Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E. | Fuente: Foro de Teología Moral San Alfonso II. Psicología de la conversión
Tipos de conversión, crisis, obstáculos y desenlace
El término conversión ha pasado a designar propiamente una
transformación radical, amplia, profunda y permanente de una persona; una
reestructuración de la vida moral en torno a un nuevo
núcleo. "Por eso muchas veces comienza por ser una reorganización
interna de los principios intelectuales que presiden la vida moral
y afectiva del individuo. La transformación ha de ser amplia
y profunda en el complejo de la actividad pensante y
moral del individuo, como lo fue en los que llamamos
grandes convertidos: San Pablo, San Agustín, Raimundo Lulio, etc."3
No tomamos
en cuenta aquí las conversiones superficiales, es decir, aquellas que
no son permanentes y duraderas; éstas en el fondo pueden
llamarse falsas o menos auténticas.
1. Tipos de conversión
No todas las
facultades del convertido se convierten o transforman en el mismo
momento o con la misma profundidad; pero siempre repercuten en
todo su ser. De ahí que pueda establecerse una clasificación.
De este modo tenemos:
1) Según el término en que
desemboca la conversión se habla de conversiones a la fe
(en ellas es la inteligencia la que primariamente se transforma
con un nuevo contenido intelectual), conversiones a la gracia (se
trata del paso a la gracia después de una vida
de pecado; aquí es la voluntad y la vida pasional
o afectiva las que parecen principalmente transformadas), y conversiones a
la perfección (designando con esto el trabajo serio por la
santidad; en espiritualidad se habla en este sentido de "segunda
conversión").
2) Según el modo en que se producen, se pueden
distinguir las conversiones comunes u ordinarias (aquellas que se realizan
sin sobrepasar los límites de lo normal, de lo ordinario,
sin fenómenos extraordinarios), las conversiones extraordinarias (las que se producen
de modo misterioso, con predominio de influjos extraordinarios de la
gracia, y son a veces el comienzo de una vida
intensamente mística), las conversiones graduales y prolongadas (aquellas en que
todo el proceso toma su tiempo, como en el caso
de Newman o de Vernon Johnson), las conversiones fulgurantes o
repentinas (como la de San Pablo, Alfonso Ratisbona, Paul Claudel),
y las conversiones con luchas y contrastes (que parecen caracterizarse
por largas luchas interiores, como los casos de San Agustín,
Libermann).
3) Por razón de la causa cabe distinguir entre conversiones
intelectuales-discursivas (en éstas predomina psicológicamente el trabajo lento y discursivo
de la inteligencia como se ve, por ejemplo, en Newman
–descrita en su Apologia pro vita sua–, Manning –Por qué
me convertí al catolicismo–; el trabajo intelectual no es el
único porque siempre la voluntad y afecto, presupuesta la racionalidad
de la fe, empujan y determinan en este trabajo), conversiones
intuitivas (en estas parece como si la luz se hiciera
en un momento de intuición, en el cual el convertido
es ilustrado repentinamente por Dios; así, por ejemplo, San Pablo
camino a Damasco –cf. He 9,1-9–, el judío Alfonso Ratisbona
mientras visitaba la iglesia de Sant’Andrea delle Fratre en Roma,
etc.), y las conversiones volitivas (aquellas en que el factor
principal parece ser la voluntad deliberada; éstas son más frecuentes
en la conversión a la vida de la gracia y
en las conversiones a la perfección).
2. El proceso psicológico
La conversión
se caracteriza –psicológicamente hablando– por un doble "sentimiento": una sensación
de crisis y un fuerte deseo de Dios.
Toda conversión comienza
por una crisis o una situación relacionada con alguna especie
de sufrimiento (que puede ser físico, moral o espiritual), es
decir, con una dialéctica interior. Junto a esto se da
una convicción más o menos profunda y al menos confusa
de que sólo en Dios el alma puede encontrar tranquilidad
en esa lucha. Si sólo se da el aspecto de
crisis, el proceso no terminaría en conversión sino en desesperación
y tal vez en el suicidio.
