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Autor: Jorge Enrique Mújica | Fuente: Catholic.net ¿Aún hay quién se convierte?
Las conversiones siempre han interpelado a la humanidad quiza por esto los medios de comunicación le dedican poco espacio...
¿Aún hay quién se convierte?
Se hace grande eco de que el cristianismo está a
la baja. Se hace pensar que creer es cosa de
gente retrógrada o estancada en el pasado. A la religión
se le suele poner la objeción de que carece de
razones, de que priva de la libertad… Nada más lejano
de la realidad. Hoy por hoy los casos de gente
que a través de la fe le dan un feliz
giro a su vida siguen sucediéndose. Las conversiones siempre han
interpelado a la humanidad; quizá sea ese el motivo
por el que algunos periódicos, canales de televisión, sitios de
Internet y programas de radio les dediquen pocos espacios. Allá
ellos. Lo cierto es que las conversiones están a la
orden del día; siguen siendo una constante en la historia;
una línea invariable que hunde sus raíces en la aparición
del cristianismo y que se alarga hasta nuestro presente.
Vueltas a
la fe en Cristo
Tres casos que han impactado recientemente a
la sociedad han sido los de William “Bill” Murria, Francis
Beckwith y Norma McCorvey. El primero es hijo de Madelyn
Murria O´Hare, militante y atea radical asesinada en 1995, quien
consiguió que las cortes de Estados Unidos suspendieran las oraciones
en las escuelas públicas. William lidera la Coalición por la
libertad religiosa y fue uno de los críticos más
sonados de la labor de su propia madre.
Francis Beckwith fue
hasta hace poco el presidente de la Sociedad Teológica Evangélica,
cargo al que renunció para regresar al seno de la
Iglesia en la que creció: la católica. El camino de
regreso de Beckwith comenzó tras leer a los Padre de
la Iglesia y constatar “que la Iglesia primitiva es más
católica que protestante y que la visión católica de la
justificación, correctamente comprendida, es bíblica e históricamente defendible”. Una conversión,
podríamos decir, de cariz intelectual.
El caso de Norma McCorvey no
deja de llamar la atención: hace 34 años su caso
sirvió para legalizar el aborto en Estados Unidos. Embarazada en
1970, inventó haber sido violada por una banda de pandilleros.
Mientras se litigaba su caso ante la Corte Suprema nació
su bebé que luego fue dado en adopción. De la
triste experiencia como empleada en una clínica abortista y ante
la maternidad de otra de sus hijas halló una luz
que le llevaría al inicio del camino de conversión. En
1987 salió a la luz la verdad. No había sido
violada, conocía al padre de su primer bebé y, posteriormente,
en 1998, se convirtió al catolicismo: "Sí, ahora soy claramente
pro vida y católica cien por ciento y si una
mujer me dice que va abortar le diría que hablara
con su corazón y su sacerdote; después, que busque a
una mujer que ya haya abortado y que le pregunte
qué tal le fue".
Ahora está volcada a ayudar en el
movimiento pro-vida. "Trato con muchas mujeres que han abortado y
que ahora conocen al Señor y se han convertido. Todas
me dicen lo mismo desde hace varios años: Norma, si
hubiéramos sabido ahora lo que sabemos ahora, nunca habríamos abortado",
ha declarado recientemente.
Cambio de religión
Ahí está también el caso de
Nidal Ranatunga, ex principiante de monje budista y ahora primer
sacerdote srilankés de la Orden de san Camilo. Atraído por
la belleza del perdón y la alegría de servir a
los demás emprendió su camino hacia el cristianismo. Su andar
fue sencillo: quinto de seis hermanos nació en una familia
budista pobre. Tras la muerte de su padre fue acogido
para el servicio doméstico por una familia católica ya que
su madre no podía mantenerlo. Ahí comenzaría su deseo de
hacerse monje budista pero por curiosidad empieza a ir a
escondidas a la parroquia y después de algún tiempo, como
el mismo declaró a la agencia “Asia News”, “me encontré,
con estupor, rezando a la Virgen”.
Tras cinco años volvió a
su hogar y, tras seis meses de catequesis, fue bautizado.
La vocación fue un paso natural. Llegó a Italia en
1992 y en san Giovanni Rotondo conoció a los religiosos
de la orden de san Camilo. En 1994 ingresó en
esa Orden y fue hecho sacerdote en 2004. Ahora es
el padre Maximiliano Ranatunga y trabaja como uno de los
seis capellanes del hospital san Camilo en Roma además de
atender a la comunidad de cingaleses que viven en esa
ciudad.
Conversos homosexuales
Quizá el caso más conocido sea el del famoso
escritor Oscar Wilde (autor, entre otros grandes libros, de “El
retrato de Dorian Gray”). Pero hay otro que vale la
pena rescatar y recordar: el del también escritor, aunque éste
italiano, Pier Giorgio Tondelli.
Pier Giorgio, declaradamente homosexual, aunque ya
converso hacia el final de su vida, dijo que la
castidad “es una virtud mística para todos aquellos que la
han elegido, y quizá el uso más sobrehumano de la
sexualidad […] quien ama a la vida no es el
libertino sino el monje, porque este último busca el absoluto”.
