Autor: Mons. Freddy Delgado, Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador | Fuente: Conferencia Episcopal de El Salvador Un obispo de El Salvador informa
Este informe, sacado a la luz por Ricardo de la Cierva, es un documento histórico muy útil para descubrir el modo como procedieron en El Salvador y su habilidad para servirse de los obispos y de las masas proletarias y campesinas al estilo marxista.
Un obispo de El Salvador informa
“Todo el que quiera militar para Dios bajo el estandarte
de la cruz en nuestra Compañía, que deseamos se distinga
con el nombre de Jesús, y servir solamente al Señor
y a su Esposa la Iglesia bajo el Romano Pontífice,
Vicario de Cristo en la tierra, persuádase que, después
del voto solemne de perpetua castidad, pobreza y obediencia, es
ya miembro de esta Compañía, fundada principalmente para emplearse en
la defensa y propagación de la fe y en el
provecho de las almas en la vida y doctrina cristiana,
sobre todo por medio de las públicas predicaciones, lecciones y
cualquier otro ministerio de la palabra de Dios, de lo
ejercicios espirituales, de la doctrina cristiana a los niños y
gente ruda, y del consuelo espiritual de los fieles, oyendo
sus confesiones y administrándoles los otros sacramentos. Y, con
todo, se muestra disponible (“se utilem exhibeat” – dice el
original-) a la pacificación de los desavenidos, el socorro de
los presos en las cárceles y de los enfermos en
los hospitales, y al ejercicio de las demás obras de
misericordia, según pareciere conveniente para la gloria de Dios y
el bien común; haciendo todo esto gratuitamente, sin recibir estipendio
ninguno por su trabajo (Compañía de Jesús, Fórmula del Instituto
aprobada por el Papa Julio III con la bula Exposcit
Debitum, 1)
Este informe reservado de Mons. Freddy Delgado, Secretario de
la Conferencia Episcopal de El Salvador durante los años comprendidos
en el informe, y sacado a la luz pública por
el historiador español Ricardo de la Cierva es un documento
histórico muy útil para descubrir el modo de proceder del
Magisterio Paralelo en El Salvador y su habilidad para servirse
de los obispos y de las masas proletarias y campesinas
al estilo marxista. El informe ilustra el tipo de
revolución marxista-eclesiástica aplicado en Cuba, Nicaragua, Guatemala y México; en
este caso se ve paso a paso lo sucedido en
El Salvador.
1 Objetivo: la rebelión comunista; medio: la iglesia popular.
“La
principal estrategia del Partido Comunista para hacer de El
Salvador una República Socialista de Obreros y Campesinos satélite de
la Unión Soviética ha sido la instrumentalización de la Iglesia
Católica en la revolución comunista, según el esquema aprobado por
el primer congreso del partido comunista de Cuba. En lo
que se refiere a la religión, la Iglesia y los
creyentes, expresó que El Partido Comunista de Cuba aprecia el.
hecho de la notoria y frecuente aparición en los países
de nuestra América de grupos católicos y no católicos, sacerdotes,
pastores y laicos; que se incorporan a las luchas revolucionarias
o las favorecen considerándolas compatibles con su fe religiosa... "La
Revolución Cubana ha tenido, frente a las agresiones imperialistas, el
respaldo militante, valioso y entusiasta, de estos movimientos". La estrategia
que seguirá define que "es conveniente promover y consolidar la
alianza con los sectores cristianos mencionados, proyectados hacia la construcción
de una nueva sociedad verdaderamente humana, la sociedad sin clases".
Las metas en El Salvador son claras: politizar al clero,
dividir a la conferencia episcopal interna y externamente entre progresistas
y reaccionarios; una vez dividida, convertir a los progresistas en
dóciles y eficaces instrumentos de la revolución.
En Chile no cristalizó
el plan de la aparición de una iglesia marxista leninista
dentro de la misma Iglesia. El Salvador sí que reunió
las condiciones indispensables para empollar una iglesia al servicio del
comunismo: la Iglesia que nace del pueblo, por el pueblo
y para el pueblo. Fue así como echó a andar
el plan para el nacimiento de una Iglesia Popular. Para
ello había que organizar un Grupo de base entre sacerdotes.