Las formas más comunes de
la crisis son tres:
1) Crisis moral: parte de la experiencia
del pecado, como conciencia de bancarrota moral y sentido de
suciedad; se caracteriza por el remordimiento causado por los pecados
cometidos, por el sentimiento de vacío interior y por el
ansia de paz interior. Muchas veces el alma se comporta
inicialmente como huyendo de esa mirada hacia su adentro. Un
testimonio más que elocuente es este texto de las Confesiones
de San Agustín: "Narraba estas cosas Ponticiano, y mientras él
hablaba, tú, Señor, me trastocabas a mí mismo, quitándome de
mi espalda, adonde yo me había puesto para no verme,
y poniéndome delante de mi rostro para que viese cuán
feo era, cuán deforme y sucio, manchado y ulceroso. Veíame
y llenábame de horror, pero no tenía adónde huir de
mí mismo. Y si intentaba apartar la vista de mí,
con la narración que me hacía Ponticiano, de nuevo me
ponías frente a mí y me arrojabas contra mis ojos,
para que descubriese mi iniquidad y la odiase. Bien la
conocía, pero la disimulaba, y reprimía, y olvidaba"4
2) Crisis espiritual:
se da más bien en la segunda conversión o despegue
hacia la santidad. Se caracteriza por la conciencia de la
mediocridad y superficialidad de vida. No es más fácil que
la conversión del pecado a la gracia; porque a este
converso le parece que se le pide todo y que
abandone todo y no entiende el verdadero sentido de la
libertad. Es la crisis que no pasó, por ejemplo, el
joven rico del Evangelio.
3) Crisis física: tiene lugar por una
catástrofe inesperada tal como el enfrentarse a la muerte de
un ser querido, una enfermedad, un fracaso, o cualquier sufrimiento
que obliga al alma a plantearse el sentido de la
vida, o la dirección de su vida. René Bazin ha
escrito en Etapas de mi vida: "Dios es el Pastor.
El dolor es su perro. A veces muerde con fuerza,
pero es para su bien". Cuando el dolor golpea a
la puerta de un hombre "el alma se ve de
improviso obligada a mirar dentro de sí misma, a examinar
las raíces de su ser y escrutar en los abismos
de su espíritu... La historia de las conversiones de todos
los tiempos está llena de documentos que confirman el papel
redentor que a menudo juega el dolor"5,. Así Máximo Acri
encontró a Dios en los campos de concentración, Francesco Cornelutti
lo hizo ante la vista de sus seres queridos moribundos,
el oficial de las S.S. alemanas Olvald Pohl, en la
cárcel de criminales de guerra antes de su ejecución.
Para introducir
la crisis que lleva a una persona a la conversión,
Dios se sirve de medios sumamente diversos, no atándose a
ningún medio humano. A veces es el ejemplo de una
persona santa, cuya presencia y modo de ser golpea y
acusa al converso (ejemplo de esto tenemos en la conversión
de Agostino Gemelli6); otras veces, es algo puramente fortuito, que
los lleva a pensar sobre la vida y el destino
(como vemos, verbigracia, en la conversión del barón de Eckersdorff7).
Junto
con esta crisis se da en la psicología del convertido
el deseo de purificación del pecado, de alcanzar la paz
del alma, o directamente deseo del mismo Dios. A veces
toma la forma de "que se es buscado por Alguien"
y suele mezclarse con cierto miedo a entregarse a ese
Alguien por temor a ser totalmente "devorado" o "absolutizado" por
Él; hay sobre esto magníficas descripciones como la de Francis
Thompson en El Lebrel del Cielo o Miguel de Unamuno
en El Cristo de Velázquez.
Escribe Thompson (en la versión de
Carlos Sáenz):
Le huía noche y día a través de los arcos
de los años, y le huía a porfía por entre los tortuosos
aledaños de mi alma...
He escalado esperanzas, me he hundido en el abismo
deleznable, para huir de los Pasos que me alcanzan: persecución sin prisa,
imperturbable, inminencia prevista y sin contraste.
Los oigo resonar... y aún más
fuerte una Voz que me advierte: "Todo te deja, porque me dejaste".
