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Sectas, Apologética y Conversos | sección
Nueva Era y Cristianismo | categoría
New Age y su relación con el catolicismo | tema
Autor: Oscar Gerometta
¿Qué es la New Age?
¿Podemos decir que estamos ante una nueva religión? ¿quizá sea una filosofía, o una consecuencia de los modernos hallazgos de la ciencia?
 
¿Qué es la New Age?
¿Qué es la New Age?


¿Podemos decir que estamos ante una nueva religión? ¿quizá sea una filosofía, o una consecuencia de los modernos hallazgos de la ciencia?

Las respuestas a estos interrogantes son muy difíciles de precisar porque la conspiración de Acuario es todas esas cosas a la vez y ninguna de ellas en particular, y aún mucho más.

Sus fieles no la reconocen como una religión, contestan que antes bien es una "espiritualidad"; tampoco aceptan ser considerados como una escuela filosófica,
antes bien prefieren que se lo considere como un camino de "expansión de la conciencia".

Por esto, la presentación más acertada quizás sea la que da el Cardenal Danneels: "No es una religión, pero es por lo menos religiosa; no es una filosofía, pero es por lo menos una visión del hombre y del mundo, así como una clave de interpretación; no es una ciencia, pero se apoya en leyes "científicas", aunque haya que ir a buscarlas entre las estrellas. New Age es una nebulosa que contiene esoterismo y ocultismo, pensamiento mítico y mágico respecto de los secretos de la vida, y una pizca de cristianismo, todo revuelto con ideas que proceden de la astrofísica."

Una visión del hombre, del mundo y de la divinidad, con aspiraciones de científica, que puede describirse a partir de un conjunto de pilares o fuentes de inspiración:

  • Una subestructura mítica pretendidamente científica.

  • La antropología: un intento de "nueva psicología".

  • El recurso a las religiones orientales.

  • Las artes adivinatorias o "mancias".

  • La inminencia del "fin de los tiempos".


    1. La cosmología de la Nueva Era: una subestructura mítica pretendidamente científica

    La crisis ecológica, el temor a la contaminación radiactiva, las dificultades para controlar y detener enfermedades terminales, la aparición de nuevos problemas como consecuencias no deseadas del progreso tecnológico han sido, entre otros tantos, algunos de los factores determinantes que han conducido a un replanteo del optimismo cientificista que suponía como principio indemostrable que todo podía ser solucionado y alcanzado por el progreso científico.

    Paralelamente, el pensamiento científico se encuentra enredado en un enjambre de teorías e hipótesis, de informes y comunicaciones producto de su propia actividad, que hacen cada día más necesaria la colaboración interdisciplinaria,
    el acotamiento de los campos de investigación, el fluído intercambio de información.

    Esta colaboración interdisciplinaria ha sido fecunda sobre todo al generar puntos de coincidencia entre áreas del pensamiento científico que en algún momento pudieron considerarse como totalmente diversas. Es así como se han ido tejiendo coincidencias desde campos tan dispares como la física cuántica, la acústica, la neurología, la óptica y la psiquiatría.

    Estos principios de coincidencia han servido básicamente para alimentar y alentar el deseo de reencontrar la primitiva unidad del saber perdida en el proceso de diversificación de las ciencias, pero sobre todo para propiciar la apertura (desdichadamente no siempre encaminada con igual acierto) de las ciencias naturales a lo trascendente, a lo divino, a una visión de totalidad.

    A partir de estos presupuestos se habla de una ´nueva ciencia´, más humana, más ecológica, cuyos principios fundamentales Josef Sudbrack sintetiza en dos:

  • La "holonomía": todo el universo se encuentra regido por un principio de relación recíproca, todo está unido, interconectado, y aún más que eso, cada parte de este universo es en sí misma una imagen de la totalidad; y esto porque el cosmos entero es una unidad compenetrada e influenciada recíprocamente. El todo está en cada uno y cada uno está en el todo. Todos los seres están hermanados y forman una única familia con diferentes grados de evolución. El hombre, no sería más que una parte de ese todo, de esa intrincada y extensa red; un microcosmos que es en sí mismo una imagen acabada de toda la creación.

    Aquí encuentra su fundamento el monismo de la Nueva Era: en definitiva, todo es el mismo ser, la misma imagen, sin distinción.

  • La calidad dinámica de la realidad: todo es un permanente cambio, todo está regido por un movimiento inmanente de evolución, por un principio intrínseco e inevitable de desplegamiento y replegamiento que abarca desde el todo hasta la más ínfima de las partes y que hace que todo intento de comprensión de la
    realidad que no esté regido por la asimilación a este mismo movimiento esté condenado a no ser más que una instancia muy imperfecta de conocimiento. La distancia entre nuestro conocimiento analítico-científico y la realidad sería la misma que hay entre la contemplación de unos fuegos artificiales, y su fotografía.


    Estos dos principios surgen de la extrapolación de elementos tomados de la física atómica, según la cual la realidad última y auténtica del cosmos no está constituída por cosas y cuerpos sólidos tal como podrían hacernos suponer erróneamente nuestra conciencia cotidiana, sino por vibraciones, energías, movimientos ondulatorios. El elemento constitutivo de la materia no es algo sólido sino que son vibraciones.

    De aquí deducen rápidametne que nuestra realidad diaria es sólo apariencia, superficie débil del ser, que en realidad es un todo vibrante. La misma divinidad es interpretada como vibración. Los minerales, los seres vivos, el alma del hombre y Dios en esta interpretación, son todas vibraciones aunque cada una de ellas "en distintas frecuencias".

    La Nueva Era elabora así una visión propia del universo, al que considera como una gran masa energética en permanente oscilación, vibración que confunde con la vida y que deja sólo lugar a meras diferencias cualitativas.

    Desde esta perspectiva, los planetas, las galaxias, son seres vivos dotados de afectos y pasiones -vibraciones de frecuencias diversas-, capaces de responder a la agresión o el cuidado de los hombres.

    Por otro lado, esta característica vibracional de todo lo existente, es concebida como una hermandad de origen ya que todo el cosmos está constituído por una misma materia: la vibración primera, divina, de la que todo ha emanado. Todo es variación de una única y primigenia vibración; no hay verdadera distinción entre el ser divino y el ser de las creaturas, no hay un acto creador.

    En estos aspectos, los seguidores de Acuario se manifiestan claramente como continuadores del más antiguo gnosticismo.


    2. La antropología de la Nueva Era: un intento de ´nueva psicología´

    El hombre es parte de ese todo, del cosmos, y no sólo en lo que se refiere a la materialidad de su cuerpo o la espiritualidad de su alma, sino aún también en lo más profundo de su psiquis.

    Pretendiendo fundarse en la que denominada "psicología transpersonal" de Karl Jüng, pero recibida en realidad a través de las enseñanzas de Abraham Maslow, la Nueva Era afirma que el "yo consciente" de cada individuo se encuentra inmerso en una conciencia suprapersonal, común a la humanidad entera, una especie de depósito de experiencias y conocimientos forjados por el conjunto de la humanidad desde sus orígenes, y a los cuales el individuo normalmente no accede de un modo consciente.

    Este cúmulo de conocimientos se haría accesible habitualmente a través de formas de conocimiento a-racionales como la intuición, los sueños, los símbolos y mitos. Estas formas de "conocimiento" serían funciones propias del hemisferio cerebral derecho.

    Ocurre (sostiene Nueva Era) que normalmente no solemos recurrir a estas formas de conocimiento ya que por educación hemos desarrollado mejor las funciones analíticas propias del hemisferio izquierdo. A priori afirman que el conocimiento analítico es parcial y carente de unidad, por lo que -en esta hipótesis- el hombre de Acuario necesita apelar a formas de educación no tradicionales para poder desarrollar las potencialidades del hemisferio derecho, el del conocimiento sintético, a fin de alcanzar un conocimiento totalizante y armonioso.

    La educación, en consecuencia, debe centrarse en el desarrollo de las potencialidades de conocimiento no analítico -a las que consideran las más importantes, y menos desarrolladas hasta ahora-, ya que ellas nos permiten salir "conscientemente" al encuentro de nuestro "yo soy". Estas premisas de aprendizaje procuran aplicarlas especialmente a los niños, ya que ellos todavía no han sido sometidos a un proceso de aprendizaje analítico que dificulta el
    desarrollo de estas nuevas formas de percepción.

    Con esto se tiene el sustrato de una nueva teoría educativa según la cual, el hombre debe centrar su aprendizaje en el descenso a lo más profundo de su yo, donde ha de encontrarse con sí mismo, con su "yo soy", es decir, el mismo Dios que es parte de cada una de sus creaturas. Este sería el que consideran un conocimiento verdadero, el que se alcanza no por la observación de la realidad sino por la instrospección lograda a través de técnicas de auto-hipnosis y sueño dirigido. Este proceso suele recibir en el ámbito new age la denominación de "desarrollo de la conciencia crística".


    3. Una teología New Age: el recurso a las religiones orientales

    Detrás de este gran cambio cultural que impulsa la Nueva Era, subyace la necesidad del hombre contemporáneo de alcanzar una síntesis capaz de cubrir sus espectativas en los campos afectivo, intelectual y religioso, desde una perspectiva de unidad. Necesidad que al no encontrar satisfacción, ha generado en la cultura urbana del fin del presente milenio un cúmulo de tensiones de muy difícil resolución fuera del contexto de una fe cristiana integralmente vivida, celebrada y comprendida.

    En realidad, la concepción de la realidad y del hombre propugnada por la Nueva Era es en gran medida es incompatible con la fe cristiana, ya que la New Age busca sus fundamentos en una teología de origen oriental.


    - El concepto de Dios

    El origen de buena parte del esquema conceptual religioso implícito en las propuestas de la Nueva Era puede encontrarse facilmente en las religiones nacidas a las orillas del Ganges, pero interpretadas al modo particular de los occidentales.

    Su concepción de lo divino como un todo impersonal en el que se identifican como en una unidad absoluta el ser y la nada, el dios y la creatura, la luz y la oscuridad, es de origen claramente oriental.


    - La espiritualidad

    De esta concepción de Dios surge una espiritualidad que se funda más en la experiencia sensible que en la razón y que antepone el sentimiento a la verdad. De este modo, la "espiritualidad" queda reducida a la esfera de lo sensitivo e irracional: al "sentirse bien", a una búsqueda excluyente del propio bienestar individual.

    Así, la oración deja ya de ser un diálogo interpersonal con el Dios trascendente, para convertirse en un mero monólogo interior, en una búsqueda introspectiva del propio yo.

    Lo más profundo del hombre ya no es el "interior intimo meo" de san Agustín, sino el propio yo. Dios no es la Trinidad Personal, sino que se lo hallaría en la inmanencia del propio "sí mismo".

    El hombre queda así abandonado, en completa soledad ante sí mismo.


    - El pecado

    En la propuesta de la Nueva Era lo humano se confunde e identifica con lo divino, por lo que la realidad del pecado pierde sentido, incluso llega a considerarse al hombre como incapaz de pecar.

    Lo que en una visión más tradicional podría aparecer como pecado es interpretado por la Nueva Era como imperfecciones provocadas por la falta de evolución del individuo, que han de superarse a través de la toma de conciencia de su "yo soy".


    - La reencarnación

    La evolución de la que se habla, no es por supuesto la evolución personal tal como habitualmente solemos comprenderla, sino una supuesta evolución espiritual que se daría a través de los distintos ciclos del karma, es decir, a través de sucesivas reencarnaciones hasta alcanzar un estado de divinización pleno.

    No hay que olvidar que para la Nueva Era, el hombre es un "espíritu" o energía divina, una partícula del todo cósmico, en contínua evolución hacia la divinización.


    4. Las artes adivinatorias o "mancias"

    Cuando el hombre pierde el camino de la Verdad que lo conduce al gozo verdadero, dos son las sendas que se le presentan: la lucha detrás de un mesianismo temporal e inmanente, o la seducción de una falsa trascendencia manipulable por la magia.

    En este sentido la Nueva Era no introduce ninguna novedad; con su exaltación sistemática de la arracionalidad, y su búsqueda de una sabiduría escondida en el mismo ser del hombre que le de una clave de interpretación del cosmos,no puede obviar el camino del ocultismo y el esoterismo que responden a la inclinación primitiva del hombre a apoderarse de la "sabiduría de los dioses".

    Las artes adivinatorias de todo tipo, desde las cartas españolas hasta el I Ching, pasando por el Tarot, la lectura de la borra del café, la astrología de alto vuelo y todas las formas de percepción extrasensorial, tienen un lugar privilegiado en el corazón de todo seguidos de la Nueva Era. A todas las considera igualmente válidas para intentar llegar más allá de las posibilidades de conocimiento del hombre, prescindiendo de la Revelación Cristiana.

    El supuesto básico de esta convicción es aquella creencia en una comunión de origen de toda la creación, lo que hace que el destino de cada hombre particular esté indisolublemente unido, a través de una larga cadena de acontecimiento de "causalidades") hasta con el de la más alejada de las estrellas.

    Por esto afirmarán que la astrología y las demás mancias, no son supersticiones o creencias sin fundamento, sino que son propiamente ciencias fundadas en la causalidad universal.

    Este supuesto se traduce en un cerrado determinismo, aunque siempre se reivindique la existencia del "libre albedrío", albedrío que nunca llega a clarificarse qué función cumple en el desarrollo de la historia.

    De este modo, la responsabilidad personal en la construcción del bien común es inexistente; el progreso del hombre no está relacionado con el desarrollo libre y responsable de suss potencialidades, sino con un poder o fuerza impersonal e intrínseca a la creación que la conduce necesariamente en un sentido que dicen ser de unidad creciente.

