Autor: R. P. Dr. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. | Fuente: Un teologo responde ¿Podemos considerar a Marciano Vidal un moralista Católico?
Realmente Marciano Vidal se ha esmerado en cubrir un amplísimo espectro de la doctrina moral con errores y contradicciones a la enseñanza católica no sólo de otros teólogos tradicionales sino del Magisterio de la Sagrada Escritura.
¿Podemos considerar a Marciano Vidal un moralista Católico?
Pregunta:
Mi pregunta es sobre Marciano Vidal. Yo he leído algunos
libros suyos (pues he hecho un curso en una facultad
teológica de nuestro país), como ´Ética de la sexualidad´ y
otro sobre las actitudes, cuyo nombre no recuerdo. En general
me han gustado, aunque reconozco que no puedo entender todo,
y que algunas cosas me han causado perplejidad. Leí al
pasar que ha tenido problemas con el Vaticano, pero que
ha sido muy apoyado por sus colegas. ¿Me puede explicar
cuál es el problema con este autor?
Respuesta:
Estimado:
Trataré de ser lo
más claro posible sobre un asunto de capital importancia para
su coherencia católica.
1. Marciano Vidal, sus obras y la Notificación
de la Congregación para la Doctrina de la Fe
Marciano Vidal
es un profesor de moral español, religioso redentorista. Ha escrito
numerosas obras, de las cuales, la más conocida es su
“Moral de actitudes”, cuya primera edición (si no me equivoco)
es de 1974; muy pronto fue traducida a otras lenguas,
al punto tal que en 1994 en Italia se traducía
la 8ª edición española. Desde la década del ’70 y
más aún en las del 80 y 90 ha sido
un libro muy usado en institutos superiores de teología, seminarios
y universidades católicas. Sin embargo esta obra, como muchas que la
siguieron, están plagadas de enseñanzas contrarias a la doctrina moral
católica. Durante años la Congregación para la Doctrina de la
Fe examinó sus escritos y entabló un diálogo con su
autor para que clarificara sus posiciones y el sentido de
sus doctrinas. Finalmente, el 15 de mayo de 2001, la
Congregación para la Doctrina de la Fe comunicó en
una Notificación que esa obra y otras dos más “no
pueden ser utilizadas para la formación teológica” 1.
Lamentablemente, la Notificación
llegó un cuarto de siglo después de que se comenzaran
a utilizar las obras; han pasado numerosos cursos de teología
por las aulas donde se estudiaban estos escritos, y hoy
en día no son pocos (son demasiados) los sacerdotes que
han abrevado su conocimiento moral en estos libros. Muchos de
ellos son actualmente profesores de universidades y seminarios y han
transmitido a su vez esas enseñanzas a otros. El mal
hecho (y considero que es mucho) difícilmente pueda repararse con
una Notificación: pero bienvenida sea, por lo que pueda hacer.
De
todos modos, durante todo este tiempo, no han faltado voces
que han advertido sobre los errores contenidos en esos libros,
al menos de forma oral. Y muchos cristianos que han
tenido claro lo enseñado en sus épocas de catecismo o
que han seguido de cerca la enseñanza del magisterio de
la Iglesia, han sido conscientes de que mucho de lo
que Marciano Vidal escribía en sus obras no tenía nada
que ver con la enseñanza católica.
La Notificación de la Congregación
para la Doctrina de Fe ha tenido en cuenta cuatro
obras de Vidal: “Diccionario de ética teológica”, “La propuesta moral
de Juan Pablo II”, “Comentario teológico-moral de la encíclica Veritatis
Splendor” y “Moral de Actitudes”. Esto no quiere decir que
los demás escritos carezcan de errores; por el contrario, se
repiten sustancialmente los indicados para estas obras.
El examen de las
mismas no ha sido hecho apresuradamente, sino todo lo contrario,
con detenimiento y con las idas y vueltas propias que
exige el proceso de examen de las doctrinas en este
Dicasterio romano. La misma Notificación resume así el proceso llevado
a cabo: • Primero se examinaron las obras mencionadas (no se indica
en qué fecha). • En este examen se evidenciaron numerosos errores,
y en razón de la gravedad de éstos y de
la amplia difusión de tales libros en la formación teológica,
se decidió hacer un examen más profundo, tal como está
establecido en el proceso “Ratio agendi in doctrinarum examine”. • En
diciembre de 1997, le fue enviado al Autor el texto
de la “Contestatio”, o sea las objeciones que la Congregación
para la Doctrina de la Fe hacía a determinadas enseñanzas:
relación entre la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio;
relación entre el teólogo y el Magisterio, errores sobre Persona-Sexualidad-Bioética;
Moral Social: Escatología-Utopía. • En junio de 1998 el Autor envió
su Respuesta, que fue considerada “insatisfactoria” por la Congregación. Por
esta razón se le ofreció una segunda oportunidad de clarificar
su pensamiento. • En enero de 1999 se elaboró, pues, un
nuevo texto con preguntas puntuales (aprobado por el Santo Padre
Juan Pablo II), concediéndole tres meses (es lo que prevé
la “Ratio Agendi”) para responder. Al entregar este material al
Superior General de Marciano Vidal, la Congregación destacaba que esta
segunda oportunidad era algo excepcional y manifestaba “la viva esperanza
de que el P. Vidal viese la nueva oportunidad que
se le concedía como una llamada a una más profunda
reflexión para su propio bien y para el bien de
la Iglesia”. Creo que las palabras son más que elocuentes
para indicar que se hacía entender a Vidal que se
estaba descarrilando de la Iglesia y dañando con su actitud
y doctrinas al pueblo cristiano. Ese es el bien común
puesto en juego. Y para evitar nuevos subterfugios del Autor
se determinaba que la respuesta (para la cual tenía tres
meses de tiempo) debía ser “redactada de forma personal, inequívoca
y sucinta”. • El P. Vidal “aseguró que se atendría a
cuanto la Congregación le pedía”. El texto de la Segunda
Respuesta fue sometido al juicio de la Congregación. • En noviembre
de 1999, después de examinar este escrito, la “Congregación para
la Doctrina de la Fe acogió con satisfacción la disponibilidad
manifestada por el Autor para corregir las ambigüedades referentes a
la procreación artificial heteróloga, al aborto terapéutico y eugenésico y
a las leyes sobre el aborto, así como su declarada
adhesión al Magisterio de la Iglesia por lo que se
refiere a los principios doctrinales, pero notando que el Autor
no proponía modificaciones concretas y sustanciales a las otras posiciones
erróneas señaladas en la Contestatio, juzgó necesario preparar una Notificación”.
Por tanto, la referida Notificación se debe a que la
actitud de Marciano Vidal siguió, en la práctica, siendo ambigua.
• Si bien la Notificación le sería comunicada a Vidal, exigiéndole
el reconocimiento “explícito de los errores y ambigüedades” y “para
verificar la disponibilidad para corregir los libros”, ya a esta
altura de los acontecimientos, sería publicada. El Papa Juan Pablo
II aprobó las resoluciones en 1999. • En la reunión del
2 de junio de 2000 (participando además de Marciano Vidal,
el Prefecto y Secretario de la Congregación, el Arzobispo de
Granada —miembro de la Congregación— como representante de la Conferencia
Episcopal Española, el Superior General de los Redentoristas P. Joseph
William Tobin, el antiguo Superior general, P. Joseph Pfab, y
otros), el P. Marciano Vidal aceptó el juicio doctrinal formulado
por la Congregación para la Doctrina de la Fe, y
se comprometió formalmente a reelaborar sus escritos, según los criterios
establecidos. • La Congregación para la Doctrina de la fe decidió,
además de publicar la Notificación, que las ediciones de las
obras de Marciano Vidal “Moral de actitudes”, “Diccionario de ética
teológica” y “La propuesta moral de Juan Pablo II”, anteriores
a la Notificación (en cualquier idioma) “no pueden ser utilizados
para la formación teológica, y que el Autor debe reelaborar,
especialmente ‘Moral de Actitudes’, bajo la supervisión de la Comisión
Doctrinal de la Conferencia Episcopal Española”. El P. Marciano Vidal
aceptó y firmó estas exigencias, que pueden leerse todas en
la Notificación de la Congregación. La misma Notificación afirmaba que
no se enjuiciaba en ella ni al autor ni su
intención, ni la totalidad de su obra, sino sólo esos
escritos mencionados. Lo cual no quiere decir que las intenciones
del autor hayan sido las mejores, sino que ese juicio
se deja a Dios; ni tampoco que las demás obras
no contengan errores o ambigüedades, sino que no son las
más divulgadas o usadas en la formación teológica en seminarios
e instituciones teológicas.
