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Sectas, Apologética y Conversos | sección
Nueva Era y Cristianismo | categoría
Control mental, Terapias, Superación | tema
Autor: Texto adaptado de Xoán Xulio Alfaya/Sectas on line
Un curso de milagros
Historia, fundador y doctrina...
 
Un curso de milagros
Un curso de milagros



Introducción:
Un curso intensivo de adoctrinamiento, por medio del cual el estudiante va cambiando todo su sistema de pensamiento por otro nuevo mediante un habilísimo método de suplantación en el que se utiliza la terminología cristiana (Jesús, Espíritu Santo, perdón, Dios, Padre, cielo, infierno); pero con un contenido totalmente diferente. La única coincidencia entre el Curso y el cristianismo es la puramente léxica o terminológica, como reconocen sus mismos promotores.

El Curso de Milagros consta de tres partes principales:

  • La primera, llamada Texto, es una pormenorizada y sofisticada exposición de los principios básicos del libro. Esta parte es fundamentalmente teórica, metafísica y explicativa.
  • La segunda parte, el Libro de Ejercicios, es eminentemente práctica y consta de 365 ejercicios de entrenamiento mental, uno para cada día del año.
  • La tercera parte es el Manual para el maestro y consiste en una serie de instrucciones y de aclaraciones para los llamados "maestros de Dios" (los estudiantes de Un Curso de Milagros) y está escrita en forma de preguntas y respuestas.



Así como una especie de apéndice titulado Clarificación de términos que es un conjunto de notas aclaratorias sobre los términos más utilizados en el Curso y que, aunque la mayoría son compartidos con el cristianismo, no tienen nada que ver con él.

Fundador
Helen Shucman, profesora de psicología médica de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York.

Según ella, un día del mes de septiembre de 1965, escuchó una voz que no emitía ningún sonido, pero que presentaba una especie de dictado rápido interno y que ella escribía, pudiendo suspender del dictado en cualquier momento y reanudarla después. Así en 1972 terminó el dictado, teniendo como resultado los libros antes mencionados.

En esta empresa contó con la colaboración de William Thetford, jefe de Helen en la facultad.

Al material recibido únicamente se le añadieron los títulos de los capítulos y los subtítulos, y se omitieron de él algunas de las referencias de carácter personal recibidas al principio. Por lo demás, el material no ha sido alterado en absoluto.

El Curso de Milagros no es un libro inspirado. En él se da la extraña circunstancia de que la persona que lo recibe, Helen Schucman, es atea y jamás tuvo la seguridad de que lo que estaba escribiendo fuese verdad. La supuesta palabra de Jesús no alteró para nada su vida interior. Siguió siendo la persona confusa y poco feliz de siempre, con tendencia a ver, en materia religiosa, siempre la parte negativa, la botella medio vacía, tal y como se refleja en sus propios escritos (ver Viaje sin distancia de Robert Skutch)

¿Channeling o Inspiración divina?
El “channeling” es una práctica habitual dentro de este movimiento. El channeling es una persona la que conecta con "alguien" que no está en esta vida y que le transmite un mensaje más o menos extenso. El proceso es muy parecido al del medium del espiritismo. En el espiritismo se considera que la facultad de medium depende del organismo, independientemente de las cualidades morales de la persona. Tanto el espiritismo como la teosofía consideran que se trata de una especie de aptitud que poseen ciertas personas, una especie de sensibilidad especial para comunicarse con seres que no están en esta vida.

Hay grupos que comienzan estudiando Un Curso de Milagros y después de un tiempo una persona del grupo comienza el channeling y toda la vida y la actividad del grupo se estructura entonces a partir del material del channeling, pasando el Curso de Milagros a un segundo plano.

El channeling no tiene nada que ver con la inspiración divina tal y como la entendemos los cristianos. La inspiración divina viene siempre del Espíritu Santo y actúa a través de la fe del que la recibe. La inspiración divina nunca equivale a un dictado interno, a ninguna forma de escritura automática ni a ningún fenómeno que tenga la más mínima relación con los mediums del espiritismo o con el channeling de Nueva Era.

