La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Por Enrique Carlier | Fuente: de la Revista Palabra, 451 Cubana Conversa
Tania, una joven cubana de Camagüey. Sus padres fueron bautizados de niños, pero abandonaron toda práctica religiosa tras la revolución. El padre, además, era miembro del Partido Comunista.
Cubana Conversa
—¿Cuál fue su primer paso hacia la
fe?
—Yo no estaba bautizada, ni tenía formación religiosa alguna.
No sabía rezar absolutamente nada. Me marché de casa para
hacer el pre-universitario. Era en el curso 1991-92. Allí conocí
a dos amigas católicas. Una me invitó a ir a
Misa. En ese tiempo se podía ir libremente a la
iglesia, pero a los católicos se les vigilaba.
Cuando fui a
misa me di cuenta que los católicos eran diferentes: eran
personas instruidas, educadas y delicadas en su manera de hablar.
Notaba una gran diferencia humana y cultural entre el católico
y el comunista.
—¿Qué fue lo que contribuyó más al
acercamiento suyo al cristianismo?
—Sobre todo, encontrar respuesta a las preguntas
que me inquietaban desde la adolescencia: el sentido del sufrimiento
humano, la paradoja de la injusticia en el mundo, lo
que estaba pasando en mi país... También otros problemas familiares.
En
mi conversión influyó también un momento muy especial que nunca
olvidaré. Fue clave. Se ve que el Espíritu Santo ya
trabajaba en mi alma. Era el curso 92-93. Venía de
la universidad leyendo en el autobús, completamente abarrotado. Una mujer
muy pobre llevaba un vaso con un batido de chocolate.
En Cuba este tipo de productos es un lujo. Al
llegar mi parada, esta mujer me ayudó con los bultos
que yo traía y, sin querer, al moverme para bajarme,
le tumbé el vaso. Cuando me di cuenta ya estaba
fuera del autobús. Ni siquiera tuve tiempo de pedirle perdón.
Entonces, la sensación que experimenté fue increíble. Aquello me había
llegado al corazón. Me fui a casa llorando y cuando
llegué, sola, me puse a escribir, porque necesitaba hablar con
alguien. Sentía una necesidad muy viva de que alguien me
perdonase. Y no sólo por el episodio del batido; también
por otras cosas. Necesitaba del perdón. No conocía el sacramento
de la penitencia, pero buscaba algún camino para encontrar el
perdón.
—¿Cómo se concreta finalmente su conversión?
Con mi amiga católica
había comenzado el proceso de mi conversión. En la parroquia
por donde me llevó yo no me sentía digna de
pertenecer a aquel grupo, porque no sabía nada y no
creía en nada. No sabía siquiera el padrenuestro ni el
avemaría.
Buscaba dónde podía encajar y, ya en mi ciudad, empecé
a ir por mi cuenta a una iglesia protestante. Después
de acudir unas cuantas veces, vi que aquello no iba
con mi manera de ser. Desde mi punto de vista,
me parecían raras aquellas escenas de conmoción, los desmayos, el
estruendo de la música...
Por entonces estudiaba la carrera de Defectología
(lo que en España se denomina Educación Especial). Me gustaba
mucho leer a los clásicos. Y eso influyó mucho, porque
me ayudaba a tener una apreciación más profunda acerca de
la verdad del hombre, como un ser espiritual.
Comencé a ir
a otra iglesia católica más lejana a mi casa. Finalmente
me percaté que había una, pequeña y antigua, muy cerca
de donde vivía, que no había descubierto nunca. Era la
parroquia de Santa Ana. Comencé a ir por allí asiduamente
y a recibir clases de catecismo.
Aquella comunidad católica influyó muchísimo.
Me atraía su mentalidad abierta y trascendente, así como la
sencillez de las personas.
Ultimo obstáculo
—¿Hubo alguna dificultad para su
conversión?
—Mi padre era miembro del Partido Comunista. No le
gustaba la idea de mi conversión. No le convenía. Yo
no le decía nada de mi proceso interior, por si
acaso.
Estuve un año asistiendo a la catequesis y el 26
de julio de 1994, fiesta de Santa Ana y San
Joaquín, me bauticé, junto a varios adultos más. Resultó una
ceremonia muy emocionante. Asistió mi madre, que ya había comenzado
a practicar, y uno de mis hermanos, que también estaba
en proceso de conversión.
Luego me involucré bastante en el grupo
de jóvenes de mi parroquia. Sentía un gran fervor y
un gran deseo de que se convirtieran todos mis conocidos,
porque me sentía completamente enamorada del Señor, y lo sigo
estando.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR