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La curación y reconciliación del tremendo crimen del aborto, debe
pasar por una penitencia. Normalmente los sacerdotes ofrecemos como penitencia
un proceso psicológico bastante efectivo, sobre todo donde tenemos agentes
pastorales o psicólogos pastorales (yo lo soy) para sanar…como católicos,
creemos en la medicina y en la psicología como medios
queridos por el mismo Dios… ¿por qué no?
Método para curarse
y reconciliarse
Primera etapa: rechazo. En el diálogo, el agente pastoral
debe hacer preguntas muy concretas sobre el aborto: qué se
vivió antes, durante y después de hacerlo; es conveniente que
ayude a la persona, cuando lo crea necesario, a recordar
todo, aunque le cueste. A la hora de valorar, debe
procurar no reducir el sufrimiento moral y psicológico, de modo
que la persona pueda expresar lo que ha vivido y
cómo lo ha vivido. Se habrá dado un gran paso
adelante si se adopta la terapia familiar, es decir, si
la mujer inicia su camino junto con el padre del
niño.
Segunda etapa: los padres toman conciencia de que su hijo
era una persona. Las mujeres montan a veces en cólera
contra sí mismas, contra el padre del niño, contra su
familia y contra Dios. Ven que los motivos que las
han llevado al aborto son miserables y desproporcionados con el
acto y sus consecuencias. El agente pastoral puede ayudarles a
que tomen conciencia del sentido que tiene su rebelión y
de las motivaciones subyacentes.
Tercera etapa: intentos de negociación o compensación.
El agente pastoral debe tratar de que los padres sean
conscientes de que los intentos –a menudo inconscientes- de quietar
importancia a la culpabilidad (por ejemplo, deseo de tener inmediatamente
otro hijo, de anticipar el matrimonio, de ser unos padres
modélicos, de adoptar un niño, de dar dinero, etc.) no
pueden cambiar el pasado, ni pueden resucitar al hijo, ni
hacer que revea indirectamente.
Cuarta etapa: sensación de vacío que lleva
a la depresión. Cuando los padres reconocen que su niño
ha muerto y que ya no pueden hacer nada, comienza
el proceso de curación. Caen en la cuenta de que
ya no conocerán nunca a su hijo. Por eso el
agente pastoral deberá convencerles –al contrario de lo que cabría
pensar- de que tienen pleno derecho a estar tristes, sentir
el vacío y deprimirse, animándolos a vivir estos sentimientos con
confianza y esperanza.
Quinta etapa: aceptación. La depresión empieza a decrecer
cuando los padres se sitúan ante su hijo. Este es
el momento de la aceptación que representa el final del
viaje hacia la curación y la reconciliación. Los signos se
ven cuando se dirigen a su hijo llamándolo “hijo mío,
hija mía”, se reconocen responsables de su muerte y piden
a Dios que lo acoja en su seno. Ahora el
agente pastoral puede invitarlesa que pongan un nombre a su
hijo, porque es un medio de reconocer que es una
persona y que ellos son sus padres. Puede proponerles también
que escriban una carta a Dios, a su hijo y
a sí mismos (ya que a muchas personas les es
difícil perdonarse y reconciliarse con el que ha compartido con
ellos la decisión de abortar) o un diálogo que recoja
el fluir de los sentimientos.
Finalmente, el agente pastoral debe
orar para conseguir la ayuda de la Gracia Divina. Durante
el proceso de curación, la oración es también indispensable para
ponerse en presencia de Dios, pues es el único que
pude lograr que la persona se reconcilie profundamente. Los sacramentos
de la penitencia, de la unción de los enfermos o
la eucaristía en recuerdo del niño, celebrados con otros cristianos
pueden ser un gran consuelo y constituir el final y
la recapitulación del largo camino de curación.
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