Dios respeta la inteligencia y la libertad del que recibe esta inspiración en lo que atañe a la forma, pero no al contenido. Un ejemplo de ello es la diferencia de estilos de los cuatro evangelios que responden tanto a la personalidad de sus autores como al esfuerzo de éstos por hacer comprensible el mensaje de Cristo a una comunidad determinada.

El libro inspirado es fruto de la estrecha colaboración entre Dios y el hombre. El hagiógrafo (escritor sagrado) escribe desde la fe y su colaboración con Dios es, a la vez, libre, responsable y activa. Es importante comprender que Dios jamás utiliza a los hombres como grabadoras magnetofónicas. "Dios eligió a unos hombres, a los que empleó, usando ellos mismos de sus facultades y de sus fuerzas, de tal manera que obrando Dios en ellos y por ellos, nos transmitieran por escrito, como verdaderos autores, todo y sólo aquello que el mismo Dios quería" (Dei Verbum, n. 11). El Espíritu Santo se sirve de los escritores sagrados como instrumentos vivos e inteligentes, no anulando en ningún caso su personalidad como en el caso de los libros producto del channeling.

La palabra de Dios es eficaz y transforma totalmente a las personas que la escuchan. Como vemos en el Evangelio, a veces basta una sola palabra de Jesús, como "Sígueme", para cambiar radicalmente la vida y el destino de la persona que la recibe. Éste fue el caso de san Mateo que era recaudador de impuestos y al escuchar el "sígueme" de Jesús lo dejó todo y se convirtió en uno de los doce apóstoles y más tarde en el autor del primer evangelio. O el caso de san Pablo que al escuchar la voz de Jesús ("Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?") pasó de ser un encarnizado perseguidor de los cristianos a ser un fidelísimo seguidor de Cristo, convirtiéndose en el Apóstol por antonomasia.

Doctrina
El Curso de Milagros postula una especie de ensamblaje entre el gnosticismo y el monismo hinduista (Advaita Vedanta) en el que Dios no tiene absolutamente nada que ver con el mundo físico ni con cualquier forma de sufrimiento, limitación, sacrificio o pérdida. Utiliza términos cristianos, pero asignándoles un significado totalmente diferente al que tienen en la teología cristiana. Hagamos un repaso por los conceptos más importantes de este libro teniendo en cuenta la peculiar limitación que imponen los propietarios del copyright: la prohibición expresa de citarlo textualmente sin un permiso por escrito de la Fundación para Un Curso de Milagros.

DIOS Y EL MUNDO:
Dios es la Eterna Amorfía, una Mente o espíritu impersonal que sólo ha creado al Hijo, pero no el mundo. El mundo físico que percibimos a través de nuestros sentidos no es real, no existe (monismo hinduista), es un sueño de separación del que hay que despertar para volver a restablecer en nosotros la cordura y restaurar la unidad con Dios y con la Filiación que nunca perdimos, pero que creímos que perdimos. El Hijo de Dios es la Filiación. Nunca se utiliza el término humanidad para referirse al conjunto de los seres humanos. Además la Filiación lo abarca todo, tanto los seres humanos como los objetos, las cosas (panteísmo). No hay diferencias entre los reinos animal, vegetal y mineral y los seres humanos. Todos formamos la única Filiación, la única creación amorosa de Dios. El ego trata de crear categorías y clasificaciones para que unos tengan dominio sobre otros (Génesis 1, 26-28), pero nada de esto tiene que ver con un Dios que jamás ha creado diferencias.

