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Escribo este artículo durante mi trayecto hacia Polonia para participar
en el IV Congreso Mundial de las Familias, el que
tendrá lugar en Varsovia este fin de semana. El PRI
es co- patrocinador de este evento y espero hablar sobre
“Promoción y Protección a las Familias Numerosas”. ¿Qué decirle a
los polacos y a todos los allí reunidos, muchos de
los cuales vienen de países donde las familias ya son
pequeñas y siguen reduciéndose?
Lo primero que les diré será esto:
Ningún gobierno de un país cuyo índice de natalidad ha
caído significantemente por debajo del índice de reemplazo jamás ha
tenido éxito en lograr remontar nuevamente su índice de fertilidad.
Una vez que el índice de natalidad baja hasta lo
que la División de Población de las Naciones Unidas llama
“muy baja fertilidad”, ninguna combinación de políticas gubernamentales y subsidios
parecen ser suficiente para revertir el índice de natalidad. ¿Por qué
el problema se ha mostrado tan insuperable hasta la fecha?
La
mayoría de los observadores simplemente concluyen que este fenómeno es
debido a que los gobiernos no han hecho lo suficiente:
Consolidando las políticas favorables a la vida e incrementando los
subsidios gubernamentales a las mujeres embarazadas, el problema se resolvería.
Creo que esta posición, a pesar de parecer muy razonable,
es fundamentalmente perversa. Al examinar de cerca estas políticas y
subsidios se puede entender que, en su efecto sobre la
fertilidad son auto limitantes e incluso autodestructivas.
Muchos países europeos
han tenido desde siempre políticas y programas con el propósito
de aumentar el índice de natalidad compensando algunos de los
costos y consecuencias de la maternidad. Estas políticas incluyen: 1. Un bono
por vez: el gobierno provee a los padres con una
cantidad fija de dinero, como en Rusia, donde cada familia
recibe un bono de $9600 luego del nacimiento de su
segundo hijo y así de cualquier hijo subsiguiente.
2. Un programa de
licencia paternal, que permite que los padres dejen de trabajar
después del nacimiento de un hijo, así como en Suecia
donde cualquiera de los padres (sea el padre o la
madre) puede tomar 480 días de licencia paternal con la
garantía de poder regresar a sus trabajos después.
3. Un subsidio gubernamental
para un período de tiempo, frecuentemente unido al programa de
licencia paternal, así como en Suecia, donde la madre puede
recibir el 80% de su salario durante el período de
licencia.
4. para cuidar a los bebés de edad pre escolar, tal
como sucede en Francia y en Suecia.Los centros de guardería
impulsados por los gobierno
5. Pequeños subsidios mensuales para instituciones que cuidan
de los niños, llamadas, en países de habla alemana, “Kindergeld”.
¿Por
qué ninguna de estas políticas han tenido éxito?
Primero, estas políticas
ignoran las dinámicas de la familia natural, la que consiste
en un padre, una madre y sus hijos biológicos y
adoptados. Más bien han optado por políticas de género o
neutras en relación al matrimonio. El programa alemán, induce a
que los padres dejen sus trabajos por períodos largos, dañando
sus perspectivas profesionales e indudablemente creará a largo plazo costes
financieros para las familias. Los padres trabajan más duro en
la medida que más hijos tienen; este fenómeno debe ser
alentador, no desalentador. Como el Papa Juan Pablo II, el
Grande, enfatizaba, “El trabajo fue hecho para el hombre, mas
no el hombre para el trabajo” Esas parejas que, por razones
de convicciones religiosas o satisfacción personal, deseen tener familias numerosas
más allá de la promedio deben ser alentados, puesto que
están proveyendo al futuro de lo más fundamental: la futura
generación.
Segundo, estas políticas son excesivamente igualitarias. Buscan alentar a todas
las parejas a tener un hijo más. Pero dado que
las parejas varían ampliamente en sus deseos de cuántos hijos
tener, la atención se debe centrar en permitir adecuadamente que
las parejas alcancen el número de hijos que deseen. Esas
parejas que, por razones de convicciones religiosas o satisfacción personal,
deseen tener familias numerosas más allá de la promedio deben
ser alentados, puesto que están proveyendo al futuro de lo
más fundamental: la futura generación.
Tercero, estos subsidios dados por el
gobierno son muestra del improductivo uso del dinero de los
impuestos. Estudios realizados en los Estados Unidos han mostrado que
el gobierno es un consumidor muy ineficiente pues sólo es
capaz recuperar 30 centavos del valor de cada dólar que
gasta. Es por esta razón que en los Estados Unidos
se han privatizado los servicios de recojo de basura y,
en algunos estados, las prisiones. Tomar el 50% de las ganancias
de las parejas con hijos y luego regresárselos como subsidios
del gobierno no es sólo ineficiente, sino que también desalienta
el sentido de responsabilidad individual y la iniciativa que es
necesaria para tener familias sólidas y una saludable fecundidad.