Unamuno dice algo semejante:
...Y con amor furioso persigues a quien amas,
y si te huye le acosas con ahínco y acorralas sin dejarle
vivir; de sed se muere, y tiembla detenerse en los arroyos ante
tus fieros ojos en acecho de víctimas. Temblando a lo que
anhela, cree sentir tras las rocas resoplidos de tu resuello, y cuando,
al fin, rindiéndose, de ojos cerrados, tu zarpazo espera, parado el corazón,
de hielo el rostro, siente tu sangre que la sed le
apaga, siente el abrazo de la dulce muerte que le lleva a
la vida a que escapaba, y que es comerte ser por
ti comido. ¡Rey del desierto, León de Judá!
3. Obstáculos para
la conversión
Los obstáculos que más frecuentemente retrasan el acto de
fe y la conversión suelen ser de dos órdenes: intelectivos
o morales.
1) Obstáculos de orden intelectual. Propiamente no se trata
de obstáculos racionales sino de prejuicios de orden filosófico e
intelectual. La Iglesia no tiene miedo a la razón; al
contrario, mientras más rigurosa es la razón más abre camino
para una aceptación serena de la fe. La fe, lejos
de suprimir la razón y la libertad del espíritu, la
refuerza maravillosamente. Es elocuente a este respecto el diálogo entre
la atea –luego conversa– Greta Palmer y Mons. Fulton Sheen:
"La segunda vez que se encontraron le dice estas palabras:
‘No se preocupe de ponerme argumentos racionales a favor del
Catolicismo. Estoy ya dispuesta a admitir que el entendimiento es
un arma despuntada, incapaz de tener razón en los argumentos
que más me molestan. El hombre, en efecto, ha comenzado
a razonar desde el primer momento en que comenzó a
existir y ha terminado en Hiroshima. Hábleme de la fe,
sólo de la fe; independientemente del entendimiento’. Mons. Fulton Sheen
le responde: ‘No se puede menospreciar la razón. Este es
el error cometido por los seguidores de Hitler. Precisamente por
esto hay gente que cree que un hombre en Moscú,
en Idaho, puede ser un Dios, sólo por el hecho
de que él afirma que lo es. Deje que le
diga lo que nosotros los católicos creemos y, si su
razón lo rechaza, váyase en paz, que yo la bendigo.
Pero le ruego, como amigo, que no se niegue a
emplear el entendimiento’"8.
Armando Carlini, otro converso, decía: "Sólo el hombre
religioso, sólo el Filósofo cristiano está plenamente libre en el
pensamiento. Como la mayor parte de los convertidos, he hallado
en la Iglesia católica una libertad que ensancha el espíritu,
exactamente lo contrario de lo que temen muchos de aquellos
que están fuera de la llamada construcción dogmática de la
Iglesia. Jamás me he sentido limitado, encajonado, estorbado por el
sistema dogmático de la Iglesia"9.
Los obstáculos son, pues, prejuicios. Especialmente
tienen lugar en almas imbuidas de racionalismo, panteísmo, materialismo, agnosticismo
o escepticismo. Junto a la profesión de estas doctrinas hay
que señalar también otras causas, como por ejemplo: la ignorancia
religiosa, la falta de un mínimo espíritu de reflexión, la
deficiente preparación filosófica que incapacita para pensar metafísicamente; la inadaptación
mental en sus formas de hipercrítica, escrupulosidad intelectual, etc. También
hay que añadir los defectos de un espíritu exclusivamente técnico
o defectuosamente especializado que intenta aplicar métodos apropiados para unas
ciencias (por ejemplo, matemáticas o fenomenológicas) al campo filosófico o
histórico.
Significativo es el testimonio de la ya citada conversa Greta
Palmer: "Leí libros mucho más precisos que los de Chesterton.