En
1968, habían reunido a un grupo de sacerdotes escogidos de
todo el país, organizando un grupo de estudio y de
reflexión pastoral. En 1970 apareció "la Nacional de sacerdotes" un
grupo de 17 sacerdotes que se dedicó al "análisis de
la realidad nacional" . Ayudaron al grupo algunos políticos, asesorándolos
sobre el análisis socio-económica-político dentro del marco del contexto social
del proceso histórico salvadoreño. Desde el primer momento hubo una
inclinación del grupo hacia la ultraizquierda.
A partir del materialismo histórico
y con la ayuda del instrumento marxista-leninista se analizaba el
proceso de nuestra realidad salvadoreña. Para despistar, el Grupo se
llamó de Reflexión Pastoral. El estudio del marxismo leninismo se
fue intensificando. El padre francés Bernardo Boulang, encargado de la
Acción Católica Agraria, trajo a un profesor universitario francés para
que impartiese al Grupo unas charlas sobre la religión como
apiade los pueblos; indicó que para saber liberar al pueblo
era necesario liberarse antes de atavismos y mitologías religiosas.
En
1970 dio un retiro en el Colegio Sagrado Corazón, en
el cual participaron quince sacerdotes y dos religiosas. Durante los
siete días de duración del retiro no hubo ninguna oración
o acto litúrgico, ni se celebró la Santa Misa. La
madre Pilar Manceñido y el padre Abraham Rodríguez reclamaron
por la ausencia de los actos religiosos oponiéndose a que
una persona atea les cuestionase sobre su fe. Entre
los sacerdotes asistentes estaban los presbíteros David Rodríguez, Bernardo Boulang,
José Inocencio Alas, el jesuita Jesús Bengoechea y otros.
El Grupo
se siguió reuniendo en el noviciado. Varios miembros del Grupo
asistieron a un curso en Cuernavaca (México) sobre un método
de Pablo Freire, pero en realidad versó sobre marxismo-leninismo.
Este curso fue exclusivo para religiosos. Se desarrolló
en la casa de la Acción Católica mexicana, en donde
se hospedaron los asistentes. El padre Enrique Sánchez participó
juntamente con el belga Esteban Allier. Se dedicó solamente
medio día al método de Freire. El resto del
tiempo (cinco días) se consagró a estudiar la “teología de
la instrumentalización” es decir en qué forma se podía instrumentalizar
a la Iglesia para llevar consignas políticas al pueblo, aprovechando
el poder de la Iglesia en América Latina. Durante
el curso se visitó la parroquia de Quetzalcuayolt en el
Distrito Federal, a cargo de los jesuitas. Allí se
tuvo una misa-mitin.
En esa parroquia tenían a sus estudiantes trabajando
pastoralmente. En ocasiones se comentó que sería bueno incorporar
a los sacerdotes belgas al proceso revolucionario en América. De
1970 a 1971 las reuniones se celebraron en la casa
de las madre paulinas. Desde finales de 1971 se
trasladaron al noviciado. Así participaron bastantes sacerdotes en las
reuniones, juntamente con los aspirantes al sacerdocio llamados “júniores”.
Debido a la situación difícil, posterior a las elecciones para
presidente de la República en 1972, el Grupo comenzó a
distraer a las autoridades del país sobre estas reuniones, cambiando
con frecuencia el local. Inclusive se reunieron mas de
una vez en casa de un miembro de la embajada
de Francia o en el sótano del seminario San José
de la Montaña.
El arzobispo decidió expulsar al P. Boulang acusado
de actividades marxistas subversivas y de incitar a la revolución
armada. Los compañeros protestaron. Para ello hubo una
reunión en la parroquia del padre Alfonso Navarro, ubicada en
la colonia Miramonte; en esa ocasión participaron 27 sacerdotes.
El padre Ignacio Ellacuría dijo que el padre Boulang era
el único sacerdote que estaba encaminado dentro de una pastoral
popular y que permitir a los obispos expulsarle era comenzar
a detener una pastoral popular y liberadora; ésta era la
línea auténtica de pastoral que desde hace mucho tiempo tendría
que haberse llevado a nivel nacional. Expulsar al padre
Boulang era expulsar al verdadero líder de una auténtica pastoral
liberadora.
Presentaron un escrito al señor arzobispo y le
pidieron una especie de careo entre ellos para defender al
padre Boulang. Para esa reunión especial, cada uno de
los miembros del Grupo tenía la obligación de invitar a
un grupo de sacerdotes. Monseñor Luis Chávez y González
invitó a una audiencia pública. El Grupo puso el
nombre de “Tribunal del pueblo”, a esa audencia. El
señor arzobispo acusó al padre Boulang de hacer labor laicista
y no sacerdotal. El Grupo defendió que la labor
de Boulang era pastoral no política.
