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Autor: Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net Alternativas ante embarazos problemáticos
¿Qué alternativas existen cuando una adolescente no casada empieza un embarazo?
¿Qué alternativas existen cuando una adolescente no casada empieza un
embarazo? Para algunos, existen dos alternativas: tener el hijo, con
las diversas problemáticas que ello implica en la vida de
la adolescente; o provocar el aborto, que también conlleva secuelas
y consecuencias sumamente graves, sobre todo porque el aborto es
siempre un acto injusto que suprime la vida de un
hijo inocente.
Plantear así la cuestión es insuficiente. Porque existe una
tercera alternativa: dar al hijo en adopción. Si no queda
abierta esta puerta, muchas adolescentes sentirán que el mundo se
les viene encima ante un test positivo de embarazo, y
sufrirán presiones de todo tipo para que comentan el gesto
dramático de eliminar la vida del propio hijo.
En el horizonte
de esta temática, hay un punto que conviene no perder
de vista: siempre que inicia un embarazo nos encontramos ante
una nueva vida. Esa vida, ese hijo, existe desde un
padre y una madre. Serán dos personas muy jóvenes, quizá
no estarán preparadas para lo que significa atender a su
hijo, tal vez serán adultos abrumados por un sinfín de
problemas personales y laborales. En cualquier situación, no podemos olvidar
lo más importante: ha empezado a vivir un ser humano
indefenso, pequeño, pobre, que necesita ser acogido, ayudado y amado.
Por
eso, la sociedad está llamada a ofrecer ayudas concretas y
eficaces para asistir a las mujeres más jóvenes (y también
a las adultas), solteras o casadas, con o sin trabajo,
para que la noticia de un embarazo no se convierta
en una carrera contra reloj en la que muchos piden
algo sumamente injusto: el aborto del hijo. Al contrario, los
padres de familia, los amigos, los tutores, los ginecólogos, y
las diversas personas implicadas, pueden hacer mucho para dar una
nueva perspectiva a la situación.
Frente a quienes prefieren empujar a
las mujeres a abortos presentados en muchas ocasiones como algo
fácil y casi automático, hay que responder con una cultura
de la responsabilidad y del amor en la que nadie
pueda ser excluido, sobre todo si ese alguien es un
hijo pequeño, indefenso, en camino hacia ese día magnífico, siempre
magnífico, del nacimiento.
Esa cultura explorará caminos y abrirá posibilidades éticamente
válidas y, sobre todo, justas, para que la adolescente embarazada
o la mujer adulta pueda vivir con más serenidad y
paz los meses del embarazo, para que encuentre la mejor
manera de atender y cuidar a ese hijo que lleva
dentro de sus entrañas, para que sepa afrontar la situación
no como un peso, sino como una misión en la
que el amor y la esperanza permitan encontrar las mejores
alternativas para ella y para el hijo.
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