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Autor: Dr. Baamonde | Fuente: Secretaría RIES / En Acción Digital Las sectas: no sólo un asunto psicológico, una manipulación de lo Religioso
las sectas se nos presentan como un medio válido para satisfacer alguna necesidad psicológica y de esta forma nos manipulan...
Las sectas: no sólo un asunto psicológico, una manipulación de lo Religioso
El miembro español de la RIES
Luis Santamaría del Río ha presentado recientemente en un
seminario de investigación sobre los desafíos del mundo actual
a la ética, celebrado durante este curso en la Facultad
de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca
y dirigido por el profesor José Román Flecha, el
tema de las sectas desde la perspectiva de la
manipulación de lo religioso. Ofrecemos a continuación la síntesis
que ha realizado y que ha publicado En Acción
Digital. Corruptio optimi pessima.
Este adagio latino (“la
corrupción del mejor es lo peor”) es apropiado para
referirnos al fenómeno sectario, que consiste en una patología del
fenómeno religioso, y que es algo muy presente en
nuestros días, junto con otras patologías como pueden ser
el sincretismo y el fundamentalismo. No es algo mayoritario
(de hecho, se estima entre un 1 y un 2%
de la población los miembros de estos grupos, en
estudios realizados en España y en otros países), pero
sus efectos alcanzan a un ámbito mayor: familiares, entorno
laboral, etc. Incluso en ocasiones extremas pueden llegar a un
grado de destructividad más amplio: piénsese en los casos
tristemente famosos de presuntos suicidios colectivos o atentados.
Los acercamientos psicológicos al fenómeno de las sectas, y
los que suelen englobarse con el término anticult (antisectas),
inciden en las técnicas de manipulación psicológica como la
clave del funcionamiento de estos grupos. Así, una secta
sería un grupo manipulador de la personalidad, que emplearía
técnicas de control mental o persuasión coercitiva (no el
famoso “lavado de cerebro” que precisa del uso de
violencia física).
Éstas son algunas de las afirmaciones del libro
más reciente publicado sobre este tema en España: se
afirma ya en la introducción que “las sectas se
nos presentan como un medio válido para satisfacer alguna
necesidad psicológica”, y leemos también que “no se definen
por el contenido de las mismas, sino por los procedimientos
coercitivos que utilizan para que los miembros se hagan
totalmente adeptos” (J.M. CUEVAS– J.M. CANTO, Sectas. Cómo funcionan,
cómo son sus líderes, efectos destructivos y cómo combatirlas,
Aljibe, Archidona, 2006). Esto demuestra tanto su enfoque (no
importan las doctrinas, sino sólo su actuación) como el
paréntesis al que se somete la cuestión religiosa y
doctrinal, o de búsqueda y oferta de trascendencia, más o
menos explícita. Sin embargo, lo religioso sí importa,
aunque quiera dejarse de lado.
El hombre vive en
busca de sentido (recogiendo la expresión de Viktor Frankl),
y en la actualidad, tras su salida de la gran
catedral (léase: religiones, Iglesias, ideologías), necesita un paraguas bajo
el que cobijarse con todo lo que está cayendo
en la vida. Ante esto, se presenta la posibilidad
de confeccionar la propia “espiritualidad” mediante la individualización, el
sincretismo y la nueva religiosidad holística (“New Age”). O,
algo más sencillo, dejar que un movimiento de carácter
“fuerte” ofrezca un entorno afectivo cálido y un sistema
doctrinal firme en el que la persona se sienta más
segura. Aunque en realidad esté siendo manipulada mediante una
manipulación de lo religioso.
Porque no sólo es importante lo
afectivo y lo emocional, la manipulación de los sentimientos,
sino también la del sentido, la de aquello que,
en el fondo, al fin y al cabo, acaba llenando
la vida con un horizonte hacia el cuál caminar
y por el que vale la pena seguir adelante.
Lo que constituye una (otra más) de las paradojas de
nuestro tiempo postmoderno: por un lado, se ha ensalzado
la libertad humana ilimitadamente; por otro, algunas personas se
someten a cosmovisiones alternativas y dinámicas grupales llegando a
perder la libertad (o como podríamos decir citando a
Chesterton, quitándose al entrar la cabeza en lugar del
sombrero, que es lo que uno se quita al entrar
en la iglesia, donde se sigue pensando).
Al
acercarnos a este tema, cobran actualidad las siguientes palabras del
Concilio Vaticano II, que pueden aplicarse literalmente al fenómeno
sectario, tal como se da tanto en las sociedades
occidentales como en las demás: "Nunca ha tenido el
hombre un sentido tan agudo de su libertad, y
entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica"
(Gaudium et spes 4).
Una llamada a vivir, desde las
tradiciones religiosas, y en un mundo secular y plural,
lo trascendente como cimiento de la vida cotidiana, y
a dar testimonio y razón de la propia fe en
una sociedad que, aunque desencantada, vive en algunos de
sus pliegues algunos “reencantamientos” que no tienen en cuenta
al hombre y a su dignidad. Luis Santamaría
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