En Dios no hay dualidad, no hay opuestos. Todo lo que existe es Dios (panteísmo) por extensión de su amor perfecto fuera del cual no existe nada más. La realidad es por tanto espiritual, extensión pura de Dios, nunca física. Y fuera de la realidad no hay nada. Lo que nosotros llamamos realidad es un mal sueño del que tenemos que despertar. La realidad no tiene nada que ver con personas, animales, edificios, coches, fábricas, oficinas, hospitales, ordenadores, montañas, mar, paisajes. En el Curso, realidad es sinónimo de conocimiento y no tiene nada que ver con la percepción. La realidad es el Cielo. La percepción hace que creamos ver un mundo físico y limitado así como a nuestros hermanos como cuerpos.

JESUCRISTO:
Jesucristo no es el Hijo único de Dios, sino la primera persona que fue consciente de ello. La resurrección de Jesús no tiene nada que ver con la resurrección que narran los Evangelios, puesto que Jesús no tenía un cuerpo físico (docetismo). La resurrección de Jesús, según el Curso, fue un proceso de autoconciencia mediante el cual Jesús cayó en la cuenta de que era el Hijo de Dios. Fue el primero en tomar conciencia de ello, por lo cual se le considera nuestro "hermano mayor". El Cristo no es Jesús, sino todos y todo, desde los seres humanos hasta el más diminuto grano de arena (panteísmo).

EL PECADO ORIGINAL:
El pecado original es sustituido en el Curso por el "error original". El Hijo de Dios soñó que estaba separado de su Padre y se fragmentó en millones de egos (los hombres) que se identifican erróneamente con su cuerpo físico y que se creen separados de Dios y de sus hermanos. Ese pensamiento erróneo de separación dio origen al ego. El ego es esta creencia errónea de que estamos separados Dios que nos hace vivir una vida ilusoria, creyendo que somos cuerpos que habitamos en un mundo físico que en realidad no existe. El ego es una especie de demiurgo (gnosticismo) cuya voz compite en nuestro interior con la voz que habla por Dios (el Espíritu Santo). Cada persona tiene la oportunidad de seguir una voz u otra. Si sigue la voz del ego permanecerá en la separación y en el sueño y si sigue la voz del Espíritu Santo caminará hacia el despertar a la unidad con Dios que nunca perdió, pero que creyó perder.

EL ESPÍRITU SANTO:
Para despertar al Hijo de su sueño de separación, Dios creó al Espíritu Santo que es "la Voz que habla por Dios". No es la tercera persona de la Santísima Trinidad, sino una voz interior que nos ayuda a deshacer en nosotros el error de la separación y a retornar a la unidad que culmina con la total disolución de nuestro ego ilusorio en la Eterna Amorfía. El Espíritu Santo es además una especie de traductor que hace posible la comunicación entre Dios y los hombres. Dios pertenece a la esfera del conocimiento puro, de la pura abstracción, y no tiene nada que ver con símbolos como formas, sonidos o el lenguaje, por lo cual para comunicarse con el hombre utiliza al Espíritu Santo que es la voz que habla por Dios. Digamos que el Espíritu Santo, según el Curso, viene a realizar una tarea similar a la del módem en Internet: convertir las señales analógicas en señales digitales y viceversa, o sea, convertir el lenguaje simbólico de los hombres a la comunicación totalmente abstracta y directa de Dios y viceversa.

EL PECADO Y LA CULPA:
El pecado y la culpa no son reales. Existen sólo en sueños. El hombre no puede pecar, porque nunca ha estado separado de su Padre con quien comparte toda su perfección. Creemos pecar, pero no pecamos. El pecado es imposible. La ética del Curso no tiene nada que ver con la ética cristiana que, según ellos, es una ética de obras. No existen actos buenos ni malos, pues en una relación de causa-efecto, los actos son la consecuencia de los pensamientos y son éstos los que hay que cambiar. No es posible actuar sobre los efectos, sino sobre las causas. El Curso trata de corregir nuestros pensamientos erróneos de separación, pero no tiene nada que ver con los actos ni las obras. Desde el enfoque metafísico del Curso el asesinato o el aborto no son mejores ni peores que las obras de caridad, pues todos son sueños de los que hay que despertar. La ética que propone el Curso se limita, por tanto, a los pensamientos, a la corrección de los pensamientos erróneos, pero no tiene nada que ver con actos ni con obras. Nuestros actos buenos o malos son todos ilusorios, pues en el fondo somos mentes puras, una parte del pensamiento de Dios que acabará retornando a su origen.

