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Jason Baier habla con regularidad a un pequeño niño que
él llama Jamie. El imagina a este niño –
su hijo – con cabello rubio y ojos azules, grandes
mejillas y una dulce sonrisa.Pero él nunca podrá estar seguro.
La
hermana de su novia le comentó del aborto después de
que había terminado. Baier recuerda que él lloró.
Las próximas semanas y meses están en negro. El
sabe que tomó demasiado. El y su novia pelearon
hasta que rompieron. “Odio al mundo”, dijo él.
Baier,
de 36 años, todavía suspira por el niño que podría
haber nacido, con una intensidad que lo desconcierta: "¿Cómo pude
perder algo que ni siquiera llegué a sostener?"
En estos días,
él canaliza su dolor siendo activista en un movimiento floreciente
de “hombres post-aborto”. El aborto normalmente se muestra como
un asunto femenino: su cuerpo, su opción, su alivio o
su arrepentimiento. Este movimiento nuevo – tanto político como
profundamente personal en su naturaleza – sostiene que el pronombre
está completamente equivocado.
"Nosotros abortamos," dijo Mark B. Morrow, un consejero
Cristiano. "Yo he tenido abortos".
Morrow conversó con más de 150
activistas antiaborto reunidos recientemente en San Francisco para lo que
fue referido como la primera conferencia nacional relacionada con los
hombres y el aborto. Los participantes – principalmente consejeros
y clérigos – estuvieron escuchando por dos días charlas sobre
tópicos como "Medicando el dolor de la pérdida de la
paternidad” y "Terapia del Perdón para Hombres Posterior al Aborto".
La
sesión más destacada puso de relieve el testimonio de hombres
cuyas parejas habían abortado. Baier, quien actualmente vive en
Phoenix, dijo a los asistentes que él sufrió años de
depresión y adicción. "No podía quitarme el pensamiento de
la cabeza, acerca de lo que había perdido".
Desde que el
concepto del Síndrome Post-Aborto surgió a principios de la década
de los años 1980, algunas mujeres han hecho un recuento
de historias similares – y han aprendido como apalancarlas dentro
del poder político. Ellas hablan en Audiencias Legislativas y
en manifestaciones organizadas por la Campaña de Concientización No Más
Silencio (Silent No More Awareness Campaign). Han escrito declaraciones
juradas detallando sus años de tormento emocional, las cuales la
Fundación de Justicia, un grupo conservador privado de apoyo legal,
presenta a los creadores de leyes y a las cortes,
a nivel nacional.
La primavera pasada, la Corte Suprema citó estos
recuentos como una de las razones para prohibir el procedimiento
de término tardío, que los opositores llaman aborto de nacimiento
parcial (“partial-birth” abortion). La opinión de la mayoría sugirió
que esta prohibición protegería a las mujeres de una decisión
de que posteriormente podrían arrepentirse.
El testimonio de las mujeres también
fue utilizado para justificar una prohibición al aborto directo en
el 2006, en Dakota del Sur (los votantes cambiaron la
prohibición antes de que ésta entrara en efecto).
"Es una regla
que si Usted quiere que una ley pase, debe contra
anécdotas para atrapar a las personas" indicó la Dra. Nada
Stotland, Presidente electo de la Asociación de Psiquiatras Americanos. Los
activistas Antiabortos han hecho esto bien, indicó ella. "Han
tenido éxito al convencer a mucho del público americano" de
que el aborto deja a las mujeres heridas.
Ahora, esos activistas
ven una oportunidad de expandir dramáticamente este mensaje.
La Fundación para
la Justicia ha estado solicitando recientemente declaraciones a los hombres;
un enlace en línea promete: "Su historia ayudará a los
esfuerzos legales para terminar con el aborto". La Fundación
No Más Silencio anima a los hombres a testificar en
las manifestaciones.
El terapeuta Vincent M. Rue, que ayudó a desarrollar
el concepto del trauma post-aborto, realice un estudio en línea
que solicita a los hombres a verificar síntomas (tales como
irritabilidad, insomnio e impotencia) que ellos consideran están sufriendo como
el resultado de un aborto. Una vez que los
hombres sean reconocidos como víctimas, indica Rue, "hará que la
sociedad cambie".
Aquellos que apoyan el derecho al aborto ven esta
última movilización con recelo: si las anécdotas de las mujeres
afligidas pueden conmover a la Corte Suprema, ¿qué podría alcanzar
el testimonio del dolor de los hombres?
"Potencialmente, ellos podrían cambiar
el debate por completo," indicó Marjorie Signer de la Coalición
Religiosa para la Elección Reproductiva (Religious Coalition for Reproductive Choice),
un grupo de varias denominaciones que apoyan el derecho al
aborto.
El concepto de trauma post aborto se disputa con vehemencia.
Muchos estudios publicados en varias revistas médicas (revisadas por
paneles médicos), sugieren que las mujeres que han tenido abortos
están más propensas a la depresión o el abuso de
drogas. Pero la investigación no prueba la causa/efecto,
indica Stotland.
Esto podría ser, indica ella, que las mujeres que
han tenido abortos son más inestables emocionalmente, en primer lugar.
El aborto es una de las cirugías más comunes
en el país, con más de 1 millón realizadas al
año; mientras que algunos de los que se realizan el
procedimiento llegan a arrepentirse, los doctores indican que no llegan
a ver una epidemia de traumas tanto en hombres como
en mujeres.
Pero los activistas que lideran el movimiento masculino
establecen claramente que ellos no se basan en estadísticas para
establecer su caso. Cuentan con el poder de las
lágrimas de los hombres.
"La verdad vivida por la experiencia de
las personas es muy difícil de desestimar", indicó Vicki Thorn,
quien realiza consejería post-aborto para la Iglesia Católica. "Es
hora de que nosotros. . . aseveremos cuál es el
dolor que los padres sienten".