Leí también obras anticatólicas. Pero, examinadas críticamente, éstas presentaban siempre
puntos vulnerables. Las razones del catolicismo presentadas por Santo Tomás
no ofrecían, en cambio, motivos de excusa. Mi conversión estuvo
llena de repugnancia. Llamé a todas las puertas para asegurarme
de que tras ellas había algo más que el vacío,
antes de llegar a admitir que esta única puerta estuviese
de verdad abierta sobre los secretos del universo. Descubrí que
toda dificultad, toda duda que quedaba de mi ateísmo había
sido respetuosamente examinada y resuelta siglos antes de que yo
existiera. Vi que no existe hecho o hipótesis de la
moderna física y astronomía que no puedan ser confortablemente recibidos
en brazos de la Iglesia. Descubrí que, históricamente hablando, la
gente parece querer dejar la Iglesia porque está deseosa de
cosas prohibidas, pero no deseosa de verdades profundas"10.
2) Obstáculos morales.
A pesar de cuanto pudiera parecer los principales obstáculos para
la conversión –incluso para la conversión a la fe– no
vienen del intelecto sino de la voluntad.
Entre estos hay que
indicar, en primer lugar, el orgullo. Manuel García Morente ha
escrito: "Ante el problema de Dios los filósofos modernos suelen
sentir extraordinario pavor y tiemblan literalmente cuando en el horizonte
de sus meditaciones surge majestuosa, pero indeseada para ellos, la
imponente noción del ser por sí, acaso porque en esta
coyuntura la filosofía moderna no tiene la conciencia muy limpia"11.
También
hay que añadir el deseo de gloria humana, como dice
el mismo Jesús: ¿Cómo podéis creer vosotros que buscáis la
gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que
viene sólo de Dios? (Jn 5,43-44). Asimismo la falta de
docilidad a Dios y la sensualidad que quiere seguir apegada
a sus desordenes morales, etc.
4. El desenlace de la conversión
La
conversión sincera trae para el convertido una experiencia totalmente única
que se manifiesta en forma de "descubrimientos"; en efecto, los
convertidos –según sus propios testimonios– experimentan uno o varios de
estos efectos12:
–El descubrimiento de la razón: muchos temen inicialmente que
"creer" signifique renunciar a la libertad de espíritu y a
la propia razón, pero terminan dándose cuenta de que la
fe, lejos de suprimir la razón y la libertad del
espíritu, refuerza uno y otra.
–El descubrimiento de nuevos horizontes: "Ha
pasado más de un año de mi conversión –escribía George
Harrison– y cada semana se abren nuevas puertas, se consiguen
nuevas experiencias, las raíces se profundizan"13. El general Pohl, antes
de su ejecución confesó que siempre había temido que el
catolicismo fuese la negación de su personalidad, pero después de
aceptarlo en la cárcel dejó escrito: "el catolicismo es, en
su misma esencial, el sí a todo el hombre, al
hombre en la plenitud de su vida"14.
–El descubrimiento de una
religión ideal: o sea, de la verdad que satisface en
plenitud la mente y el corazón.
–El descubrimiento de la libertad:
el convertido vuelve a sentirse dueño de sí mismo y
al mirar hacia atrás comprende que fue verdadera esclavitud la
presunta libertad sin Dios, que antes poseía. Mons. Knox escribió:
"Había supuesto que el resultado inmediato de mi sumisión a
Roma sería la impresión de tener mi libertad coartada de
mil maneras... Estaba dispuesto a sufrir esto; en cambio, ¡es
curioso!, sucedió precisamente todo lo contrario: me sentí, y me
sigo sintiendo, invadido por una maravillosa sensación de libertad, la
magnífica libertad de los hijos de Dios"15.
–El descubrimiento de la
luz, la vida y el sentido: muchos convertidos descubren que
la vida, las cosas y los acontecimientos humanos adquieren un
nuevo significado, y que viejos problemas encuentran en el cristianismo
soluciones sencillas pero totalmente satisfactorias. Sobre su propio caso dijo
Owen Francis Dudley: "Me habían dicho que, si me hacía
católico, mi mente se vería cohibida y mi religión sofocada;
que no podría volver a pensar por mi propia cuenta.