LA RESURRECCIÓN:
La resurrección del cuerpo implica la creencia de que el cuerpo ha muerto y que por lo tanto ha vivido. Como esto es imposible, ya que los cuerpos son una ilusión que arranca de nuestra creencia en la culpa y el pecado, la verdadera resurrección tal y como la entiende el Curso significa el despertar del sueño de la muerte, un despertar que sólo puede ocurrir en la mente. Con relación a Jesús el Curso lleva a la lógica conclusión de que su resurrección precedió a su crucifixión, que fue el momento de su despertar del sueño de la muerte, de despertar a la conciencia de Cristo. La resurrección de Jesús, al igual que la nuestra, no tiene nada que ver con cuerpos. Es un proceso de puro despertar mental.

LA SALVACIÓN:
La salvación según el Curso no tiene nada que ver con la fe, con las obras ni con la redención llevada a cabo por Jesucristo. Es, por el contrario, un resultado del conocimiento (gnosis), de un cambio de mentalidad. Es un deshacer la madeja de ilusiones en la que estamos enredados y abrirnos a la verdad de un Dios que no tiene nada que ver con cuerpos, tiempo ni materia. La salvación es lo mismo que la Expiación de la creencia en la separación, la culpa y el pecado.

Jesús no murió por nuestros pecados, pues la muerte no existe y Jesús, igual que nosotros, no tenía un cuerpo que pudiese sufrir o morir (docetismo). Además, el pecado es imposible pues no existe nada irreal, nada que no comparta la perfección de Dios. Lo que nosotros llamamos pecado son en realidad sueños de pecado de los que hay que despertar, tan irreales como las buenas obras. La redención es sustituida en el Curso por la Expiación, que es el plan de corrección del Espíritu Santo para deshacer el ego y sanar nuestras mentes de la creencia errónea en la separación. La Expiación se puso en marcha después de la separación y se completará cuando todos los egos separados hayan corregido su error y retornen a la unidad original que nunca perdieron, pero que creyeron perder. Jesús es el primero que completó su parte en la Expiación al trascender totalmente su ego e identificarse con Cristo. Esto lo convierte en nuestro modelo y nuestro guía. En el Curso se le llama el "hermano mayor".

LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE:
La enfermedad y la muerte tampoco son reales. Sólo los cuerpos pueden enfermar o morir y los cuerpos no existen, por lo tanto la enfermedad y la muerte son el resultado de una forma errónea de pensar que tenemos que corregir. Tenemos que sanar nuestra mente enferma que cree que vivimos encerrados en un cuerpo capaz de enfermar o morir. Los medicamentos físicos son una forma de hechizo, reafirmaciones de principios mágicos que no tienen ningún sentido; pero si tienes miedo de usar la mente para curar, lo menos arriesgado es depender temporalmente de ellos. Entre el miedo y los medicamentos, es mejor optar por éstos como un mal menor mientras uno no se atreva a utilizar sólo la mente para curar (Ciencia Cristiana). La mentalidad recta es en sí misma la curación. La enfermedad es un conflicto de la mente que se desplaza hacia el cuerpo, una somatización de un error mental que tiene que ser curada en su propio nivel, nunca en el nivel físico. Tratar de curarla con medicamentos es incurrir en la magia que para el Curso es atribuirle realidad a lo físico y a lo material.

EL MÁS ALLÁ DE LA MUERTE:
La muerte no existe. Sólo existe la vida, que es pura extensión de la vida de Dios. La vida terrena es una ilusión que no termina con la muerte, sino con el despertar. Lo que nosotros llamamos morir es en realidad pasar de un sueño a otro. La reencarnación de Nueva Era se convierte en el Curso en una especie de "reensoñación", en el cambio de un sueño por otro, del mismo modo que en la televisión cambiamos de canal. Mientras no realicemos en nosotros la Expiación, seremos soñadores que soñamos con que pecamos o que hacemos el bien, pero tanto "hacer el bien" como "pecar" no tienen ningún sentido, pues son sueños.