Sin embargo, cuatro años más tarde, en junio
de 2005, la Conferencia Episcopal Española emitió un comunicado en
el que recuerda que el libro “Moral de Actitudes” de
Marciano Vidal no debe ser usado en los seminarios ni
en las facultades de teología. Este comunicado fue dirigido a
las Conferencias Episcopales de Portugal y Latinoamérica, y recuerda que
luego de que el P. Vidal se negara a reelaborar
y reeditar su libro Moral de Actitudes “bajo la supervisión
de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe
de la Conferencia Episcopal Española, el mismo P. Vidal, el
presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la
Fe y el Provincial de Madrid de la Congregación del
Santísimo Redentor (Redentoristas) firmaron una declaración conjunta en la que
se reconoce que el libro ‘Moral de Actitudes’ no es
apto para ser utilizado como manual en las Facultades, Seminarios,
Institutos y Centros de formación teológica”. Y la Carta prosigue:
“Conscientes de que en algunos Centros de Estudios Eclesiásticos se
sigue utilizando el libro ‘Moral de Actitudes’ como libro de
texto de los candidatos al sacerdocio”, la Conferencia Episcopal Española
decidió enviar una copia de la “declaración conjunta aludida” para
que ya no se utilice más dicho texto en los
lugares mencionados 2.
Por tanto, en la práctica las obras del
P. Vidal siguen censuradas y contienen serios errores. No pueden
considerarse doctrina moral católica. ¡Pero se siguen usando para formar
a los futuros sacerdotes católicos!
¿Cuáles son los principales errores indicados
por la Notificación?
2. Algunas críticas generales a la obra de
Vidal
De las tres obras que se manda corregir, me detendré
principalmente en la “Moral de Actitudes”, por ser la más
usada en los estudios de teología y la que es
más puntualmente analizada por la Notificación. Ésta consta de tres
volúmenes (el primero trata de la moral fundamental, el segundo
—a su vez dividido en dos tomos— de la moral
de la persona, bioética teológica, la moral del amor y
la sexualidad, y el tercero de la moral social) 3. La
Congregación para la Doctrina de la Fe le critica el
dejar en segundo plano aspectos esenciales de la doctrina moral
de la Iglesia como: “el uso de una metodología teológica
correcta, la adecuada definición de la moralidad objetiva de las
acciones, la precisión del lenguaje y la presentación de argumentaciones
completas”.
Por eso el autor no puede “evitar algunos de los
errores que contiene, que son sustancialmente los señalados por la
Encíclica Veritatis splendor”.
Su perspectiva teológica es lo que él llama
modelo (o paradigma) de la “autonomía teónoma” reinterpretado desde la
“ética de liberación” 4. Eso lleva a Vidal a relacionar
(o separar) indebidamente la fe y la razón, por lo
que la “ratio” normativa 5 es entendida por él como
un diafragma que se interpone entre el hombre y Dios,
por lo que no resulta ya posible poner en la
Sabiduría divina el fundamento ontológico (y, por ello, objetivo) del
conocimiento moral que todo hombre indudablemente posee, ni admitir que
la razón moral pueda ser iluminada por la Revelación divina
y por la fe 6.
