Autor: Fernando Pascual | Fuente: Catholic net Diagnósticos ¿para curar o para matar?
Necesitamos abrir los ojos para descubrir que un diagnóstico no puede convertirse en un permiso para matar. No se eliminan las enfermedades a base de eliminar a los enfermos
Diagnósticos ¿para curar o para matar?
¿Será un progreso de la medicina el diagnóstico prenatal? Lo
será, ciertamente, si ayuda a la madre a vivir con
mayor serenidad el embarazo, a los padres a aceptar al
hijo que llega, a los médicos para analizar si exista
algún tratamiento para curar al pequeño antes, durante o inmediatamente
después del parto.
Lo será si el diagnóstico prenatal se realiza
en condiciones de máxima seguridad: sin poner en peligro la
vida o la salud de la madre y del hijo.
Un
diagnóstico como la amniocéntesis, por ejemplo, implica un riesgo no
pequeño de daños, incluso de muerte, aproximadamente en un 1
% de los casos. Lo cual es un dato suficientemente
claro como para no optar por un método que, usado
supuestamente para ayudar al hijo, puede provocarle la muerte.
Algunos añaden
que el diagnóstico prenatal es un progreso porque “impide” que
los padres transmitan enfermedades genéticas a sus hijos. Pero no
todos perciben un enorme engaño en el uso del diagnóstico
con este fin “preventivo”. Porque nunca es “prevenir” que se
transmita una enfermedad genética el usar el diagnóstico para individuar
a un hijo enfermo y eliminarlo con un aborto selectivo,
injusto y discriminatorio.
Necesitamos abrir los ojos para descubrir que un
diagnóstico no puede convertirse en un permiso para matar. No
se eliminan las enfermedades a base de eliminar a los
enfermos. No se reduce la transmisión de ciertos daños genéticos
o malformaciones en los embriones y fetos con la decisión
de recurrir a un aborto mal llamado “terapéutico”.
El aborto selectivo
no previene nada: elimina, pues la transmisión de la enfermedad
ya se produjo con la concepción de un nuevo hijo.
Nunca será un acto terapéutico (es decir, curativo) destruir a
los hijos antes de su nacimiento.
Frente a quienes promueven y
realizan diagnósticos desde la lógica de la muerte, podemos responder
con la lógica del amor y de la acogida. Cada
embrión humano vale simplemente por lo que es. Es hijo,
ha empezado a existir desde unos padres, vive (y seguirá
viviendo) desde el amor que encuentre en ellos y en
tantos hombres y mujeres de buena voluntad.
En esta lógica, el
diagnóstico prenatal puede ser realizado sólo si es seguro y
si sirve para ayudar, para asistir, para atender de la
mejor manera posible al hijo y a la madre durante
el tiempo de embarazo. Será usado, entonces, con su verdadero
fin terapéutico, según la medicina que ha sido y es
llevada a cabo por miles de profesionales abiertos a la
vida, empapados de un auténtico sentido de la justicia, y
promotores de la asistencia a todos, sanos y enfermos, grandes
y pequeños, hombres y mujeres, sin discriminaciones.
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