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Autor: Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net Aborto y mundo de la imagen
Duele, sobre todo, reconocer que la imagen no puede decir todo lo que pasa, todo lo que vive, todo lo que sufre y sufrirá una madre que decidió, o fue “obligada a decidir”, eliminar a su propio hijo antes de nacer
Quizá tienen razón quienes aconsejan y piden que no aparezcan
en público vídeos o fotografías que reflejen la realidad del
aborto procurado (ahora mal llamado “interrupción voluntaria del embarazo”).
Quizá tienen
razón, porque muchos no soportan ver una injusticia. Porque la
sangre hiere nuestros corazones. Porque pensamos que ese hijo pudo
haber vivido si alguien hubiera ofrecido alguna ayuda. Porque los
delitos parecen más crueles si son exhibidos en imágenes.
Sí, quizá
tienen razón, porque la sociedad no puede ver pasivamente la
destrucción de la vida de un ser indefenso. Porque los
fotógrafos y los técnicos de la imagen tienen derecho a
no usar de su saber para filmar un acto homicida.
Porque las páginas de internet y de la prensa ya
están atiborradas de violencia como para poner fotos y vídeos
de embriones y de fetos despedazados.
Duele ver, duele presenciar, duele
abrir los ojos ante la realidad del aborto. Duele, sobre
todo, reconocer que la imagen no puede decir todo lo
que pasa, todo lo que vive, todo lo que sufre
y sufrirá una madre que decidió, o fue “obligada a
decidir”, eliminar a su propio hijo antes de nacer.
Quizá algún
día las representaciones visivas del aborto sean prohibidas en el
mundo de la imagen (internet, televisión, revistas). Pero sólo tendría
sentido tal prohibición si también ese día todos los hombres
y mujeres de buena voluntad se comprometieran seriamente para ayudar
a las madres en su maternidad, para defender la vida
de sus hijos, para terminar con la violencia del aborto,
para cancelar las leyes que lo hacen posible y lo
fomentan.
Será, entonces, un día hermoso, porque desde ese momento miles
de niños que hasta entonces dejaban de existir por culpa
del aborto tendrán ahora la oportunidad de nacer, de jugar,
de reír y llorar, de decidir su futuro. Podrán saber
lo maravilloso que es ser amados y amar, y lo
hermoso que es poder decir gracias a quienes les apoyaron
al ayudar a sus madres durante los meses de embarazo
y en los primeros años de su existencia terrena.
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