Como consecuencia práctica de esta posición
Vidal sostiene que “lo propio y específico del êthos cristiano
no hay que buscarlo en el orden de los contenidos
concretos del compromiso moral”, sino “en el orden de la
cosmovisión que acompaña” esos contenidos 7. La Notificación sugiere comparar
estas afirmaciones con lo que dice la Encíclica Veritatis splendor,
n. 37: “En consecuencia, se ha llegado hasta el punto
de negar la existencia, en la divina Revelación, de un
contenido moral específico y determinado, universalmente válido y permanente: la
palabra de Dios se limitaría a proponer una exhortación, una
parénesis genérica, que luego sólo la razón autónoma tendría el
cometido de llenar de determinaciones normativas verdaderamente ‘objetivas’, es decir,
adecuadas a la situación histórica concreta”. O sea que la
enseñanza de Marciano Vidal es la que critica el documento
moral más importante de Juan Pablo II. Para Marciano Vidal
Jesús de Nazaret, y en general la Sagrada Escritura, sólo
nos da un “horizonte o ámbito nuevo de comprensión y
de vivencia de la realidad” 8, una orientación, influjo o
contexto 9. De todos modos, como Vidal es un autor
ambiguo y los autores ambiguos tienen una mente “renga” que
a cada paso que dan los hace entrar y salir
de la línea de la ortodoxia católica, encontraremos en el
redentorista afirmaciones como: “la Norma decisiva de la ética cristiana
es Cristo” y “no hay otra norma para el cristiano
que el acontecimiento de Jesús de Nazaret” 10; sin embargo,
como aclara la Notificación, “su intento de fundamentación cristológica no
consigue conceder normatividad ética concreta a la revelación de Dios
en Cristo” 11. En la realidad, Jesucristo y su enseñanza
no es la norma moral de la doctrina de Marciano
Vidal, como veremos en sus enseñanzas morales prácticas.
De ahí que
el resultado sea, como sigue diciendo la Notificación, una ética
débilmente influida por la fe, donde la fe “se yuxtapone
de hecho a una racionalidad secularizada enteramente proyectada sobre un
plano horizontal”. Vidal se sitúa, por tanto, en un horizontalismo
y en un secularismo barnizado con lenguaje vagamente cristiano. Algo
así como el gnosticismo pseudocristiano. La Notificación es muy clara
al respecto: “en ‘Moral de Actitudes’ no se resalta suficientemente
la dimensión vertical ascendente de la vida moral cristiana, y
grandes temas cristianos como la redención, la cruz, la gracia,
las virtudes teologales, la oración, las bienaventuranzas, la resurrección, el
juicio, la vida eterna, además de estar poco presentes, no
tienen casi influjo en la presentación de los contenidos morales”.
A esto se añade, como lógica consecuencia, “un papel insuficiente
a la Tradición y al Magisterio moral de la Iglesia”,
incluso separándose críticamente de la doctrina eclesial. Llamar, pues, “moralista
católico” a Marciano Vidal, es una afirmación tan gratuita como
considerar predicador evangélico al Dalai Lama.
También señala la Notificación la
tendencia de Vidal a usar el método del conflicto de
valores o de bienes en el estudio de los diversos
problemas éticos, así como el papel desempeñado por las referencias
al nivel óntico o pre-moral” 12, lo que lleva “a
tratar reductivamente algunos problemas teóricos y prácticos, como son la
relación entre libertad y verdad, entre conciencia y ley, entre
opción fundamental y acciones concretas, los cuales no se resuelven
positivamente por la falta de una toma de posición coherente
del Autor. En el plano práctico, no se acepta la
doctrina tradicional sobre las acciones intrínsecamente malas y sobre el
valor absoluto de las normas que prohíben esas acciones”. Por
tanto, Vidal no acepta el valor absoluto ni siquiera de
los Diez Mandamientos.
Es suficientemente claro que estas críticas de fondo
son muy serias y hacen que la doctrina moral contenida
en este libro —el más usado de los escritos de
Vidal en los seminarios y facultades de teología— atente contra
la auténtica moral católica. Se lo puede tomar como punto
de referencia de los “errores” contra la moral, pero no
como exposición de la moral católica. Indudablemente, no afirmo que
todo lo que dice Vidal en esta obra contradice la
moral católica; pero lo hace en los principios que condicionan
todo juicio moral posterior, y ciertamente en muchos de los
puntos sustanciales, como indicaremos a continuación.