Morrow, el consejero, describió su arrepentimiento
de la siguiente forma: primero como una sospecha en su
mediana edad – más de una década después de que
embarazara a tres novias (una de ellas en dos ocasiones)
en una rápida sucesión a finales de la década de
los 1980. Todos los cuatro embarazos terminaron en abortos.
Años
después, cuando su esposa le dijo que estaba embarazada, "de
inmediato me di cuenta de que tenía cuatro hijos muertos",
indicó Morrow, de 47 años, que vive cerca de la
localidad de Erie, en Pensilvania. "No le había dedicado
ni un solo pensamiento. Ahora, todo se me ha
venido de un momento a otro – mira lo que
has hecho".
Unos meses después, Morrow contactó a la ex-novia que
había abortado dos veces. Se reunieron y oraron juntos,
buscando paz. Después de que terminaron, ella derramó su
ira en una carta: "Ese largo día que nos sentamos
en esa clínica dejada de Dios, tenía la esperanza de
que tu te levantaras y dijeras ‘No podemos hacer ésto’.
. . pero no le hiciste".
Aun los que apoyan el
aborto reconocen que los hombres pueden beneficiarse de la consejería
cuando ellos y sus parejas tienen que lidiar con un
embarazo no deseado. El sociólogo Arthur Shostak, ha entrevistado
a miles de hombres que esperan en clínicas abortistas; aun
y cuando ellos tratan de proyectar fuerza para ayudar a
sus parejas en la odisea, muchos le indicaron que
ellos se sentían impotentes, ansiosos y solos. Algunos soñaban
acerca de los hijos que nunca conocerían.
Shostak animó a las
clínicas a acercarse a éstos hombres. Pero ve los
movimientos de los activistas con alarma.
Los reclutadores usualmente rondan los
retiros espirituales, grupos de apoyo y bíblicos que buscan sanar
el trauma post-aborto. A los hombres se les exhorta
a pensar en ellos como padres, a ponerle nombre –
y pedirle perdón – al niño que podrían haber criado,
si sus parejas no hubieran abortado.
En un retiro, a los
hombres se les solicita que dibujen a sus hijos e
hijas bailando en un prado soleado a los pies de
Jesucristo. "Ellos atraen hombres que pueden tener cierta ambivalencia, posiblemente algo
de culpa, y ellos exacerban estos sentimientos", indicá Shostak.
Chris Aubert,
una abogado de Houston, sentía unicamente indiferencia en 1985 cuando
una novia le dijo que estaba embarazada y que planeaba
abortar. Cuando ella le preguntó si quería venir a
la clínica, él le dijo que no podía; él jugaba
softball los sábados. Le dejó un cheque por $200
debajo de su puerta y nunca más habló con ella.
Aubert,
de 50 años, estaba igualmente despreocupado cuando otra novia tuvo
un aborto en 1991. "Me era completamente irrelevante", indicó.
Pero años después, Aubert experimentó una sensación de intranquilidad
creciente. El y su esposa estaban susurrando acerca del
ultrasonido de su primer bebé cuando finalmente lo golpeó --
"desde lo más profundo de mi estómago" dijo – que
el aborto estaba mal.
Desde ese momento, Aubert se convirtió al
Catolicismo. Su esposa y él tienen cinco niños y en
algunas ocasiones, él protesta frente a clínicas abortistas. De
vez en cuando, sin embargo, Aubert se pregunta: ¿Y qué
hubiera sucedido si su primera novia no hubiera abortado?
¿Cómo sería su vida diferente?
Probablemente, hubiera experimentado un matrimonio sin
amor y, probablemente, un divorcio triste. Hubiera estado atado
a dar apoyo a sus hijos mientras trataba de crear
su práctica legal. Probablemente, nunca hubiera conocido a su
esposa. Sus hijos - Christine, Kyle, Roch, Paul, Vance
– probablemente no existirían.
"No tendría las bendiciones que tengo ahora",
indicó Aubert. Así pues, decía, de cierta forma los
dos abortos facilitaron su felicidad futura.
"Esto es un debate intelectual
que tengo conmigo mismo", indicó. "Lucho con ello".
Al final, dice
Aubert, su objeción moral siempre gana. Si pudiera devolverse
en el tiempo, el trataría de salvar a estos bebes.
¿Pero
estarían de acuerdo sus novias de aquel entonces? ¿O
pensarían ellas también que los abortos fueran una opción para
una mejor vida?
Aubert se ve sobresaltado. "Nunca había pensado acerca
de ello desde el punto de vista de la mujer",
dijo lentamente.
"Desde un punto de vista, si, probablemente ella
habría tenido educación, se hubiera casado con un gran tipo,
tenido seis hijos y todo sería de maravilla ahora", dijo.
Pero tampoco cree que sería tan poco complicado.
"Podría molestarle cada 20 años o cada cinco años o
todos los días, pero es una herida".
El no ha conversado
con ninguna de sus exnovias, pero indica que puede imaginarse
lo que ellas sienten, ya que él sabe muy bien
cómo le han afectado los abortos. El nunca sufrió
las pesadillas que los otros hombres describen, o los llantos
desgarradores, el abuso de drogas o el odio a si
mismos. Sin embargo, él sabe que se encuentra sucio.
"Tengo esta mancha en mi alma", indica Aubert, "y siempre
estará ahí".
Tiene la esperanza de organizar una sección de padres
en la marcha del mes de marzo en Washington, en
protesta por el 35 aniversario de la Roe vs. Wade,
el fallo de la Corte Suprema que legalizó el aborto.
Aubert
imagina a cientos de hombres orando, cantando – y blandiendo
pancartas que digan: "me arrepiento de mi aborto".
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