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Sectas, Apologética y Conversos | sección
Un Magisterio Paralelo | categoría
Sus teorías sobre moral y educación | tema
Autor: R. P. Dr. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. | Fuente: Un teologo responde
¿Podemos considerar a Marciano Vidal un moralista Católico?
Realmente Marciano Vidal se ha esmerado en cubrir un amplísimo espectro de la doctrina moral con errores y contradicciones a la enseñanza católica no sólo de otros teólogos tradicionales sino del Magisterio de la Sagrada Escritura.
 
¿Podemos considerar a Marciano Vidal un moralista Católico?
¿Podemos considerar a Marciano Vidal un moralista Católico?


Pregunta:

Mi pregunta es sobre Marciano Vidal. Yo he leído algunos libros suyos (pues he hecho un curso en una facultad teológica de nuestro país), como ´Ética de la sexualidad´ y otro sobre las actitudes, cuyo nombre no recuerdo. En general me han gustado, aunque reconozco que no puedo entender todo, y que algunas cosas me han causado perplejidad. Leí al pasar que ha tenido problemas con el Vaticano, pero que ha sido muy apoyado por sus colegas. ¿Me puede explicar cuál es el problema con este autor?

Respuesta:

Estimado:

Trataré de ser lo más claro posible sobre un asunto de capital importancia para su coherencia católica.

1. Marciano Vidal, sus obras y la Notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe

Marciano Vidal es un profesor de moral español, religioso redentorista. Ha escrito numerosas obras, de las cuales, la más conocida es su “Moral de actitudes”, cuya primera edición (si no me equivoco) es de 1974; muy pronto fue traducida a otras lenguas, al punto tal que en 1994 en Italia se traducía la 8ª edición española. Desde la década del ’70 y más aún en las del 80 y 90 ha sido un libro muy usado en institutos superiores de teología, seminarios y universidades católicas.
Sin embargo esta obra, como muchas que la siguieron, están plagadas de enseñanzas contrarias a la doctrina moral católica. Durante años la Congregación para la Doctrina de la Fe examinó sus escritos y entabló un diálogo con su autor para que clarificara sus posiciones y el sentido de sus doctrinas. Finalmente, el 15 de mayo de 2001, la Congregación para la Doctrina de la Fe comunicó en una Notificación que esa obra y otras dos más “no pueden ser utilizadas para la formación teológica” 1.

Lamentablemente, la Notificación llegó un cuarto de siglo después de que se comenzaran a utilizar las obras; han pasado numerosos cursos de teología por las aulas donde se estudiaban estos escritos, y hoy en día no son pocos (son demasiados) los sacerdotes que han abrevado su conocimiento moral en estos libros. Muchos de ellos son actualmente profesores de universidades y seminarios y han transmitido a su vez esas enseñanzas a otros. El mal hecho (y considero que es mucho) difícilmente pueda repararse con una Notificación: pero bienvenida sea, por lo que pueda hacer.

De todos modos, durante todo este tiempo, no han faltado voces que han advertido sobre los errores contenidos en esos libros, al menos de forma oral. Y muchos cristianos que han tenido claro lo enseñado en sus épocas de catecismo o que han seguido de cerca la enseñanza del magisterio de la Iglesia, han sido conscientes de que mucho de lo que Marciano Vidal escribía en sus obras no tenía nada que ver con la enseñanza católica.

La Notificación de la Congregación para la Doctrina de Fe ha tenido en cuenta cuatro obras de Vidal: “Diccionario de ética teológica”, “La propuesta moral de Juan Pablo II”, “Comentario teológico-moral de la encíclica Veritatis Splendor” y “Moral de Actitudes”. Esto no quiere decir que los demás escritos carezcan de errores; por el contrario, se repiten sustancialmente los indicados para estas obras.