3. Algunos errores puntuales sobre
cuestiones especiales de moral
Como en todas las cuestiones doctrinales, si
los principios pueden ser confusos y ambiguos, cuando se baja
a su aplicación concreta suele verse más claramente la pata
de la zorra debajo del disfraz. Limitándonos a los yerros
que señala la Notificación, podemos enumerar entre las afirmaciones erróneas
de Vidal: • Que los métodos artificiales de regulación de la natalidad
“interceptivos”, es decir, aquéllos que actúan después de la fecundación
y antes de la anidación, no son abortivos. También enseña
que si “generalmente” no se pueden considerar como medios lícitos
para controlar la natalidad 13, son moralmente aceptables “en situaciones
de notable gravedad, cuando es imposible el recurso a otros
medios” 14. Estamos, pues, ante una ética de situación y
de circunstancias excepcionales y ante la negación de normas universalmente
válidas. Esta enseñanza en contraria a la doctrina católica 15.
• Que la esterilización en algunas situaciones no ofrece dificultades morales,
“ya que lo que se intenta es realizar de una
manera responsable un valor humano”, y en algunos casos “es
la solución adecuada” 16. Esta afirmación es contraria a la
enseñanza de la Iglesia 17. • Que la doctrina de la
Iglesia sobre la homosexualidad posee cierta coherencia, pero no goza
de suficiente fundamento bíblico 18, que adolece de importantes condicionamientos
19 y ambigüedades 20; que en la valoración moral de
la homosexualidad se debe “adoptar una actitud de provisionalidad”, y
desde luego “ha de formularse en clave de búsqueda y
apertura” 21. Asimismo que para el homosexual irreversible un juicio
cristiano coherente “no pasa necesariamente por la única salida de
una moral rígida: cambio a la heterosexualidad o abstinencia total”
22. Compárese esta doctrina con lo que dice el Catecismo
de la Iglesia Católica y se verá la oposición 23.
• Habla de los fallos que pueden advertirse “en todo el
edificio histórico de la ética sexual cristiana” 24. • Sostiene igualmente
que no se ha probado “la gravedad ex toto genere
suo de la masturbación” 25, es decir, afirma que “no
todo acto de masturbación es ‘materia objetivamente grave’” 26. Esto
contradice (y Vidal lo reconoce) la doctrina moral católica de
que los actos autoeróticos son objetivamente acciones intrínsecamente malas 27.
• Enseña que ninguno de los métodos actuales para regular los
nacimientos reúne una bondad absoluta. “Es incoherente y arriesgado inclinar
la valoración moral por un método determinado” 28. • ...y por
tanto (la pata de la zorra) en casos de conflicto
“seguirá siendo válido el principio básico de la inviolabilidad de
la conciencia moral” 29; o sea, que son los esposos
los que deciden qué método (natural o artificial) es conveniente
para ellos y por tanto lícito. Por eso no es
de extrañar, como indica la Notificación que “entre los diversos
criterios ofrecidos por el Autor para guiar ese discernimiento 30,
no se encuentra el valor objetivo y vinculante de la
norma moral contenida en la Humanae vitae y en los
demás documentos del Magisterio pontificio anteriores y posteriores a ella”
31. • Tampoco debería extrañarnos que Vidal después hable de que
incluso fuera de los casos conflictivos, “la utilización moral de
los métodos estrictamente anticonceptivos ha de ser objeto de responsable
discernimiento de los cónyuges” 32. De hecho, debemos reconocer que
el recurrir al conflicto de deberes o a la presunta
colisión de bienes, es una excusa para gambetear las enseñanzas
del magisterio, mientras que la enseñanza contraria al magisterio es
la que autores como Marciano Vidal proponen como solución real
para todos los casos y no sólo para sus presuntas
situaciones extremas. • Enseña, asimismo, que es lícita la fecundación artificial
in vitro entre esposos: “Por lo que respecta a la
fecundación completamente intraconyugal (‘caso simple’), creemos que no puede ser
descartada...” 33; “la fecundación artificial homóloga no puede ser declarada
en principio como inmoral” 34. • Es ambiguo sobre la inseminación
artificial en un matrimonio con semen de un donador 35.
