El 10 de julio pasado, Su Santidad Benedicto XVI recibió
al presidente Barack Obama, que según algunos partes de prensa,
se habría “comprometido” a reducir el número de abortos, reiterando
lo dicho en su discurso en la Universidad de Notre
Dame (NG 975).
Desde entonces son muchos -algunos de ellos eclesiásticos-
los que con impostada ingenuidad se aferran a ese supuesto
compromiso para seguir cultivando la obamalatría, impuesta en la opinión
pública mundial.
¿Qué quiere decir reducir el número de abortos?
En
el lenguaje del nuevo orden mundial se entiende por “aborto”
sólo al asesinato del niño no nacido a través de
una intervención quirúrgica. En el mejor de los casos incluyen
también al provocado por el uso de alguna droga contragestativa,
como la mifepristona y el misoprostol, que actúan desprendiendo al
niño implantado del útero de la madre, (RU-486, vid. NG
368, entre otros).
El lenguaje artero del nuevo orden mundial ignora
los abortos producidos, antes de la implantación del niño concebido
en el útero de su madre, por la mayoría de
los llamados anticonceptivos hormonales, por los dispositivos intrauterinos (DIU’s), y
por la píldora del día después, ésta expresamente fabricada para
eliminar al embrión humano en los primeros días de gestación.
La cultura de la muerte no tiene en cuenta el
aborto por medios químicos, (vid. NG 107, 131, 134, 162,
217, entre otros).
Reducir el número de abortos. Evitarle a
la mujer esa trágica decisión (palabras que también usa Obama).
Evitar más muertes maternas. Son frases del lenguaje habitual de
la propaganda abortista. Por ejemplo, el programa de distribución de
anticonceptivos para los pobres, implementado en 2005 por el gobierno
Luiz I. “Lula” da Silva en Brasil, ejecutado por una
de las activistas más virulentas, la secretaria especial de Políticas
para la Mujer, Nilcea Freire, fue presentado como un programa
para la reducción del número de abortos (quirúrgicos) y del
embarazo adolescente. Las frases citadas, y otras similares, son habituales
en impresos, revistas y paginas web de gobiernos y ONG’s
abortistas, y son la excusa previa para forzar la legalización
del aborto (quirúgico) seguro, (vid. también por ejemplo, Boletín IPAS-IPPF,
23-02-09; Family Health Internacional (FHI), Network en español, 2000, Vol.
20, n°. 3. Vid. NG 679, 688, 697, 718, 727).
Pero
los obamólatras, irracionalmente se conmueven ante la promesa de su
ídolo, aunque ésta no sea cierta. Enceguecidos por su afán
propositivo, parecería que hacen una distinción absurda entre “mujer embarazada”
y “mujer casi o medio embarazada”, que los llevaría a
distinguir entre “aborto”, “casi aborto” y “abortito”. Los obamólatras son
malminoristas a ultranza, obsesionados por buscar una base común para
un diálogo imposible.
El respeto a la vida humana naciente
es uno de los principios no negociables, y el recurso
al mal menor, en este caso, se convierte en una
perversa teoría del fin bueno, y es moralmente inaceptable. El
aborto es un asesinato, sea de un niño no nacido
de cuatro meses como de un embrión de dos semanas:
sentarse a dialogar con personajes como Obama significa ceder en
lo no negociable. El orden natural no se negocia.
Ante las
leyes inicuas, la única salida es luchar por derogarlas o
buscar seriamente -con hechos y no con palabrerío vacuo- limitar
el daño. “Se pide a los pastores, a los fieles
y a los hombres de buena voluntad, especialmente a los
legisladores, un compromiso renovado y concorde para modificar las leyes
injustas que legitiman o toleran dichas violencias. Es preciso usar
todos los medios posibles para eliminar el delito legalizado, o
al menos para limitar el daño de esas leyes, manteniendo
viva la conciencia del deber radical de respetar el derecho
a la vida desde la concepción hasta la muerte natural
de todo ser humano, aunque sea el último y el
menos dotado, (Juan Pablo II, 14-02-2000).
Obama miente
En el lenguaje de
Obama, reducir el número de abortos, ni siquiera se refiere
a disminuir el número de abortos quirúrgicos.
El 13 de julio,
tres días después de la entrevista de Benedicto XVI con
Obama, la senadora Barbara Mikulski admitió que el proyecto de
reforma de los planes de salud promovido por el presidente,
incluye la cobertura del aborto para mujeres de bajos recursos,
(vid. NG 987).
La propia Paternidad Planificada (PP, Planned Parenthood), -filial
de la IPPF, la internacional del aborto y la corrupción
de menores-, calcula que la financiación del aborto por parte
del gobierno aumentaría el número de abortos entre un 20
y un 35%. Como en 2006 en USA hubo 1.206.200
abortos (quirúrgicos), según este cálculo, si el proyecto de Obama
es aprobado en el Congreso, el número de abortos quirúrgicos
aumentaría entre 240.000 y 420.000 al año. La misma Mikulski
declaró que Planned Parenthood se beneficiará de los fondos del
gobierno para hacer abortos, (Boletín VHI, 23-07-09; Life Site, 14/16-07-09).
Es
de notar que las enmiendas al proyecto para asegurar la
objeción de conciencia del personal sanitario han sido bloqueadas por
la mayoría que responde al presidente, tanto en la Cámara
de Representantes como en el Senado, a pesar que Obama
prometió en Notre Dame y en la Santa Sede respetar
el derecho a la objeción de conciencia de los profesionales
de la salud, (Life Site, 29-07-09)
Ni por sus nombramientos, ni
por sus medidas políticas, Obama ha dado muestras de afirmar
sinceramente su deseo de reducir el número de abortos, (vid.
NG 960, 987, entre otros).
Recordemos que derogó la política de
Ciudad de México, permitiendo destinar fondos del gobierno de los
Estados Unidos a organizaciones que tratan de imponer el aborto
fuera de ese país; que devolvió el sostén económico al
Fondo para la Población de la ONU, aunque éste participa
en las políticas de aborto compulsivo en China; que autorizó
la financiación de la investigación con células madre procedentes de
embriones humanos; y que disolvió el concejo presidencial de bioética
por ser un cuerpo demasiado conservador (New York Times, 17-06-09;
BioEdge, 20-06-09). (En el momento de su disolución presidía el
President’s Council on Bioethics, el Dr. Edmund Pellegrino, Académico Honorario
de la Pontificia Academia para la Vida y uno de
los pocos defensores del orden natural en la Georgetown University).
(Sobre la Universidad de Georgetown, vid. NG 973, 981). FIN,
31-07-09
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