El examen de las mismas no ha sido hecho apresuradamente, sino todo lo contrario, con detenimiento y con las idas y vueltas propias que exige el proceso de examen de las doctrinas en este Dicasterio romano. La misma Notificación resume así el proceso llevado a cabo:
• Primero se examinaron las obras mencionadas (no se indica en qué fecha).
• En este examen se evidenciaron numerosos errores, y en razón de la gravedad de éstos y de la amplia difusión de tales libros en la formación teológica, se decidió hacer un examen más profundo, tal como está establecido en el proceso “Ratio agendi in doctrinarum examine”.
• En diciembre de 1997, le fue enviado al Autor el texto de la “Contestatio”, o sea las objeciones que la Congregación para la Doctrina de la Fe hacía a determinadas enseñanzas: relación entre la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio; relación entre el teólogo y el Magisterio, errores sobre Persona-Sexualidad-Bioética; Moral Social: Escatología-Utopía.
• En junio de 1998 el Autor envió su Respuesta, que fue considerada “insatisfactoria” por la Congregación. Por esta razón se le ofreció una segunda oportunidad de clarificar su pensamiento.
• En enero de 1999 se elaboró, pues, un nuevo texto con preguntas puntuales (aprobado por el Santo Padre Juan Pablo II), concediéndole tres meses (es lo que prevé la “Ratio Agendi”) para responder. Al entregar este material al Superior General de Marciano Vidal, la Congregación destacaba que esta segunda oportunidad era algo excepcional y manifestaba “la viva esperanza de que el P. Vidal viese la nueva oportunidad que se le concedía como una llamada a una más profunda reflexión para su propio bien y para el bien de la Iglesia”. Creo que las palabras son más que elocuentes para indicar que se hacía entender a Vidal que se estaba descarrilando de la Iglesia y dañando con su actitud y doctrinas al pueblo cristiano. Ese es el bien común puesto en juego. Y para evitar nuevos subterfugios del Autor se determinaba que la respuesta (para la cual tenía tres meses de tiempo) debía ser “redactada de forma personal, inequívoca y sucinta”.
• El P. Vidal “aseguró que se atendría a cuanto la Congregación le pedía”. El texto de la Segunda Respuesta fue sometido al juicio de la Congregación.
• En noviembre de 1999, después de examinar este escrito, la “Congregación para la Doctrina de la Fe acogió con satisfacción la disponibilidad manifestada por el Autor para corregir las ambigüedades referentes a la procreación artificial heteróloga, al aborto terapéutico y eugenésico y a las leyes sobre el aborto, así como su declarada adhesión al Magisterio de la Iglesia por lo que se refiere a los principios doctrinales, pero notando que el Autor no proponía modificaciones concretas y sustanciales a las otras posiciones erróneas señaladas en la Contestatio, juzgó necesario preparar una Notificación”. Por tanto, la referida Notificación se debe a que la actitud de Marciano Vidal siguió, en la práctica, siendo ambigua.
• Si bien la Notificación le sería comunicada a Vidal, exigiéndole el reconocimiento “explícito de los errores y ambigüedades” y “para verificar la disponibilidad para corregir los libros”, ya a esta altura de los acontecimientos, sería publicada. El Papa Juan Pablo II aprobó las resoluciones en 1999.
• En la reunión del 2 de junio de 2000 (participando además de Marciano Vidal, el Prefecto y Secretario de la Congregación, el Arzobispo de Granada —miembro de la Congregación— como representante de la Conferencia Episcopal Española, el Superior General de los Redentoristas P. Joseph William Tobin, el antiguo Superior general, P. Joseph Pfab, y otros), el P. Marciano Vidal aceptó el juicio doctrinal formulado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, y se comprometió formalmente a reelaborar sus escritos, según los criterios establecidos.
• La Congregación para la Doctrina de la fe decidió, además de publicar la Notificación, que las ediciones de las obras de Marciano Vidal “Moral de actitudes”, “Diccionario de ética teológica” y “La propuesta moral de Juan Pablo II”, anteriores a la Notificación (en cualquier idioma) “no pueden ser utilizados para la formación teológica, y que el Autor debe reelaborar, especialmente ‘Moral de Actitudes’, bajo la supervisión de la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal Española”. El P. Marciano Vidal aceptó y firmó estas exigencias, que pueden leerse todas en la Notificación de la Congregación.
La misma Notificación afirmaba que no se enjuiciaba en ella ni al autor ni su intención, ni la totalidad de su obra, sino sólo esos escritos mencionados. Lo cual no quiere decir que las intenciones del autor hayan sido las mejores, sino que ese juicio se deja a Dios; ni tampoco que las demás obras no contengan errores o ambigüedades, sino que no son las más divulgadas o usadas en la formación teológica en seminarios e instituciones teológicas.