• Es también ambiguo sobre la fecundación in vitro heteróloga (con
semen de donador) 36. • También es ambiguo sobre el tema
del aborto. “Es verdad —dice la Notificación— que el autor
da una valoración moral negativa del aborto en términos generales,
pero su posición acerca del aborto terapéutico es ambigua 37:
al sostener la posibilidad de ciertas intervenciones médicas en algunos
casos más difíciles, no se entiende claramente si se está
refiriendo a lo que tradicionalmente se llamaba ‘aborto indirecto’, o
si en cambio admite también la licitud de intervenciones no
comprendidas en la categoría tradicional mencionada”. • No menos ambigua es
su posición sobre el aborto eugenésico 38. • En cuanto a
las leyes abortistas, Vidal sostiene que “no toda liberalización jurídica
del aborto es contraria frontalmente a la ética” 39, “parece,
dice la Notificación, que se refiere a las leyes que
permiten una cierta despenalización del aborto 40. Pero, dado que
existen diversos modos de despenalizar el aborto —algunos de los
cuales equivalen, en la práctica, a su legalización, mientras que
ninguno de los demás es, en todo caso, aceptable según
la doctrina católica 41— y que el contexto no es
suficientemente claro, al lector no le es posible entender qué
tipo de leyes despenalizadoras del aborto se consideran ‘no contrarias
frontalmente a la ética’”. Quienes se hayan formado —sin espíritu
crítico (y muy crítico)— con estos libros, ¿tienen una mente
católica en la moral? ¿Cómo podremos extrañarnos del desvío moral
entre los fieles y entre los mismos consagrados y profesores
de teología, si han aceptado un cuerpo de doctrina que
no es católico? Porque estas enseñanzas no son solamente discusiones
atrevidas y temerarias: simplemente no son católicas, y minan el
fundamento de la visión evangélica de la vida y del
obrar humano. Se sitúan en esa sabiduría mundana que evacua
la cruz de la vida cristiana.
4. Conclusión
Realmente Marciano Vidal se
ha esmerado en cubrir un amplísimo espectro de la doctrina
moral con errores y contradicciones a la enseñanza católica no
sólo de otros teólogos tradicionales sino del Magisterio de la
Sagrada Escritura. Es comprensible que ante la necesidad de corregir
tantos traspiés teológicos en sus obras no se haya sentido
(a pesar de haberse comprometido a ello) con ánimo de
emprender semejante tarea, muy parecida a “quemar lo que se
adorado y adorar lo que se ha venido quemando” hasta
este momento. Pero en un teólogo que realmente ama la
verdad —si queremos salvar la intención de nuestro autor— esto
debería ser un imperativo de conciencia. No sólo por purificar
la verdad que ha oscurecido sino también como reparación en
justicia por los errores enseñados durante años y cuyos efectos
nocivos siguen corriendo por las venas de la Iglesia por
obra de tantos sacerdotes, religiosos y laicos que han abrevado
en sus aguas contaminadas.
En todo caso, mientras esperamos este acto
de coherencia con la verdad de parte del P. Vidal,
corresponde a los superiores, profesores y pastores recordar que, tal
como están sus obras (en particular las que ha criticado
la Congregación para la Doctrina de la Fe), contradicen “la
fe de la Iglesia que profesamos en nuestro bautismo”, cuya
confesión es el requisito esencial para ser católicos.
Temores en el
favor
Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro y la cándida
víctima levanto, de mi atrevida indignidad me espanto y la
piedad de vuestro pecho admiro.
Tal vez el alma con
temor retiro, tal vez la doy al amoroso llanto, que arrepentido
de ofenderos tanto con ansias temo y con dolor suspiro.
