o imparten información equivocada sobre los mismos, especialmente en lo
relativo a su eficacia. La IPPF alega falsamente que la
abstinencia periódica “ofrece poca seguridad”, que podría causar “problemas psicológicos”,
que “es mucho menos eficiente que otros métodos de planificación
familiar” y que “su tasa de falla es muy elevada”
(36).
Sin embargo, los estudios han demostrado que los métodos naturales
de planificación de la familia nunca ponen en peligro la
salud de la mujer. Incluso, estos métodos también sirven para
promover en la mujer un mejor autoconocimiento de su cuerpo
y de su fertilidad. Debido a ello, las mujeres que
practican la planificación natural de la familia pueden detectar posibles
problemas ginecológicos y de esa forma recibir una diagnosis y
un tratamiento a tiempo. Los distintos métodos de planificación natural
de la familia son completamente inocuos, no así los métodos
anticonceptivos, como ya hemos señalado (37).
La “salud reproductiva” en América
Latina
En América Latina, los promotores del aborto y de
la anticoncepción han presentado proyectos de ley y programas de
control demográfico bajo el disfraz de la “salud reproductiva”. Estas
actividades constituyen el terreno adecuado para la legalización del aborto.
La promoción de anticonceptivos abortivos, llamados eufemísticamente “anticoncepción de emergencia”
o “anticoncepción post coito”, forman parte de este camino hacia
la legalización del aborto.
La IPPF y sus aliados están
promoviendo la “anticoncepción de emergencia” aún en países, como Colombia
y México, donde el aborto es ilegal (38). En el
caso de México, el Programa de Salud Reproductiva y Planificación
Familiar aprobado por el gobierno, fue preparado con “la participación
activa” de organizaciones como MEXFAM (que es la filial de
la IPPF en México), el Grupo de Información en Reproducción
Elegida (GIRE) --que es un grupo de feministas -- y
la Iniciativa para la Maternidad sin Riesgos de México.
Un programa
similar al de México, que fue aprobado en Argentina, anuncia
sin ambages la disponibilidad de los “anticonceptivos post coitales” como
parte del “arsenal anticonceptivo” (39). Sorprende el hecho de que
este programa de control demográfico argentino sea parte del Plan
Social del Presidente Menem, quien se ha declarado a favor
de la vida. El programa es financiado por medio de
un préstamo de $400 millones por parte del Banco Mundial
(40). Hay que tener en cuenta que Argentina también es
un país cuyas leyes prohíben el aborto.
El Perú, otro país
donde el aborto es ilegal, también ha sido objeto de
programas de control demográfico bajo el sofisma de la “salud
reproductiva”. La sucursal de la Agencia de Estados Unidos para
el Desarrollo Internacional (USAID) en ese país les suministró una
enorme cantidad de dinero a dos grupos feministas anti-vida. El
objetivo de este financiamiento es la promoción de un proyecto
llamado “ReproSalud”, que promueve a su vez la mal llamada
“salud reproductiva”. Una publicación proabortista informó que estas dos organizaciones
recibieron $19.626.000 para el ya mencionado proyecto (no, querido lector,
la cantidad que hemos proporcionado no es el resultado de
un error, la cifra es la correcta) (41).
Pero Colombia, México,
Argentina y el Perú no son los únicos países latinoamericanos
bajo la amenaza de proyectos disfrazados de “salud reproductiva”. En
la Cumbre de Presidentes que se celebró en Miami del
9 al 11 de diciembre de 1995, los participantes firmaron
un acuerdo que les abre las puertas a todos estos
proyectos anti-vida. Los presidentes latinoamericanos acordaron “respaldar un conjunto básico
de servicios de salud pública, clínica y preventiva, en concordancia
con las recomendaciones de la OMS, la Organización Panamericana de
la Salud, el Banco Mundial y el Programa de Acción
acordado en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo de
1994 [la Conferencia de El Cairo]. El conjunto de servicios
de salud estará dirigido a... las intervenciones en materia de
salud materna y reproductiva, incluyendo...la información y los servicios sobre
planificación familiar” (42). Los presidentes también acordaron: “Desarrollar o actualizar
los planes de acción o los programas de nuestros países...para
lograr...las metas de la salud reproductiva y asegurar que exista
un acceso universal y sin discriminación a los servicios básicos...”