Pocos días antes de fallecer dejo unas notas conmovedoras que
reflejaban el discurso hacia el que se decantó su vida:
“Sólo salva el Amor, la fe y la recaída de
la Gracia”.
Científicos que dan testimonio
El “gremio” de los científicos tampoco
ha dejado de tener sus representantes. Ciertamente el profesor Lejeune,
figura emblemática del científico comprometido en la defensa y respeto
a la vida, no fue un converso. Sin embargo su
testimonio de vida bien nos hace recordar que gracias a
ejemplos como el suyo es que se pueden dar las
conversiones de otros. El profesor Jerónimo Lejeune fue quien descubrió
el gen de la trisonomía 21 causante del síndrome de
down. Profesor de genética, consejero científico, ferviente católico, primer presidente
de la Pontificia Academia para la vida y, de no
ser por su postura antiabortista, casi premio Nobel, fue ninguneado
por quienes vieron en él a un opositor al aborto.
Giros
de 180 grados: intelectuales, escritores, religiosos, ateos…
Hay más casos
que por espacio no podemos abordar uno a uno. A
continuación hacemos un breve repaso por algunos países que tanto
en el siglo XIX como en el XX conocieron una
estela de conversiones aún hoy recordadas. En el caso judío,
si bien no todas fueron conversiones al catolicismo (sobre todo
al protestantismo, casos que van desde el del filósofo Max
Scheler, pasando por la mediocridad del poeta Heine o la
familia Wittgenstein, hasta Edmund Husserl), sí hubo algunas realmente significativas
y profundas por la radicalidad de aceptación de la nueva
fe abrazada. Los judíos son la veta más pequeña pero
los hubo. Nombres como los de Eugenio Zolli, ex gran
rabino de la sinagoga de Roma, Jean Mariae Lustiger, actual
cardenal emérito de París, Novak o el ex “rey del
aborto”, Bernard Nathanson, son populares.
En el ambiente francés son célebres
las conversiones de grandes hombres como el luego P. Lacordaire
(a quien va unida la reforma de los dominicos en
Francia y una intensa actividad apostólica) o la de poetas,
pensadores, novelistas y dramaturgos del calibre de Charles Peguy, Paul
Claudel, Jacques y Raissa Maritain, Gabriel Marcel, Max Jacob, Leon
Bloy, Charles du Bos, Jean Cocteau, Huysmans, Julián Green… o
de científicos como Alexis Carrel y Pierre Lecomte; militares como
Carlos de Foucault; teólogos como Louis Brouyer y escritores como
André Frossard.
En Inglaterra el apellido por antonomasia es el del
otrora cardenal Newman. A él se le unen nombres como
el del historiador Charles Dawson o de escritores como G.
K. Chesterton (cuya causa de beatificación ha sido introducida) y
C.S. Lewis (éste último sólo abrazaría el anglicanismo). Los clérigos
intelectuales, filósofos, novelista y actores que migraron del anglicanismo al
catolicismo son numerosos: Hugo Bensos, Ronald Knox, Graham Green, Muriel
Spark, Gerard Manley Hopkins, Edith Sitwell y Sir Alec Guinnes;
o qué decir de Frederic Copleston, hecho incluso jesuíta, y
Thomas S. Eliot quien se acerca al anglicanismo.
En el contexto
alemán suenan los nombres de Eric Peterson y Heinrich Schlier,
dos profesores luteranos de Sagrada Escritura integrados luego en la
Iglesia católica. De la escuela fenomenológica de mediados del
siglo pasado se dieron dos integraciones al catolicismo, Edith Stein
(véase nuestro breve artículo en el siguiente enlace) y Von
Hildebrand, y una doble al cristianismo luterano, el matrimonio Reinach.
Del mundo de la literatura proceden Gertrud von Le Font,
el novelista Alfred Doblin, el de premio nobel Ernst Junger
o el autor del libro entrevista al entonces cardenal Joseph
Ratzinger, “Dios y el mundo”, Peter Seewald.
En el mundo hispano
los nombres no dejan de sernos familiares y, si cabe,
más cercanos: Juan Donoso Cortés, Manuel García Morente (luego ordenado
sacerdote), Carmen Laforet, Ernestina de Champourcin (convertida durante su exilio
en México) y Ramiro de Maeztu. En Italia destacan las
conversiones del escritor Vittorio Messori, la del empresario Leonardo Mondadori,
la de la princesa Alessandra Borghese, la de la novelista
Susanna Tamaro o la del vaticanista de la prensa laica
Domenico del Rio quien había abandonado el sacerdocio y recuperó
la fe por el testimonio de Juan Pabo II.
La artimaña
de atacar al catolicismo desprestigiándolo es una técnica más del
milenario intento de hacerla sucumbir por intereses diversos. Sin embargo
la búsqueda de hacerla aparecer como algo anticuado y propio
de civilizaciones y culturas atrasadas no ha logrado medrar el
ánimo de quienes se acercan con pureza de intención a
ella. Ciertamente no es el mero encuentro con una institución
humana; es, ante todo, el encuentro con el Dios vivo
y personal que sale al encuentro. Un Dios que sólo
existe en el cristianismo porque es el único Dios verdadero.
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