Sin embargo, cuatro años más tarde, en junio de 2005, la Conferencia Episcopal Española emitió un comunicado en el que recuerda que el libro “Moral de Actitudes” de Marciano Vidal no debe ser usado en los seminarios ni en las facultades de teología. Este comunicado fue dirigido a las Conferencias Episcopales de Portugal y Latinoamérica, y recuerda que luego de que el P. Vidal se negara a reelaborar y reeditar su libro Moral de Actitudes “bajo la supervisión de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, el mismo P. Vidal, el presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y el Provincial de Madrid de la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas) firmaron una declaración conjunta en la que se reconoce que el libro ‘Moral de Actitudes’ no es apto para ser utilizado como manual en las Facultades, Seminarios, Institutos y Centros de formación teológica”. Y la Carta prosigue: “Conscientes de que en algunos Centros de Estudios Eclesiásticos se sigue utilizando el libro ‘Moral de Actitudes’ como libro de texto de los candidatos al sacerdocio”, la Conferencia Episcopal Española decidió enviar una copia de la “declaración conjunta aludida” para que ya no se utilice más dicho texto en los lugares mencionados 2.

Por tanto, en la práctica las obras del P. Vidal siguen censuradas y contienen serios errores. No pueden considerarse doctrina moral católica. ¡Pero se siguen usando para formar a los futuros sacerdotes católicos!

¿Cuáles son los principales errores indicados por la Notificación?

2. Algunas críticas generales a la obra de Vidal

De las tres obras que se manda corregir, me detendré principalmente en la “Moral de Actitudes”, por ser la más usada en los estudios de teología y la que es más puntualmente analizada por la Notificación. Ésta consta de tres volúmenes (el primero trata de la moral fundamental, el segundo —a su vez dividido en dos tomos— de la moral de la persona, bioética teológica, la moral del amor y la sexualidad, y el tercero de la moral social) 3.
La Congregación para la Doctrina de la Fe le critica el dejar en segundo plano aspectos esenciales de la doctrina moral de la Iglesia como: “el uso de una metodología teológica correcta, la adecuada definición de la moralidad objetiva de las acciones, la precisión del lenguaje y la presentación de argumentaciones completas”.

Por eso el autor no puede “evitar algunos de los errores que contiene, que son sustancialmente los señalados por la Encíclica Veritatis splendor”.

Su perspectiva teológica es lo que él llama modelo (o paradigma) de la “autonomía teónoma” reinterpretado desde la “ética de liberación” 4. Eso lleva a Vidal a relacionar (o separar) indebidamente la fe y la razón, por lo que la “ratio” normativa 5 es entendida por él como un diafragma que se interpone entre el hombre y Dios, por lo que no resulta ya posible poner en la Sabiduría divina el fundamento ontológico (y, por ello, objetivo) del conocimiento moral que todo hombre indudablemente posee, ni admitir que la razón moral pueda ser iluminada por la Revelación divina y por la fe 6.

Como consecuencia práctica de esta posición Vidal sostiene que “lo propio y específico del êthos cristiano no hay que buscarlo en el orden de los contenidos concretos del compromiso moral”, sino “en el orden de la cosmovisión que acompaña” esos contenidos 7. La Notificación sugiere comparar estas afirmaciones con lo que dice la Encíclica Veritatis splendor, n. 37: “En consecuencia, se ha llegado hasta el punto de negar la existencia, en la divina Revelación, de un contenido moral específico y determinado, universalmente válido y permanente: la palabra de Dios se limitaría a proponer una exhortación, una parénesis genérica, que luego sólo la razón autónoma tendría el cometido de llenar de determinaciones normativas verdaderamente ‘objetivas’, es decir, adecuadas a la situación histórica concreta”. O sea que la enseñanza de Marciano Vidal es la que critica el documento moral más importante de Juan Pablo II. Para Marciano Vidal Jesús de Nazaret, y en general la Sagrada Escritura, sólo nos da un “horizonte o ámbito nuevo de comprensión y de vivencia de la realidad” 8, una orientación, influjo o contexto 9. De todos modos, como Vidal es un autor ambiguo y los autores ambiguos tienen una mente “renga” que a cada paso que dan los hace entrar y salir de la línea de la ortodoxia católica, encontraremos en el redentorista afirmaciones como: “la Norma decisiva de la ética cristiana es Cristo” y “no hay otra norma para el cristiano que el acontecimiento de Jesús de Nazaret” 10; sin embargo, como aclara la Notificación, “su intento de fundamentación cristológica no consigue conceder normatividad ética concreta a la revelación de Dios en Cristo” 11. En la realidad, Jesucristo y su enseñanza no es la norma moral de la doctrina de Marciano Vidal, como veremos en sus enseñanzas morales prácticas.