Como cuarto
y último motivo, estas políticas fallan en aliviar la carga
financiera de la familia, que al saber, es producto de
las altas tasas de impuestos. Mientras que Estados Unidos grava
brutalmente un tercio de los ingresos de los ciudadanos, los
gobiernos europeos consumen la mitad. Reducir los ingresos disponibles de
las parejas jóvenes tiene un tremendo y negativo impacto en
la fecundidad.
El estado socialista moderno –proporcionando el aborto a
demanda, financiando la anticoncepción y la esterilización, fracturando la intergeneracional
dependencia de la familia, adoptando políticas “de igualdad de géneros”
que minan la complementariedad que existe en el corazón de
los matrimonios exitosos – inexorablemente refrena la fecundidad. Con cuanta
razón a mi viejo amigo Julian Simon le encantaba remarcar:
todavía los seres humanos somos el recurso primordial, el único
recurso sin el cual no podemos vivir. No podemos continuar
consumiendo más de este recurso que nosotros mismos producimos. De
otro lado, no sólo los fondos de pensiones sino la
economía entera colapsará, primero en Europa, luego en Canadá y
Japón y finalmente también en los Estados Unidos.
La solución
--les diré a los polacos y a los otros europeos--
no se encuentra en tener más programas del gobierno, subsidios
o centros de guarderías, sino en proteger a las parejas
de la demanda voraz del gobierno por sus ingresos.
El modelo
de los Estados Unidos
En los Estados Unidos, hemos tomado un
modelo fundamentalmente diferente al de Europa. En lugar de buscar
primariamente que los subsidios del gobierno resuelvan la escasez de
nacimientos, hemos buscado proteger completamente a las parejas jóvenes de
los impuestos del gobierno. Tanto la “deducción de impuesto sobre
la renta de dependientes” y el “crédito al impuesto del
niño dependiente” han ayudado a disponer de un 20% más
de sus ingresos a las parejas con hijos, especialmente a
aquellas que están en el más bajo sector de impuestos.
Como consecuencia, el índice de nacimiento de los Estados Unidos
ha aumentado y llegado a ser igual al índice de
reemplazo.
Por supuesto, sería mucho mejor si el índice de nacimientos
fuera más alto aún. El sistema de los Estados Unidos
no ha ido suficientemente lejos, puesto que las parejas con
hijos no están protegidas de todos los impuestos, simplemente de
parte del impuesto sobre la renta. Aún están obligados a
pagar el mismo nivel de impuestos por asistencia social que
sus similares que no tienen hijos, quienes son los que
más provecho le sacan al sistema. Eso debería cambiar. Aquellos
que crían - a un alto costo - a los
futuros contribuyentes, no debieran pagar impuestos.
Una de los objetivos
del Population Research Institute y de organizaciones similares en los
Estados Unidos es proteger a parejas de clase media con
tres o más hijos menores de edad de ambos impuestos:
el impuesto a la renta y a la seguridad social.
Protegidos de estos impuestos federales, el ingreso familiar podría incrementarse
al punto en el que más madres podrían quedarse en
casa y cuidar a sus hijos. Indudablemente algunos países podrían elegir
hacer algo así, dado que las encuestas realizadas en los
Estados Unidos muestran que muchas mujeres que trabajan preferirían quedarse
en casa con sus hijos. Las mujeres jóvenes manifiestan el
deseo de tener en promedio 2.5 hijos, significativamente más que
el 2.1 en promedio que han manifestado querer las mujeres
en edad reproductiva. Permitir a las mujeres actuar de acuerdo
a sus preferencias en cuanto al número de hijos que
desean podría incrementar aún más la fecundidad. Y de esa
manera crearíamos más del vital e irremplazable capital humano.
Si una
política similar se adoptara en Europa, el efecto podría ser
incluso mucho más impactante. Eliminando los impuestos más onerosos se
podría duplicar el ingreso efectivo de los padres de familia
con tres o más hijos.
Ésto no será fácil. Cualquier política
que busque reforzar la familia y aumentar el índice de
nacimientos sólo recibirá un tibio apoyo de los políticos de
centro derecha. Es difícil para quienes están en el gobierno
–quienes están acostumbrados a proponer y a proporcionar soluciones del
gobierno a los problemas—entender que, donde se tocan temas de
fecundidad, el gobierno es el mayor problema.
Debemos buscar proteger
a las parejas jóvenes, las que son tradicionales por propia
decisión, de la invasión del reino de Leviathan, porque ellas
son nuestro futuro.
En América Latina puede contactarse con:
Carlos Polo Samaniego Director
de la Oficina de América Latina Correo Electrónico: carlospolo@lapop.org Teléfono: (511) 7196147
Jhenny
Hurtado Oré Encargada de publicaciones Correo Electrónico: jhenny@lapop.org |