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Autor: Fernando Pascual | Fuente: Equipo Gama Violencia abortista y violencia antiabortista
La paradoja: quien acepta la violencia que lleva al asesinato de un hijo antes de nacer protesta por la violencia que se comete sobre seres humanos una vez nacidos.
Algunos grupos a favor del aborto denuncian las violencias cometidas
por algunos extremistas pro vida.
Si analizamos esta denuncia con atención,
descubriremos una extraña paradoja.
Por un lado, los defensores del aborto
aceptan y promueven una forma de violencia que lleva a
la muerte de millones de hijos antes de nacer. Por
otro lado, denuncian los actos de algunos extremistas que agreden
a quienes cometen o defienden el aborto.
He ahí la paradoja:
quien acepta la violencia que lleva al asesinato de un
hijo antes de nacer protesta por la violencia que se
comete sobre seres humanos una vez nacidos.
Este modo de pensar
se basa en una opción discriminatoria. Según esta opción, unos
seres humanos, los ya nacidos, tienen derecho a que sea
defendida su integridad física y su vida. Otros seres humanos,
los no nacidos, están sometidos al arbitrio de los adultos
y no merecen respeto absoluto en su integridad física ni
en su vida.
Podemos comparar este modo de pensar con lo
que ocurría en sociedades en las que se aceptaba la
esclavitud. Según los esclavistas, el ser humano que tenía la
categoría de “esclavo” perdía un sinfín de derechos; podía incluso
ser golpeado, herido, asesinado por sus dueños.
Si una organización antiesclavista
combatía contra la esclavitud en todas sus formas, y si
algunos miembros de esa organización optaban por la violencia para
defender su causa, ¿no sería extraño que los esclavistas protestasen
ante la violencia que recibían mientras aceptaban y practicaban formas
gravemente injustas de violencia sobre sus esclavos?
Todas aquellas instituciones que
de algún modo promueven el aborto están a favor de
un mundo injusto en el que la violencia se convierte
en un instrumento para eliminar a los más débiles e
indefensos de los seres humanos, los no nacidos.
Quienes están sinceramente
contra el aborto, por su parte, buscan construir un mundo
más justo y menos discriminatorio. Están contra la violencia. Por
eso un enemigo del aborto no puede recurrir a la
violencia para defender sus ideas, so pena de caer en
una contradicción que daña gravemente la causa pro vida.
Por su
parte, los grupos abortistas podrán denunciar de modo coherente las
violencias de algunos extremistas antiabortistas, sólo cuando renuncien ellos mismos
al recurso a una de las violencias más insidiosas y
graves que pueda existir entre los seres humanos: la del
aborto. Es decir, deberían dejar de ser abortistas si quieren
protestar contra el uso de la violencia sobre seres humanos
inocentes.
Necesitamos un mundo menos violento y más justo. Necesitamos, sobre
todo, un mundo donde el amor lleve a acoger a
todos, ricos o pobres, sanos o enfermos, jóvenes o ancianos.
Un mundo que también acoja y defienda la vida de
los hijos antes de nacer.
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