De ahí que el resultado sea, como sigue diciendo la Notificación, una ética débilmente influida por la fe, donde la fe “se yuxtapone de hecho a una racionalidad secularizada enteramente proyectada sobre un plano horizontal”. Vidal se sitúa, por tanto, en un horizontalismo y en un secularismo barnizado con lenguaje vagamente cristiano. Algo así como el gnosticismo pseudocristiano. La Notificación es muy clara al respecto: “en ‘Moral de Actitudes’ no se resalta suficientemente la dimensión vertical ascendente de la vida moral cristiana, y grandes temas cristianos como la redención, la cruz, la gracia, las virtudes teologales, la oración, las bienaventuranzas, la resurrección, el juicio, la vida eterna, además de estar poco presentes, no tienen casi influjo en la presentación de los contenidos morales”. A esto se añade, como lógica consecuencia, “un papel insuficiente a la Tradición y al Magisterio moral de la Iglesia”, incluso separándose críticamente de la doctrina eclesial. Llamar, pues, “moralista católico” a Marciano Vidal, es una afirmación tan gratuita como considerar predicador evangélico al Dalai Lama.

También señala la Notificación la tendencia de Vidal a usar el método del conflicto de valores o de bienes en el estudio de los diversos problemas éticos, así como el papel desempeñado por las referencias al nivel óntico o pre-moral” 12, lo que lleva “a tratar reductivamente algunos problemas teóricos y prácticos, como son la relación entre libertad y verdad, entre conciencia y ley, entre opción fundamental y acciones concretas, los cuales no se resuelven positivamente por la falta de una toma de posición coherente del Autor. En el plano práctico, no se acepta la doctrina tradicional sobre las acciones intrínsecamente malas y sobre el valor absoluto de las normas que prohíben esas acciones”. Por tanto, Vidal no acepta el valor absoluto ni siquiera de los Diez Mandamientos.

Es suficientemente claro que estas críticas de fondo son muy serias y hacen que la doctrina moral contenida en este libro —el más usado de los escritos de Vidal en los seminarios y facultades de teología— atente contra la auténtica moral católica. Se lo puede tomar como punto de referencia de los “errores” contra la moral, pero no como exposición de la moral católica. Indudablemente, no afirmo que todo lo que dice Vidal en esta obra contradice la moral católica; pero lo hace en los principios que condicionan todo juicio moral posterior, y ciertamente en muchos de los puntos sustanciales, como indicaremos a continuación.