Defendieron al
padre Boulang, juntamente con los los sacerdotes Ricardo Urioste, Benito
Tobar, Astor Ruíz, Rutilio Sánchez. Eran en total 15
sacerdotes. El arzobispo terminó la audiencia diciendo: “Mi última
palabra es: el padre Boulang se va”. Y se
fue del país. Desde aquel momento el padre Ellacuría
y el Grupo de Reflexión Pastoral dieron la consigna de
marginar al arzobispo Chávez y al obispo Rivera: “Ya
no son los obispos que necesitamos; tenemos que ver la
forma como lograr que llegue al arzobispado un obispo con
quien podamos trabajar”. El Grupo se fue extendiendo al
margen de la autoridad arzobispal. Pertenecían a él: los
padres César Jeréz (guatemalteco marxista que fue provincial y consejero
especial del general padre Arrupe) Francisco Estrada, Ellacuría, Sobrino, Ignacio
Martín Baró, Jesús Bengoechea, Francisco Javier Ibisate, Rafael Moreno, Juan
Hernández Pió, Rutilio Grande, Segundo Montes y otros menos conocidos.
El más moderado de todos era el padre Rutilio
Grande, prefecto de disciplina en el seminario San José de
la Montaña, que trató de restablecer la concordia entre el
Grupo y los obispos, con poco éxito; se hizo sospechoso
a unos y a otros. El Grupo de Reflexión,
dirigido por Ellacuría y siguió creciendo hasta el punto de
que en 1982 contaba con un veinte por ciento de
todo el clero salvadoreño, formado entonces por 383 sacerdotes; la
mitad diocesanos y la mitad religiosos. Desde 1980 el
Grupo se denominó abiertamente “Iglesia Popular”.
A fines de 1972 los
obispos de El Salvador decidieron cambiar la dirección del seminario
mayor San José de la Montaña porque los seminaristas habían
sido politizados a tal grado que el entones rector de
la Universidad Nacional Dr. Fabio Castillo había preparado una célula
marxista-leninista entre los mismos seminaristas, entre ellos Octavio Ortiz y
Ernesto Barrera, quienes más tarde, ya ordenados sacerdotes, murieron en
un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad del país.
Algunos seminaristas vivían en comunidad con el padre Rutilio Grande
en San Martín. Los seminaristas decidían con su voto
“democrático” cuestiones tan delicadas como la participación de ellos en
manifestaciones de tipo político. Bastantes jóvenes del MERS (Movimiento
de Estudiantes Revolucionarios Salvadoreños) entraron al Seminario.
En una
ocasión histórica se detectó la influencia que los sacerdotes
disidentes tenían en el clero, en las religiosas y en
las comunidades de base; los cuales se movilizaron para defenderlos
en contra de los obispos. Se organizaron manifestaciones de
repulsa y protesta en todo el país contra el Episcopado
por la determinación que habían tomado del cambio en el
Seminario Mayor. Se mandó desde San Salvador una circular
a todas las comunidades cristianas, a las religiosas, llamándolas a
un diálogo y a una reflexión sobre la acción autoritaria
que los obispos habían tomado bajo la dirección del Nuncio
Apostólico. Se realizaron diferentes asambleas presididas siempre por un
sacerdote del Grupo de Reflexión Pastoral, con el apoyo de
los jesuitas. Así se iba madurando una decisión como
Pueblo de Dios. En la reunión nocturna en que
se debatió la decisión final se vio una buena representación
de los jesuitas: Estrada, Ellacuría, Moreno, Jaén, Hernández Picó
presentó una moción sobre la celebración de una semana de
pastoral la cual fue aprobada por una mayoría de votos.
Pero un grupo de quince sacerdotes de Reflexión Pastoral
no apoyó la moción.