Volved los ojos a mirarme humanos, que por las sendas de
mi error siniestras me despeñaron pensamientos vanos;
no sean tantas
las miserias nuestras que a quien os tuvo en sus indignas
manos Vos le dejéis de las divinas vuestras.
Lope de
Vega. 1 Cf. Congregación para la doctrina de la Fe,
Notificación sobre algunos escritos del Rvdo. P. Marciano Vidal, C.Ss.R.;
puede leerse íntegra, con la Nota doctrinal que la acompaña,
en la página de la Santa Sede (www.vatican.va), sección de
la Congregación para la Doctrina de la Fe. 2 Cf. Aciprensa
12 de julio de 2005. 3 Citaremos “Moral de Actitudes”
tomos I-III, Editorial PS, Madrid 1990, 1991 y 1995,. (para
cada una de los tomos de la 8ª edición). En
adelante la citaremos “MA”. 4 MA I, p. 260; cf.
pp. 260-284. 5 Cf. MA I, p. 213. 6 Contra
lo que dice la VS 36, 42-45. 7 MA I,
p. 203; cf. MA II/1, pp. 131 y 139, MA
III, pp. 99-100 y en MA I, p. 99 referida
a la Sagrada Escritura. 8 MA I, pp. 203-204. 9
Cf. MA I, pp. 192-193. 10 MA I, p. 452.
11 Cf. MA I, pp. 268-270. 12 Cf. MA I,
p. 468. 13 MA II/2, p. 574. 14 Ibidem. 15
Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. De abortu
procurato (18 de noviembre de 1974), nn. 12-13; Juan Pablo
II, Enc. Evangelium vitae, n. 58; Pablo VI, Enc. Humanae
vitae, n. 14. 16 MA II/1, p. 641; cf. también
MA II/2, p. 575, donde la esterilización es considerada una
“solución adecuada” para algunos casos, y “Diccionario de ética teológica”,
Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra) 1991, p. 225, donde se
afirma que en algunas ocasiones la esterilización será el “único
método aconsejable”. 17 Cf. Pablo VI, Enc. Humanae vitae n.
14; Congregación para la Doctrina de la Fe, Resp. Circa
sterilizationem in nosocomiis catholicis (13 de marzo de 1975); Catecismo
de la Iglesia Católica, n. 2399. 18 Cf. MA II/2,
pp. 266-267. 19 29 Cf. MA II/2, p. 267. 20 Cf. MA
II/2, p. 268; también “Diccionario de ética teológica”, pp. 294-295. 21
MA II/2, pp. 281-282. 22 MA II/2, p. 283 23 Cf.
Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357-2359. 24 MA II/2, p.
268 ; cfr. pp. 268-270. 25 MA II/2, p. 324. 26 MA
II/2, p. 332. 27 Cf. Decl. Persona humana, n. 9; Catecismo
de la Iglesia Católica, n. 2352. Cf. también León IX,
Carta Ad splendidum nitentis, año 1054: DS 687-688. He tratado
este tema en “El Teólogo Responde”, vol. 3, Ed. Verbo
Encarnado, San Rafael 2005, pp. 72 y ss. 28 MA
II/2, p. 576. 29 MA II/2, p. 576. 30 Cf. MA
II/2, pp. 576-577. 31 Cf. Enc. Humanae vitae, nn. 11-14;
Juan Pablo II, Exhort. Familiaris consortio, n. 32; Catecismo de
la Iglesia Católica, nn. 2370 y 2399. Cf. también MA
II/2, pp. 571-573. 32 MA II/2, p. 576. 33 MA
II/1, p. 597. 34 Ma II/1, p. 597. 35 Cf.
MA II/1, p. 586 y “Diccionario...”, p. 315. 36 Cf.
MA II/1, p. 597. 37 Cf. MA II/1, p. 403.
38 Cf. MA II/1 p. 403. 39 MA II/1, p.
412. 40 Cf. MA II/1, p. 408. 41 Cf. Decl.
De abortu procurato, nn. 19-23; Enc. Evangelium vitae, nn. 71-74
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