3. Algunos errores puntuales sobre cuestiones especiales de moral

Como en todas las cuestiones doctrinales, si los principios pueden ser confusos y ambiguos, cuando se baja a su aplicación concreta suele verse más claramente la pata de la zorra debajo del disfraz. Limitándonos a los yerros que señala la Notificación, podemos enumerar entre las afirmaciones erróneas de Vidal:
• Que los métodos artificiales de regulación de la natalidad “interceptivos”, es decir, aquéllos que actúan después de la fecundación y antes de la anidación, no son abortivos. También enseña que si “generalmente” no se pueden considerar como medios lícitos para controlar la natalidad 13, son moralmente aceptables “en situaciones de notable gravedad, cuando es imposible el recurso a otros medios” 14. Estamos, pues, ante una ética de situación y de circunstancias excepcionales y ante la negación de normas universalmente válidas. Esta enseñanza en contraria a la doctrina católica 15.
• Que la esterilización en algunas situaciones no ofrece dificultades morales, “ya que lo que se intenta es realizar de una manera responsable un valor humano”, y en algunos casos “es la solución adecuada” 16. Esta afirmación es contraria a la enseñanza de la Iglesia 17.
• Que la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad posee cierta coherencia, pero no goza de suficiente fundamento bíblico 18, que adolece de importantes condicionamientos 19 y ambigüedades 20; que en la valoración moral de la homosexualidad se debe “adoptar una actitud de provisionalidad”, y desde luego “ha de formularse en clave de búsqueda y apertura” 21. Asimismo que para el homosexual irreversible un juicio cristiano coherente “no pasa necesariamente por la única salida de una moral rígida: cambio a la heterosexualidad o abstinencia total” 22. Compárese esta doctrina con lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica y se verá la oposición 23.
• Habla de los fallos que pueden advertirse “en todo el edificio histórico de la ética sexual cristiana” 24.
• Sostiene igualmente que no se ha probado “la gravedad ex toto genere suo de la masturbación” 25, es decir, afirma que “no todo acto de masturbación es ‘materia objetivamente grave’” 26. Esto contradice (y Vidal lo reconoce) la doctrina moral católica de que los actos autoeróticos son objetivamente acciones intrínsecamente malas 27.
• Enseña que ninguno de los métodos actuales para regular los nacimientos reúne una bondad absoluta. “Es incoherente y arriesgado inclinar la valoración moral por un método determinado” 28.
• ...y por tanto (la pata de la zorra) en casos de conflicto “seguirá siendo válido el principio básico de la inviolabilidad de la conciencia moral” 29; o sea, que son los esposos los que deciden qué método (natural o artificial) es conveniente para ellos y por tanto lícito. Por eso no es de extrañar, como indica la Notificación que “entre los diversos criterios ofrecidos por el Autor para guiar ese discernimiento 30, no se encuentra el valor objetivo y vinculante de la norma moral contenida en la Humanae vitae y en los demás documentos del Magisterio pontificio anteriores y posteriores a ella” 31.
• Tampoco debería extrañarnos que Vidal después hable de que incluso fuera de los casos conflictivos, “la utilización moral de los métodos estrictamente anticonceptivos ha de ser objeto de responsable discernimiento de los cónyuges” 32. De hecho, debemos reconocer que el recurrir al conflicto de deberes o a la presunta colisión de bienes, es una excusa para gambetear las enseñanzas del magisterio, mientras que la enseñanza contraria al magisterio es la que autores como Marciano Vidal proponen como solución real para todos los casos y no sólo para sus presuntas situaciones extremas.
• Enseña, asimismo, que es lícita la fecundación artificial in vitro entre esposos: “Por lo que respecta a la fecundación completamente intraconyugal (‘caso simple’), creemos que no puede ser descartada...” 33; “la fecundación artificial homóloga no puede ser declarada en principio como inmoral” 34.
• Es ambiguo sobre la inseminación artificial en un matrimonio con semen de un donador 35.
• Es también ambiguo sobre la fecundación in vitro heteróloga (con semen de donador) 36.
• También es ambiguo sobre el tema del aborto. “Es verdad —dice la Notificación— que el autor da una valoración moral negativa del aborto en términos generales, pero su posición acerca del aborto terapéutico es ambigua 37: al sostener la posibilidad de ciertas intervenciones médicas en algunos casos más difíciles, no se entiende claramente si se está refiriendo a lo que tradicionalmente se llamaba ‘aborto indirecto’, o si en cambio admite también la licitud de intervenciones no comprendidas en la categoría tradicional mencionada”.
• No menos ambigua es su posición sobre el aborto eugenésico 38.
• En cuanto a las leyes abortistas, Vidal sostiene que “no toda liberalización jurídica del aborto es contraria frontalmente a la ética” 39, “parece, dice la Notificación, que se refiere a las leyes que permiten una cierta despenalización del aborto 40. Pero, dado que existen diversos modos de despenalizar el aborto —algunos de los cuales equivalen, en la práctica, a su legalización, mientras que ninguno de los demás es, en todo caso, aceptable según la doctrina católica 41— y que el contexto no es suficientemente claro, al lector no le es posible entender qué tipo de leyes despenalizadoras del aborto se consideran ‘no contrarias frontalmente a la ética’”.
Quienes se hayan formado —sin espíritu crítico (y muy crítico)— con estos libros, ¿tienen una mente católica en la moral? ¿Cómo podremos extrañarnos del desvío moral entre los fieles y entre los mismos consagrados y profesores de teología, si han aceptado un cuerpo de doctrina que no es católico? Porque estas enseñanzas no son solamente discusiones atrevidas y temerarias: simplemente no son católicas, y minan el fundamento de la visión evangélica de la vida y del obrar humano. Se sitúan en esa sabiduría mundana que evacua la cruz de la vida cristiana.

4. Conclusión

Realmente Marciano Vidal se ha esmerado en cubrir un amplísimo espectro de la doctrina moral con errores y contradicciones a la enseñanza católica no sólo de otros teólogos tradicionales sino del Magisterio de la Sagrada Escritura. Es comprensible que ante la necesidad de corregir tantos traspiés teológicos en sus obras no se haya sentido (a pesar de haberse comprometido a ello) con ánimo de emprender semejante tarea, muy parecida a “quemar lo que se adorado y adorar lo que se ha venido quemando” hasta este momento. Pero en un teólogo que realmente ama la verdad —si queremos salvar la intención de nuestro autor— esto debería ser un imperativo de conciencia. No sólo por purificar la verdad que ha oscurecido sino también como reparación en justicia por los errores enseñados durante años y cuyos efectos nocivos siguen corriendo por las venas de la Iglesia por obra de tantos sacerdotes, religiosos y laicos que han abrevado en sus aguas contaminadas.