Abandonaron sus grandes residencias, como el Externado
San José, el Seminario San José de la Montaña y
se fueron a habitar en casas particulares, en pequeñas comunidades;
así había por ejemplo en el caso de la Universidad
Centroamericana José Simeón Cañas una casa que se llamó UCA-1,
en donde habitaban los más recalcitrantes; UCA-2, donde vivían los
menos recalcitrantes y El Carmen, Santa Tecla, habitación de los
“viejos” conservadores. Una comunidad se ubicó en la colonia
Monserrat, otra cerca del Externado San José. En
el pueblo de Antiguo Cuscatlán se fundó la casa de
los “Júniores” estudiantes para ser jesuitas; la casa fue construida
por los mismos estudiantes. La idea era de identificarse
con “el pueblo”. Poco tiempo después, decidieron que sus
estudiantes se formasen en un ambiente rural y en la
acción pastoral.
Los mismos estudiantes pidieron trasladarse al campo,
al área rural, para hacer una nueva experiencia: organizar una
acción pastoral evangélica auténtica y de promoción por medio de
catequistas, de líderes comunitarios y celebrantes de la Palabra.
Pidieron como superior al padre Rafael Moreno, mexicano, quien estaba
preparando su tesis de doctorado sobre marxismo y colaboraba entonces
como jefe de relaciones públicas del arzobispado de San Salvador.
El padre Moreno condicionó la aceptación del cargo de
superior de la casa de formación a la permisión de
traer todos los libros sobre marxismo necesarios para escribir su
tesis. La Nunciatura apostólica le hizo el favor de
introducir 400 volúmenes sobre marxismo-leninismo vía diplomática. La madre
Pilar Manceñido fue invitada para organizar una Cooperativa Parroquial en
Aguilares. Ella se hizo responsable directa de los grupos
cooperativos. Pronto aparecieron tensiones de carácter ideológico entre el
padre Rutilio Grande, más conservador, y el padre Jesús Bengoechea,
de línea marxista-leninista.
En cierta ocasión el padre Rutilio Grande notó
que los estudiantes de teología, Baltodano y Cardenal, tenían ya
tres fines de semana de impartir un curso de cooperativismo,
fuera del control de la madre Pilar Manceñido y el
padre Grande. Este constató personalmente en una visita inesperada
al local en donde se impartían los cursos que en
la pizarra había un diagrama de análisis marxista sobre el
modelo histórico de América Latina adaptado al pueblo con muñequitos.
El padre Grande protestó por la instrumentalización de la
Cooperativa para adoctrinamiento marxista-leninista. Por ello fue calificado por
los otros padres jesuitas como “neurótico”. A las reuniones
de la Cooperativa de Aguilares asistían también miembros de la
Cooperativa de Suchitoto. El padre Franciso Estrada, superior de
la provincia centroamericana, fue notificado de ello.
El padre Rutilio Grande
rigió la parroquia de Aguilares desde 1973, poco después de
que los obispos le expulsaran, con los demás jesuitas, del
seminario mayor San José de la Montaña. En el
equipo de jesuitas que le ayudaban se infiltraron varios marxistas,
entre ellos cuatro estudiantes jesuitas y comunistas –Cardenal, Baltodano, Ascoli
y Hernández de tan descarado partidismo que acabarían expulsados de
la Compañía. Pese a la oposición del padre Rutilio
Grande casi todo el resto del equipo se empeñó en
una campaña de mentalización y organización marxista-leninista entre los campesinos
de la parroquia. Se trataba de crear una “nueva
religiosidad” que consistía en sustituir a la religión por el
marxismo y al ideal de Dios por el ideal del
hombre. No se buscaba la conversión religiosa sino la
conversión al activismo político. Estudiantes politizados de la Universidad
José Simeón Cañas, convertida ya en el principal centro de
activismo marxista en El Salvador, contribuían al adoctrinamiento y
a la organización de los pobres campesinos de Aguilares.
El padre Rutilio Grande se mostraba cada vez más en
desacuerdo con estas actitudes pero de momento se tuvo que
aguantar.
2. Las universidades como centro de adoctrinamiento marxista – leninista
y de activismo revolucionario.
La Universidad Centroamericana José Simeón Cañas,
abreviada como UCA, fue creada en 1965 en virtud de
la ley de universidades privadas. Al hacerse cargo de
ella, decidieron convertirla en centro de influencia y servicio social,
para ayudar a la “completa liberación del hombre”. No
definieron a su universidad como católica pero reconocieron su
“orientación cristiana” interpretada como “el aspecto socializante de la cultura
y de la sociedad”. Este aspecto socializante se concretó
en el adoctrinamiento marxista-leninista y en la conversión de la
Universidad en centro de activismo revolucionario.
