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Autor: Antonio Gaspari | Fuente: zenit.org Sin crecimiento de la población no se saldrá de la crisis económica
Para salir de la crisis económica es necesario hacer crecer la población, como ha subrayado Benedicto XVI en la Encíclica Caritas in Veritate. Esta opinión la comparte Riccardo Cascioli, presidente del Centro Europeo de Estudios sobre la Población, el Amb
Sin crecimiento de la población no se saldrá de la crisis económica
Experto en población comenta la Encíclica “Caritas in Veritate”
Para salir
de la crisis económica es necesario hacer crecer la población,
como ha subrayado Benedicto XVI en la Encíclica Caritas in
Veritate. Esta opinión la comparte Riccardo Cascioli, presidente del Centro
Europeo de Estudios sobre la Población, el Ambiente y el
Desarrollo (CESPAS) y director del Departamento de Población.
--¿Cuál es su
valoración de la Encíclica?
--Riccardo Cascioli: Extraordinariamente positiva, porque al
profundizar en el tema de la caridad y de la
verdad en la perspectiva económica y social, afronta desde la
raíz el tema más controvertido de nuestro tiempo: el significado
de la presencia humana sobre la tierra, su tarea y
su destino. Mientras en Occidente se asiste desde hace décadas
a ideologías que tienden a desfigurar al hombre (la peor
de las cuales es el "humanismo sin Dios", como recuerda
el Papa), en esta Encíclica el hombre - con su
dignidad y su responsabilidad - vuelve a ponerse en su
sitio, en el centro de la Creación. Y se demuestra
cómo la cuestión antropológica no es un problema filosófico; al
contrario, es determinante para las circunstancias económicas y sociales. Está
claramente en continuidad con el magisterio de Benedicto XVI, comprometido
en revalorizar la razón, facultad que es específica del hombre.
Pero está en continuidad también con Juan Pablo II, que
ya desde 1997 había dicho claramente que la batalla decisiva
del Tercer Milenio habría estado precisamente en torno al hombre,
cumbre de la Creación.
--Los puntos que abordan la crisis demográfica
y el ambiente son muy innovadores y cualificados. ¿Qué piensa
al respecto?
--Riccardo Cascioli: Es fundamental que haya dicho con tanta
claridad que "considerar el aumento de la población como causa
primera del subdesarrollo es incorrecto, también desde el punto de
vista económico". Es un punto decisivo, porque desde los años
80 en adelante las políticas globales - bajo los auspicios
de organismos de las Naciones Unidas - se fundan precisamente
sobre el control de la población, considerada como un "hecho
negativo" para el desarrollo y para el ambiente. Y también
a propósito del ambiente, la Encíclica explicita y muestra en
la situación actual lo que ya es patrimonio de la
Doctrina Social de la Iglesia y que se puede resumir
en la frase: la naturaleza es para el hombre y
el hombre es para Dios. "Si esta perspectiva decae -dice
la Encíclica - el hombre acaba, o por considerar la
naturaleza como un tabú intocable o, al contrario, por abusar
de ella". De esta forma muestra exactamente la situación esquizofrénica
del mundo occidental secularizado.
--El economista Ettore Gotti Tedeschi sostiene que
el Papa merece el premio Nobel de Economía por haber
subrayado la relación entre la crisis y la caída de
la natalidad. ¿Cuál es su parecer al respecto?
--Riccardo Cascioli: Creo
que tiene toda la razón. Existe verdaderamente una crisis demográfica,
y es la de los países desarrollados que desde hace
más de 40 años tienen una tasa de fertilidad por
debajo del índice de reemplazo generacional. La Encíclica nos da
a entender cómo éste es el factor fundamental de la
crisis económica actual. Y la respuesta no puede ser sólo
"técnica". En los últimos años hemos comprendido cómo el desplome
de la natalidad incide en el problema de las pensiones,
por ejemplo, pero éste es sólo un aspecto de una
crisis mucho más amplia destinada a empeorar en los próximos
años. Es necesario que los Gobiernos - y los economistas
- reflexionen sobre este aspecto.
--Durante algunas décadas las instituciones internacionales
han sostenido que para favorecer el desarrollo era necesario reducir
los nacimientos. ¿Cuáles han sido los resultados de estas políticas?