(43)
Recordemos que la definición de la “salud reproductiva” de la
Conferencia de El Cairo también afirmaba que ésta “implica que
las personas [no dice los matrimonios] son capaces de tener
una vida sexual satisfactoria y segura y que tienen la
capacidad de reproducirse y la libertad de elegir si llevar
a cabo o no dicha reproducción y cuán a menudo
hacerlo”. De ello se sigue que el falso “derecho” de
los adolescentes a usar anticonceptivos está incluido en el plan
firmado por los presidentes latinoamericanos. ¿Sabían los presidentes latinoamericanos que
son provida lo que estaban firmando? Probablemente no, y he
ahí precisamente el problema: la capacidad de engañar que tienen
la IPPF y sus aliados por medio de la estrategia
de la “salud reproductiva”.
Conclusión
Hemos visto que la “salud reproductiva”
es un verdadero engaño. La “salud reproductiva”, tal y como
la entienden la IPPF y sus aliados, no es ninguna
de las dos cosas que pretende ser, ni es “salud”,
ni es “reproductiva”, sino todo lo contrario. La verdadera “salud
de la reproducción” promueve los métodos naturales de planificación de
la familia cuando los esposos tienen motivos serios para espaciar
los nacimientos de sus hijos, así como una auténtica atención
ginecológica y, en el caso del embarazo, una auténtica atención
pre-natal y post-parto. En vez de tirar a la basura
tanto dinero gastado en literatura, personal y métodos anticonceptivos, de
esterilización y de aborto, se deberían invertir esos fondos en
la verdadera salud de la reproducción y en la educación
para ella. Esperamos que este informe sirva de información y
alerta para todos nuestros hermanos en América Latina.
1. Margaret Sanger,
The Birth Control Review, mayo de 1919.
2. Sanger, Women and
the New Race (Nueva York: Brentano’s, 1920), 67.
3. “Calls
on Wattleton To Denounce High Number of Abortions Performed on
Blacks,” The Wanderer, 29 de noviembre de 1990.
4. Ibíd.
5. Brian Clowes, Ph.D., Pro-Life Activist’s Encyclopedia (Stafford, VA, EE.UU.:
American Life League, Inc., 1993), 15-4.
6. Webster’s New World
Compact School and Office Dictionary, 3rd Ed., Simon & Shuster,
1989, p. 365.
7. United Nations International Conference on Population
and Development Programme of Action, Cairo, 23 September 1994, paragraph,
7.1.
8. Austin Ruse, Friday Fax vol. 1, no. 49,
17 de septiembre de 1998, Nueva York: Catholic Family and
Human Rights Institute. www.c-fam.org.
9. D. Mishell, “Current Status of
Oral Contraceptive Steroids,” Clinical Obstetrics and Gynecology 19 (enero de
1976): 746-747.
10. Ibíd.
11. En el documento de la
IPPF titulado Moving Forward After Cairo and Beijing, publicado en
1996, la IPPF afirma sin lugar a dudas que ella
apoya la definición de la “salud reproductiva” del Programa de
Acción de la Conferencia de El Cairo. He aquí la
afirmación de la IPPF, que aparece en la página 8
de su ya mencionado documento: “Los gobiernos acordaron que la
implementación del Programa de Acción de El Cairo debería ser
guiada por una amplia definición de la salud reproductiva, que
incluye la planificación familiar y la salud sexual. La IPPF
respalda esa definición.”
12. El documento de la IPPF, citado
en la nota anterior, dice en la página 10: “Una
elevada proporción de la mortalidad materna es el resultado del
aborto realizado en condiciones de riesgo [= inseguro], el cual,
como declara el Programa de Acción de la ICPD [las
siglas en inglés para referirse a la Conferencia de El
Cairo], debe recibir la urgente atención que se le debe
a un problema serio de salud pública. Además de la
tragedia personal que constituye la muerte de una mujer, las
muertes maternas tienen consecuencias muy serias para las familias, debido
al papel tan importante de la madre en relación a
la salud y el bienestar de sus hijos... Ambos documentos,
el de El Cairo y el de Pekín, enfatizan que
la mayoría de las muertes, de los problemas de salud
y de las lesiones que resultan de los abortos realizados
en condiciones de riesgo, se pueden impedir por medio de
un mejor acceso, por parte de todas las mujeres (incluyendo
las adolescentes), a servicios adecuados del cuidado de la salud...”
