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| No hay abortos legales |
De vez en cuando surge la polémica. Porque, en contra
de leyes “muy estrictas” que regulan tiempos y técnicas, se
producen abortos “ilegales”. Lo cual, en el fondo, significa admitir
que existen abortos “legales”. Basta con recordar lo que es
el aborto para decir que la distinción entre aborto legal
y aborto ilegal es falsa. Todo aborto, en cuanto eliminación
de un hijo, es siempre un acto sumamente injusto. Y,
en cuanto injusto, es siempre ilegal, aunque tenga la “bendición”
de leyes, de parlamentos o incluso de un referéndum popular.
Por desgracia, nos hemos acostumbrado a vivir con leyes que
permiten abortos mal llamados “legales”, que regulan los trámites a
seguir, las modalidades higiénicas, incluso los costos económicos. No nos
incomodan las estadísticas anuales: cada año se producen tantos abortos
“legales”... muchos de los cuales son doblemente ilegales... Hemos anestesiado
la conciencia individual y colectiva ante la victoria de grupos
promotores de la muerte que prefieren abortos (crímenes) seguros en
vez de ayudar a tantas mujeres en situaciones de embarazo
no fácil. No faltan, gracias a Dios, hombres y mujeres
comprometidos que buscan terminar con la injusticia del aborto. Como
también son cada vez más las mujeres que, después de
haber pasado por el triste trauma del aborto, denuncian con
dolor lo que se encierra detrás de este crimen “legalizado”.
Sylvie (la llamamos así, en su anonimato) es una de
esas mujeres. Ha abortado dos veces. La primera vez cuando
tenía 21 años, la segunda a los 24. Ahora tiene
más 30 años, y ya ha tenido un hijo, a
pesar de la presión que sufrió para que abortase por
tercera vez. Nos dice, nos grita, con la voz de
un corazón que ha sufrido mucho: “Es un drama esta
sociedad que piensa solamente en el materialismo, en las apariencias,
y en nada más. Y, lo que es peor, con
la falsa libertad que ha dado a las mujeres de
cometer o no el aborto, ha dejado en nosotras, mujeres,
toda la responsabilidad del hecho, sin ofrecer otras soluciones para
evitar el aborto. Hay en esto algo inaudito: para que
una mujer quede embarazada, material y científicamente, hacen falta dos
personas, el hombre y la mujer. ¿Por qué, si la
mujer queda en cinta, es siempre culpa suya? El hombre,
en este asunto, ¿no tiene ninguna culpa? ¿Por qué la
responsabilidad de las consecuencias recaen siempre en la mujer?”. Sylvie
denuncia una serie de discriminaciones que hay que eliminar lo
más pronto posible. “Es necesario que los hombres dejen de
acusar siempre a las mujeres, es demasiado fácil. Nosotras les
hemos seducido, les hemos forzado a hacer el amor; si
estamos embarazadas es culpa nuestra, si abortamos es culpa nuestra,
si tenemos el niño somos unos monstruos, si pedimos una
ayuda económica somos pérfidas mujeres públicas. Si los hombres quieren
seguir siendo cobardes, al menos que no culpen a las
mujeres ni las obliguen a abortar con la excusa del
dinero, de la familia, de la gente, etcétera. Que dejen
de decir que el aborto es la solución mejor. La
solución mejor... ¿para quién? Quizá para los hombres”. Algunos mandarán
callar a Sylvie, dirán que es una mujer deprimida, o
una feminista equivocada, o simplemente una mujer irresponsable, que quiere
acusar a otros de lo que ella ha cometido. Pero
como Sylvie, muchas otras mujeres saben que, si alguien las
hubiese ayudado, el aborto no se habría cometido: habrían nacido
esos hijos que llevaban en sus entrañas. Faltó a su
lado un esposo que las amase, unos padres que las
comprendiesen, una sociedad que defendiese la vida de sus hijos.
Mientras, grupos nacionales e internacionales siguen promoviendo el “aborto seguro
y legal” como derecho de la mujer y como camino
para garantizar la “salud reproductiva”. Sylvie (¿te dejaremos hablar, al
menos te reconoceremos este derecho humano?) no piensa de este
modo. Nos pide, con la sencillez de quien ha sufrido
mucho que “al menos el Estado dé a las mujeres
una alternativa al aborto, les dé la posibilidad de poder
mantener materialmente al hijo sin tener que mendigar una ayuda...
Pero quizá costaría demasiado... Entonces continuemos así: viva el aborto
y la conciencia limpia de los hombres. El sufrimiento moral
y físico hecho sufrir a las mujeres no importa”. Si
el Estado no es capaz, si los gobernantes no se
atreven, si hay organismos nacionales o internacionales que empujan a
las mujeres para que aborten, habrá también corazones que sabrán
romper la injusticia que se comete contra la mujer en
cada aborto para defenderlas en su vocación a la maternidad
y al amor. Sylvie no puede ser una voz en
el desierto. Desde su experiencia nos dice que no existen
abortos legales, que algo no va bien en nuestro mundo
de egoísmos, y que es necesario, de prisa, cambiarlo. Preguntas o comentarios al autor |
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