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Autor: P. John Flynn, L. C | Fuente: Catholic.net El embrión, mucho más que un puñado de células
Dos filósofos sostienen en «Embryo: A Defense of Human Life» («Embrión: una defensa de la vida humana) (Doubleday), que el estatus de ser humano tiene su inicio en el momento de l
El embrión, mucho más que un puñado de células
Continúa el debate sobre el uso de material tomado de
embriones humanos para la investigación con células madre. Los defensores
de su uso mantienen que en esas primeras etapas, las
células no pueden considerarse una persona humana. Un libro reciente
de dos filósofos sostiene lo contrario.
Robert P. George, que es
también miembro del Consejo de Bioética del Presidente de Estados
Unidos, y Christopher Tollefsen, evitan en el volumen los argumentos
de trasfondo religioso y se basan en una serie de
principios científicos y filosóficos a favor del estatuto humano del
embrión. En «Embryo: A Defense of Human Life» («Embrión: una
defensa de la vida humana) (Doubleday), sostienen que el estatus
de ser humano tiene su inicio en el momento de
la concepción.
El libro comienza contando la historia de un chico
llamado Noah, nacido en enero de 2007. Fue rescatado, junto
con otros embriones congelados, del desastre que sacudió Nueva Orleáns
en el 2005. Se salvó la vida de Noah --una
vida humana--, apuntaban George y Tollefsen, la misma vida que
más tarde fue implantada en un útero y posteriormente nació.
Un
embrión humano, proseguían, es un miembro vivo de la especie
humana incluso en sus primeros momentos de desarrollo. No es
ningún otro tipo de organismo animal, ni un cúmulo de
células que más tarde sufrirá una transformación radical. Salvo que
tenga lugar algún trágico accidente, el ser en la etapa
embriónica progresará hasta la etapa fetal y seguirá avanzando en
este desarrollo.
El punto en cuestión, según los autores, es en
qué momento podemos identificar un sistema biológico único que ha
comenzado el proceso para llegar a ser un ser humano
maduro. Este momento decisivo, sostienen, tiene lugar en la concepción.
Algunos expertos médicos creen que tiene lugar poco después, con
la formación de los cromosomas unidos del esperma y el
óvulo. En cualquier caso, continúan George y Tollefsen, existe un
amplio acuerdo entre los embrionólogos de que, al final, un
nuevo individuo humano comienza a existir una vez que se
forma la estructura cromosómica.
Sostienen que hay tres puntos clave a
tener en cuenta cuando se considera el estatus humano del
embrión.
-- Para empezar, es distinto de cualquier otra célula de
la madre o del padre.
-- En su componente genético, es
humano.
-- Es un organismo completo, aunque inmaduro, y a no
ser que se lo impida la enfermedad o la violencia,
se desarrollará hasta su etapa madura de ser humano.
Por consiguiente,
destruir embriones humanos, incluso en una etapa temprana, para obtener
células madre para investigación o tratamiento médico es dar una
licencia para matar a cierta clase de seres humanos para
beneficiar a otros.
No sólo ciencia
Frente a esta situación, George y
Tollefsen rechazan la postura de que deberían ser los científicos
los únicos que determinen qué hacer en sus actividades científicas.
El problema con el tema de las células madre de
embriones es que el camino de la tecnología ha ido
por delante del debate sobre la naturaleza y valor de
los embriones humanos, sostenían los autores.
Oponerse a tales investigaciones no
es nos coloca en la clásica situación de ciencia contra
religión, afirman. Oponerse a la destrucción de vida humana en
sus etapas iniciales no tiene que ver con principios religiosos,
ni con creer que la vida esté revestida de un
alma, añade el libro.
La razón meramente filosófica es suficiente para
guiarnos en la determinación de lo que es éticamente lícito
hacer con los embriones humanos. En este sentido, defender los
derechos del embrión es igual que defender a la gente
contra la discriminación injusta, sostienen George y Tollefsen.
Admiten que hay
filosofías morales diferentes. Una teoría a descartar es el consecuencialismo,
que nos lleva a la postura de que deben sacrificarse
algunos seres humanos por un bien mayor.