Esta estructura se concretó con
la llegada como rector de la UCA del padre
Ignacio Ellacuría y su equipo en una acción social
y reflexión teológica pro-marxista-leninista. El marxismo-leninismo es cátedra fundamental
en la UCA aunque no hay asignatura con este nombre.
Los
hechos históricos demuestran que además de ser Universidad se ha
convertido en centro de acción política marxista-leninista. En 1973
se abrió un curso de reflexión teológica para los campesinos
de la FECAS (Federación Cristiana de Campesinos Salvadoreños). Más
tarde, en 1975, bajo la asesoría de la UCA, se
realiza la alianza FEC-CAS-UTC (Unión de Trabajadores del Campo).
En 1977 las LP-28 (Ligas Populares 28 de febrero) grupo
de fachada del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y miembros
del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) se
organizaron en la UCA. Allí mismo se elaboró un
proyecto de gobierno de tinte socialista en ocasión del golpe
de estado de 1979 e involucraron al arzobispo monseñor
Oscar Arnulfo Romero en el mismo, para no tenerlo en
su contra. Pactaron con una fracción del Ejército.
El golpe de estado contra el Presidente Romero fue fraguado
en la UCA y en el Arzobispado, como afirmó el
P. Luis de Sebastián. Aprovecharon la coyuntura para proponer
un modelo político de gobierno basado en principios sociales, políticos,
económicos y militares presentados en el llamado “Libro Amarillo”.
Durante los dos meses y medio que duró la Junta
Revolucionaria de gobierno, después del golpe de estado de 15
de octubre de 1979, la influencia de la UCA fue
decisiva en el gobierno”.
Recuérdese que en ese mismo año los
sandinistas, entre los que formaban parte importante destacados dirigentes políticos,
derribaron al presidente de Nicaragua, Somoza, e instalaron un gobierno
de traza marxista-leninista con participación del clero. Ese gobierno,
cabeza de puente para Fidel Castro en Centroamérica, impulsó la
revolución en El Salvador y luego evolucionó desde el marxismo-leninismo
hacia la Internacional Socialista, como harían los propios jesuitas salvadoreños,
Ellacuría y otros compañeros como Jon Sobrino eran vascos
y nunca condenaron las actividades de ETA. En el
resto de estos sucesos ya aparece el nuevo arzobispo de
San Salvador, monseñor Oscar Arnulfo Romero, instrumentado por los revolucionarios
de la UCA, que con su colaboración en el golpe
de estado de 1979 ya se veían tocando el poder
como sus hermanos de Nicaragua. El gobierno sandinista de
Nicaragua, apoyó a ETA, proporcionó a sus terroristas arsenales y
campos de entrenamiento, como han demostrado luego varios servicios secretos
(ABC, 18 de octubre de 1992, pág. 37).
“Cuando se originó
la crisis de la Junta Revolucionaria de gobierno debido a
que la fuerza armada comprobó que había en dicho gobierno
bastantes militantes del comunismo, se reunieron el día 2 de
enero de 1980 en la biblioteca del seminario San José
de la Montaña juntamente con el arzobispo monseñor Oscar Arnulfo
Romero, los miembros de la Junta Revolucionaria de gobierno y
su gabinete de gobierno para encontrar una salida airosa a
la crisis de gobierno provocada por los funcionarios que habían
amenazado con renunciar si el consejo permanente de la fuerza
armada no acedía a sus exigencias. Al día siguiente
a las 13 horas renunciaron todos los ministros, subsecretarios y
demás funcionarios que pretendieron chantajear a las fuerzas amadas.
Entre los funcionarios renunciaron Manuel Ungo y el ingeniero Román
Mayorga Quirós, ex rector de la UCA.
La UCA jugó un
papel importante en la formación de los cuadros de los
diferentes grupos marxistas-leninistas que hoy controlan el FMLN; las Fuerzas
Populares del Pueblo (FPL) el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP),
las Ligas Populares 28 de febrero (LP-28). En la
UCA se han realizado foros pro-marxista-leninistas; manifestaciones que se han
planificado allí y aún más, la organización de fuerzas políticas
de ultra-izquierda, “terceristas” de tipo campesino, como la UNTS.
Juan Ignacio Otero, encargado de logística del FMLN, reveló, siendo
ya prisionero de las Fuerzas Armadas, que se compraban armas
en el extranjero utilizando cuentas bancarias de sacerdotes radicalizados…”
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