13. “Women’s Health in the Third World,” International Journal of
Gynecology & Obstetrics, p. 5.
14. The Human Right to
Family Planning, IPPF, párrafo 46, 1984.
15. IMPO Information, Issue
2, octubre de 1994.
16. Interview with Dr. Tomris Turmen,
Interactive Information Services (IIS), Report # 21, 11 de marzo
de 1996.
17. Ibíd.
18. Ibíd.
19. Ibíd.
20. Véase
la nota 14.
21. Fred Sai, M.D., M.P.H. y Janet
Nassim, M.A., International Journal of Gynecology and Obstetrics, 1989, Suplemento
3: p. 103, International Federation of Gynecology and Obstetrics.
22.
Véase el paréntesis hacia el final de la nota 12.
23. IPPF Medical Bulletin, vol. 27, no. 3, junio de
1993, p. 4, art. 10.
24. Alan Guttmacher, M.D., Hearings
on Competitive Problems in the Drug Industry, by the Senate
Subcommittee on Monopoly -- Select Committee on Small Business, Part
16, p. 6,572, 25 de febrero de 1970.
25. Willard
Cates, Jr. M.D., y Carl Tyler, Jr. M.D. (el principal
autor de este ensayo), “Legal Abortion in the United States:
Its Effects on the Health of Women,” en Abortion in
the U.S., p. 17.
26. Joseph Fletcher, Humanhood: Essays in
Biomedical Ethics, 1979, p. 138.
27. “Birth Control by Force,”
Dallas Morning News, 3 de enero de 1996, 5C y
7C.
28. Ibíd.
29. Carta del Dr. Alana D. López,
de la OMS, 18 de abril de 1988; D. Kurchoff,
Deutsches Arzblatt, vol. 69, no. 27, 26 de octubre de
1972; Anuario Estatistico Portuguese, tablas 11, 16 y 111; John
Cavanaugh-O’Keefe y Kathleen Essex, “Protecting Life in Brazil,” HLI Reports
(septiembre de 1989): 1.
30. Consúltese Adolfo J. Castañeda, ¡Vale
la pena vivir! Hay alternativas al aborto (Miami: Vida Humana
Internacional y Florida Center for Peace, 1997), 48-57.
31. Agencia
de prensa EFE, 8 de agosto de 1988.
32. Carta
del Dr. Alan D. López, de la OMS, 18 de
abril de 1988.
33. Hemos tratado ampliamente y con total
documentación este tema en Adolfo J. Castañeda, ¡Vale la pena
vivir! Hay alternativas al aborto (Miami: Vida Humana Internacional y
Florida Center for Peace, 1997), 48-92.
34. Ibíd., 23.
35.
Sobre los riesgos de los anticonceptivos, véase: Javier Marco Bach,
“Métodos artificiales de regulación de la fertilidad humana,” Cuadernos de
Bioética (abril-junio de 1991): 37; Frances French, “The Connection Between
the Pill and AIDS,” Living World (1988); Marge Berer, “Controversia
sobre el uso de Depo-Provera por asiladas en Hong Kong,”
WGNRR, Boletín 32 (1990): 10-12; Carol Lynn, “Métodos que requieren
atención especializada,” Network en español (octubre de 1994): 19; “FDA
Warning,” Los Angeles Times, 28 de mayo de 1991; Journal
of the American Medical Association, 8 de diciembre de 1989.
36. Abstinencia periódica como método de planificación familiar, IPPF, 1983.
37. Tenemos una amplia información sobre este tema en nuestro
sitio en Internet: www.vidahumana,org.
38. Adolfo J. Castañeda, “La ‘anticoncepción
de emergencia’: Nuevo engaño del movimiento anti-vida,” Documentación para la
vida y la familia (Miami: Vida Humana Internacional, 1998), completamente
documentado y disponible a la venta en las oficinas de
Vida Humana Internacional.
39. Padre Juan C. Sanahuja, “¿Salud reproductiva
o aborto?,” AICA, documento 351, 22 de noviembre de 1995,
www.aica.org.
40. Rita Barros de Sverlik, “Quieren legalizar el aborto
en la Argentina,” citando al Diario La Nación, 4 de
enero de 1996.
41. Women’s Global Network for Reproductive Rights,
abril-junio de 1996, boletín 54-31, edición en español.
42. The
Miami Herald, 12 de diciembre de 1994. 43. Ibíd.
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