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Autor: Provida Valencia | Fuente: Provida Valencia El síndrome silenciado: después de un aborto
Millones de mujeres y hombres sufren solos porque éste es un problema ignorado y que se mantiene invisible
El síndrome silenciado: después de un aborto
Fran Barcia. Lisboa. “El bebé llora desconsoladamente. La madre lo
busca por todas las habitaciones de la casa, pero no
lo encuentra. Ésta es una de las pesadillas más recurrentes
de las mujeres que padecen el trauma del aborto”, afirmó
ayer la psicóloga estadounidense Priscilla Coleman, profesora en la Universidad
Bowling Green State de Ohio (EEUU) y una de las
investigadoras más prestigiosas del mundo en este tipo de trastornos
mentales.
Lisboa reunió ayer a psiquiatras, psicólogos, pediatras y otros especialistas
estadounidenses y europeos para debatir el impacto del aborto en
la salud de la mujer, en una iniciativa promovida por
la Asociación Mujeres en Acción. Los expertos coincidieron en afirmar
que estas secuelas son silenciadas por los políticos, los medios
de comunicación e incluso por muchos profesionales del sector.
“Millones
de mujeres y hombres sufren solos porque éste es un
problema ignorado y que se mantiene invisible. En el síndrome
post aborto, el bebé ha muerto, pero continúa en el
cerebro unido a la madre”, explicó Vincent M. Rue, codirector
del Institute for Pregnancy Loss, una entidad sin ánimo de
lucro de Jacksonville (Florida, EEUU) que se dedica a la
investigación y el tratamiento. Según Priscilla Coleman, autora de decenas
de artículos sobre la materia, el 35% de las mujeres
estadounidenses de 45 años ha abortado al menos una vez
en su vida. Y cada año se practican 1,3 millones
de abortos en Estados Unidos, “que provocan 260.000 nuevos casos
de problemas de salud mental”. Más de un 20%. Dificultad para
concentrarse, depresión, ansiedad, baja autoestima, problemas con el sueño, el
sexo y el apetito, dolores de cabeza, fatiga, pesadillas, falta
de comunicación con la familia y los amigos, fobias, estrés…
Éstas son algunas de las secuelas más comunes.
“Pero se puede
llegar a la psicosis depresiva, el desorden bipolar, la depresión
neurótica y la esquizofrenia”, añade Coleman. La tentativa de suicidio
es una consecuencia muy inquietante. De acuerdo con Rue, estos
pacientes tienen seis veces más posibilidades de suicidarse y, también,
lo intentan más veces que las personas que sufren otros
casos de ansiedad. Para Rue, el aborto es “un acto
humano intencionalmente provocado, que está relacionado con una experiencia de
muerte”. Al tratarse de un “acontecimiento traumático”, sus efectos son
“serios y duraderos”. Más del 50% de los pacientes tiene
problemas crónicos a lo largo de su vida, de acuerdo
con Rue, que en 1981 contribuyó con la primera evidencia
clínica del trauma post-aborto.
La conferencia puso el dedo en una
de las llagas de este asunto: muchos minimizan o ignoran
las consecuencias que provoca la interrupción voluntaria del embarazo en
una mujer. Coleman no dudó en referirse a los poderosos intereses
económicos de la industria pro aborto y lamentó que las
asociaciones profesionales hayan obviado este problema. Rue, por su parte,
criticó los argumentos de numerosos profesionales ante la magnitud de
un trauma que calificó de “políticamente incorrecto”: cada año, recordó,
se hacen 46 millones de abortos en el mundo. “No
existe documentación suficiente que demuestre que está libre de riesgos
mentales. No hay evidencias creíbles sobre los beneficios mentales de
abortar”, dijo. Estos expertos estadounidenses afirmaron que los pacientes rompen el
“puente interpersonal”, en su intento de ignorar una experiencia sumamente
dramática. Los familiares se convierten en extraños. Los otros son
“despersonalizados”. Se produce una quiebra en la confianza. Las consecuencias
son la “estigmatización” y el aislamiento.
Como apuntó Rue, las personas
que padecen este trauma se enfrentan a “fuerzas internas opuestas”:
tienen urgencia por desvelar su secreto, pero quieren mantenerlo bien
escondido; refuerzan el sentimiento de vergüenza, pero también el de
libertad; la destrucción del niño se opone al deseo de
recuperarlo.
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