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Autor: Fernando Pascual | Fuente: Catholic net Violación y aborto: ¿solución o chapuza criminal?
Cada niño fruto de una violación merece ser acogido con solidaridad y con amor.
Violación y aborto: ¿solución o chapuza criminal?
Son constantes las noticias de violaciones. Se producen lejos, en
guerras como la de los Balcanes o las de Africa.
O cerca, por culpa de borracheras o de la prepotencia
de algunos hombres que buscan el placer del modo más
injusto y salvaje que uno pueda imaginar.
Conviene no olvidar nunca
que la mujer violada ha recibido una agresión no sólo
en su cuerpo. Ha sido pisoteada, quizá de un modo
radical, en su dignidad, en su honor, en su libertad,
en su condición femenina, en sus derechos. Ha sido herida
como mujer y como persona, como joven o como adulta,
quizá incluso como niña o adolescente. Su herida es la
herida de toda una sociedad, una sociedad que se siente
enferma, incapaz muchas veces de detener y castigar la violencia
de quien, por la fuerza, viola y abusa de los
demás.
Ante tanto desorden, toda la sociedad debería reaccionar. No puede
quedar sin castigo el violador, porque su culpa ha herido
a la víctima en lo más profundo de su ser.
No puede quedar sin asistencia la mujer violada, necesitada muchas
veces de apoyo familiar, psicológico, incluso tal vez médico, después
de todo lo que se ha hecho no con su
cuerpo, sino con ella... No puede quedar indiferente un estado
civilizado ante su dolor, incluso ofreciendo, cuando haga falta, la
ayuda material o económica que sea necesaria. Pero lo principal
será siempre un apoyo que consista en cariño, solidaridad, respeto
y justicia.
¿Y qué hacer cuando tras la violación empieza un
embarazo? Algunos pueden creer que la mujer no tiene “derecho”
(mucho menos, “deber”) a aceptar un niño impuesto por la
fuerza. Otros llegan a decir que, en esos casos, sería
justificable el aborto: ese niño es un recuerdo continuo del
agresor (convertido ahora en padre) que martillea el corazón y
el mismo vientre de la víctima...
Pero el aborto, si lo
miramos con objetividad, no puede ser ni será nunca una
solución a la violación. Si las consecuencias de la agresión
no pueden desaparecer con unas palabras de aliento ni con
medicinas tranquilizantes, tampoco desaparecerán si se añade a la violación
un nuevo acto criminal, si se añade sangre a la
sangre...
Sí: el niño concebido en un aborto ha sido impuesto
a la fuerza, pero es un ser que merece todo
el respeto de la ley y de cualquier estado democrático.
No sólo eso: para la mujer violada es y será
siempre su hijo. Ha llegado a ser madre contra su
voluntad. Pero el origen criminal y salvaje de esa maternidad
no quita la dignidad de la mujer que empieza esa
aventura de 9 meses con la que cada hombre inicia
su existencia en el mundo. Más aún: la mujer violada
que acepta su maternidad grita al mundo que, frente a
la injusticia salvaje y baja del violador, la vida vale
infinitamente más, y que será defendida con su amor y
con su entrega.
Tal vez, su aceptación generosa pueda ser
el inicio de la superación del trauma sufrido: está venciendo
con amor el gesto salvaje y denigrante de quien la
violó. ¿No es este un acto de justicia en favor
de un ser débil e indefenso, el hijo? ¿Un acto
infinitamente hermoso y grande porque nace del corazón de una
mujer que sabe lo grave que puede ser una injusticia,
como la de la violación que ella ha sufrido en
lo más íntimo de su existencia? ¿No es grande la
victoria del amor y la ternura por encima del salvajismo
despiadado y cruel de los violadores y de los prepotentes
que excluyen, manipulan y explotan a los débiles y a
los indefensos, si es que no llegan a los extremos
de degradación e infamia como son el infanticidio y el
aborto?
Es duro ser madre “a la fuerza”. Pero es más
duro ser criminal por propia voluntad. La mujer que aborta
al propio hijo, aunque haya sido concebido en un acto
abusivo por parte de un hombre sin escrúpulos, entra a
formar parte del mundo despiadado del individuo que la violentó:
entra en la lógica de la injusticia que quiere eliminar.
¿Puede ser el aborto una solución a su inmenso sufrimiento
moral? ¿No será mejor ofrecerle, como vía de solución, el
apoyo de una sociedad sana y justa que, mientras previene
las violaciones con educación y con castigos oportunos, sabe a
la vez volcarse sobre quienes, como la mujer violada, son
víctimas de los interminables egoísmos que oscurecen nuestro planeta?
Hace ya
muchos siglos Sócrates dijo que “es mejor sufrir la injusticia
que cometerla”. Los padres de una mujer violada saben que
su hija padece inmensamente porque ha sido agredida contra toda
justicia. Pero no pueden ni deben forzarla a añadir sangre
a la sangre, odio al odio, a perpetrar un crimen
de un niño inocente para “castigar” al verdadero culpable que,
muchas veces, sigue gozando de una libertad inmerecida.
Hay que movilizar
a la sociedad contra la plaga de las violaciones. Hay
que reaccionar contra ese crimen que mata la dignidad de
nuestras hijas o hermanas. Pero no con una injusticia que
sólo sirve para derramar sangre inocente.
El hecho de que existan
quienes defienden el aborto como solución a las violaciones da
mucho que pensar. Porque quien pide el crimen de un
ser humano inocente se convierte en un potencial enemigo de
cualquier otro ser humano no nacido, y no pocas veces
también de los que ya hemos nacido. La historia nos
dice que la legalización del aborto “sólo en los casos
de violación” ha ido abriendo más y más las posibilidades
de uso de ese acto criminal, permitiendo el aborto de
otros miles y millones de niños inocentes. No puede ser
de otra manera, pues una vez que se reglamenta un
delito tan execrable como es el aborto, aunque sea por
razones aparentemente “humanitarias”, siempre se encontrarán nuevos motivos y nuevas
excusas para seguir abriendo puertas a más y más peticiones
abortistas.
Esperamos que ninguna nación caiga en esta trampa, ni que
se use el dolor de la mujer violada como excusa
para forzar un crimen que agrave el drama de su
sufrimiento. Esperamos que cada niño fruto de una violación encuentre
tal acogida de solidaridad y de justicia, que pueda convertirse,
el día del mañana, en un nuevo defensor de los
derechos de los débiles, como lo fue su madre y
quienes la apoyaron. Porque tú, pequeño, eres valioso a pesar
de tu padre violador. Porque eres tú...
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