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El silencio de las feministas frente la matanza de niñas
en China explica cuál es su identidad más básica. Ojalá
se rebelen aunque eso signifique perder dinero.
Con mucho más hombres
que mujeres, el desequilibrio poblacional en razón del sexo ya
ha alcanzado proporciones épicas en China. Un nuevo estudio publicado
en el British Medical Journal (BMJ) sugiere que el problema
va a empeorar aún más.
El estudio, publicado el 10 de
abril y dirigido por los investigadores Wei Xing Zhu, Li
Lu, y Therese Hesketh, confirmó que los hombres superaron en
número a las mujeres en todas las categorías de edad.
En el referido estudio señalan que: "Para el 2005 en
la población de menores de 20 años, los hombres superaban
a las mujeres en más de 32 millones en China,
y también en ese año los nacimientos de niños fueron
1.1 millones más que de niñas." (British Medical Journal 2009;
338:b1211).
Sin embargo, para aquellos que seguimos los acontecimientos de China,
estos números no son totalmente sorprendentes. La política de un
solo hijo ha estado en vigencia por tres décadas. Millones
de parejas chinas, desesperadas por un hijo que los apoye
en la vejez, han matado a sus niñas recién nacidas.
Millones más han recurrido al aborto de sexo selectivo para
apagar las vidas de niñas por nacer.
Lo que ha llamado
la atención es que el problema parece estar aumentando. El
estudio, basado en el censo del 2005, mostró que cuanto
más joven es la edad del grupo estudiado, más predominaba
el sexo masculino. El desequilibrio era mayor en el grupo
de 1 a 4 años de edad. Sorprendentemente, había 126
niños por cada 100 niñas. Quiere decir, 5 niños por
cada 4 niñas.
El mismo estudio muestra que: “Los ratios de
sexo más altos (a favor de la población masculina) se
vieron en provincias que permiten a los habitantes rurales un
segundo hijo, si la primera es una niña”. Desde luego,
esto sucede en aquellas provincias donde la preferencia por el
hijo varón es mucho más fuerte. Esta flexibilidad de la
política de un solo hijo en aquellas áreas buscaba reducir
el infanticidio femenino. Sin embargo, ha alentado a las familias
a creer que pueden tener no sólo un hijo varón,
sino dos, abortando selectivamente a las niñas que puedan concebir.
Como concluye el estudio, “El aborto selectivo por sexo explica
casi en su totalidad el exceso de hombres.”
En cierta forma,
no es difícil ver lo que esto significa para el
futuro de China. Como en el juego de las sillitas,
la música se acabó. Sólo que en este caso serán
decenas de millones de hombres jóvenes en China quienes se
quedarán sin su sillita matrimonial. Y todo este gran grupo
poblacional estará obligado a permanecer en un estado poco natural
de galán en búsqueda permanente de esposa. Para muchos de
estos contrariados solteros a la fuerza, las alternativas para sus
necesidades de pareja terminarán en la prostitución u homosexualidad. Otros
de estos hombres “en exceso” buscarán un grupo familiar alternativo
y se incrementarán las tasas de reclutamiento, tanto para el
Ejército de Liberación Popular de China como para las bandas
de delincuentes. El crimen, generalmente asociado a hombres sin lazos
familiares, crecerá enormemente.
El estudio, por supuesto, se abstiene de criticar
al Partido Comunista Chino, que es, a la larga, responsable
de la política de un solo hijo. Después de todo,
dos de los autores son chinos, y pueden estar sujetos
a represalias. Pero el editorial del British Medical Journal que
lo acompaña, no tiene ningún reparo en afirmar que:
“Aunque está
bien definido que las preferencia de hijos es la causa
de la más alta proporción de hombres que mujeres, esta
elección por si misma no conduce directamente al alto ratio.
La inclinación hacia los hijos hombres solamente puede repercutir en
la proporción de sexo a través del amplio acceso a
la tecnología del sexo selectivo (por ejemplo, la ecografía) y
a una tasa de fertilidad baja (por elección o por
coacción).” (BMJ 2009;338;b483)
Más claro imposible. El estado chino es
responsable de la eliminación selectiva de las niñas al estar
obligando a adoptar una bajísima tasa de natalidad en un
contexto donde ahora la tecnología de la ecografía es sumamente
disponible. Actualmente existen leyes que prohíben el empleo de las
ecografías que determinan el sexo del niño por nacer, pero
son ampliamente ignoradas.
La creciente desigualdad entre los sexos es también
una incómoda realidad para los promotores del aborto como un
derecho en Occidente. Fallaron clamorosamente al no darse cuenta que
en Asia el derecho al aborto conduciría directamente a una
matanza de inocentes niñas por nacer, por su larga tradición
de preferir al hijo hombre.
El editorial del British Medical Journal
continúa cuestionando la ortodoxia de control de población también. Escribe
que “desde la década de los ´70s, antes que fuera
impuesta la política, China experimentó un patrón cultural emergente de
tener familias pequeñas, debido a los avances sociales y económicos.
La disminución más dramática en la tasa de fertilidad ocurrió
entre 1970 y 1979, de 5.9 a 2.9. Después que
la política de un solo hijo fue presentada en 1979,
la tasa cayó gradualmente, y desde 1995 esto se ha
estabilizado alrededor 1.7. Por lo que se piensa que la
tasa de fertilidad total de China hubiera disminuido de todas
formas aún sin la política de un solo hijo. "
Por
mucho tiempo he sostenido que la política de un solo
hijo, además de ser una burda violación a los derechos
humanos, fue demográficamente innecesaria. Las tasas de natalidad en China,
a finales de los años setenta, ya estaban en picada.
Incluso, sin la política de un solo hijo, hubieran seguido
disminuyendo, probablemente cerca de los niveles actuales, como consecuencia de
la urbanización, la industrialización, y los niveles crecientes de educación
de China. Y esto habría pasado, como insinúa el editorial,
sin las decenas de millones de abortos forzados y esterilizaciones
que el Estado comunista chino viene imponiendo.
La solución obvia al
creciente desequilibrio en los sexos es la de terminar con
la política de un solo hijo. Quizá no se detenga
el sexismo Confuciano tan desenfrenado en la cultura china, pero
por lo menos eliminaríamos una de las razones por la
que los chinos asesinan a sus niñas en grandes cantidades.
A
los más comprometidos defensores del control de la población y
a las feministas radicales, este sacrificio de tantas niñas no
les importa en lo más mínimo. Ellos dicen que se
debe reducir drásticamente el número de chinos para “salvar al
mundo". Ningún programa con participación voluntaria de los usuarios los
hubiera convencido de hacer el cambio tan radical ni tan
rápido como para satisfacerlos. Por eso optaron y felicitaron la
política de un solo hijo del gobierno chino. Incluso cuando
Nafis Sadik ejercía el cargo de Directora Ejecutiva del Fondo
de Naciones Unidas para Actividades en Población (UNFPA) propuso el
modelo de control natal chino para todo el mundo.
Si
esta matanza de tantas mujeres nacidas y por nacer produce
alguna angustia en sus “hermanas” feministas radicales, lo que vemos
a diario es que queda neutralizada por su compromiso con
la agenda del derecho al aborto que le imponen aquellos
que financian sus instituciones (en su mayoría hombres por supuesto).
Nos queda la interrogante de saber si algún día se
rebelarán frente a estas exigencias en un arranque de coherencia
con el discurso de defensa de los derechos de las
mujeres que les gusta presentar.
Y a pesar de toda esta
evidencia, tanto financistas como financiadas, continúan alabando las políticas de
control natal del gobierno chino. |