Pero he visto lo contrario: que la Iglesia católica me
coloca sobre una plataforma de verdad, desde la que hasta
una pobre mente como la mía, puede elevarse a alturas
inconmensurables. He hallado la verdad que libera al hombre. Me
habían dicho que en la Iglesia católica todo se estancaba
o estaba en decadencia. En cambio, he visto que la
misma vida de Dios late en todas las venas del
Cuerpo Místico. Fue como salir de una pequeña habitación cerrada,
con las ventanas atrancadas, y hallarme, de buenas a primeras,
sobre la cima de un alto monte, en torno al
cual soplan todos los vientos del cielo. Aquí he hallado
la vida"16.
–El descubrimiento del gozo: Chesterton al convertirse afirmó: "Es
demasiado hermoso para ser verdadero; pero es verdadero"17. "El cristianismo
–dijo por su cuenta Luis Santucci– es capaz de sepultar
con una palada de gozo un abismo de dolores"18. Cuanto
más largo y sembrado de dificultades esté el camino de
la fe, tanto mayor es la alegría que se experimenta
cuando se ha llegado a la meta.
PSICOLOGÍA Y TEOLOGÍA DE
LA CONVERSIÓN R.P. Dr. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.
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NOTAS:
1.Cf. García de la Fuente, voz
"Conversión (I)", Gran Enciclopedia Rialp, tomo 6, pp. 422-424.
2 Cf.
Giovanni Barra, Psicología de los convertidos, Paulinas, Bilbao 1963; Idem,
Desde el pecado hasta Dios: los convertidos, en: AA.VV., Realidad
del pecado, Rialp, Madrid 1962, pp. 370-393; Fulton Sheen, Paz
en el alma, IberAmer Argentina, Bs.As. 1951, esp. cap. XII:
"Psicología de la conversión"; M. Nicolau Pons, voz "Conversión (II)",
Gran Enciclopedia Rialp, tomo 6, pp. 425-431; Idem, Psicología y
pedagogía de la fe, Razón y Fe, Madrid 1963, pp.
199-218.
3 Nicolau, Conversión, p. 425.
4 San Agustín, Confesiones, VIII,7,1.
5 G.
Barra, Desde..., p. 381-382.
6 Gemelli, médico ya famoso pero incrédulo,
socialista y ateo, se convierte durante la guerra de 1914-18,
prestando servicios en el hospital de Milán, a raíz del
magnífico ejemplo de vida cristiana de otro médico, el ilustre
Ludovico Necchi, quien sin ningún respeto humano cumple sus deberes
para con Dios con serena devoción delante de su amigo
incrédulo. Con toda suavidad, su ejemplo arrastra a Gemelli a
la fe y luego a la vida religiosa (cf. Barra,
Psicología..., pp. 180-182).
7 Juan Eckersdorff era un hereje que viajaba
por Escocia y Gales en 1615, durante la persecución anglicana
contra los católicos. El 10 de marzo de aquel año
asiste a la ejecución del Beato Juan Bautista Ogilvie, el
cual, antes de ser ejecutado, sube al cadalzo rezando en
voz alta a María: Maria, Mater Gratiae, ora pro me,
y antes de que el verdugo le ate las manos
arroja como reliquia su rosario a la plebe. El rosario,
a pesar de haber tantos católicos que presenciaban el martirio,
cae en el pecho de Eckersdorff; desde ese momento, el
hereje no puede dejar de preguntarse: "¿por qué el rosario
del mártir me ha tocado a mí, precisamente a mí,
y no a otro?" Él no quería la reliquia; los
demás sí; pero le cayó a él. Durante un año
este simple pensamiento lo persiguió; al cabo de ese tiempo
pidió ser admitido en la Iglesia Católica (cf. Barra, Psicología...
pp. 252-254).
8 G. Barra, Psicología..., pp. 43-44.
9 Ibidem, p. 45.
10
Ibidem, pp. 89-90.
11 M. García Morente, Ecclesia, nº 76 (1942),
p. 1249.
12 Cf. Barra, Psicología..., p. 43 ss.
13 Ibid., p.
48.
14 Ibid., p. 49.
15 Ibid., pp. 54-55.
16 Ibid. pp. 60-61.
17
Ibid. p. 73.
18 Ibid. p. 73.
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