George y Tollefsen encuentra
su posición ética en la teoría de la ley natural,
que lleva a la conclusión de que es moralmente malo
dañar o destruir un bien humano básico. Si, por tanto,
un científico está buscando una cura para alguna enfermedad, pero
el método utilizado deliberadamente destruye vida humana, entonces no es
lícito.
El derecho humano básico, de hecho, en lo que están
de acuerdo de todos los teóricos de la ley natural,
es que una persona inocente no debe ser asesinada o
mutilada directamente. La capacidad del ser humano de razonar y
elegir libremente nos da una dignidad superior a otros seres
vivos. Un ataque a la vida humana es, en consecuencia,
un ataque a la dignidad humana, sin importar la edad
o etapa de desarrollo de la víctima, concluyen los autores.
Personas
Uno
de los capítulos del libro trata la objeción de que,
aunque un embrión pueda ser humano no es, no obstante,
una persona y no tiene la misma dignidad y derechos.
George y Tollefsen replican que tal punto de vista es
una equivocación, puesto que cae en el error de considerar
que los seres humanos son inferiores a los demás en
base a sus características accidentales.
De hecho, continúan, negar el estatus
de persona basándose en la capacidad metal o en otros
parámetros de funcionalidad plantea muchos problemas. ¿Se nos permitirá matar
a los bebés recién nacidos, puesto que no son capaces
de llevar a cabo las funciones humanas básicas?
Por tanto, debemos
darnos cuenta de que una diferencia cuantitativa de capacidades no
es el criterio correcto para determinar los derechos, puesto que
sólo es una diferencia de grado. La verdadera diferencia está
entre los seres humanos y los demás animales no humanos,
una diferencia de clase radical. Así, el embrión es un
adulto en potencia en el mismo sentido en que lo
son los bebés, los niños y los adolescentes.
Los embriones ya
son, insisten, seres humanos, y no sólo potencialmente humanos. Además,
el derecho a la vida del ser humano no varía
según su etapa de desarrollo porque es el derecho fundacional
para la persona. «Es el derecho del que se predican
todos los demás derechos, y marca si un ser es
un ser con capacidad moral», continúan George y Tollefsen.
Falacia
Otro argumento
lleno de falacia es el que sostiene que los embriones
no merecen un estatus moral pleno porque un alto porcentaje
de ellos no logran implantarse en el vientre materno o
son abortados de forma espontánea. Los autores apuntan que es
una falacia naturalista, el suponer que lo que ocurre en
la naturaleza debe ser moralmente aceptable cuando lo causa la
acción humana.
La falsedad de este razonamiento es también evidente, apuntan
George y Tollefsen, cuando se considera que, históricamente, la mortalidad
infantil ha sido muy alta. En tal situación el hecho
de muchos bebés mueran no vuelve ético el que se
les asesine en beneficio de otros.
Otra línea de razonamiento utilizada
para defender la investigación con células de embriones es que
hay muchos miles de embriones congelados que quedaron descartados tras
los tratamientos de fecundación artificial, y que nunca tendrá oportunidad
de ser implantados y crecer hasta la madurez. Un científico
podría usar estas células para el bien de la investigación.
George
y Tollefsen replican diciendo que es manifiestamente injusto pedir que
una persona - en este caso un embrión - sacrifique
su vida de esta forma. «Los seres humanos tienen un
derecho moral a no ser asesinados de forma intencionada en
beneficio de otros», declaran.
También defienden que es un error condenar
a cientos de miles de vidas humanas a una suerte
de limbo congelado. Es necesario cuestionar el proceso de creación
y congelación de tales embriones, establecen los autores.
Necesitamos prestar atención
a su destino, recomendaban George y Tollefsen, no usando los
embriones como si fueran alguna clase de material biológico, sino
reconociendo su humanidad. Estos y otros argumentos convincentes del libro
lo hacen una lectura valiosa en un momento en el
que la ciencia corre el peligro de adelantarse a nuestro
razonamiento ético.
Si te interesa
ver el video sobre 12 semanas en el vientre materno
y el aborto click aqui.
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