LA CREACIÓN:
La creación es la extensión que Dios hace de sí mismo. La creación es una extensión no-espacial, no-temporal, no-física de Dios, pues ni el tiempo ni el espacio existen sino en sueños. Como Dios no tiene nada que ver con la materia, con el tiempo ni con el espacio, su creación no tiene tampoco nada que ver con el mundo y es por lo tanto pensamiento puro, extensión de su mente de la que nosotros formamos parte. Dios sólo ha creado al Hijo, no el mundo. La creación, según el Curso, existe sólo en el nivel del pensamiento puro, de las puras ideas, de la pura abstracción, y no tiene absolutamente nada que ver con el mundo material. Dios no ha creado este mundo material que creemos ver ni tampoco interviene para nada en la historia de la humanidad ni en la salvación de los hombres. Su plan de salvación es la creación del Espíritu Santo, la voz que habla por Dios, a fin de corregir el error original de la separación y llevar al Hijo a la verdad.
Lo que llamamos aspectos positivos del mundo (por ejemplo, la belleza de un paisaje, la sonrisa de un niño o el firmamento estrellado) son tan ilusorios como los negativos. Ambos son el resultado de la percepción y no tienen nada que ver con el conocimiento. Nada de lo que el mundo considera hermoso o bueno es real. Todo forma parte del sueño de separación en que estamos atrapados. El mundo es una forma de ataque a Dios, una barrera que el ego interpone entre Él y nosotros para que nunca le lleguemos a conocer y a amar tal y como en realidad es.

EL PERDÓN:
Puesto que el mal y el pecado no son reales, ya que no existe nada real fuera de Dios, perdonar no tiene otro sentido que el de limpiar nuestra mente de la culpa que proyectamos sobre los otros. Perdonar es no ver en el otro una maldad que en realidad no existe, es pasar por alto en nuestros hermanos lo que no es ni nunca pudo ser real. Solamente hay dos actitudes posibles: dar amor o pedir amor. La persona que insulta o hace daño a otra en realidad está suplicando una respuesta de amor. El perdón según el Curso consiste en ver lo único que en realidad existe: amor y sólo amor. Tanto nuestro prójimo amoroso como nuestro prójimo furioso nos están dando o pidiendo amor y nuestra respuesta correcta sólo puede ser una: devolver siempre amor. En la práctica uno no comprende las reacciones tan irracionales y agresivas de quienes dicen practicar estos principios. En el lenguaje del Curso perdonamos a otros por el daño que nunca nos hicieron. Así comprendido, el perdón es la llave de la felicidad; pero es algo ajeno a Dios. Dios no perdona porque no tiene necesidad de hacerlo, pues nunca nos ha condenado. El perdón es, paradójicamente, una ilusión que nos lleva a la verdad, la única ilusión realmente liberadora.

LOS MILAGROS:
Los milagros nunca son físicos, sino mentales. Consisten en un cambio a nivel del pensamiento, en un paso de la mentalidad errónea que resulta de seguir la voz del ego a la mentalidad recta que resulta de escuchar solamente la voz del Espíritu Santo. El milagro, según el Curso, es una corrección que se da en el nivel mental. Los milagros de Jesús en el Evangelio así como su resurrección no tienen nada que ver con los milagros tal como los entiende el Curso, ya que en ellos está implicado el plano físico que no es real. La resurrección de Jesús, por ejemplo, fue según el Curso una simple toma de conciencia, pero no hubo nunca una resurrección corporal, ya que eso es imposible.