    Por lo tanto, el hombre ha dejado de ser el artífice y responsable de la propia cultura y de la propia historia, para pasar a ser en realidad un elemento anónimo más, parte de una red infinita, pasivo ante el devenir social, que debe dejar de lado toda preocupación efectiva por las realidades socio-culturales, para ocuparse simplemente de cultivar una espiritualidad de introspección, a la medida del propio gusto, cuyo sólo propósito es la comunión en "un plano vibracional más elevado", pero no con el otro, sino con una impersonal e indefinible onda de energía.

    En la Nueva Era todo se confunde: las artes adivinatorias son "ciencias", los brujos son "parapsicólogos", y la curiosidad desordenada por conocer el futuro es "investigación".

    En el contexto de Acuario, los dones paranormales ya no son dones sino capacidades que se adquieren y desarrollan por la práctica, los "parapsicólogos", canalizadores, investigadores o amigos, son los nuevos gurúes o maestros de esta espiritualidad cósmica.

    A partir de esa búsqueda de unión y comunión en armonía con el universo, se ha elevado a categoría de una cuasireligión a la ecología, convirtiendo a la naturaleza prácticamente en un objeto de culto, deformándola hasta convertirla de hecho en un camino místico-espiritual junto con muchas otras prácticas como las medicinas alternativas o los grupos de auto-ayuda, que se ven así también convertidos de repente en opciones religiosas.

    Todos los libros de las civilizaciones antiguas adquieren indistintamente a la luz de la Nueva Era la categoría de "sagrados" por el sólo hecho de ser antiguos, de origen desconocido o legendario.

    Así, la Biblia es tan sólo uno más entre una multitud de libros; pero las "canalizaciones" realizadas por cualquiera de los "hermanos" tiene carácter de verdad indiscutible y constituyen parámetro de interpretación de toda otra escritura.


    Los "Diez Mandamientos" de la Nueva Era

    1. Tú esperarás con impaciencia la Era de Acuario.

    2. Tú creerás firmemente en la gran mutación.

    3. Despertarás atentamente tu nivel de conciencia.

    4. De tu cuerpo te ocuparás activamente ya que es una parte del todo cósmico.

    5. Tú seguirás a los gurú con respeto.

    6. Creerás firmemente en lo irracional.

    7. Venerarás religiosamente a la diosa Gaia.

    8. Severamente rechazarás las religiones tradicionales.

    9. A los espíritus les hablarás con toda naturalidad.

    10. De la muerte te reirás, serenamente.

    (según Jean Vernette)


    5. La inminencia del fin de los tiempos

    A los cuatro elementos o pilares enunciados hasta aquí, es oportuno agregar un último ingrediente que es preciso no olvidar al referirnos a la Nueva Era: su tono mesiánico.

    Cada grupo y autor, de modo diverso, ha de hacer referencia - en cualquiera de sus versiones- al fin de la historia, del eón presente, a la catástrofe planetaria o al llamado "plan de evacuación planetaria".

    En este punto hallamos una gran dispersión de opiniones: desde los que son optimistas y afirman que de un modo u otro el planeta encontrará su equilibrio, hasta los abiertamente pesimistas que consideran casi inevitable destrucción del planeta.

    Es en este punto donde la referencia al fenómeno O.V.N.I. se hace más fuerte y recurrente, ya que se apela a naves y seres extra o intra terrestres para afirmar que estamos siendo custodiados, observados o impulsados en nuestro devenir histórico por una inteligencia ajena a nuestro tiempo y espacio.

    Serían ellos los que con sus enseñanzas
    guían y advierten al género humano acerca de los cambios por venir, los que intervienen en la historia nuestra autodestrucción, e incluso los que tendrían a su cargo la evacuación del planeta en la eventualidad de un cataclismo planetario.

    Este desarrollo de la referencia a fenómenos extra-terrestres ha llegado ha recubrirse con características cuasi religiosas: se habla de tener "fe" en los O.V.N.I.s y en los E.T.; se buscan referencias bíblicas de intervenciones similares a las planeadas apelando a la figura de los ángeles.

    A partir de aquí, se ha creado un universo entero de "espíritus ascendidos" con sus nombres, a los cuales se presta veneración y respeto, y cuya enseñanza, supuestamente canalizada a través de diversos "canalizadores", se adopta como revelación de los dinamismos de la energía divina sobre el destino de la humanidad.

    Todo aquello que según las Sagradas Escrituras no nos ha sido dado a saber, parecería que estaría siendo comunicado en estos tiempos, a través de estas entidades.



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