--Riccardo
Cascioli: Actualmente hay muchos países en vía de desarrollo cuya
tasa de fertilidad ha descendido por debajo del índice de
reemplazo generacional. Y más en general todos los países del
mundo - salvo excepciones rarísimas - han experimentado un drástico
descenso de los nacimientos en las últimas décadas. Pero ningún
país ha salido de la pobreza y del subdesarrollo gracias
a estas políticas. Al contrario, al control de los nacimientos
se han desviado importantes recursos necesarios para promover verdaderos proyectos
de desarrollo. Además, la aplicación salvaje de estas políticas -
como es el caso de China, India y otros países
asiáticos - ha provocado graves desequilibrios sociales, de los que
la desaparición de cien millones de mujeres (por motivos culturales
se aborta más fetos de niñas que de niños, n.d.t.)
es sólo el aspecto más impactante. No es casualidad que
esta Encíclica no utilice el concepto de "desarrollo sostenible", cuyo
fundamento es precisamente la visión negativa de la población. Es
un aspecto importante, porque incluso desde algunos ambientes católicos se
reciben presiones para adecuarse a la ideología de la "sostenibilidad".
--Al
contrario de lo que se sostiene incluso en ciertos ambientes
católicos, según los cuales para salvar el planeta habría que
reducir el desarrollo y el crecimiento demográfico - de ahí
las teorías sobre el decrecimiento -, la Encíclica Caritas in
Veritate explica que el desarrollo es una "vocación" que apoyar
para el bien común y que no hay desarrollo sin
crecimiento demográfico. ¿Qué opina?
--Riccardo Cascioli: También aquí la Encíclica
trae claridad y desecha muchos conformismos. El desarrollo - entendido
como desarrollo integral de la persona y de los pueblos
- es nuestra vocación de hombres. Y a esto debemos
tender. El decrecimiento no es un valor y tampoco salir
de la economía. El verdadero desafío es tomar las dimensiones
fundamentales del desarrollo. No por casualidad la Encíclica pone el
derecho a la vida y el derecho a la libertad
religiosa como condiciones fundamentales para un verdadero desarrollo. Ciertos aspectos
que nos parecen deteriorados -como las condiciones de los trabajadores
o del medio ambiente en los países metidos en un
desarrollo tan rápido como caótico - son en realidad fruto
de una concepción que reduce el desarrollo a crecimiento económico,
en el que el hombre se reduce a mero instrumento
de este crecimiento.
--Volviendo al desarrollo, la Encíclica de Benedicto XVI
propone una revolución social que pase de la "solidaridad" al
concepto de la "fraternidad" y que conjugue verdad y caridad.
¿Cuál es su parecer al respecto?
--Riccardo Cascioli: Supone una gran
novedad sobre la que es importante reflexionar. El término solidaridad
viene hoy acompañado de una visión reduccionista y sentimental de
la caridad, y al que la Encíclica quiere dar la
vuelta. Y coherentemente, dedica un capítulo entero precisamente a la
"fraternidad". Mientras que la solidaridad pone el acento sobre la
actuación del hombre hacia los demás hombres, la fraternidad pone
el acento sobre lo que recibimos, porque supone el reconocimiento
de un único Padre (sin el cual no podríamos considerarnos
hermanos). Una vez más se subraya la vocación del hombre
como factor que determina cada aspecto, también de la vida
colectiva.
--Durante décadas el mundo católico ha parecido dividirse entre quienes
se dedican a las obras de caridad y quienes se
dedican más a cuestiones bioéticas como la defensa de la
vida y la familia. Con esta Encíclica, el Papa Benedicto
XVI sostiene que no hay caridad sin verdad y que
sólo en la verdad resplandece la caridad. Subrayando así que
"sin verdad, la caridad es excluida de los proyectos y
de los procesos de construcción de un desarrollo humano de
dimensión universal, en el diálogo entre los saberes y la
operatividad". ¿Qué decir al respecto?
--Riccardo Cascioli: La vida es
única y no puede dividirse en sectores. Pero al mismo
tiempo, como sucede en una casa, están los cimientos, están
los muros maestros, están también los tabiques, el techo y
los accesorios. El derecho a la vida y a la
libertad religiosa son los cimientos: sin cimientos, incluso las casas
más hermosas están destinadas a derrumbarse ante la primera adversidad.
La crisis económica actual nos lo demuestra, pero si no
se entiende la lección la crisis no se detendrá.
[Por Antonio
Gaspari, traducción del italiano por Inma Álvarez]
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