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Autor: Fernando Pascual Daños de la píldora del día después
La anticoncepción de emergencia provoca daños enormes
Daños de la píldora del día después
La anticoncepción de emergencia provoca daños enormes. Porque bajo esta
fórmula engañosa (“anticoncepción de emergencia”), especialmente con el recurso a
la píldora del día después, se esconde la búsqueda no
sólo de impedir la concepción, sino de destruir la vida
del hijo si ya hubiese iniciado a existir.
Hay mujeres que,
después de una relación sexual, recurren a estos métodos porque
tienen miedo de iniciar el embarazo. Pero al actuar así
“disparan” de un modo indiscriminado contra todo lo que pueda
ocurrir en su cuerpo.
Este modo de actuar provoca da_os enormes.
Ahora sólo queremos poner en evidencia tres.
Promover un uso menos
responsable la sexualidad.
La sociedad moderna ha logrado que millones
de hombres y mujeres vivan las riquezas presentes en la
propia sexualidad fuera de su contexto plenamente responsable. Porque tener
relaciones sexuales no es simplemente un juego, ni un normal
acto de ternura, ni una expresión de amistad pasajera. Es
mucho más, pues implica a dos personas que, desde su
fecundidad, se dan plenamente el uno al otro y quedan
así abiertos a la posible llegada de un hijo. Ese
darse plenamente sólo es correcto en un compromiso completo, en
el matrimonio, y con la actitud responsable de quienes están
dispuestos a acoger, cuidar y amar a los hijos que
puedan ser concebidos desde el amor de los esposos.
Si el
sexo es vivido fuera de su sentido profundo, se cae
en un sinfín de deformaciones. Una de ellas consiste en
considerar al otro o a la otra simplemente como objeto
de placer, o como cómplice en la búsqueda de mi
placer. Otra consiste en ver la vida sexual como algo
desligado del matrimonio, cosa que ocurre tristemente en tantas personas
que aceptan la fornicación o el adulterio como si así
no cometiesen ninguna falta grave. Otra lleva a una mentalidad
antivida, a través del uso de una serie de métodos
que “aseguren” que el hijo no llegará nunca a existir,
o que si empieza a vivir será eliminado cuanto antes.
Destruir
en el seno de sus madres a sus hijos
Aquí
radica el segundo daño de la anticoncepción de emergencia: el
que se busque destruir en el seno de sus madres
a sus hijos.
Es cierto que la mayoría de las veces
la anticoncepción de emergencia no actúa sobre un embrión, porque
no todas las relaciones sexuales permiten que inicie una nueva
vida humana. Pero también es cierto que en muchos casos
sí se ha dado la concepción, y entonces la píldora
del día después (u otros métodos) condenan al embrión a
una muerte silenciosa y oculta, pero no por ello menos
muerte ni menos injusta.
Lo anterior lleva, precisamente, a un tercer
daño: la angustia y la duda en la que puede
vivir una mujer después de haber recurrido a estos métodos.
¿Cómo saber si el uso de la píldora del día
después provocó la muerte de un hijo, o no tuvo
mayores consecuencias? La duda queda anclada en el corazón de
muchas mujeres que, por no confiar en Dios y por
no abrirse al respeto y cariño que merece cada hijo,
“dispararon” un día contra sus cuerpos sin saber con certeza
si estaban matando o no a un hijo muy pequeño.
Peligro
para la salud de la mujer
Quedan otros daños que
podrían señalarse sobre la píldora del día después, como los
peligros para la salud de la mujer, que “bombardea” su
cuerpo con sustancias que buscan que el organismo no funcione
bien. Pero el daño más profundo, el más grave, el
que puede dejar secuelas días, meses, y años, es esa
duda, esa incerteza que puede asomarse una y otra vez:
¿habré matado a mi hijo?
Con una educación seria y objetiva
al amor y a la responsabilidad, la anticoncepción de emergencia
dejará de ser un producto tristemente famoso en el mercado.
En su lugar, habrá más jóvenes valientes y decididos a
tomar en serio el amor y a evitar relaciones sexuales
antes del matrimonio. Habrá esposos que vivirán su entrega mutua
no con miedo al hijo, sino con esperanza para que,
si Dios así lo quiere, ningún pequeño sea excluido en
la casa de sus propios padres. Habrá compañías farmacéuticas dedicadas
a servir a la vida y a ayudar a la
maternidad, y no orientadas a la muerte de los embriones.
Habrá, en definitiva, un mundo más justo y, sobre todo,
más decidido a amar, a acoger, a servir a quienes
llenan de alegría nuestra tierra maravillosa: a los hijos, que
son también hijos amados por el Dios de la vida.
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