En todo caso, mientras esperamos este acto de coherencia con la verdad de parte del P. Vidal, corresponde a los superiores, profesores y pastores recordar que, tal como están sus obras (en particular las que ha criticado la Congregación para la Doctrina de la Fe), contradicen “la fe de la Iglesia que profesamos en nuestro bautismo”, cuya confesión es el requisito esencial para ser católicos.

Temores en el favor

Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro
y la cándida víctima levanto,
de mi atrevida indignidad me espanto
y la piedad de vuestro pecho admiro.

Tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto,
que arrepentido de ofenderos tanto
con ansias temo y con dolor suspiro.

Volved los ojos a mirarme humanos,
que por las sendas de mi error siniestras
me despeñaron pensamientos vanos;

no sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
Vos le dejéis de las divinas vuestras.

Lope de Vega.
1 Cf. Congregación para la doctrina de la Fe, Notificación sobre algunos escritos del Rvdo. P. Marciano Vidal, C.Ss.R.; puede leerse íntegra, con la Nota doctrinal que la acompaña, en la página de la Santa Sede (www.vatican.va), sección de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
2 Cf. Aciprensa 12 de julio de 2005.
3 Citaremos “Moral de Actitudes” tomos I-III, Editorial PS, Madrid 1990, 1991 y 1995,. (para cada una de los tomos de la 8ª edición). En adelante la citaremos “MA”.
4 MA I, p. 260; cf. pp. 260-284.
5 Cf. MA I, p. 213.
6 Contra lo que dice la VS 36, 42-45.
7 MA I, p. 203; cf. MA II/1, pp. 131 y 139, MA III, pp. 99-100 y en MA I, p. 99 referida a la Sagrada Escritura.
8 MA I, pp. 203-204.
9 Cf. MA I, pp. 192-193.
10 MA I, p. 452.
11 Cf. MA I, pp. 268-270.
12 Cf. MA I, p. 468.
13 MA II/2, p. 574.
14 Ibidem.
15 Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. De abortu procurato (18 de noviembre de 1974), nn. 12-13; Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, n. 58; Pablo VI, Enc. Humanae vitae, n. 14.
16 MA II/1, p. 641; cf. también MA II/2, p. 575, donde la esterilización es considerada una “solución adecuada” para algunos casos, y “Diccionario de ética teológica”, Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra) 1991, p. 225, donde se afirma que en algunas ocasiones la esterilización será el “único método aconsejable”.
17 Cf. Pablo VI, Enc. Humanae vitae n. 14; Congregación para la Doctrina de la Fe, Resp. Circa sterilizationem in nosocomiis catholicis (13 de marzo de 1975); Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2399.
18 Cf. MA II/2, pp. 266-267.
19 29 Cf. MA II/2, p. 267.
20 Cf. MA II/2, p. 268; también “Diccionario de ética teológica”, pp. 294-295.
21 MA II/2, pp. 281-282.
22 MA II/2, p. 283
23 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357-2359.
24 MA II/2, p. 268 ; cfr. pp. 268-270.
25 MA II/2, p. 324.
26 MA II/2, p. 332.
27 Cf. Decl. Persona humana, n. 9; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2352. Cf. también León IX, Carta Ad splendidum nitentis, año 1054: DS 687-688. He tratado este tema en “El Teólogo Responde”, vol. 3, Ed. Verbo Encarnado, San Rafael 2005, pp. 72 y ss.
28 MA II/2, p. 576.
29 MA II/2, p. 576.
30 Cf. MA II/2, pp. 576-577.
31 Cf. Enc. Humanae vitae, nn. 11-14; Juan Pablo II, Exhort. Familiaris consortio, n. 32; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2370 y 2399. Cf. también MA II/2, pp. 571-573.
32 MA II/2, p. 576.
33 MA II/1, p. 597.
34 Ma II/1, p. 597.
35 Cf. MA II/1, p. 586 y “Diccionario...”, p. 315.
36 Cf. MA II/1, p. 597.
37 Cf. MA II/1, p. 403.
38 Cf. MA II/1 p. 403.
39 MA II/1, p. 412.
40 Cf. MA II/1, p. 408.
41 Cf. Decl. De abortu procurato, nn. 19-23; Enc. Evangelium vitae, nn. 71-74

comentarios al R. P. Dr. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.: teologoresponde@ive.org


 

 
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