EL JUICIO FINAL:
Es el triunfo de la Expiación, el fin de la creencia errónea en la separación. No tiene nada que ver con un juicio de premio y castigo, de salvación para unos y de condena para otros. No es el triunfo del bien sobre el mal ni de la verdad sobre el error. Es el total deshacimiento del error. En el juicio final el mundo aparecerá como siempre fue, es y será en la mente de Dios: un mundo perdonado, totalmente libre de culpa y de pecado, donde todos son perfectamente iguales ante Dios independientemente de cómo hayan sido sus vidas en la tierra, ya que éstas vidas nunca fueron reales, sino simples sueños. Los cuerpos ya no tienen ninguna utilidad y por lo tanto desaparecen. Los egos se disuelven al fin en la Eterna Amorfía.

Organización
El encuentro que tuvo lugar en 1975 entre Judith Skutch, Helen Schucman, William Thetford y Kenneth Wapnick dio lugar al nacimiento de la Fundación para la Paz Interior. En 1983 Gloria y Kenneth Wapnick crearon la Fundación para Un Curso de Milagros ubicada actualmente en Roscoe, Nueva York. En 1999 los derechos de autor de Un Curso de Milagros fueron transferidos a esta última Fundación.

Actualmente existen cientos de grupos de estudio de Un Curso de Milagros sobre todo en los Estados Unidos, pero también en América Latina, en especial en México, Venezuela, Argentina y Colombia, y alguno en España. Se trata de grupos autónomos, independientes entre sí, cuyos miembros provienen en su inmensa mayoría de Nueva Era con la que comparten, en un sincretismo no siempre bien visto por la Fundación para Un Curso de Milagros, creencias y prácticas comunes. Es normal, por ejemplo, que los estudiantes de Un Curso de Milagros practiquen la astrología o las terapias de "vidas pasadas" basadas en su creencia en la reencarnación (que el Curso niega rotundamente en total coherencia con su monismo espiritualista, aunque admite que es un "concepto útil").

Funcionamiento interno
Los grupos de estudio son pequeños, de unas 8 a 10 personas. Suelen reunirse una vez a la semana para estudiar el libro, compartir experiencias y practicar alguna forma de meditación. No hacen un proselitismo directo y agresivo como otros grupos. El Curso se da a conocer a través de seminarios, charlas, recomendación de libros, etc. Para sus reuniones es normal que utilicen casas de retiro, monasterios o centros religiosos católicos. También se forman grupos a través de Internet.

Conclusiones
La adhesión al grupo llega a convertirse en una forma de adicción. Las relaciones entre sus miembros empiezan siendo amistosas, pero pronto pasan a ser "fusionales" con muy poco espacio para la libertad personal. Cuanto más fuerte es el irracionalismo religioso, tantas más posibilidades se tiene de convertirse en líder de un grupo. Cualquier forma de intento de discernimiento o de manifestación de espíritu crítico está evidentemente mal vista. Existen también sutiles mecanismos de culpabilización, tanto más sutiles cuanto que la culpa es el demonio que el Curso de Milagros pretende exorcizar y eliminar de una vez por todas.

La negación de la realidad del cuerpo y de la materia y la consiguiente declaración de "magia" contra los medicamentos físicos lleva a formas sorprendentes de una ética paradójica, que consiste en hacerse un verdadero problema por la toma de una aspirina o de un antiinflamatorio y pasar por alto hechos muchísimo más graves como el aborto, la separación matrimonial o la injusticia social.

No hay que infravalorar la peligrosidad de un grupo aparentemente angelical e inofensivo. No hay ideas erróneas que no tengan consecuencias para la vida de las personas. Enm segundo lugar, entrar en un Curso de Milagros es meterse de lleno en la Nueva Era. En tercer lugar, la compatibilidad del Curso con el cristianismo es imposible, si bien consiente como mera estrategia para captar a posibles adeptos cristianos.

Por último es muy importante no dejarse culpabilizar ni manipular. Algunos adeptos son expertos en esto. Tener en cuenta que somos personas libres y dueñas de nosotros mismos.



El autor Xoán Xulio Alfaya perteneció a un grupo de Un Curso de Milagros


 

 
 
 
 
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